Naomi Klein - rodelu.net |
9 de Septiembre de 2006
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La
Jornada de México - 7 de Septiembre de 2006
Los negocios de la megacaridad
Naomi
Klein*
La
Cruz Roja acaba de anunciar que tiene una nueva asociación con Wal-Mart
para responder en caso de desastre. Cuando llegue el próximo huracán, será una
coproducción de la megacaridad y el megasupermercado. Esto, aparentemente, es la
lección aprendida de la terrible respuesta gubernamental al huracán Katrina:
los comercios van mejor con los desastres.
"Al final todo va a acabar en manos del sector privado", dijo en abril Billy
Wagner, jefe de manejo de urgencias para Florida Keys -que actualmente monitorea
la tormenta tropical Ernesto-. "Ellos tienen el conocimiento. Ellos
tienen los recursos".
Pero antes de que este consenso avance, es hora de ver dónde comenzó la
privatización del desastre, y adónde llevará inevitablemente. El primer paso fue
la abdicación gubernamental de su responsabilidad central de proteger de los
desastres a la población. Bajo la administración de Bush, sectores completos del
gobierno, y particularmente del Departamento de Seguridad Interna, se han ido
transformando en santificadas agencias de empleo temporal, y las funciones
esenciales son contratadas de compañías privadas. La idea es que la inversión
privada, movida por la obtención de ganancia, siempre es más eficiente que el
gobierno.
Vimos los resultados en Nueva Orleáns: Washington se mostró débil e
incompetente, en parte porque sus expertos en manejo de urgencias habían huido
al sector privado y su tecnología e infraestructura era ya positivamente retro.
En una crisis, el gobierno se ve aterradoramente inepto, mientras que el sector
privado puede parecer moderno y competente, al menos en comparación.
De verdad, cuando se trata de la reconstrucción, los contratistas no son unos
magos. "Adónde se fue todo el dinero", pregunta la gente desesperada, desde el
Golfo Pérsico hasta la costa del Golfo de México. Una gran parte se ha ido a
gastos mayores de las corporaciones privadas. Fuera del radar público, se han
gastado miles de millones de dólares del erario en infraestructura privatizada
de respuesta a desastres: las nuevas oficinas centrales ultramodernas del Grupo
Shaw; los batallones de equipo para mover la tierra de Bechtel; un campus en
Carolina del Norte de 2 mil 400 hectáreas, de Blackwater USA (con todo y campo
de entrenamiento paramilitar y una pista de dos kilómetros).
Llamémosle el complejo del capitalismo del desastre. Estos contratistas
pueden conseguir lo que sea que usted necesite cuando esté en serias
dificultades: generadores, tanques de agua, catres, excusados portátiles, casas
móviles, sistemas de comunicación, helicópteros, medicina, hombres armados.
Este Estado dentro de un Estado ha sido construido casi exclusivamente con
dinero de contratos públicos, sin embargo todo está en manos privadas. Los
contribuyentes no tienen ninguna injerencia sobre él. Hasta ahora, esta realidad
no se ha digerido, porque mientras los contratos gubernamentales pagan las
cuentas de estas compañías, el complejo del capitalismo del desastre provee sus
servicios al público de manera gratuita.
Pero esta es la trampa: el gobierno estadunidense va hacia la quiebra, en no
poca medida debido a estos gastos locos. La deuda nacional es de 8 billones de
dólares; el déficit del presupuesto federal es de al menos 260 mil millones de
dólares. Eso significa que más temprano que tarde se van a acabar los contratos.
Y nadie sabe eso mejor que las mismas compañías. Ralph Sheridan, director
ejecutivo de Good Harbor Partners, una de los cientos de nuevas compañías
contraterroristas, explica que "los gastos gubernamentales son esporádicos y
llegan como burbujas".
Cuando las burbujas exploten, firmas como Bechtel, Fluor y Blackwater
perderán su fuente de ingresos primaria. Todavía tendrán la habilidad para
responder a desastres -mientras que el gobierno habrá dejado que esa valiosa
destreza se mengüe-, pero ahora venderán de regreso la infraestructura
construida con el erario, al precio que el mercado aguante.
Si continúan las tendencias actuales, he aquí una imagen de lo que podría
ocurrir en el no tan distante futuro: viajes en helicóptero desde los techos de
ciudades inundadas (5 mil dólares por cabeza sería una tarifa típica para tal
servicio; 7 mil dólares por familia, mascotas incluidas), agua embotellada y
"alimentos preparados" (50 dólares por persona; caro, pero así está la oferta y
demanda) y un catre de refugio con una regadera portátil (muéstrenos su
identificación biométrica, creada gracias a un lucrativo contrato con Seguridad
Interna, y luego lo rastreamos con la cuenta).
Antes de que diga, "no en Estados Unidos", pregúntense: ¿Dónde más que en
Estados Unidos? El modelo es el sistema de salud estadunidense, en el cual los
ricos pueden tener acceso al mejor de los tratamientos en ambientes tipo spa,
mientras que 46 millones de estadunidenses carecen de seguro médico. El
modelo también encaja con la emergencia mundial del sida, en el cual la destreza
del sector privado ayudó a producir medicinas salvadoras de vidas, que la
mayoría de los infectados del mundo no puede comprar. Si ese es el historial del
sector privado en cuanto a desastres en cámara lenta, ¿por qué habríamos de
esperar valores diferentes en desastres de cámara rápida, como huracanes y hasta
ataques terroristas?
Hace un año, los ciudadanos pobres y la clase trabajadora de Nueva Orleáns
estaban varados en sus tejados esperando una ayuda que nunca llegó, pero
aquellos que sí lo podían pagar escaparon. Esto podría incentivarnos a echar
reversa ahora que vamos en una dirección fatalmente equivocada. O podría ser
nuestro primer atisbo de desastres en los que "los usuarios pagan".
© 2006 Naomi Klein
Traducción: Tania Molina Ramírez
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