| Masiosare/La
Jornada de México - 13 de marzo
de 2005
La democracia
en Medio Oriente,
¿puede
sobrevivir al abrazo de Bush?
Cambio
de estrategia
en la
venta de la Marca EUA
Naomi
Klein *
"Permitir que la administración
de Bush meta las luchas de liberación de Líbano, Egipto y
Palestina en su propia 'historia' es un regalo para los autoritarios y
fundamentalistas en todo el mundo", afirma la autora.
"La libertad y la democracia
necesitan ser liberadas del mortal abrazo de Bush y devueltas a los movimientos
en Medio Oriente que han luchado por estas causas durante décadas.
Tienen una historia propia que terminar"
Comenzó
siendo un chiste y ya
se volvió ligeramente serio: la idea de que Bono pueda ser nombrado
presidente del Banco Mundial. El Secretario de la Tesorería estadunidense,
John Snow, recientemente describió a Bono como "una estrella de
rock del mundo en desarrollo" y añadió, "es alguien a quien
admiro".
Muy probablemente el trabajo se lo
quedará un estadunidense, uno con credenciales menos convincentes,
como Paul Wolfowitz. Pero hay una razón por la cual Bono es tan
admirado que podría inclinar a la Casa Blanca a escoger un irlandés.
Como líder de una de las marcas de rock que más ha perdurado,
Bono se dirige a los republicanos como les gusta verse a sí mismos:
no como administradores de una cada vez más pequeña esfera
pública que desprecian, sino como directores ejecutivos de una poderosa
corporación privada llamada Estados Unidos de América. "La
Marca EUA está en problemas... es un problema para los negocios",
advirtió Bono en el Foro Económico Mundial en Davos. La solución
es "re-describirnos a un mundo que no está seguro de nuestros valores".
La administración de Bush
está completamente de acuerdo, como lo demuestra la orgía
de re-descripción que ahora se hace pasar por política externa
estadunidense. Enfrentada a un mundo árabe enfurecido por la ocupación
de Irak y su apoyo incondicional a Israel, la solución no es cambiar
sus políticas brutales; es, por ponerlo en los términos seudo-académicos
del mundo corporativo de las marcas, "cambiar la historia".
La Marca EUA
La última historia de la Marca
EUA fue lanzada el 30 de enero, el día de las elecciones iraquíes,
con todo y pegajoso eslogan ("el poder morado"), imágenes instantáneamente
icónicas (dedos morados manchados por haber votado, N de la
R) y, claro, una nueva narrativa acerca del papel de Estados Unidos en
el mundo, contado y vuelto a contar por el mánager no oficial de
la marca, el columnista Thomas Friedman, de The New York Times.
"La historia de Irak fue reformulada, de ser una sobre 'insurgentes' iraquíes
tratando de liberar a su país de los ocupantes estadunidenses y
sus 'secuaces' iraquíes a una historia de una abrumadora mayoría
iraquí intentando construir una democracia, con la ayuda de Estados
Unidos, contra los deseos de los fascistas baatistas iraquíes y
de la Jihad". Esta nueva historia es tan contagiosa, se nos dice, que produjo
un efecto dominó similar a la caída del Muro de Berlín
y al colapso del comunismo. (Sin embargo, en "la Primavera Árabe",
la única pared a la vista el muro del apartheid israelí
sigue ahí).
Como con todas las campañas
publicitarias, el poder está en la repetición, no en los
detalles. Los obvios non sequiturs (¿Bush toma el crédito
por la muerte de Arafat?) y las estruendosas hipocresías (¡los
ocupantes contra la ocupación!) simplemente significan que es hora
de contar la historia de nuevo, sólo que más fuerte y más
lento, en un estilo para turistas. Aún así, como Bush afirma
que "Irán y otras naciones tienen el ejemplo de Irak", parece que
es necesario enfocarse al menos brevemente en la realidad del ejemplo iraquí.
El estado de emergencia acaba de ser renovado por quinto mes consecutivo
y la Alianza de Iraquíes Unidos, a pesar de haber ganado una clara
mayoría, aún no puede formar un gobierno. El problema no
es que los iraquíes hayan perdido la fe en la democracia por la
cual arriesgaron sus vidas el 30 de enero, sino que el sistema electoral
impuesto por Washington es profundamente no-democrático.
Espantados por la perspectiva de
que Irak sea gobernado por iraquíes, el ex administrador Paul Bremer
diseñó unas elecciones que le dieron a los kurdos, simpatizantes
de Estados Unidos, 27% de los escaños en la Asamblea Nacional, a
pesar de que conforman sólo 15% de la población. Y, debido
a que la constitución interina escrita por Estados Unidos requiere
de una ridículamente elevada mayoría para todas las decisiones
importantes, los kurdos ahora mantienen secuestrado al país. Su
demanda central es controlar Kirkuk; si lo obtienen, y luego deciden separarse,
el Kurdistán iraquí incluirá los extensos campos petroleros
del norte. Los iraquíes kurdos tienen una legítima reivindicación
de independencia y comprensibles temores de convertirse en blancos étnicos.
Pero la alianza kurda-estadunidense le entregó a Washington un poder
de veto sobre la democracia iraquí. Y si Kirkuk forma parte del
Kurdistán iraquí, y si Irak se parte, Washington se quedará
con un régimen dependiente y rico en petróleo aunque
sea más pequeño del que originalmente vislumbraba.
El regalo paara los fundamentalistas
Esta interferencia colonial amenaza
con tornar el cuento de hadas de la "revolución del cedro" libanesa
en una pesadilla. Se dice que a la mayoría de los libaneses le gustaría
ver a Siria salirse de su país. Pero, como demostraron los cientos
de miles que marcharon el 8 de marzo a favor del Hezbollah, no están
dispuestos a que su anhelo de independencia sea secuestrado por los intereses
de Washington y Tel Aviv. Al vincular los movimientos de independencia
de Líbano a las intenciones estadunidenses en la región,
la administración de Bush está debilitando a los seculares
y los moderados religiosos de Líbano, e incrementando el poder del
Hezbollah. Esto fue lo que hizo Bremer en Irak: cuando necesitaba un buen
golpe noticiero, se tomaba una foto en un recién inaugurado centro
para mujeres, un truco que hacía retroceder décadas al movimiento
feminista. (Ahora, la mayoría de los centros están cerrados
y cientos de iraquíes seculares que trabajaban con la coalición
en las administraciones locales fueron asesinados.)
El problema no es sólo de
ser culpable por asociación. También tiene que ver con que
la definición de "liberación" de Bush le roba a las fuerzas
democráticas sus más potentes herramientas. La única
idea que ha desafiado a los reyes, tiranos y mullahs en Medio Oriente es
la promesa de justicia económica, a través de políticas
nacionalistas y socialistas de reforma agraria y control estatal del petróleo.
Pero estas ideas no tienen cabida en la narrativa de Bush, en la cual la
gente libre sólo es libre de escoger al llamado libre comercio.
Eso deja a los seculares con poco que ofrecer más allá de
un vacío discurso de "derechos humanos" una débil arma
contra las poderosas espadas de la gloria étnica y la salvación
eterna.
A George W. Bush le gusta decir que
la democracia tiene el poder de derrotar a la tiranía. Tiene razón,
y por eso es tan peligroso que la más poderosa idea emancipadora
de la historia sea aventada dentro de un ejercicio de mercadeo sin contenido.
Permitir que la administración de Bush meta las luchas de liberación
de Líbano, Egipto y Palestina en su propia "historia" es un regalo
para los autoritarios y fundamentalistas en todo el mundo. La libertad
y la democracia necesitan ser liberados del mortal abrazo de Bush y devueltos
a los movimientos en Medio Oriente que han luchado por estas causas durante
décadas. Tienen una historia propia que terminar.
(Traducción:
Tania Molina Ramírez. Copyright 2005 Naomi Klein.
Este texto fue publicado en The
Nation.)
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