| LA
JORNADA de México - 6 de Febrero de 2004
Una mentira
que podemos usar
Naomi
Klein
Si usted le cree a la Casa Blanca, el
futuro gobierno de Irak se está diseñando en Bagdad. Si usted
le cree al pueblo iraquí, se está diseñando en la
Casa Blanca. Técnicamente, ninguna de las dos afirmaciones es cierta:
el futuro gobierno de Irak se está diseñando en un anónimo
parque de investigación en los suburbios de Carolina del Norte.
El 4 de marzo de 2003, apenas 15
días antes de la invasión, la estadunidense Agencia Internacional
para el Desarrollo (AID) pidió a tres firmas estadunidenses que
se abocaran a un proyecto único: después de que Irak fuera
invadido y ocupado, una compañía recibiría el encargo
de establecer 180 concejos locales y provinciales sobre los escombros.
Este era el nuevo territorio imperial para empresas acostumbradas a lo
que en el lenguaje de las ONG se llaman "sociedades público-privadas,"
y dos de las tres firmas decidieron no entrar. El contrato de "gobierno
local", que valía 167.9 millones de dólares en el primer
año y podía llegar hasta los 466 millones en total, se lo
llevó el Research Triangle Institute (RTI), una institución
sin fines de lucro mejor conocida por su investigación en medicinas.
Hacía años que ninguno de sus empleados había estado
en Irak.
En un principio, la misión
del RTI atrajo poca atención pública. Al lado de la incapacidad
de Bechtel para encender las luces y los extraordinarios sobreprecios de
Halliburton, los talleres de "sociedad civil" de RTI parecían más
bien benignos. Ya no. Ahora sabemos que los concejos locales que RTI ha
estado instalando silenciosamente son la piedra angular del plan de Washington
para entregar el poder a juntas de gobierno regionales designadas, un plan
tan vivamente rechazado en Irak que podría poner a la ocupación
de rodillas.
La semana pasada visité al
vicepresidente de RTI, Ronald W. Johnson, director del proyecto de Irak,
en sus oficinas cerca de Durham (a media cuadra de las de IBM, a la vuelta
de las de GlaxoSmithKline). Johnson insiste en que su equipo está
concentrado en los fundamentos y no tiene nada que ver con las batallas
épicas sobre quién mandará en Irak. "En realidad no
hay una forma suní de recoger la basura distinta de la shií,"
me dice. (A lo mejor, pero sí hay una forma pública y una
privada de hacerlo, y de acuerdo con un reporte de la Autoridad Provisional
de la Coalición aparecido en julio, RTI está impulsando la
segunda, estableciendo un "nuevo sistema de recolección de basura
en vías públicas" que "será llevado a cabo por empresas
privadas.")
Tampoco los concejos que RTI ha estado
instalando están libres de controversia. El mismo día que
Johnson y yo tranquilamente discutíamos los puntos más delicados
de la democracia local, el concejo designado por Estados Unidos en Nasiriyah,
unas 200 millas al sur de Bagdad, estaba rodeado por hombres armados y
manifestantes enojados. El 28 de enero, unos 10 mil vecinos marcharon a
las oficinas del concejo exigiendo elecciones directas y la renuncia inmediata
de los concejales, a los que acusaban de ser peones de las fuerzas de ocupación.
El gobernador provincial mandó traer guardaespaldas con lanzagranadas
y abandonó el edificio.
Pobre RTI: el apetito iraquí
por la democracia sigue caminando delante de los afanosos planes para la
"construcción de capacidades" que el instituto diseñó
antes de la invasión. En noviembre, el Washington Post reportó
que cuando RTI llegó a la provincia de Taji, armado con diagramas
de flujo y listo para instalar los concejos, descubrió que "la gente
iraquí había formado sus propios concejos representativos
meses antes y que muchos de ellos eran electos, no seleccionados como la
ocupación está proponiendo." El Post citaba a un hombre
que decía a un contratista de RTI que "sentimos que vamos hacia
atrás."
Johnson niega que este concejo haya
sido electo y dice que, además, RTI sólo está "ayudando
a los iraquíes," no tomando decisiones por ellos. Quizá,
pero no ayuda el hecho de que Johnson compare los concejos en Irak con
"asambleas de pueblo en Nueva Inglaterra" ni que cite a otro consultor
de RTI que dice que los retos en Irak son "lo mismo con lo que tuve que
lidiar en Houston." ¿Será que la soberanía iraquí
está siendo concebida en Washington, delegada a Carolina del Norte,
modelada a partir de Massachussets y Houston e impuesta sobre Basora y
Bagdad?
La ONU, ahora que ha aceptado volver
a Irak, debe de alguna manera construir un papel para sí misma en
este desastre. Un buen principio sería, si decide que las elecciones
directas son imposibles antes de la fecha límite del 30 de junio
que marcó la Casa Blanca, exigir que se retire esta fecha límite.
Pero la ONU tendrá que hacer más que vigilar las elecciones.
Tendrá que detener un robo: tendrá que detener el intento
de Estados Unidos de quitarle a la futura democracia iraquí del
poder de tomar decisiones significativas. Y todo esto gira en torno de
los poderes del gobierno de transición.
Washington quiere un cuerpo de transición
en Irak que tenga todos los poderes de un gobierno soberano, capaz de asegurar
decisiones que un gobierno electo heredará. Para ello, la Autoridad
Provisional de Paul Bremer está impulsando sus reformas ilegales
hacia el libre comercio, contando con que estos cambios serán ratificados
por un gobierno iraquí que pueda controlar. Por lo pronto, Bremer
anunció que dará las tres primeras licencias para que bancos
extranjeros operen en Irak. Una semana después, mandó a los
miembros del Concejo de Gobierno Iraquí a la Organización
Mundial de Comercio a pedir el estatus de observadores, el primer paso
para convertirse en miembros de la OMC. Y los ocupadores de Irak acaban
de negociar un préstamo de 850 millones de dólares con el
Fondo Monetario Internacional, dándole al fondo, como es usual,
el poder para hacer "ajustes" económicos en el futuro.
En otros países que han pasado
recientemente por transiciones a la democracia, desde Sudáfrica
a Filipinas, pasando por Argentina, este tiempo entre regímenes
es precisamente cuando han tenido lugar las más devastadoras traiciones:
acuerdos tras bambalinas para transferir deudas ilegítimas, compromisos
para mantener la "continuidad macroeconómica." Una y otra vez, los
pueblos recién liberados llegan a las urnas sólo para descubrir
lo poco que les dejaron a votar.
Pero en Irak todavía es tiempo
de detener este proceso. La clave está en limitar el mandato del
gobierno de transición a lo que tiene que ver directamente con las
elecciones: el censo, la seguridad, protección para las mujeres
y las minorías.
Y aquí está lo verdaderamente
sorprendente: realmente podría suceder. ¿Por qué?
Porque todas las razones de Washington para ir a la guerra se han evaporado;
la única excusa que les queda es el hondo deseo de Bush de llevar
la democracia al pueblo iraquí. Por supuesto que esto es tan falso
como todo lo demás, pero es una mentira que podemos usar. Podemos
aprovechar la debilidad de Bush en Irak para exigir que la democracia de
mentiras se vuelva verdadera, que Irak sea verdaderamente soberano: sin
que la deuda lo estrangule, sin que los contratos heredados lo sobrecarguen,
sin que las bases militares estadunidenses lo hieran, y con pleno control
sobre sus recursos, desde el petróleo hasta las reparaciones.
El control de Washington sobre Irak
se debilita día con día, mientras las fuerzas en favor de
la democracia dentro del país se hacen más fuertes. La verdadera
democracia llegará a Irak no porque la guerra de Bush haya sido
correcta, sino porque ha demostrado estar desesperadamente equivocada.
Copyright 2004 Naomi Klein
Una versión de este artículo
fue publicada en The Nation www.thenation.com
Traducción: Eugenio Fernández
Vázquez
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