| Masiosare/La
Jornada de México - 13 de febrero
de 2005
Elecciones
en Irak
"Queremos
ser libres"
Naomi
Klein *
Los comicios en Irak –escribe la
autora– no eran acerca de cómo votarían los iraquíes
–se trataba meramente del hecho de que votaran, y, más importante,
de lo que la valentía de los iraquíes hizo sentir a los estadunidenses.
Aparentemente, el verdadero propósito de las elecciones era demostrar
a los estadunidenses que, como planteó Bush, "los iraquíes
valoran su propia libertad"
"Los
iraquíes le dieron a Estados Unidos el más grande ‘gracias’
y de la mejor manera que podríamos haber esperado". Al leer este
análisis electoral de Betsy Hart, una columnista de Scripps Howard
News Service, me acordé de mi fallecida abuela.
Medio ciega y una amenaza al volante
de su chevrolet, firmemente se rehusó a entregar las llaves de su
coche. Estaba convencida de que, fuera a donde fuera (de paso aplastando
a las mascotas de Filadelfia), la gente la saludaba y le sonreía.
"¡Son tan amigables!" Tuvimos que darle las malas noticias. "No te
saludan con toda la mano, abue, nomás con el dedo medio".
Así pasa con Betsy Hart y
otros miopes observadores electorales: creen que los iraquíes al
fin les enviaron las tan esperadas flores y dulces, cuando en realidad
los electores les mentaron la madre (les enseñaron el manchado dedo
medio). Llegaron los resultados electorales: los iraquíes votaron
abrumadoramente por derrocar al gobierno de Iyad Allawi, instalado por
Estados Unidos, que rehusaba pedirle a este país que se fuera. Una
decisiva mayoría votó por la Alianza Unida Iraquí
(AUI); la plataforma de la AUI demandaba "un calendario que programe los
tiempos de retiro de las fuerzas multinacionales de Irak".
Ee la plataforma de la coalición
ganadora hay más mensajes enviados por los electores. Algunos puntos
a destacar: "Adoptar un sistema de seguridad social bajo el cual el Estado
garantice un empleo para cada iraquí en condiciones de trabajar...
y que ofrezca facilidades a los ciudadanos para construir sus casas". La
AUI también se compromete a "cancelar las deudas de Irak y los pagos
compensatorios y a usar la riqueza petrolera para proyectos de desarrollo
económico". En pocas palabras, los iraquíes votaron por repudiar
las políticas radicales de libre mercado impuestas por el ex enviado
estadunidense Paul Bremer y selladas gracias a un reciente acuerdo con
el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Así que, ¿la gente
que se emocionó viendo cómo los iraquíes acudían
multitudinariamente a las casillas apoyarán estas demandas elegidas
democráticamente? Por favor. "Uno no fija calendarios", dijo George
W. Bush cuatro días después de que los iraquíes votaron
precisamente a favor de esto. De la misma manera, el primer ministro británico
Tony Blair describió las elecciones como "magníficas", pero
descartó pudiera establecerse un calendario fijo. Los compromisos
de la AUI de expandir el sector público, quedarse con el petróleo
y cancelar la deuda probablemente sufran destinos similares. Al menos si
Adel Abd al-Mahdi se sale con la suya –es ministro de Finanzas iraquí
y se le menciona como el líder del próximo gobierno iraquí.
Al-Mahdi es el caballo de Troya de
la AUI. (¿Acaso creyeron que iban a apostar todo a Allawi?) En octubre
pasado le dijo a un público en el American Enterprise Institute
que planeaba "restructurar y privatizar las empresas estatales [iraquíes]",
y en diciembre hizo otro viaje a Washington para revelar sus planes de
una nueva ley petrolera, "muy prometedora para los inversionistas estadunidenses".
El mismo al-Mahdi fue quien supervisó la firma de una oleada de
acuerdos con Shell, BP y ChevronTexaco en las semanas anteriores a las
elecciones, y fue quien negoció el acuerdo de austeridad con el
FMI. Con respecto al retiro de tropas, al-Mahdi no comparte la plataforma
de su partido, más bien parece servir de intermediario a Dick Cheney
en Fox News: "El momento de retirada de los estadunidenses depende de cuándo
nuestras fuerzas estén listas y de cómo responda la resistencia
después de las elecciones". Pero en lo que respecta a la ley Sharia,
nos dicen que su posición es muy cercana a la de los clérigos.
Las elecciones iraquíes fueron
aplazadas una y otra vez; mientras, la ocupación y la resistencia
se volvían cada vez más mortales. Ahora parece que dos años
de derramamiento de sangre, soborno y de torcerles el brazo en lo oscurito
tuvo como resultado esto: un acuerdo en el que los ayatolas obtienen el
control de la familia; Texaco obtiene el petróleo, y Washington
obtiene sus perdurables bases militares (algo así como "el programa
de petróleo por mujeres"). Todos ganan menos los electores, quienes
arriesgaron sus vidas por depositar sus boletas a favor de un nuevo paquete
de políticas.
Pero no importa. El 30 de enero,
nos dicen, no era acerca de lo que los iraquíes votaron –se trataba
meramente del hecho de que votaran, y, más importante, de lo que
su valentía hizo sentir a los estadunidenses respecto de su guerra.
Aparentemente, el verdadero propósito de las elecciones era demostrar
a los estadunidenses que, como planteó Bush, "los iraquíes
valoran su propia libertad".
Asombrosamente, parece que esto es
noticia. El columnista de Chicago Sun-Times, Mark Brown, dijo que
el voto fue "una clara señal de que la libertad realmente sí
puede significar algo para los iraquíes". En el Daily Show,
de CNN, Anderson Cooper lo describió así: "La primera vez
que, como que tuvimos un indicio de sí están dispuestos a
como que dar un paso adelante y hacer cosas".
uuu
Esta gente sí que es difícil
de convencer. El levantamiento chiíta contra Saddam en 1991 no fue
suficiente para convencerlos de que los iraquíes estaban dispuestos
a "hacer cosas" para ser libres. Tampoco lo fue la marcha de 100 mil personas
que se llevó a cabo hace un año en demanda de elecciones
inmediatas, o las elecciones locales espontáneas organizadas por
los iraquíes en los primeros meses de la ocupación –Bremer
prohibió ambas. Resulta que en la televisión estadunidense
toda la ocupación ha sido un largo episodio de Factor Miedo, en
el cual los iraquíes libran obstáculos cada vez más
difíciles para demostrar cuán profundo es su deseo de volver
a tener su país. Que demuelan sus ciudades, que sean torturados
en Abu Ghraib, que les disparen en los retenes, que sus periodistas sean
censurados y que les corten el suministro de agua y luz –todo esto fue
el preludio a la mayor prueba de resistencia: esquivar bombas y balas para
llegar a una casilla. Al fin, los estadunidenses se convencieron de que
los iraquíes deveras, deveras, quieren ser libres.
Así que, ¿cuál
es el premio? ¿El fin de la ocupación, como demandaron los
electores? No sean ingenuos –el gobierno estadunidense no se someterá
a ningún "calendario artificial". ¿Empleos para todos, como
prometió la AUI? No puedes votar por tonterías socialistas
como esas. No, obtienen las lágrimas de Geraldo Rivera ("me sentí
un baboso"), el orgullo materno de Laura Bush ("fue tan conmovedor para
el Presidente y para mí ver a la gente salir con el dedo manchado")
y las sinceras disculpas de Betsy Hart por haber dudado de ellos ("Wow–sí
que me hicieron ver mi error").
Y eso debería de ser suficiente.
Porque si no fuera por la invasión, los iraquíes ni siquiera
hubieran tenido la libertad de votar por su liberación, y luego
que ese voto fuera ignorado por completo. Ese es el verdadero premio: la
libertad de ser ocupados. Wow –sí que me hicieron ver mi
error.
(Traducción: Tania Molina
Ramírez. Copyright 2005 Naomi Klein. Este texto fue publicado
en The Nation, http://www.thenation.com/)
*Autora de No Logo y Vallas y
ventanas. |