| MASIOSARE/LA
JORNADA de México - 11 de April de 2004
A semanas de la “entrega” del
poder en Irak
La guerra
civil que no fue
Naomi
Klein *
Todo parece indicar que Washington
no quiere entregar el poder a un gobierno interino iraquí el próximo
30 de junio. Ahora, explica la analista canadiense, está creando
un caos para declarar que esa entrega es imposible. Sólo así
se pueden comprender actos como los sangrientos ataques de los soldados
iraquíes y las fuerzas de la coalición contra manifestantes
pacíficos el domingo pasado, a raíz de los cuales el líder
chiíta Moqtada Sadr llamó a sus seguidores a dejar las manifestaciones
“porque su enemigo prefiere el terrorismo” y los conminó a emplear
“otras maneras” para resistir la ocupación. Muchos interpretaron
esta declaración como un llamado a las armas
BAGDAD.–
Oí el sonido de la libertad en la plaza Firdos de Bagdad, la famosa
plaza donde la estatua de Saddam Hussein fue derrumbada hace un año.
Suena a fuego de ametralladora.
El domingo, soldados iraquíes,
entrenados y controlados por las fuerzas de la coalición, abrieron
fuego aquí y obligaron a una evacuación de emergencia de
los cercanos hoteles Sheraton y Palestine. Cuando los manifestantes regresaban
a sus hogares en el barrio pobre de la ciudad de Sadr, el ejército
estadunidense, seguido de tanques, helicópteros y aviones, abrió
fuego al azar sobre casas, tiendas, calles y hasta sobre ambulancias. Según
los hospitales locales, 47 personas murieron y muchas más están
heridas. En Najaf, el día también fue sangriento: 20 manifestantes
murieron y más de 150 están heridos.
En la ciudad de Sadr las marchas
fúnebres pasaron al lado de los tanques militares estadunidenses
y los hospitales estaban inundados de heridos: Ali Hussein, de 16 años,
tiene una bala en la espina dorsal disparada desde un helicóptero;
Gailan Ibrahim, de 29 años, fue herido en la espalda por un avión
estadunidense; a Ali Faris, de 14 años, le quitaron la vejiga después
de que una bala estadunidense atravesó la puerta de su hogar. "Lo
mismo le sucedió a otros dos niños del barrio", nos dijo
su abuelo.
Afuera, los niños bailaron
sobre los restos de un vehículo Humvee estadunidense quemado y gritaron
la lección que aprendieron la noche anterior: "George Bush es Saddam
Hussein. ¡George Bush es un terrorista!" En la tarde los enfrentamientos
habían terminado.
Que quede claro: esta no es la "guerra
civil"
que Washington predijo iba a estallar entre sunitas, chiítas y kurdos.
Es una guerra provocada por la autoridad de ocupación estadunidense,
que libran sus fuerzas contra un creciente número de chíitas
que apoyan a Moqtada Sadr.
Sadr, descrito por los seguidores
que lo veneran como una mezcla entre el ayatola Jomeini y el Che Guevara,
es el más joven y más radical rival del gran ayatola Alí
Sistani. Sadr culpa a Estados Unidos de los ataques a civiles, compara
al jefe de la ocupación estadunidense Paul Bremer con Saddam Hussein,
se pone del lado de Hamas y Hezbolá, y ha hecho un llamado a favor
de una jihad contra la controvertida constitución interina.
Su Irak podría asemejarse mucho a Irán.
Y se trata de un mensaje que tiene
un mercado. Mientras Sistani se concentra en cabildear en Naciones Unidas,
en vez de enfrentar en las calles la ocupación dirigida por Estados
Unidos, muchos chiítas están cada vez más inquietos
y recurren a las tácticas más militantes que pregona Sard.
Algunos se unieron al Mahadi, el ejército de negro de Moqtada, que
asegura tener en sus filas a cientos de miles.
Al principio, Bremer respondió
a la fuerza creciente de Sadr ignorándolo; ahora intenta llevarlo
a una batalla abierta. Los problemas comenzaron cuando Bremer clausuró
el periódico de Sadr la semana pasada y desató una ola de
manifestaciones pacíficas. El sábado antepasado Bremer subió
la apuesta al enviar fuerzas de la coalición a que rodearan la casa
de Sadr, cerca de Najaf, y a arrestar a su encargado de comunicaciones.
Como era de esperarse, la detención
provocó manifestaciones inmediatas en Bagdad, a las cuales el ejército
iraquí respondió abriendo fuego y causó, supuestamente,
la muerte a tres personas. Fueron estas muertes las que provocaron las
manifestaciones sangrientas del domingo.
Al final de ese día, Sadr
emitió una declaración en la que llamaba a sus seguidores
a dejar de llevar a cabo manifestaciones "porque el enemigo prefiere el
terrorismo y detesta esa manera de expresar las opiniones", y los conminó
a emplear "otras maneras" no especificadas para resistir la ocupación.
Muchos interpretaron esta declaración como un llamado a las armas.
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En apariencia, esta serie de eventos
es desconcertante. Con el llamado triángulo suni en llamas tras
los terribles ataques en Faluja, ¿por qué está Bremer
empujando al calmado sur chiíta a la batalla?
Una posible respuesta: Washington
ya renunció a sus planes de entregar el poder a un gobierno interino
iraquí el 30 de junio, y ahora está creando el caos necesario
para declarar que la entrega es imposible. Una prolongada ocupación
sería una mala noticia para George W. Bush en su campaña,
pero peor sería que la entrega tuviera lugar y el país estallara,
un escenario cada vez más probable dado el amplio rechazo a la legitimidad
de la constitución interina y al consejo gobernante designado por
Estados Unidos.
Puede ser un plan que tiene sentido
en las reuniones en Washington, pero aquí en Bagdad parece una simple
locura. Al enviar al nuevo ejército iraquí a abrir fuego
contra la gente que, se supone, tendría que estar protegiendo, Bremer
destruyó la escasa esperanza que podía tener de ganar credibilidad
entre una población altamente desconfiada. El domingo, antes de
lanzarse contra los desarmados manifestantes, se podía ver a los
soldados poniéndose pasamontañas para que después
no pudieran ser reconocidos en sus barrios.
Y a la Autoridad Provisional de la
Coalición, que contrató a una empresa de publicidad londinense
para convencer a los iraquíes de que está comprometida con
la democracia, cada vez con más frecuencia se le compara en las
calles con Saddam Hussein, a quien tampoco le gustaban mucho las manifestaciones
pacíficas o los periódicos críticos.
En entrevista el lunes pasado, el
ministro de Comunicaciones iraquí, Haider Abadi, condenó
el acto que comenzó la actual ola de violencia: el cierre del periódico
de Sadr, Al-Hawza. "Fue completamente erróneo", me dijo.
"¿Es así como van a gobernar el país en el futuro?,
¿enviando soldados a cerrar periódicos?"
Ababi, quien supuestamente está
a cargo de los medios en Irak, dice que se le informó del plan de
cerrar Al-Hawza hasta que los candados estaban en la puerta, y añadió
que el periódico de Sadr no hizo más que especular que Estados
Unidos estaba detrás de los ataques terroristas aquí. "Pero
estos son rumores difundidos en todo el país, los oigo en todos
lados".
Mientras tanto, el hombre que se
encuentra en el centro de todo, Moqtada Sadr, en cada hora que pasa ve
acrecentado su estatus de héroe.
El domingo, todas estas fuerzas explosivas
se juntaron cuando miles de manifestantes se reunieron en la plaza Firdos.
En un lado de la plaza, un par de niños se subió a un edificio
y rasgó un espectacular que publicitaba al nuevo ejército
iraquí. Del otro lado de la plaza, las fuerzas estadunidenses apuntaron
sus tanques hacia la muchedumbre, mientras que a través de un altavoz
informaba que "las manifestaciones eran una parte importante de la democracia
pero bloquear el tráfico no sería permitido".
Al frente de la plaza estaba la nueva
estatua que los estadunidenses pusieron en el lugar de la de Saddam Hussein.
Se supone que las figuras sin rostro de la nueva estatua representan la
liberación del pueblo iraquí. Hoy están cubiertas
de fotografías de Moqtada Sadr.
*Autora de No Logo y Vallas
y Ventanas
(Traducción: Tania Molina
Ramírez.
Copyright 2004 Naomi Klein. |