| MASIOSARE/LA
JORNADA de México - 29 de Agosto de 2004
Hacia la Convención Nacional
Republicana
Hora
de llevar Najaf a NY
Naomi
Klein *
La coalición Unidos por la
Paz y la Justicia declaró que "este año hay dos momentos
clave en los que la gente en Estados Unidos tendrá oportunidad de
enviar un resonante mensaje de oposición a la Agenda de Bush: el
2 de noviembre y el 29 de agosto en Nueva York".
La autora opina que "no hay posibilidad
de que la agenda de guerra de Bush pueda ser rechazada el Día de
la Elección, porque John Kerry promete continuar, y hasta fortalecer,
la ocupación militar en Irak (...) sólo hay una oportunidad
en la que los estadunidenses podrán expresar su rechazo total a
la guerra: en las calles, fuera de la Convención Nacional Republicana"
LLEVO UNA
SEMANA en Nueva York,
mirando a la ciudad prepararse para la Convención Nacional Republicana
y las protestas que la acompañarán. Mucho es predecible:
histeria en la prensa amarillista sobre un estado de sitio anarquista;
policías que presumen sus nuevos juguetes para controlar muchedumbres;
feroces debates sobre si las manifestaciones dañarán a los
republicanos o sin querer los ayudarán.
Lo que me sorprende es lo que no
hay: Najaf. No está en ningún lado. Día tras día,
las bombas y los tanques estadunidenses se acercan cada vez más
al mausoleo del imán Alí, se informa que dañaron las
paredes exteriores y arrojaron metralla al patio; diario, mueren niños
en sus hogares mientras los soldados estadunidenses infligen un castigo
colectivo a la ciudad sagrada; a diario, más cuerpos son molestados
con los pisotones de los soldados estadunidenses en el cementerio del Valle
de la Paz, sus botas se resbalan dentro de las tumbas cuando usan las lápidas
como cubierta.
Seguro, los combates en Najaf llegan
a los noticiarios, pero no vinculados a la elección. En vez, son
relegados al estatus de un lejano y espinoso conflicto étnico, como
Afganistán, Sudán o Palestina. Aun dentro del movimiento
contra la guerra, los eventos en Najaf son escasamente visibles. La "entrega
del poder" funcionó: Irak se ha vuelto el problema de alguien más.
Es cierto que la guerra está en el centro de la campaña electoral
–pero no de Irak. La discusión se centra en lo que pasó en
los botes Swift hace 35 años, no sobre lo que se dejó
caer desde los bombarderos estadunidenses AC-130 esta semana.
Pero mientras Vietnam acapara demasiado
espacio en esta campaña, me descubro pensando en las palabras del
veterano de Vietnam y novelista Tim O’Brien. En una entrevista para el
documental realizado en 1980, Vietnam: la guerra de los 10 mil días,
O’Brien dijo: "Mi estancia en Vietnam es una memoria de absoluta ignorancia,
y me refiero a absoluta ignorancia. No sé el idioma. No me podía
comunicar con los vietnamitas más que en un inglés rudimentario.
No sabía nada acerca de la cultura de Vietnam. No sabía nada
sobre la religión, las religiones. No sabía nada acerca de
la comunidad aldeana. No sabía nada sobre las metas de la gente,
si estaban a favor de la guerra o en contra... no tenía conocimiento
sobre lo que quería el enemigo... y compensé esa ignorancia
de un montón de maneras, algunas eran maneras malvadas: haciendo
explotar cosas, quemando chozas por la frustración de ser ignorante
y no saber dónde estaba
el enemigo".
Podría haber estado hablando
del Irak actual. Cuando un ejército extranjero invade un país
del cual prácticamente no conoce nada, hay bastante brutalidad intencional,
pero también hay el no intencionado barbarismo de la ciega ignorancia.
Comienza con desaires culturales y religiosos: soldados entrando de manera
tempestuosa en un hogar, sin darle oportunidad a las mujeres para cubrirse
las cabezas; botas militares paseándose en las mezquitas que nunca
habían sido tocadas por suelas de zapatos; una señal de mano
mal interpretada en una caseta con consecuencias mortales. Y ahora Najaf.
No se trata sólo de que los sagrados lugares de entierro son profanados
con sangre fresca; sino de que los estadunidenses parecen no darse cuenta
de lo profundo de esta ofensa, y de las repercusiones que tendrá
durante décadas. El mausoleo del imán Alí no es un
lugar sagrado común y corriente, es el equivalente chiíta
de la Capilla Sixtina. Najaf no es una ciudad iraquí más,
es la ciudad de los muertos, donde los cementerios parecen no tener fin,
un lugar tan sagrado que todo devoto chiíta sueña con ser
enterrado ahí. Y Moqtada Sadr y sus seguidores no son un grupo de
terroristas genérico más que busca matar estadunidenses;
su oposición a la ocupación representa el abrumador sentimiento
generalizado en Irak. Sí, si fuese elegido, Sadr intentaría
convertir a Irak en una teocracia como Irán, pero por ahora sus
demandas son elecciones directas y el fin de la ocupación extranjera.
Comparen la humildad de O’Brien con
la altanería expresada por Glen Butler, un mayor en los marines,
cuyo artículo de opinión del 23 de agosto en The New York
Times parece haber sido escrito por Karl Rove [asesor estrella de Bush].
Butler se jacta de que a pesar de que ha estado en Irak durante poco más
de un mes, "conoce un poco sobre el califa, sobre los cinco pilares y sobre
Alá". Y explica que los vuelos rasantes sobre los cementerios de
Najaf, no exacerban el odio anti-estadunidense en el mundo árabe,
sino que "atacan la fuente de la amenaza". El piloto alegremente descarta
a sus enemigos y los califica de luchadores extranjeros y ex baatistas,
y de ser "algunos iraquíes frustrados que se preocupan de que la
cultura Wal-Mart transgreda su barrio".
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Es difícil saber por dónde
comenzar. El ejército Mahdi que Butler ataca está compuesto
por ciudadanos iraquíes, no extranjeros. No son baatistas, eran
los más oprimidos bajo el régimen de Saddam y vitorearon
su derrocamiento. Y no están preocupados de que Wal-Mart vaya a
tomar por asalto su barrio, están enfurecidos porque no tienen electricidad
ni plantas tratadoras de agua a pesar de los miles de millones de dólares
prometidos para la reconstrucción.
Antes de que los seguidores de Sadr
comenzaran su levantamiento, demandaron elecciones y el fin de la ocupación
mediante sermones, protestas pacíficas y artículos periodísticos.
Las fuerzas estadunidenses respondieron: clausuraron sus diarios, abrieron
fuego sobre sus manifestaciones y bombardearon sus barrios. Fue entonces
que Sadr emprendió la guerra contra la ocupación. Y cada
tiro lanzado desde el helicóptero de Butler no hace que Des Moines
y Santa Mónica estén más seguros, como afirma. Hace
que el ejército Mahdi se fortalezca.
Mientras escribo esto, días
antes de la Convención Republicana, el plan para manifestarse parece
expresar una indignación generalizada sobre Irak, decir "no a la
guerra" y "no a la agenda de Bush". Este es un mensaje importante, pero
no es suficiente. También necesitamos escuchar demandas específicas
acerca de poner fin al desastroso estado de sitio en Najaf, y apoyo inequívoco
a los iraquíes que están desesperados por que haya democracia
y por que finalice
la ocupación.
[La coalición] Unidos por
la Paz y la Justicia declaró que "este año hay dos momentos
clave en los que la gente en Estados Unidos tendrá la oportunidad
de enviar un resonante mensaje de oposición a la Agenda de Bush:
el 2 de noviembre y el 29 de agosto, en la ciudad de Nueva York". Tristemente,
no es así: no hay posibilidad de que la agenda de guerra de Bush
pueda ser claramente rechazada el Día de la Elección, porque
John Kerry promete continuar, y hasta fortalecer, la ocupación militar
en Irak. Lo cual significa que sólo hay una oportunidad en la que
los estadunidenses podrán expresar su rechazo total a la guerra
en Irak: en las calles, fuera de la Convención Nacional Republicana.
Es hora de llevar Najaf a Nueva York.
(Traducción: Tania Molina
Ramírez. Copyright Naomi Klein 2004. Una versión de
este texto fue publicado en The Nation –www.thenation.com)
*Autora de No Logo y Vallas
y ventanas. |