Democracia Big Brother
Recientemente, mientras los manifestantes se reunían fuera de la Cumbre
de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad (SPP, por sus siglas en
inglés), en Montebello, Quebec, para enfrentar al presidente estadunidense
George W. Bush, al gobernante mexicano Felipe Calderón y al primer
ministro canadiense Stephen Harper, Associated Press informó sobre este
detalle surrealista: "Los líderes no podían ver a los manifestantes en
persona, pero sí los podían ver a través de las pantallas de televisión
dentro del hotel... Los camarógrafos contratados para que los
manifestantes pudieran pasar sus mensajes a los tres líderes estaban
sentados ociosamente en una carpa llena de equipo de audio y video... un
letrero fuera de la carpa decía 'nuestras cámaras están aquí para hacer
posible tu derecho a ser visto y escuchado. Por favor, permítenos ayudarte
a transmitir tu mensaje. Gracias'".
Naomi
Klein
Sí, es cierto: como si se tratara de concursantes en un reality
show de televisión, se invitó a los manifestantes en la cumbre de la
SPP a desahogarse frente a las cámaras de video, y despotricaron frente a
los protestatrons dentro del enclave de la cumbre. Se trataba de
un estado de seguridad como infoentretenimiento: fue un encuentro
de Big Brother con, pues, Big Brother.
El vocero del primer ministro Harper explicó que a pesar de que los
manifestantes fueron arreados a campos vacíos, el vínculo mediante el
video permitió que su libertad de expresión política estuviese protegida.
"Bajo la ley, necesitan ser vistos y escuchados, y lo serán".
Es un argumento con amplias implicaciones. Si filmar por video a
activistas cubre el requisito legal de que los ciudadanos disidentes
tienen derecho a ser vistos y escuchados, ¿qué más podría incluirse? ¿Y
qué hay de todas las otras cámaras de seguridad que patrullaban la cumbre:
las que filmaban a los manifestantes mientras se bajaban y subían a
camiones y caminaban pacíficamente por la calle? ¿Qué hay de las llamadas
a celulares interceptadas, las reuniones infiltradas, los correos
electrónicos leídos? Según las nuevas reglas establecidas en Montebello,
todas estas acciones pronto podrían cambiar de ser infracciones contra las
libertades civiles a lo opuesto: ser prueba del compromiso de nuestros
líderes con la consulta directa y sin mediación.
Las elecciones son un instrumento primitivo para tomar la temperatura
pública. En cambio, estos métodos permiten un constante y exacto monitoreo
de nuestras creencias. Piense en la vigilancia como la nueva democracia;
la intervención de las líneas telefónicas como el equivalente político de
Total request live.
Los manifestantes en Montebello se quejaron de que mientras a ellos los
dejaron fuera, los jefes ejecutivos empresariales de unas 30 de las
empresas más grandes de Norteamérica -de Wal-Mart a Chevron- eran parte de
la cumbre oficial. Aunque quizá lo tenían arrevesado: los jefes ejecutivos
sólo estuvieron una hora con 15 minutos frente a frente con los líderes.
Los activistas fueron "vistos y escuchados" todo el día. Así que quizá en
vez de reclamar las tácticas del estado policiaco, debían haber dicho
"gracias por escuchar" (y por leer y observar y fotografiar y
data-mining, el proceso por el cual, por ejemplo, una computadora
busca datos en una base. N de la T).
La regla de Montebello de "ver y escuchar" también coloca el blanco de
las protestas bajo una nueva perspectiva. La SPP es descrita en la
declaración final de los dirigentes como un plan "ambicioso" para
"mantener nuestras fronteras cerradas al terrorismo pero abiertas al
comercio". En otras palabras, una fusión entre el Tratado de Libre
Comercio de América del Norte (TLCAN) y el complejo de seguridad interna:
el TLCAN con aviones de espionaje.
El modelo se remonta al 11 de septiembre de 2001, cuando el embajador
estadunidense en Canadá, Paul Cellucci, declaró que en la nueva era "se
priorizará la seguridad sobre el comercio". Pero había una cláusula de
escape: el comercio del cual las economías de Canadá y México dependen
podría continuar ininterrumpido siempre y cuando esos gobiernos estuviesen
dispuestos a darle la bienvenida a los tentáculos de la "guerra contra el
terror" estadunidense. Los dirigentes empresariales de Canadá y México no
dudaron en rendirse y agresivamente empujaron a sus gobiernos a que
cedieran ante las demandas estadunidenses de una seguridad "integrada",
para que los bienes y los turistas siguieran fluyendo.
Casi seis años después, los líderes empresariales en Montebello -bajo
la manta del Consejo de Competitividad de América del Norte, un ala
oficial de la SPP- aún mantienen que "las fronteras cada vez más gruesas"
son el coco. ¿La respuesta? Según el sitio de Internet de la SPP,
"las soluciones tecnológicas, mejores maneras de compartir información, y
potencialmente, el uso de identificadores biométricos". Por experiencia
sabemos qué significa esto: listas de gente que no puede subirse a un
avión, bases de datos integrados y en los que se pueden hacer búsquedas,
así como el contrato de 2.5 mil millones de dólares a Boeing para
construir una "muro virtual" en las fronteras norte y sur de Estados
Unidos, equipado con aparatos aéreos a control remoto.
En pocas palabras, la SPP tiene una visión del continente en la que las
fronteras "gruesas" pronto serán remplazadas por una red casi invisible de
vigilancia continental, casi toda administrada con fines de lucro. Dos
integrantes del grupo consejero de la SPP -Lockheed Martin y General
Electric- ya recibieron contratos de miles de millones de dólares del
gobierno estadunidense para construir esta red. En la era de Bush, la
seguridad se prioriza sobre los grandes negocios. Más bien, puede que sea
el mayor de todos los negocios.
Justo antes de la cumbre de la SPP, una racha de escándalos en materia
de vigilancia ayudó a completar el panorama. En primer lugar, el Congreso
no sólo no logró reducir la intervención de las llamadas telefónicas sin
autorización del Poder Judicial realizadas por la Agencia de Seguridad
Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), sino que abrió la puerta a que
se pudiera husmear en los registros bancarios, los patrones de llamadas
telefónicas y hasta hacer búsquedas físicas, todo sin tener la obligación
de corroborar que el sujeto es una amenaza. Luego, The Boston
Globe informó sobre los planes de vincular miles de cámaras de CCTV
(circuitos cerrados de televisión) en las calles, los metros, los
edificios habitacionales y los negocios en redes capaces de rastrear a los
sospechosos en tiempo real. Y, el 15 de agosto, se confirmó que la Agencia
Nacional de Inteligencia Geoespacial -el brazo de los militares
estadunidenses que administra los aviones de espionaje y los satélites
sobre territorio enemigo- sería completamente integrada a la
infraestructura de recopilación de inteligencia interna y de seguridad
pública local, convirtiéndose en lo que la agencia llama los "ojos" para
las "orejas" de la NSA.
Añada unas cuantas herramientas más de alta tecnología -identificadores
biométricos, software para reconocer caras, bases de datos en red
de "sospechosos", sistemas de posicionamiento global (GPS) empacados en
aún más aparatos electrónicos- y tiene algo así como el mundo de la
completa vigilancia, recientemente retratada en The Bourne
Ultimatum.
Lo cual nos trae de regreso a la Alianza para la Seguridad y la
Prosperidad de América del Norte. ¿Quién necesita torpes y viejas
revisiones fronterizas cuando las autoridades se aseguran de vernos y
escucharnos todo el tiempo -en alta definición, en línea y fuera de
línea-, en tierra y desde el cielo? La seguridad es la nueva prosperidad.
La vigilancia es la nueva democracia.
* Autora de No Logo y Vallas y ventanas.
Copyright 2007 Naomi Klein. Este artículo fue publicado en The
Nation (www.thenation.com).
Traducción: Tania Molina Ramírez