| Masiosare/La
Jornada de México - 21 de agosto de 2005
El racismo de Occidente favorece a los terroristas
La chispa que enciende la furia
Naomi
Klein*
"Ya se volvió un artículo de fe que Gran
Bretaña era vulnerable al terror por su antiracismo políticamente
correcto", escribe la autora. No es así, refuta. "El problema no es
que haya demasiado multiculturalismo, sino demasiado poco. Lo que existe
es una diversidad de ghetto, presente sólo en los márgenes de las
sociedades occidentales geográfica y psicológicamente realmente
se le permitiera migrar a los centros, podría infundirle a la vida pública
en Occidente un poderoso humanismo nuevo". Si fuese así, sería "mucho más
difícil para los políticos (...) librar guerras en las que sólo se
contabilizan los muertos de los invasores. "Una sociedad que de verdad
vive sus valores de igualdad y derechos humanos, en casa y en el
extranjero, tendría un beneficio adicional. Les quitaría a los terroristas
lo que siempre ha sido su mayor herramienta de reclutamiento: nuestro
racismo"
Hussain Osman,
uno de los hombres que supuestamente participó en los fallidos
bombazos del 21 de julio [en Londres], recientemente dijo a los
investigadores italianos que se prepararon para los ataques viendo
"películas sobre la guerra en Irak", informó La Repubblica.
"Especialmente aquellas en las que mujeres y niños son asesinados y
exterminados por soldados británicos y estadunidenses... de viudas, madres
e hijas que lloran".
Ya se volvió un artículo de fe que Gran Bretaña era vulnerable al
terror por su antiracismo políticamente correcto. Sin embargo, los
comentarios de Osman sugieren que lo que propulsó al menos a algunos de
quienes colocaron las bombas fue la furia ante lo que percibían como un
racismo extremo. Y, ¿cómo más podemos nombrar la creencia tan común
que casi ni la notamos de que las vidas estadunidenses y europeas
valen más que las de los árabes y los musulmanes, a tal grado que sus
muertes en Irak ni siquiera se contabilizan?
No es la primera vez que este tipo de cruda desigualdad nutre al
extremismo. Sayyid Qutb, el escritor egipcio generalmente tomado como el
arquitecto intelectual del Islam político radical, tuvo su epifanía
ideológica mientras estudiaba en Estados Unidos. El puritano estudiante
estaba horrorizado con las licenciosas mujeres de Colorado, es verdad,
pero fue más significativo el encuentro de Qutb con lo que más tarde
describió como "la discriminación racial fanática y malvada" de Estados
Unidos. Coincidentemente, Qutb llegó a Estados Unidos en 1948, año en el
que se creó el Estado Israelí. Fue testigo de un Estados Unidos ciego a
los miles de palestinos que el proyecto sionista volvía refugiados
permanentes. Para Qutb, no se trataba de política, era un asalto a su
identidad básica: claramente, los estadunidenses creían que las vidas
árabes valían mucho menos que las de los judíos europeos. Según Yvonne
Haddad, un profesor de historia en la Universidad de Georgetown, esta
experiencia "dejó a Qutb con un amargo sentimiento que nunca se pudo
quitar de encima".
Cuando Qutb regresó a Egipto, se unió a la Hermandad Musulmana, que lo
llevó al próximo evento que cambió su vida: lo arrestaron, fue severamente
torturado y condenado por conspirar contra el gobierno, mediante una farsa
de juicio. La teoría política de Qutb se formó a profundidad con la
practica de la tortura. No sólo veía a sus torturadores como subhumanos,
sino que estiró esa categoría para que incluyera a todo el Estado que
ordenó esta brutalidad, incluyendo a los musulmanes practicantes que
pasivamente apoyaban el régimen de Nasser.
La vasta categoría de subhumanos de Qutb permitió que sus discípulos
justificaran la matanza de "infieles" ahora prácticamente todos
siempre y cuando se hiciera en nombre del Islam. Un movimiento político
por un Estado islámico se transformó en una violenta ideología que
cimentaría las bases intelectuales para Al Qaeda. En otras palabras, el
llamado terrorismo islámico fue "cosecha propia" del Occidente mucho antes
de los ataques del 7 de julio desde su inicio fue una progenie
moderna quintaesencial del racismo ocasional de Colorado y los campos de
concentración en El Cairo.
¿Porqué vale la pena desenterrar esta historia ahora? Porque hoy, las
chispas gemelas que encendieron la furia por cambiar el mundo de Qutb son
rociadas de gasolina: cuerpos árabes y musulmanes son degradados en
cámaras de tortura alrededor del mundo, y sus muertes en guerras
coloniales simultáneas son ignoradas, al tiempo que la evidencia gráfica
digital de estas pérdidas y humillaciones está al alcance de cualquiera
que tenga una computadora. Y, de nuevo, este coctel letal de racismo y
tortura arde por las venas de los enojados jóvenes. Conforme el pasado de
Qutb y el presente de Osman se revelan, se ve que no es nuestra tolerancia
hacia el multiculturalismo lo que alimenta al terrorismo; es nuestra
tolerancia a la barbarie cometida en nuestro nombre.
•••
Tony Blair se metió en este explosivo entorno, empeñado en hacer pasar
a dos de las principales causas del terror como su cura. Pretende deportar
a más gente a países donde probablemente enfrenten tortura. Y seguirá
librando guerras en las cuales los soldados no se saben el nombre de los
pueblos que están demoliendo. (Por citar sólo un ejemplo, un informe de
Knight Ridder [cadena de periódicos] del 5 de agosto cita a un
sargento de la marina que incita a su pelotón diciéndoles: "Estos serán
los buenos viejos tiempos, en los que trajeron... muerte y destrucción a
¿cómo chingados se llama este lugar?" Alguien intervino:
"Haqlaniyah".)
Mientras tanto, en Gran Bretaña no escasea la "discriminación racial
fanática y malvada" denunciada por Qutb. "Claro, también ha habido actos
aislados e inaceptables de odio racial o religioso", dijo Blair antes de
dar a conocer su plan de 12 puntos para luchar contra el terror. "Pero han
sido aislados". ¿Aislados? La Comisión Islámica de Derechos Humanos
recibió 320 quejas de ataques racistas tras los bombardeos; el Grupo
Monitor ha recibido 83 llamadas de emergencia; Scotland Yard dice que los
crímenes de odio se incrementaron 600% respecto a 2004. Y el año pasado no
está para presumir: "Uno de cada cinco votantes de minorías étnicas en
Gran Bretaña dijeron que habían considerado dejar Gran Bretaña debido a la
intolerancia racial", según una encuesta de The Guardian en marzo.
Esta última estadística muestra que el tipo de multiculturalismo
practicado en Gran Bretaña (y Francia, Alemania, Canadá...) poco tiene que
ver con una genuina igualdad. Más bien se trata de una oferta faustiana,
negociada entre políticos en busca de votos y líderes comunitarios
autoasignados, una [oferta] que mantiene a las minorías étnicas escondidas
en ghettos periféricos patrocinados por el Estado, mientras los centros de
la vida pública en buena medida no son afectados por los cambios sísmicos
en la composición étnica nacional. Nada muestra la superficialidad de esta
supuesta tolerancia más que la velocidad con la que ahora se les dice a
las comunidades musulmanas que "se vayan" (por citar al miembro del
parlamento Gerald Howarth) a nombre de los valores esenciales nacionales.
El problema real no es que haya demasiado multiculturalismo, sino
demasiado poco. Si a la diversidad ahora ghettoizada en los
márgenes de las sociedades occidentales geográfica y
psicológicamente realmente se le permitiera migrar a los centros,
podría infundirle a la vida pública en Occidente un poderoso humanismo
nuevo. Si tuviéramos sociedades profundamente multiétnicas, en vez de
superficialmente multiculturales, le resultaría mucho más difícil a los
políticos firmar órdenes de deportación que envían a los solicitantes de
asilo argelinos a la tortura, o librar guerras en las que sólo se
contabilizan los muertos de los invasores.
Una sociedad que verdaderamente vive sus valores de igualdad y derechos
humanos, en casa y en el extranjero, tendría un beneficio adicional. Les
quitaría a los terroristas lo que siempre ha sido su mayor herramienta de
reclutamiento: nuestro racismo.
(Asistencia en la
investigación: Andreá Schmidt. Traducción de Tania Molina Ramírez. Esta
columna fue publicada en The Nation)
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*Autora de No Logo y Vallas y ventanas.
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