| La
Vanguardia de España - 23 de Mayo de 2004
Los pulgares
alzados de Bush
Naomi
Klein *
VIENDO A BUSH ALZAR los pulgares
ante tanta miseria económica recordé la foto en que los soldados
torturadores en Iraq realizan el mismo gesto
ALGO MÁS VINCULA EL lamentable
estado del mercado laboral y a los torturadores: éstos son obreros
despedidos o ex empleados de McDonald's
En 1968,
el legendario dirigente sindical César Chávez inició
una huelga de hambre que se prolongó 25 días para denunciar
el abuso contra los trabajadores rurales. El lema de esa histórica
campana fue “Sí se puede”. Hace unos días, el presidente
George W. Bush inició una gira de cuatro días de duración
en un autobús. Mientras hacía escalas para múltiples
desayunos con panqueques, elogió los cortes impositivos y criticó
a todo aquel que osara decir que los trabajadores norteamericanos necesitaban
protección en la economía global. Su grito de batalla en
defensa de esa economía de mercado libre fue “Sí, Estados
Unidos puede”.
El eco fue posiblemente intencionado.
Bush está tan desesperado por el voto hispano que ha comenzado a
gritar en español “¡Vamos a ganar!” durante algunos discursos
en Ohio. Pero el principal propósito de la gira en autobús
fue, por supuesto, desviar la atención de los votantes de lo ocurrido
en Iraq y el escándalo en la prisión de Abu Ghraib, tratando
de enfilar hacia un terreno más seguro: la recuperación del
mercado de trabajo.
Según un informe del Departamento
de Trabajo, fueron creados 288.000 empleos en abril. La campaña
de Bush ha utilizado esas cifras para catalogar al candidato demócrata,
John Kerry, de pesimista que siempre brinda malas noticias. Bush, por otro
lado, es el texano optimista, que siempre sonríe y alza los dedos
en gesto de victoria. “El presidente tiene que asegurarse de que somos
optimistas y confiados a fin de que puedan crearse puestos de trabajo”,
dijo a una audiencia cuidadosamente seleccionada en Dubuque (Iowa).
Sin embargo, algunos empleos son
más sensibles que otros al poder del pensamiento positivo del presidente.
Más del 82 por ciento de los trabajos creados en abril fueron en
la industria de servicios, incluidos restaurantes y negocios al por menor,
y los principales empleadores fueron empresas de trabajo temporal. Durante
el último año, se han perdido 272.000 puestos en el sector
manufacturero.
No llama entonces la atención
que el informe económico del presidente para el mes de febrero esbozara
la idea de reclasificar restaurantes de comida rápida como fábricas.
“Cuando un restaurante de comida rápida vende una hamburguesa ¿está
ofreciendo un ‘servicio’ o está combinando productos para ‘manufacturar’
un producto?”, se preguntó en el informe.
Pero no todo el aumento de los empleos
en Estados Unidos proviene de asar hamburguesas o de empresas de trabajo
temporal. Mientras más de dos millones de estadounidenses están
entre rejas (una forma de mantener las estadísticas de desempleo
artificialmente bajas), la cifra de guardias de prisiones ha pasado de
270.317 en el 2000 a 476.000 en el 2002, según el Departamento de
Justicia.
Ver a Bush alzar los pulgares ante
tanta miseria económica, hizo que me acordara de una fotografía
tomada en Iraq y que ha circulado por el mundo entero. Allí están
los soldados Charles Graner y Lynndie England, la pareja feliz, de pie
encima de una pila de torturados presos iraquíes, sonriendo y alzando
los pulgares en señal de triunfo. Todo anda bien, parecen decir
con sus ojos. Lo importante es no mirar hacia abajo. Hay algo más
que vincula el lamentable estado del mercado laboral norteamericano y las
imágenes que vienen de Abu Ghraib. Los soldados que están
cargando con la responsabilidad en el maltrato a prisioneros son ex empleados
de McDonald's, guardias de cárceles y obreros despedidos de fábricas.
Los currículos de los soldados acusados parecen provenir del informe
de abril del Departamento de Trabajo.
La soldado Sabrina Harman era ayudante
del encargado de la pizzería Papa John, de Lorton (Virginia). Graner
era carcelero en su lugar natal de Pennsylvania. El sargento Ivan Frederick
era también guardia de prisión en una zona rural de Virginia.
Antes de unirse a lo que el defensor de los derechos de los presos Van
Jones denomina “la economía del gulag de Estados Unidos”, Frederick
tenía un trabajo decente en la fábrica Bausch & Lomb,
en Mountain Lake (Maryland). Pero, según “The New York Times”, la
fábrica cerró y se trasladó a México. El suyo
era uno de los casi 900.000 empleos que el Instituto de Política
Económica calcula que se han perdido desde la firma del tratado
de libre comercio entre Estados Unidos y México, la vasta mayoría
en el campo industrial.
El libre comercio ha transformado
el mercado de trabajo de Estados Unidos en un reloj de arena: gran cantidad
de empleos en la parte inferior, cierta cantidad en la parte superior,
pero muy pocos en el medio. Al mismo tiempo, pasar de la parte inferior
a la parte superior es cada vez más difícil, con un aumento
de las matrículas en las instituciones educativas de más
de un 50 por ciento desde 1990.
Y es ahí donde aparecen las
fuerzas armadas. El Ejército de Estados Unidos se ha ubicado como
un puente al acrecentarse la brecha entre ricos y pobres. Ofrece dinero
para la matrícula de estudios a cambio del servicio militar.
Eso ayudó a la soldado England,
la más famosa de los acusados por el escándalo de Abu Ghraib.
Ella se unió a la compañía de policía 372.ª
para pagar sus estudios. Su esperanza era cambiar su empleo en una planta
procesadora de pollos por la carrera en Meteorología. Su colega
Harman dijo a “The Washington Post”: “Yo no sabía nada sobre el
Ejército, excepto que así podría pagar mis estudios.
Por lo tanto, me enrolé”.
La pobreza de los soldados involucrados
en torturas no los hace más o menos culpables. Pero cuantos más
datos obtenemos sobre ellos, más claro se hace que la falta de buenos
trabajos y de igualdad social en Estados Unidos es lo que los llevó
a Iraq. Pese a los intentos de Bush de usar la economía para distraer
la atención pública de Iraq y sus esfuerzos para aislar a
los soldados implicados considerándolos perversos y antinorteamericanos,
son hijos suyos a los que dejó atrás y que huyeron de trabajos
mal pagados, de una educación imposible de pagar, de fábricas
cerradas.
Y son sus hijos también de
otra manera: en la manera en que alzan los pulgares, sin darse cuenta del
desastre que hay bajo sus pies. Es la quintaescencia de la pose de Bush.
Convencido de que los votantes estadounidenses quieren un presidente positivo,
el equipo del presidente norteamericano ha aprendido a usar el optimismo
como un arma. Sin importar cuán devastadora es la crisis, han alzado
de manera insistente sus pulgares ante el mundo entero.
De acuerdo con el optimista presidente,
el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, está haciendo “un trabajo
estupendo”. En cuanto a la misión en Iraq, insiste en que “estamos
haciendo progresos”, un año después del desastroso discurso
en el que anunció que “la misión estaba cumplida”. En cuanto
al mercado laboral norteamericano, que ha hundido a tantas personas en
la pobreza, su respuesta es: “Sí, Estados Unidos puede”.
Ignoramos quién enseñó
a esos jóvenes soldados norteamericanos a torturar con eficacia
a sus prisioneros. Pero sabemos quién les enseñó a
mantenerse felices frente a un sufrimiento tremendo: esa lección
viene directamente de arriba.
* N. KLEIN, periodista y autora de
“No logo” y “Vallas y ventanas”. Conferenciante en Harvard, Yale y en la
London School of Economics
© Naomi Klein 2004
Distribuido por The New York Times
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