| La
Vanguardia de España - 7 de April de 2004
Presas
de pánico
LA OCUPACIÓN
NO concluirá: será transferida a un grupo de políticos
iraquíes elegidos a dedo, sin poder ni mandato democrático
alguno
BREMER SE
LAS ARREGLÓ para usar los ataques terroristas con el propósito
de asegurarse que el próximo gobierno de Iraq sólo acate
sus órdenes
Naomi
Klein *
En Londres desplegaron un cartel de
protesta en el Big Ben. En Roma, un millón de manifestantes llenaron
las calles. Pero aquí, en Iraq, no hubo nada espectacular para marcar
el primer aniversario de la invasión. Eso indicaría, según
la cadena británica BBC, que los iraquíes se sienten por
lo general “complacidos” con los progresos de su liberación. Sin
embargo, el 20 de marzo, en las calles de Bagdad, la inquietante calma
parecía señalar que los aniversarios simbólicos son
un lujo cuando la guerra que se conmemora sigue vigente.
Se planearon en Bagdad varias manifestaciones
para el 20 de marzo, pero fueron canceladas a último momento. Eso
fue en respuesta a tres días de ataques contra civiles iraquíes
y extranjeros.
El 19 de marzo, una marcha contra
la ocupación estadounidense cuyo propósito era mostrar la
unidad de musulmanes chiitas y suníes fue mucho más reducida
de lo que sus organizadores esperaban. Y no resulta extraño. Tres
semanas antes, 70 personas habían muerto en un horrendo ataque en
la misma mezquita chiita donde los manifestantes pensaban reunirse.
Para subrayar la amenaza, el jefe
de las fuerzas de ocupación, Paul Bremer, eligió el día
de las proyectadas protestas para pronosticar “grandes ataques”.
Aquellos que osaron participar pese
a las advertencias miraban a su alrededor con nerviosismo, en tanto que
hombres armados con rifles Kalashnikov bordeaban las calles y vigilaban
desde azoteas. Vale la pena recordar que hace apenas dos meses el sentimiento
de la multitud era menos cauteloso.
En enero, más de 100.000 iraquíes
salieron a las calles de Bagdad y de Basora para rechazar el plan estadounidense
de un gobierno interino a través de un complicado sistema de asambleas
regionales y para exigir comicios directos. Sometido a intensas presiones,
Bremer se vio obligado a abandonar el plan. Durante un breve momento, pareció
que las vacías palabras de Bush de traer democracia a Iraq podrían
convertirse en realidad. No sólo porque los ocupantes eran serios
acerca de devolver a los iraquíes su autodeterminación, sino
porque los iraquíes parecían dispuestos a tomar el poder
pese a los mejores esfuerzos de los ocupantes.
Pero ahora, después de un
mes de terror y de reiteradas aseveraciones de “expertos” de que Iraq está
al borde de la guerra civil, mucha de esa osadía se ha perdido.
Precisamente por esto lo llaman terrorismo: envía a las personas
a ocultarse en sus hogares, reemplazando la valentía con el temor,
la confianza en sí mismo con la dependencia. Si el terror siembra
el miedo, la pregunta obvia es ¿quién se beneficia de diseminar
el miedo en Iraq?
De acuerdo con el presidente George
W. Bush, los triunfadores son malevos sin rostros que intentan socavar
la futura democracia en Iraq. “Ellos saben que un Iraq libre será
un devastador contratiempo para sus ambiciones de tiranizar todo Oriente
Medio”, explicó en el aniversario de la invasión. Y, según
Bremer, eso significa que los ataques continuarán a medida que se
acerque la fecha de traspaso de la soberanía, el 30 de junio. Es
una teoría que no comparten en las calles de Bagdad. Apenas 20 minutos
después de la devastadora destrucción del hotel Mount Lebanon,
el pasado miércoles, comenzaron a circular toda clase de rumores:
que habían sido los norteamericanos, el Pentágono, la CIA,
o los británicos...
Si esas teorías conspirativas
ganan respaldo con tanta rapidez, tal vez es porque las fuerzas de ocupación
se han aprovechado con soltura de esos ataques para hacer lo mismo de lo
que acusan a los terroristas: interferir en las posibilidades de una democracia
genuina en Iraq.
Cuando la resistencia estaba atacando
a los ocupantes y a sus colaboradores, hacía parecer a la ocupación
inepta y descontrolada. Eso fortalecía el argumento de que EE.UU.
debía retirarse y entregar el poder a los iraquíes o a una
fuerza internacional más neutral. Pero ahora que los objetivos se
han ampliado para incluir a civiles iraquíes, así como a
trabajadores de grupos de ayuda internacional y a periodistas, la Casa
Blanca intenta hacer creer que los iraquíes están descontrolados,
divididos por odios religiosos y étnicos, incapaces de gobernarse
sin la participación norteamericana.
Mientras los ataques terroristas
continúen alejando de las calles a los iraquíes que reclaman
derechos democráticos, Bremer podrá conseguir lo que parecía
imposible hace apenas dos meses: instalar un gobierno interino totalmente
controlado por EE.UU.
Es ahora casi seguro que el primer
gobierno “soberano” de Iraq será creado por un proceso incluso menos
democrático que el descartado sistema de asambleas regionales. El
Consejo de Gobierno iraquí nombrado por EE.UU. simplemente aumentará
de tamaño. Ese organismo está tan desacreditado que lo han
rebautizado el “Consejo gobernado”, pero muchas objeciones han pasado a
segundo plano a raíz de los ataques nocturnos.
Bremer también se las arregló
para usar los ataques terroristas con el propósito de asegurarse
que el próximo gobierno de Iraq sólo acate sus órdenes.
A comienzos de este mes, su plan
para imponer una constitución interina parecía condenado
al fracaso. Varios miembros del Consejo de Gobierno se negaron a firmar
el documento. Pero tras los devastadores ataques contra sitios religiosos
chiitas el 2 de marzo, los dirigentes iraquíes fueron presionados
para firmar el documento como muestra de estabilidad y de unidad nacional.
La Constitución interina,
firmada hace dos semanas, señala que “las leyes, regulaciones, órdenes
y directivas emitidas por la autoridad provisional de la coalición...
deben mantenerse vigentes”.
Esas leyes incluyen la orden 39 de
Bremer, que permite a empresas extranjeras poseer un cien por cien de bienes
iraquíes (excepto cuando se trate de recursos naturales), y sacar
del país un cien por cien de los beneficios, lo que allana el camino
a privatizaciones en masa.
Pero desafiar las órdenes
de Bremer no será una opción después de la “entrega”
del poder. La Constitución interina señala con claridad que
la única forma de cambiar esas leyes es mediante tres cuartas partes
de los votos del gobierno de transición de Iraq. De acuerdo con
la misma Constitución, ese organismo no existirá hasta que
se realicen elecciones a comienzos del 2005. En otras palabras, el 30 de
junio la ocupación no concluirá, simplemente será
transferida a un grupo de políticos iraquíes elegidos a dedo,
sin mandato democrático alguno o poder soberano.
Con su nuevo rostro iraquí,
el gobierno quedará liberado de la desagradable percepción
de que los bienes nacionales iraquíes serán subastados por
extranjeros. Y tampoco se verá afectado por exigencias de votantes
iraquíes que tal vez tengan sus propias ideas sobre el asunto.
En el Foro Económico sobre
Iraq, una conferencia que tuvo lugar la semana pasada en Beirut, Nassir
Al Jadarji, miembro del Consejo de Gobierno, aseguró a potenciales
inversores que los acuerdos suscritos por esos políticos sin mandato
serán aceptados por los futuros líderes electos de Iraq.
“Nuestra política hacia las
inversiones no cambiará en forma alguna. Garantizamos el cumplimiento
total de los contratos firmados”, dijo Al Jadarji. Algunos se preguntan
por qué razón una empresa desearía adquirir bienes
en un país tan caótico y peligroso como Iraq. Tal vez la
verdadera cuestión sea ésta: en medio de tanto caos y peligro,
¿quién puede frenar a esos inversionistas?
* N. KLEIN, periodista y autora
de “No Logo” y “Vallas y ventanas”, ha sido conferenciante en Harvard,
Yale y en The London School of Economics
© Naomi Klein 2004
(Distributed por The New York
Times Syndicate) |