¿Cómo nace la idea de hacer La toma?
Naomi Klein: Después de No Logo, sentí una suerte de “protest fatigue”. En 1998 y 1999 había una explosión de nuevas formas de pensamiento y de análisis, nuevas tácticas para oponerse al neoliberalismo. Y después esto se convirtió en algo así como en un “McMovimiento”, una franquicia. A partir de cierto punto, sentí los límites de este tipo de acción. Así que quisimos hacer una película que mostrase una comunidad afectada por decisiones políticas.
¿Y por qué la Argentina?
Naomi Klein: Durante la crisis económica, el país vivió un vacío: tuvieron cinco presidentes en tres semanas, no encontraban alternativas... Nosotros estábamos allí en aquel momento y vimos todo: las asambleas en las esquinas de las calles y los debates fuera de todo maniqueísmo derecha/izquierda...
Guy Sorman, usted siguió la situación en la Argentina de muy cerca...
Guy Sorman: Es un país que quiero mucho. Viví allí a mediados de los ‘80 y no estoy muy de acuerdo con lo que sugiere La toma. Es muy fácil decir que todo andaba bien antes de la llegada de la globalización, y que luego fueron directo al precipicio, una vez que aplicaron las políticas del Fondo Monetario Internacional. No. Ese país sufre porque tiene, hasta el día de hoy, un sistema de partido único: el partido peronista, que es un partido fascista. Así que no podemos tomar a la Argentina como el modelo de un país destruido por la globalización.
Naomi Klein: Si su modelo económico nos interesó, fue porque todo fue hecho muy rápidamente: el neoliberalismo les cayó encima de golpe.
Para usted, Naomi, ¿estas fábricas tomadas por los trabajadores pueden servir como fuente de inspiración para ciudadanos de otros países?
Naomi Klein: Nunca pretendí haber encontrado una solución milagrosa aplicable en todas partes. Pero las ideas suelen viajar, propagarse y adaptarse. Las fábricas tomadas son un ejemplo de ello: el slogan “Ocupen, resistan, produzcan” viene del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil. Los argentinos se reconocieron en él y aplicaron esas ideas a una situación urbana.
Guy Sorman: Pero lo que usted tiene ahí son estrategias de supervivencia, algo muy respetable, pero que no ofrece en lo absoluto, soluciones fuera del contexto de una crisis económica y social.
Naomi Klein: Por supuesto, cada país es único y cada ciudad es un caso aparte. Pero ciertas cosas son recurrentes: mire el rechazo al neoliberalismo de toda una parte de América latina. Lo vimos hace poco con las elecciones en Uruguay o las manifestaciones que se desarrollaron en Bolivia...
¿Para ustedes se trata de un rechazo del neoliberalismo?
Naomi Klein: Sí, en la Argentina y también en otras partes.
Guy Sorman: Pero decir que la Argentina es un caso típico del fracaso del neoliberalismo es una falacia: es suponer que la Argentina era una sociedad democrática con una economía de libre mercado, lo que nunca ha sido el caso. Y cuando un país experimenta una economía de libre mercado al mismo tiempo que la democracia, esta combinación saca realmente a la gente de la pobreza. Mire la India o el Brasil de Lula: éste último no ha hecho otra cosa.
Naomi Klein: Esta idea de una economía de libre mercado es una fantasía: no existe en ninguna parte. Los Estados Unidos son un país donde las políticas de “libre mercado” han sido aplicadas con mayor entusiasmo: reducción de servicios sociales, focalización en el crecimiento económico como motor de desarrollo social.... Y finalmente rompen las reglas que imponen al resto del mundo. Si estuviesen realmente comprometidos con el libre mercado, no subvencionarían su industria siderúrgica, por ejemplo, mientras impiden que otros países hagan lo mismo.
Guy Sorman: Todos los gobiernos hacen lo mismo. La combinación democracia libre mercado que preconizo no es un sistema ideal sino un sistema imperfecto para una sociedad imperfecta. Los países que intentaron, en los años ‘60 y ‘70, otros modelos económicos –como el “Closed Door” en Brasil– no tuvieron éxito.
Naomi Klein: Lo que nos interesa en el caso de la Argentina, es que precisamente trataron con muchos malos modelos. Tienen en su haber la experiencia de una economía muy centralizada, casi nacionalista. Y conocieron una terapia de choque: la privatización ultrarrápida, que hace que paguen tarifas muy altas por todo.
Muchos partidos de izquierda están en el poder, sin embargo, cada vez se habla menos de “economía socialista”. ¿Por qué?
Guy Sorman: Hoy, los gobiernos de izquierda se conforman con tener una justicia social, pero no una economía socialista. Mire si no Alemania y Gran Bretaña, por supuesto, pero también la España del señor Zapatero, quien decía recientemente que continuaría con la economía de libre mercado de su predecesor, porque funciona. Lo mismo ocurre en Brasil con Lula.
Naomi Klein: Por supuesto, estos gobiernos ya no son más realmente de izquierda. Además, hoy, la derecha ha adoptado la retórica de la izquierda: ¡mire a George W. Bush, que pretende encabezar guerras en el nombre de los derechos de la mujer!
Naomi, en una entrevista, usted hablaba de Irak y de lo que se perpetúa actualmente en el nombre del neoliberalismo...
Naomi Klein: Pasé algún tiempo en Irak. La gente decía: “Quieren traernos la democracia, ¿pero qué pensar del hecho de que nos robaron nuestros trabajos, que nuestro sistema de agua no ha sido reconstruido? ¿Qué es la democracia sin agua, sin techo?”.
¿Los mismos que privatizaron la Unión Soviética vuelven a encontrarse hoy en Irak?
Naomi Klein: Irak se ha convertido en una suerte de High School Reunion para todos esos “shock therapists” del mundo. Allí puede encontrar a los zares de las privatizaciones polacas y rusas, contratados para ir a trabajar para la autoridad provisoria y privatizar la economía de Irak. Quisieron convertirlo en una vidriera para demostrar la eficacia del libre mercado, y han aplicado su terapia de shock con mayor rapidez que en cualquier otro lado. Son los mismos que entregaron Rusia a los oligarcas. Privatizaron doscientas empresas que pertenecían al Estado y reescribieron las leyes económicas para los inversores extranjeros: el 100% de los beneficios pueden ser sacados del país para un 100% de empresas extranjeras.
¿Qué desean ustedes para Irak?
Naomi Klein: La democracia, tal como se les prometió.
Guy Sorman: Pero votaron recientemente...
Naomi Klein: La democracia no es tomar todas las decisiones antes de que los ciudadanos puedan votar. El FMI puso especial cuidado en firmar esos contratos –que van hasta 2008– antes de las elecciones. Se trata de un desprecio total de la democracia: el trato hacia la prensa, la reescritura de la Constitución, todo eso demuestra un desdén hacia una verdadera autodeterminación. Y los iraquíes saben reconocer el colonialismo cuando lo ven.
Guy Sorman: Usted tenía allí una de las dictaduras más abominables de Oriente Medio, creo que en eso podemos estar de acuerdo. Hoy, estamos frente a una situación completamente nueva, y quizás me hayan hecho un lavado de cerebro, pero me emocionó mucho aquella foto, publicada en la prensa, mostrando mujeres iraquíes yendo a votar.
Naomi Klein: Usted está únicamente contento por el hecho de que ellas hayan votado y puesto tinta en sus manos, pero aparte de eso, a usted le importa un comino por qué han votado. Decir que lo que ocurre en Irak es un renacimiento es obsceno. ¡Se trata de un baño de sangre, no de un renacimiento!
Volvamos a la película La toma. ¿Podemos considerar esta historia de la toma de una fábrica por sus obreros como un filme neoliberal en el que el slogan podría ser “Just do it”?
Naomi Klein: ¡Absolutamente! (Risas). O mejor, dar vuelta un slogan de Coca-Cola: “Socialism is the real thing”. El socialismo es lo verdadero. ¡No es culpa nuestra si agarraron los mejores slogans! Esto me hace pensar en una remera que vi en Sudáfrica que resume bien el espíritu de mi película: “Stop asking, start taking”. Dejen de preguntar, empiecen a tomar.
Parecería que usted se está radicalizando, ¿es así?
Naomi Klein: Hace varios años escribí un libro que criticaba la dominación de las marcas. Hoy, quiero destruir el capitalismo. Podemos entonces considerar que me he vuelto más radical. Un sitio Web norteamericano decía recientemente: “No sabemos lo que le ocurre a Naomi Klein, pero pensamos que la guerra en Irak la volvió loca”. Creo que es cierto: la guerra me volvió loca de rabia.
Traducción: Alejo Schapire