| MASIOSARE/LA
JORNADA de México - 12 de Setiembre de 2004
Legado del 11 de septiembre
Sharon,
gurú de la "guerra contra el terror"
Naomi
Klein *
En el tercer aniversario del 11 de
septiembre, el primer ministro israelí Ariel Sharon merece ser reconocido
como el gurú espiritual de la "guerra contra el terror", afirma
la autora.
Y el gobierno del gurú
busca dejar claro que Rusia e Israel están involucrados en la misma
guerra contra "una amenaza global del terror islámico"
EL PRESIDENTE
RUSO Vladimir Putin
está tan harto de que lo interroguen acerca de su manejo de la catástrofe
en Beslan que el lunes pasado arremetió contra los corresponsales
extranjeros. "¿Por qué no se encuentran con Osama bin Laden?,
invítenlo a Bruselas o a la Casa Blanca y hablen con él",
demandó, y añadió: "Nadie tiene el derecho moral de
decirnos que hablemos con asesinos de niños".
Putin no es un hombre al que le guste
que duden de él. Afortunadamente, para él, aún hay
un lugar donde está a salvo de toda crítica: Israel.
El lunes, el primer ministro Ariel
Sharon le dio una calurosa bienvenida al ministro del Exterior ruso Sergie
Lavrov en el marco de una reunión para fortalecer los lazos en la
lucha contra el terror. "El terror no tiene justificación, y es
hora de que el mundo libre, decente y humanista se una y luche contra esta
terrible epidemia", dijo Sharon.
Hay poco que argumentar. La esencia
del terrorismo consiste en hacer que inocentes sean el blanco, en pos de
sus metas políticas. Cualquier afirmación hecha por perpetradores
respecto a que luchan por la justicia está moralmente en bancarrota
y conduce al barbarismo de Beslan: un cuidadoso plan para masacrar a cientos
de niños en su primer día de clases.
Sin embargo, el pésame por
sí solo no explica las muestras de solidaridad hacia Rusia provenientes
de los políticos israelíes. El ministro del Exterior israelí,
Silvan Shalom, comentó que la masacre mostró que "no hay
diferencia entre el terror en Beersheba y el terror en Beslan". Y la agencia
AP citó a un funcionario israelí no identificado que dijo
que los rusos "comprenden ahora que no se trata de un problema local de
terror, sino parte de una amenaza global del terror islámico. Los
rusos quizá escuchen nuestras sugerencias esta vez".
El mensaje subyacente es inequívoco:
Rusia e Israel están involucrados en la misma guerra, una que no
es contra los palestinos que demandan su derecho a un Estado, o contra
los chechenos que demandan su independencia, sino contra "una amenaza global
del terror islámico". Israel, como el estadista mayor, reclama el
derecho a poner las reglas de la guerra. No sorprende que las reglas sean
las mismas que Sharon usa contra la Intifada en los territorios ocupados.
Su punto de partida es que los palestinos, si bien pueden plantear demandas
políticas, en realidad sólo están interesados en aniquilar
Israel. De esta creencia básica se desencadenan las demás.
En primer lugar, toda violencia israelí contra los palestinos es
un acto de autodefensa, necesario para la supervivencia del país.
En segundo lugar, cualquiera que cuestione el derecho absoluto de Israel
a erradicar a su enemigo es un enemigo. Esto se aplica a las Naciones Unidas,
a otros líderes políticos, a periodistas, a activistas por
la paz.
Queda claro que Putin ha estado tomando
notas, pero no es la primera vez que Israel juega el papel de mentor. Hace
tres años, el 12 de septiembre de 2001, le preguntaron al ministro
de Finanzas israelí Benjamin Netanyahu en qué afectarían
los ataques terroristas en Nueva York y Washington a las relaciones entre
Israel y Estados Unidos. "Es muy bueno", dijo. "Bueno, no muy bueno, pero
generará una inmediata simpatía". El ataque, explicó
Netanyahu, "fortalecerá los lazos entre nuestros dos pueblos, porque
hemos experimentado el terror durante tantas décadas, pero ahora
Estados Unidos experimentó una masiva hemorragia de terror".
uuu
Es del conocimiento común
que el 11 de septiembre comenzó una nueva era de geopolítica,
caracterizada por lo que generalmente se llama la Doctrina Bush: guerras
preventivas, ataques contra "infraestructura terrorista" (o sea, países
enteros), la insistencia en que el enemigo sólo entiende a través
de la fuerza. De hecho, sería más preciso llamar a esta rígida
visión del mundo la Doctrina Likud. Lo que ocurrió el 11
de septiembre de 2001 es que la Doctrina Likud, previamente usada sólo
contra los palestinos, fue retomada por la nación más poderosa
de la tierra y aplicada a escala global. Se podría llamar la likudización
del mundo, el verdadero legado del 11 de septiembre.
Por likudización no
me refiero a que haya miembros clave de la administración de Bush
que trabajan a favor de los intereses de Israel a expensas de los intereses
estadunidenses –el popular argumento de "lealtad doble". Lo que quiero
decir es que el 11 de septiembre Bush emprendió la búsqueda
de una filosofía política que lo guiara en su nuevo papel
de Presidente de la Guerra, un trabajo para el cual para nada estaba calificado.
Encontró esa filosofía en la Doctrina Likud, convenientemente
proporcionada por los apasionados defensores del Likud, ya instalados en
la Casa Blanca. No requirió mayor pensamiento.
Durante los siguientes tres años,
la Casa Blanca ha aplicado a su "guerra contra el terror" global esta importada
lógica con una escalofriante coherencia. Fue la política
guía en Afganistán e Irak, y bien podría extenderse
a Irán y Siria. No se trata simplemente de que Bush asuma que el
papel de Estados Unidos sea proteger a Israel del hostil mundo árabe.
Se trata de que le otorgó a Estados Unidos el mismo papel que juega
Israel, incluso enfrentan la misma amenaza. En esta narrativa, Estados
Unidos libra una batalla sin fin por su supervivencia contra fuerzas totalmente
irracionales que no buscan más que su completa exterminación.
Ahora, la likudización
llegó a Rusia. En la reunión con los corresponsales extranjeros,
The
Guardian informa que Putin "dejó claro que ve la iniciativa
por la independencia chechena como la punta de lanza de una estrategia
de los islamistas chechenos, ayudados por los fundamentalistas extranjeros,
para socavar todo el sur de Rusia y hasta propiciar problemas con las comunidades
musulmanas en otras partes del país. ‘Hay musulmanes a lo largo
del Volga, en Tatarstan y Bashkortostan... Esto tiene todo que ver con
la integridad del territorio ruso’, dijo." Antes sólo Israel estaba
preocupado de que empujaran al mar.
Sí ha habido un drástico
y peligroso incremento del fundamentalismo religioso en el mundo musulmán.
El problema es que bajo la Doctrina Likud no queda espacio para preguntar
por qué ocurre esto. No se nos permite señalar que el fundamentalismo
crece en Estados fallidos, donde la infraestructura civil ha sido el blanco
sistemático de la guerra, lo cual ha permitido que las mezquitas
asuman la responsabilidad de todo, desde la educación hasta la recolecta
de basura. Ha ocurrido en Gaza, en Grozny, en la ciudad de Sadr.
Sharon dice que el terrorismo es
una epidemia que "no tiene fronteras ni bardas", pero este no es el caso.
En todo el mundo, el terrorismo prospera dentro de las fronteras ilegítimas
de la ocupación y la dictadura; pulula tras "las paredes de seguridad"
levantadas por los poderes imperiales; cruza esas fronteras y escala esas
bardas y explota dentro de los países responsables –o cómplices–
de la ocupación y la dominación.
Ariel Sharon no es el comandante
en jefe de la guerra contra el terror; ese dudoso honor lo mantiene Bush.
Pero en el tercer aniversario del 11 de septiembre, merece ser reconocido
como el gurú intelectual/espiritual de esta desastrosa campaña;
un Yoda al que le gustan las armas, para todos los aspirantes a Luke Skywalker
que andan por ahí entrenándose para sus épicas batallas
del bien contra el mal.
Si queremos ver adónde nos
lleva la Doctrina Likud nos basta con seguir al gurú a casa, a Israel
–un país paralizado por el temor, que adopta políticas de
parias, y que niega la brutalidad que a diario comete. Es una nación
rodeada de enemigos y desesperada por tener amigos (a quienes define como
aquellos que no le hacen preguntas, y, a cambio, ella generosamente les
ofrece la misma amnesia moral).
Ese vistazo a nuestro futuro colectivo
es la única lección que el mundo necesita aprender de Ariel
Sharon.
(Traducción: Tania Molina
Ramírez. Copyright 2004 Naomi Klein)
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