| MASIOSARE/LA
JORNADA de México - 27 de Junio de 2004
La "reconstrucción", una
nueva invasión
Irak:
empresa británica vende
seguros
contra la "vergüenza"
Naomi
Klein *
El gobierno de Estados Unidos transfirió
184 millones de dólares, destinados a proyectos de agua potable,
a la construcción de su nueva embajada. Además, los contratistas
gastan 25% del presupuesto de la reconstrucción en seguridad y 20%
se pierde en corrupción. La autora afirma que los iraquíes
perciben la reconstrucción no como una recuperación de la
guerra, sino como una extensión de la ocupación, una invasión
extranjera de otro tipo
BUENAS NOTICIAS
salen de Irak: la Oficina de Administración de Programas (PMO, por
sus siglas en inglés), que supervisa el uso de los 18 mil 400 millones
de dólares destinados a fondos de reconstrucción, finalmente
se puso un objetivo que sí puede lograr. Seguro: el servicio de
electricidad está en los niveles más bajos que antes de la
guerra, las calles son ríos de drenaje y se despide a más
iraquíes de los que se contrata.
Ahora la PMO firmó un contrato
con la empresa mercenaria británica Aegis para proteger a sus empleados
de "asesinato, secuestro, lesiones y –escuchen– vergüenza". No sé
si Aegis tendrá éxito en proteger a los empleados de la PMO
de un ataque violento, ¿pero de la vergüenza? Yo diría
que ya cumplieron con la misión. La gente que está a cargo
de la reconstrucción de Irak no puede sentirse avergonzada porque
no tiene vergüenza.
En los días anteriores al
underhand del 30 de junio (perdón, pero no puedo llamarlo
handover**), los poderes de ocupación estadunidense fueron
descarados en sus esfuerzos por robar dinero que, se supone, sería
destinado a ayudar a la gente asolada por la guerra.
El Departamento del Estado tomó
184 millones etiquetados para proyectos de agua potable y los trasladó
al presupuesto de la nueva y suntuosa embajada estadunidense en el antiguo
palacio de Hussein. Como le faltaban mil millones, el subsecretario de
Estado adjunto, Richard Armitage, dijo que quizá tuviera que "robarle
a Pedro para pagarle a Pablo***". Pero le está robando al pueblo
iraquí, que enfrenta "masivos brotes de cólera, diarrea,
nausea y piedras en los riñones" por tomar agua contaminada, según
un estudio de Public Citizen.
Si el jefe de la ocupación
Paul Bremer y su personal fuesen capaces de avergonzarse les daría
un poco de pena gastar sólo 3 mil 200 millones de dólares
de los 18 mil 400 millones que el Congreso asignó a esta tarea –esta
es la razón por la que la reconstrucción va tan desastrosamente
atrasada.
Bremer dijo que el dinero sería
gastado cuando Irak fuera soberano, pero al parecer alguien tuvo una mejor
idea: distribuirlo en los próximos cinco años para que el
embajador John Negroponte pueda usarlo e influir en el futuro. Con 15 mil
millones pendientes por utilizar, ¿es probable que los políticos
iraquíes digan no a las demandas estadunidenses para establecer
bases militares e impulsar "reformas" económicas?
Además de que no han querido
desprenderse de su propio dinero, los desvergonzados no han tenido escrúpulos
para echar mano de los fondos que pertenecen a los iraquíes. Tras
perder la batalla por el control del dinero del petróleo iraquí
después del underhand, las autoridades de ocupación
tomaron 2 mil 500 millones de dólares de estos ingresos y gastan
el dinero en proyectos que supuestamente están cubiertos con dólares
de los contribuyentes estadunidenses.
Pero si los escándalos financieros
le hicieran ruborizar, la reconstrucción de Irak sería mortificante.
Desde el comienzo, sus arquitectos rechazaron que los iraquíes recuperaran
su país con un proyecto de obras públicas al estilo New
Deal. En vez de esto, se tomó como un experimento ideológico
de privatización. El sueño era que las empresas multinacionales,
la mayoría de Estados Unidos, entraran y apantallaran a los iraquíes
con su rapidez y eficiencia.
uuu
Los iraquíes vieron otra cosa:
los empleos que necesitaban eran tomados por estadunidenses, europeos y
sudasiáticos; las carreteras se llenaron de camiones que traían
suministros de plantas extranjeras, mientras que a las plantas iraquíes
no se les proveía ni de generadores de emergencia.
Como resultado, la reconstrucción
no se vio como una recuperación de la guerra, sino como una extensión
de la ocupación, una invasión extranjera de otro tipo. Y
así, conforme crecía la resistencia, la reconstrucción
en sí se volvió uno de los principales blancos.
Los contratistas se han comportado
como ejército invasor, construyendo fortalezas en la Zona Verde
y rodeándose de mercenarios. Ser odiado es caro. Los costos de seguridad
se están comiendo 25% de los contratos de reconstrucción
–dinero que no se invierte en hospitales, plantas de tratamiento de agua
o redes telefónicas.
Mientras tanto, los agentes de seguros
que venden pólizas por muerte repentina a los contratistas, que
han duplicado sus primas, y los costos de seguros representan hasta 30%
de la nómina. Eso significa que muchas compañías gastan
la mitad de sus presupuestos en asegurarse y armarse contra la gente a
la que supuestamente van a ayudar.
Según Charles Adwan de Transparencia
Internacional, citado en el programa Marketplace de Radio Pública
Nacional, "al menos 20% del gasto estadunidense en Irak se pierde en corrupción".
¿Cuánto queda para la reconstrucción? Ni saque cuentas.
En lugar de ser modelos de rapidez
y eficiencia, los contratistas parecen bestias pesadas que cobran más
de la cuenta y tienen un desempeño tan deficiente que casi no pueden
moverse por miedo al odio que han ayudado a generar. El problema rebasa
los informes de choferes de Halliburton, que abandonaron camiones de 85
mil dólares en la carretera porque no traían llanta de refacción.
A los contratistas se les acusa también
de jugar un papel importante en la tortura de prisioneros en Abu Ghraib.
Una histórica demanda colectiva, interpuesta por el Centro por Derechos
Constitucionales, asegura que Titan Corporation y CACI Internacional conspiraron
para "humillar, torturar y abusar de personas" para incrementar la demanda
de sus servicios en los interrogatorios.
Y luego tenemos a Aegis, compañía
a la cual se le pagan 293 millones de dólares por salvar a la PMO
de la "vergüenza". Resulta que el director ejecutivo Tim Spicer tiene
un pasado un poco vergonzoso. En los noventa ayudó a reprimir a
los rebeldes chiítas, colaboró con el golpe militar en Papua
Nueva Guinea e ideó un plan para romper un embargo de armas en Sierra
Leona.
Si los ocupantes de Irak fuesen capaces
de sentir pena habrían creado regulaciones duras. En vez de esto,
en el Senado, los republicanos derrotaron un intento por impedir que los
contratistas privados interroguen a prisioneros y votaron en contra de
imponerles penas mayores si cobraban más de la cuenta. Mientras
tanto, la Casa Blanca intenta obtener inmunidad judicial para los mismos
contratistas y pide lo mismo para el nuevo primer ministro Iyad Allawi.
Es probable que Allawi esté
de acuerdo. Después de todo él es una especie de contratista
estadunidense: un ex espía de la CIA que amenaza con imponer una
ley marcial, mientras su ministro de Defensa amenaza a la resistencia:
"Les rebanaremos las manos y los decapitaremos".
En una última hazaña,
han subarrendado la gobernabilidad iraquí a personajes más
brutales. ¿Es esto vergonzoso después de una invasión
para derrocar a un dictador? De ninguna manera. Esto es a lo que los ocupantes
llaman "soberanía". Los funcionarios de Aegis se pueden relajar:
la vergüenza no va a ser un asunto a tratar.
*Autora de No Logo y Vallas y
ventanas.
**Juego de palabras: Handover:
entrega de poder. Underhand: en secreto, clandestino.
***Dicho que significa "sacar de
un lado para usar en otro".
(Traducción: Tania Molina
Ramírez. Copyright Naomi Klein 2004. Una versión de
esta columna fue publicada en The Nation) |