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JORNADA de México - 25 de Enero de 2004
La democracia iraquí según
Bush
Designación
en lugar de elección
Naomi
Klein *
Para Washington, la única
manera de continuar con su plan económico es que ocupación
militar termine: sólo un gobierno soberano iraquí, sin las
ataduras de la legislación internacional, puede vender legalmente
los bienes de Irak.
Pero si se les diera a los iraquíes
la posibilidad de votar mañana, podrían decidir expulsar
a las tropas estadunidenses, revertir el proyecto de privatización
del jefe de la ocupación, Paul Bremer, y proteger los empleos locales.
Y esa perspectiva aterradora explica por qué la Casa Blanca pone
tanto empeño en luchar por la designocracia
"El
pueblo de Irak es libre”, declaró el presidente estadunidense George
W. Bush el pasado martes en su informe anual ante el Capitolio. El día
anterior, 100 mil iraquíes optaron por disentir. Salieron a las
calles al grito de: “Sí, sí a las elecciones. No, no a la
selección”.
Según el jefe de la ocupación
en Irak, Paul Bremer, en realidad no hay diferencia entre la versión
de la libertad de la Casa Blanca y la que se demanda en las calles. Cuando
se le preguntó si su plan de formar un gobierno iraquí a
través de caucus designados iba a chocar con el llamado del
ayatola Ali al-Sistani a elecciones directas, Bremer dijo que no tenía
ningún “desacuerdo fundamental con él”.
Fueron, dijo, sólo sutilezas.
“No quiero entrar en detalles técnicos de lo que haya que afinar...
Hay –si hablas con los expertos en estos asuntos– todo tipo de maneras
de organizar elecciones parciales y caucus. Y no soy un experto en elecciones,
así que no quiero entrar en los detalles. Pero siempre hemos dicho
que estamos dispuestos a tomar en consideración lo que haya que
afinar”.
Tampoco soy una experta en elecciones,
pero estoy segura de que sí hay diferencias que no pueden ser afinadas.
Los seguidores de Al-Sistani quieren que cada uno de los iraquíes
tengan derecho al voto y que aquellos a quienes elijan sean los que escriban
las leyes del país –o sea, una elemental democracia representativa
imperfecta.
Bremer quiere que su Autoridad Provisional
de la Coalición (APC) designe a los miembros de los 18 Comités
de Organización regionales. Estos seleccionarán a los delegados
para formar 18 Comités de Selección. Estos delegados seleccionados,
a su vez, seleccionarán a los representantes de una Asamblea Nacional
de Transición. La Asamblea seleccionará a un jefe del Ejecutivo
y a los ministros que formarán el nuevo gobierno en Irak. Esto,
dijo Bush en su informe anual, constituye “una transición a una
completa soberanía iraquí”.
¿Entendido? La soberanía
iraquí será establecida a través de designar a designados
que designan a designados para seleccionar designados para seleccionar
designados. Si a esto se suma el hecho de que Bremer fue designado para
su puesto por el presidente Bush y que Bush fue designado al suyo por la
Suprema Corte estadunidense, tenemos ante nosotros la gloriosa nueva tradición
democrática de la Designocracia: el mandato de los seleccionados
de los designados de los designados de los designados de los designados
de los designados.
La Casa Blanca insiste en que su
aversión a las elecciones es puramente práctica: simplemente
no hay tiempo para realizarlas antes de la fecha límite del 30 de
junio. Entonces, ¿para qué tener una fecha límite?
La más recurrida explicación es que Bush necesita algo de
qué jactarse en su la campaña: cuando su rival demócrata
mencione el espectro de Vietnam, Bush responderá que la ocupación
ya terminó, que vamos de salida.
Nomás que Estados Unidos no
tiene ninguna intención de salirse en realidad de Irak; quiere que
sus tropas permanezcan ahí, y quiere que Bechtel, MCI y Halliburton
se queden y se encarguen del sistema de agua potable, la telefonía
y los campos petroleros. Fue con esta meta que, el 19 de septiembre, Bremer
logró que se aprobara un vasto paquete de reformas económicas
que The Economist describió como “un sueño capitalista”.
Un milagro
Pero el sueño, aunque aún
esté vivo, corre peligro. Un creciente número de expertos
legales cuestiona la legitimidad de las reformas de Bremer, con el argumento
de que bajo las leyes internacionales que gobiernan a los poderes de ocupación
–las Regulaciones de la Haya de 1907 y la Convención de Ginebra
de 1949– la APC sólo puede actuar como el cuidador de los bienes
económicos de Irak, no como su subastador. Cambios radicales, como
la Orden 39 de Bremer, que abrió la industria iraquí para
permitir 100% de propiedad extranjera, violan estas leyes y, por lo tanto,
podrían fácilmente ser anuladas por un gobierno iraquí
soberano.
Esta perspectiva tiene seriamente
espantados a los inversionistas extranjeros, y muchos están optando
por no ir a Irak. Las principales aseguradoras privadas tampoco le están
entrando, tras evaluar que en Irak el riesgo de expropiación es
demasiado alto. Bremer respondió cancelando de manera callada el
plan que había anunciado de privatizar las 200 empresas estatales
de Irak; en su lugar, puso 35 compañías en arrendamiento
(con una opción posterior de compra). Para la Casa Blanca, la única
manera de continuar con su gran plan económico es que la ocupación
militar termine: sólo un gobierno soberano iraquí, sin las
ataduras de las Regulaciones de la Haya y de Ginebra, puede vender legalmente
los bienes de Irak.
Pero, ¿lo hará? A juzgar
por la extendida percepción de que Estados Unidos no planea reconstruir
Irak sino saquearlo, si se les diera a los iraquíes la posibilidad
de votar mañana, bien podrían decidir inmediatamente expulsar
a las tropas estadunidenses y revertir el proyecto de privatización
de Bremer, y, en su lugar, optar por proteger los empleos locales. Y esa
perspectiva aterrador –mucho más que la ausencia de un censo– explica
por qué la Casa Blanca pone tanto empeño en luchar por su
designocracia.
Bajo el actual plan estadunidense
para Irak, la Asamblea Nacional de Transición permanecería
en el poder del 30 de junio hasta que se lleven a cabo elecciones generales,
“a más tardar” el 31 de diciembre de 2005. Eso da 17 relajados meses
para que un gobierno no electo haga lo que la APC no pudo hacer legalmente
por sí sola: invitar a las tropas estadunidenses a permanecer indefinidamente
y convertir el sueño capitalista de Bremer en ley que debe ser cumplida.
Sólo después de que se hayan tomado estas importantes decisiones,
los iraquíes serán invitados a participar. La Casa Blanca
llama a esto “auto-gobierno”. Es, en realidad, la definición perfecta
de gobierno-desde-el-exterior, ocupación a través de la subcontratación.
Eso significa que el mundo, de nuevo,
tiene que tomar una decisión respecto a Irak. ¿Nacerá
muerta la democracia, con tropas extrajeras metidas en su territorio, multinacionales
con contratos de varios años controlando recursos estratégicos,
y un afianzado programa económico que ya dejó entre 60 y
70% de la población en el desempleo? ¿O nacerá la
democracia con el corazón aún latiendo, capaz de construir
el país que los iraquíes escojan?
De un lado están las fuerzas
de ocupación. Del otro, los crecientes movimientos que demandan
derechos económicos y el voto. Cada vez más, las fuerzas
de ocupación responden a estas fuerzas con la fuerza bruta para
romper las manifestaciones, como hicieron los soldados británicos
en Amarah a principios de mes, matando a seis. Sí, hay fundamentalistas
religiosos y leales a Saddam que capitalizan la furia, pero la sola existencia
de estos movimientos pro-democracia ya es una especie de milagro: tras
30 años de dictadura, guerra, sanciones y ahora ocupación,
definitivamente sería comprensible que los iraquíes enfrentaran
más penurias con fatalismo y resignación. Por el contrario,
la violencia de la terapia de shock de Bremer empujó a cientos de
miles a la acción.
Esta valentía merece nuestro
apoyo. La semana pasada, en el Foro Social Mundial en Mumbai, India, la
escritora y activista Arundhati Roy llamó a las fuerzas globales
que se opusieron a la guerra en Irak a “convertirse en la resistencia global
a la ocupación”. Sugirió escoger “dos de las principales
empresas que están lucrando con la destrucción de Irak” y
hacerlas blanco de boicots y desobediencia civil.
En su informe anual, el presidente
Bush dijo: “Creo que Dios ha plantado en cada uno de los corazones el deseo
de vivir en libertad. Aun cuando ese deseo sea aplastado por la tiranía
durante décadas, resurgirá”. En Irak, cada día que
pasa comprueban que tiene razón –y las voces que se alzan proclaman:
“No, no Estados Unidos. Sí, sí elecciones”.
(Traducción:
Tania Molina Ramírez. Copyright 2004 Naomi Klein)
* Naomi Klein es autora de No
Logo y Vallas y ventanas.
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