Naomi Klein Naomi Klein - rodelu.net
6 de marzo de 2007

La Nación de Chile - 4 de marzo de 2007

Desde el imperio

Un juicio
para los miles sin juicio

De acuerdo a James Yee, un ex capellán musulmán del Ejército en Guantánamo, hay una sección completa de la prisión, llamada Delta Block, destinada a prisioneros que han sido reducidos a un estado de regresión. “Me contestaban con voz de niño y hablaban cosas totalmente sin sentido. Muchos cantaban en voz alta canciones infantiles, repitiendo la canción una y otra vez”.
Naomi Klein

No se esperaba que esto fuera a pasar. El plan de la administración de Bush era llevar a juicio a José Padilla por su supuesta participación en una red vinculada a terroristas internacionales. Pero los abogados de Padilla alegan que no está en condiciones de ser enjuiciado, pues se encuentra demente por culpa del Gobierno. Arrestado en mayo de 2002 en el aeropuerto O’Hare de Chicago, Padilla, un ex miembro de una pandilla de Brooklyn, fue clasificado como “combatiente enemigo” y llevado a la prisión naval de Charleston, en Carolina del Sur. Permaneció en una celda de tres por dos metros sin luz natural, sin reloj ni calendario. Cada vez que Padilla salía de la celda, lo hacía encadenado, con gruesos lentes y audífonos. Se le mantuvo en estas condiciones durante 1.307 días. Se le prohibió contacto con cualquier persona excepto sus interrogadores, quienes agudizaron su extrema privación sensorial sobrecargándola con bombardeos de luces y estridentes sonidos. Padilla dice que también fue inyectado con un “suero de la verdad”, una sustancia que sus abogados creen sería LSD o PCP.

Según sus abogados y dos especialistas en salud mental que lo examinaron, Padilla ha sido tan devastado que carece de la capacidad de colaborar a su propia defensa. Está convencido de que sus abogados son “parte de un programa continuo de interrogatorios” y ve a sus captores como protectores. Para demostrar que “la extendida tortura ejercida contra el señor Padilla lo ha dejado dañado”, sus abogados quieren contarle al tribunal lo que sucedió durante esos años en la prisión naval. Los acusadores lo objetan, inflexibles, sosteniendo que “Padilla está apto” y que su tratamiento es irrelevante. La jueza estadounidense de distrito Marcia Cooke discrepa. “No es que el señor Padilla haya estado viviendo en una caja. Estaba en un lugar. Las cosas le ocurrieron en ese lugar”. La jueza ordenó a varios empleados de la prisión que testifiquen en las audiencias sobre la salud mental de Padilla. Se les preguntará por qué un hombre acusado de haber participado en elaborados complots antigubernamentales actúa ahora, en palabras de funcionarios penitenciarios, “como un mueble”.

Es difícil exagerar el significado de estas audiencias. Las técnicas empleadas para quebrar a Padilla han sido procedimientos estándares en Guantánamo desde que los primeros prisioneros llegaron allí hace cinco años. Usaban gafas oscuras y orejeras para bloquear el sonido y se les puso en prolongado aislamiento interrumpido por luces encandilantes y música heavy metal. Estas mismas prácticas han sido documentadas en decenas de casos de “traslados extraordinarios” de la CIA, así como en prisiones de Irak y Afganistán. Muchos han sufrido los mismos síntomas que Padilla. De acuerdo a James Yee, un ex capellán musulmán del Ejército en Guantánamo, hay una sección completa de la prisión, llamada Delta Block, destinada a prisioneros que han sido reducidos a un estado de regresión. “Me contestaban con voz de niño y hablaban cosas totalmente sin sentido. Muchos cantaban en voz alta canciones infantiles, repitiendo la canción una y otra vez”. El Delta Block estaba bajo vigilancia de 24 horas en prevención de suicidios.

Human Rights Watch ha puesto en evidencia un centro estadounidense de detención cerca de Kabul, conocido como la “prisión de la oscuridad”, con minúsculas celdas negras y extraños sonidos atronadores. “Muchos enloquecen”, recordó un ex prisionero. “Pude oír a personas golpeando sus cabezas contra las paredes y puertas”. Estas técnicas estándares para quebrar la voluntad nunca han enfrentado un escrutinio en algún tribunal de Estados Unidos, porque los prisioneros en esas cárceles son extranjeros y han sido despojados de sus derechos de hábeas corpus, una negación que acaba de ser escandalosamente respaldada por una corte federal de apelaciones en Washington D.C. Pero hay una sola razón por la que el caso de Padilla es diferente: él es ciudadano estadounidense. El Gobierno no pensaba originalmente llevar a Padilla a juicio, pero cuando su estatus como combatiente enemigo fue cuestionado ante la Corte Suprema, la administración cambió abruptamente de rumbo formalizando a Padilla y transfiriéndolo a la custodia civil. Ello hace que el de Padilla sea un caso singular: es la única víctima del submundo legal post 11 de septiembre en enfrentar un juicio común en Estados Unidos.

Ahora, cuando el estado mental de Padilla es el tema central del caso, los fiscales del Gobierno tienen un problema. La CIA y los militares saben desde comienzos de los años ’60 que la privación sensorial extrema y la sobrecarga de los sentidos producen desintegración de la personalidad… y ese es todo el punto. “La privación de estímulos induce a la regresión, al impedir a la mente del individuo contactos con el mundo exterior y forzándolo así a replegarse en sí mismo. Al mismo tiempo la entrega calculada de estímulos durante los interrogatorios tiende a que el individuo afectado vea al interrogador como una figura paterna”. Esto figura en el Kubark Counterintelligence Interrogation, un manual desclasificado de la CIA, de 1963, para interrogar a “fuentes resistentes”. El manual se basaba en los hallazgos del notorio programa ML Ultra de la agencia, que en los años ’50 canalizó cerca de 25 millones de dólares a científicos que investigaban “técnicas inusuales de interrogatorio”. Uno de los siquiatras que recibieron fondos de la CIA fue el infame Ewen Cameron, de la Universidad McGill de Montreal. Cameron sometió a cientos de pacientes siquiátricos a grandes dosis de electroshocks, a total aislamiento sensorial, y los drogó con LSD y PCP. En 1960, Cameron dio una charla en la base aérea de Brooks, en Texas, en la que declaró que la privación sensorial “produce los síntomas primarios de la esquizofrenia”. No es necesario retroceder tan lejos para demostrar que los militares estadounidenses sabían muy bien que estaban volviendo loco a Padilla. El manual de campo del Ejército, recién reeditado el año pasado, afirma: “La privación sensorial puede conducir a ansiedad extrema, alucinaciones, pensamientos extraños, represiones y conductas antisociales”, así como a “perturbaciones sicológicas significativas”. Si estas técnicas volvieron demente a Padilla, significa que el Gobierno de Estados Unidos ha estado llevando a la demencia deliberadamente a cientos, es posible que a miles, de prisioneros alrededor del mundo. Lo que se juzga en Florida no es el estado mental de un hombre. Es todo el sistema estadounidense de la tortura sicológica.

© The New York Times

 
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