| Masiosare/La
Jornada de México - 26 de diciembre
de 2004
Hacia una
plataforma antiguerra creíble
Más
allá del "fuera tropas"
Naomi
Klein *
No basta demandar que las tropas
estadunidenses salgan de Irak, dice la autora. Hace falta que el movimiento
contra la guerra exija que Estados Unidos pague reparaciones al pueblo
iraquí y que "ofrezca apoyo concreto a las demandas políticas
que surgen de Irak" y a programas como el de las raciones de alimentos.
"El fracaso en desarrollar una
plataforma creíble más allá de ‘fuera tropas’ podría
ser una de las razones por las que el movimiento antiguerra se mantiene
estancado, aun cuando la oposición a la guerra se profundiza"
RESULTA QUE
LA TIENDA POTTERY Barn
ni siquiera tiene una regla que diga: "Tú lo rompes, tú lo
pagas". Según un vocero de la compañía, "en la rara
ocasión en que se rompe algo en la tienda, se asume como pérdida".
Sin embargo, la inexistente política de una tienda que vende sacacorchos
de 80 dólares aun ejerce más influencia en Estados Unidos
que las Convenciones de Ginebra y la Ley de Guerra Terrestre del Ejército
Estadunidense combinadas. Bob Woodward [director adjunto de The Washington
Post] apuntó que Colin Powell evocó "la regla de Pottery
Barn" antes de la invasión, y John Kerry juró lealtad a esta
regla durante el primer debate presidencial. Y la regla imaginaria aún
es el instrumento no punzante favorito para golpear a cualquiera que se
atreva a sugerir que ya llegó la hora de retirar las tropas de Irak:
claro que la guerra es un desastre, argumentan, pero no la podemos parar
ahorita –si tú lo rompes, es tuyo.
Si bien no citó por nombre
a la cadena de tiendas, Nicholas Kristof dejó el argumento claro
en una reciente columna en The New York Times. "Nuestra equivocada
invasión dejó a millones de iraquíes desesperadamente
vulnerables, y sería inhumano abandonarlos ahora. Si nos quedamos
en Irak, aún hay algo de esperanza de que los iraquíes lleguen
a disfrutar de la seguridad y de mejor vida; pero si nos salimos, estaremos
condenando a los iraquíes a la anarquía, el terrorismo y
la hambruna, y costará las vidas de cientos de miles de niños
durante la próxima década".
Comencemos con la idea de que Estados
Unidos ayuda a proveer seguridad. Al contrario, la presencia de sus tropas
provoca la violencia cotidiana. La verdad es que mientras permanezcan las
tropas, toda la estructura de seguridad del país –las fuerzas de
ocupación, los soldados iraquíes y los oficiales policiacos–
estará exclusivamente dedicada a rechazar los ataques de resistencia,
dejando un vacío en lo que respecta a cubrir la seguridad de los
iraquíes de la calle. Si las tropas se salieran, los iraquíes
aún se enfrentarían a la inseguridad, pero podrían
dedicar recursos locales a restablecer el control de sus ciudades y barrios.
En cuanto a prevenir la "anarquía",
el plan estadunidense de llevar elecciones a Irak parece diseñado
para prender una guerra civil –una guerra civil que justifique la actual
presencia de las tropas estadunidenses sin importar quién gane los
comicios. Siempre quedó claro que la mayoría chiíta,
que desde hace más de un año convoca a elecciones inmediatas,
nunca iba a aceptar una demora en el calendario electoral. También
queda claro que al destruir Fallujah para prepararla para las elecciones,
gran parte del liderazgo sunita se vería forzado a convocar a un
boicot de las elecciones.
Cuando Kristof asegura que las fuerzas
estadunidenses deberían de quedarse en Irak para "salvar a cientos
de miles de niños" de la hambruna, es difícil imaginar a
qué se refiere. El hambre en Irak no es simplemente un efecto secundario
de la guerra –es el resultado directo de la decisión estadunidense
de imponer brutales políticas de "terapia de shock" a un
país que ya estaba enfermo y debilitado por 12 años de sanciones.
La primera acción de Paul Bremer como administrador civil fue despedir
a 500 mil iraquíes, y su principal logro –por el cual se le otorgó
la Medalla Presidencial de la Libertad– fue supervisar el proceso de "reconstrucción",
que sistemáticamente robó sus empleos a los necesitados iraquíes
y se los otorgó a empresas extranjeras, lo cual provocó que
la tasa de desempleo llegara a 67%. Y el peor de los shocks aún
está por venir. El pasado 21 de noviembre, el grupo de países
industrializados conocido como el Club de París finalmente dio a
conocer su plan para la impagable deuda de Irak. En vez de perdonarla simplemente,
el Club de París expuso un plan de tres años para amortizar
80%, siempre que los futuros gobiernos iraquíes se adhieran al estricto
programa de austeridad del Fondo Monetario Internacional. Según
los primeros borradores, el programa incluye "la restructuración
de las empresas estatales" (léase: privatización), un plan
que, según el Ministerio de Industria iraquí, requerirá
el despido de otros 145 mil obreros. En nombre de "las reformas del libre
mercado", el FMI también quiere eliminar el programa que provee
a cada familia iraquí de una canasta de alimentos –la única
barrera contra la hambruna para millones de ciudadanos. Hay presión
adicional para eliminar las raciones de alimentos que llegan de la Organización
Mundial de Comercio (OMC), que, por pedido de Washington, está considerando
aceptar a Irak como miembro –siempre y cuando adopte ciertas "reformas".
Miseria planeada
Seamos claros: Estados Unidos rompió
a Irak y no está en el proceso de repararlo. Simplemente continúa
rompiéndolo por otros medios. No sólo usa F-16 y Bradleys,
sino también el armamento menos deslumbrante: las condiciones del
FMI y la OMC, seguidos por unas elecciones diseñadas para transferir
la menor cantidad de poder a los iraquíes. Esto es lo que el afamado
escritor argentino Rodolfo Walsh (asesinado por la junta militar en 1977)
describió como "miseria planeada". Y mientras más se quede
Estados Unidos en Irak, más miseria planeará.
Pero si quedarse en Irak no es la
solución, tampoco lo son los simples llamados a sacar a las tropas
y gastar el dinero en escuelas y hospitales en casa. Sí, las tropas
deben salirse, pero esa sólo puede ser una de las tablas de una
plataforma antiguerra creíble y moral. ¿Qué hay de
las escuelas y los hospitales en Irak –los que se supone que Bechtel iba
a reparar y que nunca lo hizo? Las fuerzas antiguerra se muestran reticentes
a hablar acerca de lo que los estadunidenses le deben a Irak. Rara vez
usan la palabra "compensación", sin mencionar una más cargada:
"reparaciones".
Las fuerzas antiguerra también
han fracasado en ofrecer apoyo concreto a las demandas políticas
que surgen de Irak. Cuando la Asamblea Nacional Iraquí condenó
enérgicamente el acuerdo del Club de París, que forzaba al
pueblo iraquí a pagar las "odiosas" deudas de Saddam y que les robaba
su soberanía económica, el movimiento antiguerra prácticamente
se quedó callado, a excepción del tenaz pero poco apoyado
Jubilee Irak. Y si bien los soldados estadunidenses no protegen a los iraquíes
de la hambruna, las raciones de alimentos sí lo hacen –Así
que, ¿porqué la protección de este tan necesitado
programa no es una de las demandas centrales?
El fracaso en desarrollar una plataforma
creíble más allá de "fuera tropas" podría ser
una de las razones por las que el movimiento antiguerra se mantiene estancado,
aun cuando la oposición a la guerra se profundiza. Los gobernantes
estilo Pottery Barn tienen razón en algo: romper un país
debería acarrear consecuencias a quienes lo rompieron. Ser dueño
del país roto no debería de ser una de ellas, ¿pero
qué tal pagar las reparaciones?
(Traducción: Tania Molina
Ramírez.
Copyright 2004 Naomi Klein. Una versión de
este texto fue publicado en The Nation.)
*Autora de No Logo y Vallas y
ventanas. |