| MASIOSARE/LA
JORNADA de México - 1 de Agosto de 2004
Elecciones en EEUU
Cualquiera
menos Bush
Naomi
Klein *
La autora llama a los estadunidenses
a votar por John Kerry, "no porque vaya a ser distinto, sino porque en
la mayoría de las áreas clave –Irak, la "guerra contra las
drogas", Israel/Palestina, el libre comercio, los impuestos empresariales–
será igual de malo. La principal diferencia será que Kerry
parecerá "inteligente, cuerdo y maravillosamente aburrido".
"Los líderes inocuos que
declaman lugares comunes liberales mientras recortan el sistema de bienestar
y privatizan el planeta nos empujan a identificar mejor estos sistemas
y a construir movimientos lo suficientemente ágiles e inteligentes
para enfrentarlos", asegura
EL MES PASADO,de
mala gana me uní al campamento Cualquiera menos Bush. Fue el “Bush
en la Caja” lo que me convenció, un regalo que mi hermano le dio
a mi padre en su cumpleaños 66. Bush en la Caja es un Bush de cartón
con una serie de frases que se le pueden adherir para que diga las bushadas
de siempre: “¿Está (sic) nuestros niños aprendiendo?”,
“Me malsubestimaron”, de venta en Wal-Mart y hecho en Malasia.
Sin embargo, Bush en la Caja me llenó
de tristeza. No porque el presidente sea tonto, sino porque nos hace a
nosotros tontos. No me tomen a mal: mi hermano es un chico excepcionalmente
brillante, encabeza un centro de investigación que publica documentos
sobre los errores de la extracción de recursos orientada a la exportación
y los falsos ahorros de los recortes al sistema de bienestar social.
Pero Bush en la Caja resume el nivel
de análisis que proviene de la izquierda estos días: la Casa
Blanca fue secuestrada por una dudosa pandilla de fanáticos que
están locos o estúpidos o ambos cosas. Vota por Kerry y haz
que el país vuelva a la cordura.
Pero los fanáticos en la Casa
Blanca de Bush no están ni locos ni estúpidos ni particularmente
dudosos. En vez, abiertamente sirven con terca eficacia a los intereses
de las empresas que los llevaron al puesto. Su atrevimiento no proviene
del hecho de que sean un nuevo tipo de fanáticos, sino de que la
vieja raza se encuentra en un nuevo clima político sin restricciones.
Sabemos esto, pero la combinación
de ignorancia, devoción y arrogancia de Bush provoca en los progresistas
algo que podría ser como una Ceguera Bush. Cuando llega, provoca
que perdamos de vista todo lo que sabemos sobre política, economía
e historia, y que nos enfoquemos exclusivamente en las curiosas personalidades
de la gente en la Casa Blanca. Otros efectos secundarios incluyen emocionarse
con los diagnósticos de los psicólogos de la pervertida relación
con su padre y las buenas ventas de “la goma de mascar Bush para tontos”.
Esta locura debe terminar, y el modo
más rápido de que ocurra es votando por John Kerry, no porque
vaya a ser distinto, sino porque en la mayoría de las áreas
clave –Irak, la “guerra contra las drogas”, Israel/Palestina, el libre
comercio, los impuestos empresariales– será igual de malo.
La principal diferencia será
que mientras Kerry lleva a cabo estas políticas brutales parecerá
inteligente, cuerdo y maravillosamente aburrido. Por eso me uní
al campamento Cualquiera menos Bush: sólo con un aburrido como Kerry
en la cima podremos finalmente poner fin al acto de patologizar la presidencia
y podremos enfocarnos de nuevo en los asuntos importantes.
Claro, la mayoría de los progresistas
ya pertenecen al campamento Cualquiera menos Bush, convencidos de que ahora
no es momento de señalar las similitudes entre los dos partidos
controlados por empresas. No estoy de acuerdo: necesitamos enfrentar esas
decepcionantes similitudes y luego preguntarnos si tenemos una mejor oportunidad
de luchar contra la agenda empresarial impulsada por Kerry o por Bush.
Desaparece la ilusión
No guardo ninguna ilusión
de que la izquierda tenga “acceso” a la Casa Blanca Kerry/Edwards. Pero
vale la pena recordar que fue bajo la gestión de Bill Clinton que
los movimientos progresistas en el Oeste comenzaron a fijar nuestra atención
de nuevo en los sistemas: la globalización empresarial, hasta (¡híjole!)
el capitalismo y el colonialismo. Comenzamos a entender al imperio moderno
no como asunto de una sola nación, sin importar lo poderosa que
sea, sino como un sistema global de Estados, instituciones internacionales
y empresas entrelazadas, algo que permitió la construcción
de redes globales de respuesta, desde el Foro Social Mundial hasta Indymedia.
Los líderes inocuos que declaman
lugares comunes liberales mientras recortan el sistema de bienestar y privatizan
el planeta nos empujan a identificar mejor estos sistemas y a construir
movimientos lo suficientemente ágiles e inteligentes para enfrentarlos.
Con el señor Gomas de Mascar para Tontos fuera de la Casa Blanca
los progresistas tendrán que volverse listos de nuevo, y eso sólo
puede ser bueno.
Algunos argumentan que el extremismo
de Bush tiene un efecto progresista porque unifica al mundo contra el imperio
estadunidense. Pero un mundo unido contra Estados Unidos no necesariamente
está unido contra el imperialismo. A pesar de su retórica,
Francia y Rusia se opusieron a la invasión a Irak porque era una
amenaza a sus propios planes de controlar el petróleo iraquí.
Con Kerry en el poder, los líderes
europeos ya no podrán esconder sus planes imperialistas tras un
fácil golpeteo a Bush, algo que ya se ve venir en la odiosa política
iraquí de Kerry. Kerry argumenta que necesitamos darle a “nuestros
amigos y aliados... una voz y un papel significativo en los asuntos iraquíes”,
incluido el “acceso justo a los contratos de reconstrucción multimillonarios.
“También significa dejarlos
participar en la reconstrucción de la industria del petróleo
en Irak”. Así es: los problemas de Irak se resolverán con
más invasores extranjeros, con Francia y Alemania con una mayor
“voz” y una mayor tajada de las ganancias del botín de guerra. No
se menciona a los iraquíes y su derecho a una “voz significativa”
en el manejo de su país, y mucho menos su derecho a controlar su
petróleo o a intervenir en la reconstrucción.
Bajo el gobierno de Kerry, la confortante
ilusión de un mundo unido contra la agresión imperial se
desvanecerá y quedarán expuestas las maniobras para conseguir
el poder, que son la verdadera cara del imperio moderno. También
tendremos que soltar la arcaica idea de que derrotar a un solo hombre,
o un “imperio” a la romana, resolverá todos –ni siquiera alguno–
nuestros problemas.
Sí, la política será
más complicada, pero tendrá el añadido beneficio de
ser cierta. Con Bush fuera del escenario, perdemos el enemigo que nos movía
a la acción, pero podemos afrontar las políticas que están
transformando a todos nuestros países.
El otro día despotricaba con
un amigo sobre el apoyo de Kerry al muro del Apartheid en Israel,
sus ataques gratuitos a Hugo Chávez en Venezuela y su abismal historial
en el libre comercio. “Sí –tristemente asintió–, pero al
menos cree en la evolución”.
Yo también –la muy necesitada
evolución de nuestros movimientos progresistas. Y eso no ocurrirá
hasta que guardemos los imanes del refri y los chistes de Bush y nos pongamos
serios. Y eso sólo ocurrirá una vez que nos hayamos deshecho
de la distracción en jefe.
Así que Cualquiera menos Bush.
Y luego regresemos a trabajar.
(Traducción: Tania Molina
Ramírez.
Copyright Naomi Klein 2004. Una versión de
este artículo fue publicada en The Nation)
*Autora de No Logo y Vallas
y ventanas. |