| La
Jornada de México - 15 de Octubre de 2004
Doble
juego de enviado de Bush para Irak
Baker tramita condonar deudas,
pero a trasmano cobra 27 mil
mdd para Kuwait
Naomi
Klein
James Baker,
enviado especial del presidente George W. Bush, busca persuadir al mundo
de condonar la abrumadora deuda de Irak, pero al mismo tiempo trabaja para
un grupo comercial que intenta recuperar dinero de la nación árabe,
según documentos confidenciales.
El Grupo Carlyle, de Baker, es un
consorcio que maniobra en secreto para tratar de cobrar 27 mil millones
de dólares por cuenta de Kuwait, uno de los mayores acreedores de
Irak, y para ello se vale de influencias políticas de alto nivel.
Se afirma que Baker no obtendrá beneficios en lo personal, pero
el consorcio podría ganar millones en honorarios y comisiones.
Otros países, entre ellos
Bahrein, son objeto de las exigencias de Baker para que aligeren la deuda
de 200 mil millones de dólares que carga el nuevo régimen
iraquí. A Gran Bretaña se le deben más o menos mil
millones.
Un litigante internacional describió
la estrategia como "tráfico de influencias de la especie más
descarada".
Jerome Levinson, experto en ética
empresarial y política en la American University, en Washington,
declaró a The Guardian: "El consorcio dice al gobierno de
Kuwait: 'Con nosotros tienes oportunidad de recuperar una parte sustancial
de la deuda. ¿Por qué? Por quienes somos y por lo que sabemos'".
El 5 de diciembre de 2003, cuando
Bush designó enviado honorario al ex secretario de Estado, definió
su encargo como una "noble misión". Pero Baker es también
consejero y socio accionista con una inversión de 180 millones de
dólares en Grupo Carlyle, que es un banco comercial y contratista
de defensa.
En enero, el consorcio envió
al Ministerio del Exterior de Kuwait un documento confidencial de 65 páginas
titulado Propuesta para ayudar al gobierno de Kuwait a proteger y hacer
efectivas demandas contra Irak, según documentos obtenidos por
la revista The Nation, en Nueva York, los cuales se publicaron el
13 de octubre en el sitio web de The Guardian.
En una carta fechada el 6 de agosto
de 2004, el grupo informa al ministerio kuwaití que las deudas vencidas
de Irak "están en peligro inminente".
Otra carta advierte que la opinión
mundial está a favor de la condonación de la deuda iraquí,
lo cual se evidencia con "la designación del ex secretario de Estado,
James Baker, como enviado personal de Bush para negociar las quitas".
La propuesta del consorcio hace explícita
la amenaza: no sólo es improbable que Kuwait vuelva a ver uno solo
de sus 30 mil millones de dólares de deuda soberana iraquí,
sino que además los 27 mil millones en reparaciones de guerra que
Irak debe a Kuwait por la invasión de Saddam Hussein, en 1990, "podrían
ser una baja en este esfuerzo estadunidense (de liberación de la
deuda)".
Frente a esta amenaza, el consorcio
ofrece sus servicios. Su equipo de ex políticos de alto nivel, en
Estados Unidos y Europa, tiene "estrecha relación personal con los
participantes en las negociaciones previstas" y puede "llegar hasta los
encargados de tomar decisiones en Naciones Unidas y en capitales claves".
Kathleen Clark, profesora de derecho
en la Universidad de Washington y experta en ética y normas de gobierno,
señala que esto significa que el enviado especial se encuentra en
"un clásico conflicto de intereses. Baker está en los dos
lados de esta transacción: se supone que representa los intereses
de Washington, pero también es asesor principal de Carlyle, y éste
quiere que le paguen por ayudar a Kuwait a recuperar sus créditos
a Irak.
"Carlyle y las otras compañías
-añade- explotan la actual posición de Baker para tratar
de lograr un acuerdo con Kuwait, que socavaría los intereses del
gobierno estadunidense."
La noche del 12 de octubre, un vocero
de Carlyle aseguró que la empresa había reducido su participación
después del nombramiento de Baker. "Ni Grupo Carlyle ni James Baker
escribieron, corrigieron o autorizaron esta propuesta al gobierno kuwaití.
Cuando Baker fue nombrado enviado especial, lo cual fue antes de que la
propuesta se preparara y enviara, Carlyle restringió explícitamente
su papel a invertir activos por cuenta de Kuwait, actividad en la que Baker
no tendría papel alguno ni recibiría ningún beneficio
de ella."
Según los documentos, Carlyle
pretende obtener como parte del trato una inversión extraordinaria
de un millón de dólares del gobierno kuwaití.
La propuesta principal consiste en
transferir la titularidad de 57 mil millones de dólares de la deuda
iraquí a una fundación creada y controlada por un consorcio
cuyos principales miembros son Grupo Carlyle, Grupo Albright (encabezado
por Madeleine Albright, también ex secretaria de Estado) y otras
empresas con buenos contactos.
Conforme al trato, el gobierno de
Ku-wait aportaría también al consorcio 2 mil millones de
dólares para invertir en un fondo privado creado por éste,
y la mitad de esa aportación iría a Carlyle.
Hecha la aportación, el consorcio
utilizaría sus contactos personales para persuadir a los líderes
del mundo de que Irak debe "maximizar" sus pagos de reparación a
Ku-wait. Mientras más dinero logre el consorcio que Bagdad pague
en cierto periodo, más cobrará Kuwait, y el consorcio obtendrá
una comisión de 5 por ciento o más.
El objetivo de maximizar los pagos
de deuda de Bagdad contradice el propósito de política exterior
expresado por Washington, de reducir drásticamente la carga de la
deuda iraquí.
Chris Ullman, vocero de Carlyle en
Washington, reconoció que el consorcio estaba al tanto de que como
parte de la propuesta recibiría una inversión de mil millones
de dólares: "Estábamos enterados de eso. Pero no tomamos
parte en las negociaciones para obtener esa inversión".
"Es decir, ¿ustedes estaban
dispuestos a recibir los mil millones, pero no iban a tratar de obtenerlos?",
se le preguntó. "Correcto", respondió.
Ullman aseguró que Baker no
recibiría beneficios de esa inversión. "Tenemos controles
que regulan la forma en que se retribuye a los socios, contamos con una
gran oficina de respaldo. Tenemos los mecanismos."
Al preguntársele si la Casa
Blanca fue informada de que el consorcio Carlyle estaba en negociaciones
con el gobierno de Kuwait sobre las deudas en el momento de la designación
de Baker, contestó: "Más tarde les informaré sobre
eso".
En documentos confidenciales, el
consorcio parece estar más que consciente de la delicadeza de la
posición de Baker como socio de Carlyle y al mismo tiempo enviado
del gobierno en relación con la deuda.
Inmediatamente después de
enlistar a todos los participantes, poderosos asociados con Carlyle -entre
ellos el ex presidente George Bush, el ex primer ministro británico
John Major y el propio Baker-, el do-cumento expresa: "La extensión
en la cual estos individuos pueden tener un papel de-cisivo en la preparación
de estrategias es ahora más limitada, debido al reciente nombramiento
del secretario Baker como enviado presidencial sobre la deuda internacional,
y la necesidad de evitar un aparente conflicto de interés".
Sin embargo, añade que eso
cambiará pronto: "Creemos que con el retiro del se-cretario Baker
de su encargo temporal (co-mo enviado especial), Carlyle y los destacados
individuos asociados con el grupo estarán en libertad de tener de
nuevo un papel más decisivo".
El 21 de enero de 2004 las vidas
duales de Baker convergieron. Esa mañana voló a Kuwait como
enviado especial de Bush. Se reunió con el primer ministro kuwaití,
el mi-nistro del Exterior y otros funcionarios de primer nivel, con el
objetivo declarado de pedirles condonar las deudas iraquíes.
Los colegas de Baker en el consorcio
escogieron ese mismo día para entregar en propia mano su propuesta
completa al mi-nistro del Exterior, Mohammad Sabah Salem Sabah, el mismo
hombre con quien Baker se reunía.
La propuesta llevaba una carta de
presentación firmada por Madeleine Albright; por David Huebner,
presidente del bufete jurídico Coudert Brothers (otro miembro del
consorcio), y por Shahameen Sheik, presidente de Internacional Strategy
Group, compañía creada por el consorcio para los propósitos
de este trato.
Shahameen Sheik, quien hizo la entrega,
dijo que la fecha fue mera coincidencia. "No tuvo nada que ver con la visita
del se-ñor Baker... Yo estaba en la región, y se me ocurrió
hacer una parada en el camino a Europa y entregar la propuesta".
La propuesta "toma en cuenta la nueva
dinámica que se ha desarrollado en la re-gión", señala
la carta de Albright: esa dinámica incluía "las negociaciones
del secretario Baker" sobre alivio de la deuda.
Si Kuwait acepta la oferta del consorcio,
agrega la carta, "distinguiremos los reclamos de Kuwait -legal y moralmente-
de la deuda soberana cuya condonación busca Washington".
Irak es el país más
endeudado del mun-do. "Esta deuda pone en peligro las perspectivas iraquíes
de salud política y prosperidad económica a largo plazo",
expresó el presidente Bush cuando nombró a Baker, en diciembre
pasado.
En ese tiempo los críticos
expresaron dudas de que Baker fuera la persona idónea para el cargo,
pero la Casa Blanca las hizo a un lado. "Jim Baker es un hombre de gran
integridad", aseguró Bush a los reporteros. "Tenemos suerte de que
haya decidido tomar una parte de lo que es una vida activa y dar un paso
adelante para servir a Estados Unidos."
El vocero Chris Ullman declaró
en ese tiempo que la nueva misión de Baker no tendría "ningún
impacto en absoluto para el Grupo Carlyle".
Un día antes de que se anunciara
el nombramiento, John Harris, director gerente de Grupo Carlyle, firmó
una declaración dirigida al magistrado Alberto Gonzales, consejero
del presidente Bush. En ella afirmaba que Carlyle "no participa en cabildeos
o consultas" y que "no tiene inversión alguna en la deuda pública
o privada de Irak".
Según los documentos, en la
época de tal declaración el consorcio tenía por lo
menos cinco meses de haber recibido el encargo del gobierno kuwaití
de "preparar una detallada propuesta financiera para la protección
y monetización" del pago de reparaciones por Irak.
El encargo fue acordado en una reunión
de alto nivel con varios funcionarios kuwaitíes realizada en Londres
el 16 de julio de 2003, según los expedientes obtenidos por The
Guardian.
La profesora Kathleen Clark señaló
que las normas administrativas y penales prohíben a funcionarios
del gobierno participar en negocios gubernamentales en los cuales tengan
interés financiero, inclusive asuntos que afecten a una empresa
extranjera que contrate al funcionario.
En la declaración al magistrado
Gonzales, Harris escribió que "el secretario Baker ha renunciado
a su participación accionaria en beneficios futuros, si los hay,
que pudieran constituir un conflicto con sus deberes oficiales, y no recibirá
beneficio personal en sus ingresos como socio de Carlyle de su trabajo
como enviado especial del gobierno".
Pero el trato propuesto a Kuwait
es tan grande que resulta difícil ver cómo podría
Baker escaparse de recibir beneficios: Carlyle pretende obtener una inversión
de mil millones de dólares, la cual representa 10 por ciento del
valor accionario de la empresa.
Y conforme a esa propuesta, la empresa
recibiría beneficios de ese acuerdo por lo menos durante 12 años.
"Incluso si existe algún mecanismo
para que Baker no reciba beneficio directo de este trato", señala
la profesora Clark, "Carlyle utiliza su posición en el gobierno
para beneficiarse." La experta sostiene que ya es tiempo de que la Casa
Blanca haga limpieza. "Hay aquí una tremenda necesidad de transparencia."
Según el especialista Jerome
Levinson, "lo que proponen es sabotear por completo la misión de
Baker, y explotan la conexión que tienen por medio de Baker con
Ahmed Fahad, subsecretario del primer mi-nistro de Kuwait".
Este funcionario kuwaití declaró
esta semana: "He visto (la propuesta) y estoy totalmente al tanto de la
situación". Pero cuando los periodistas le preguntaron por el papel
que desempeña James Baker en esa negociación, respondió:
"Es difícil con-testar sobre ese punto, en especial ahora. Espero
que me entiendan".
© Naomi Klein
Traducción: Jorge Anaya
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