Naomi Klein Naomi Klein - rodelu.net
23 de noviembre de 2007

SinPermiso - 18 de noviembre de 2007

Éxtasis en el rescate

Me solía preocupar el hecho de que Estados Unidos hubiera caído en manos de extremistas que creían seriamente que el Apocalipsis se acercaba, y que ellos y sus amigos serían elevados a la seguridad celestial. Desde entonces, es algo que he reconsiderado. En realidad el país se encuentra en manos de extremistas que están determinados a llevar a cabo el clímax bíblico –la salvación de los Elegidos y la quema de las masas– pero sin ninguna intervención divina. El cielo puede esperar. Gracias al boom del negocio de los servicios privatizados del desastre, estamos alcanzando el cielo justo aquí en la Tierra.
Naomi Klein

Sólo hay que ver lo que está ocurriendo en California del Sur. Incluso cuando los fuegos devoraban franjas enteras de la región, algunos hogares en el corazón del infierno permanecieron intactos, como si los hubiera salvado un poder superior. Pero no fue la mano de Dios; en varios casos fue el trabajo de Firebreak Spray Systems. Firebreak es un servicio especial ofrecido a los clientes del gigante asegurador American International Group (AIG), pero que en la práctica sólo se ofrece a los que viven en los códigos postales más ricos del país. Miembros de la compañía Private Client Group pagan una media de 19.000 dólares para que sus casas sean rociadas con un spray retardatorio del fuego. Durante los incendios, unas “unidades móviles” –corriendo junto a los coches de bomberos– incluso extinguían los fuegos de sus clientes.

Un cliente describió la escena como una Epifanía moderna. “Imagínatelo. Estás aquí en ese incendio salvaje. Humo por todos sitios. Llamas por todos sitios. Columnas de humo alzándose sobre las colinas”, explicó a Los Angeles Times, “y aparecen aquí un par de tíos en lo que parece un camión de bomberos que son expertos en la lucha contra incendios y están aquí específicamente para proteger tu casa.”

Y tu casa, abandonada. “Hubo algunos casos”, explicaba uno de los bomberos privados a Bloomberg News, “en los que estábamos rociando con spray una casa y la del vecino se encendía como una tea.” Con los servicios de bomberos profundamente recortados, se acabaron los días de respuestas rápidas (Rapid Response), cuando todo el mundo tenía el derecho a la misma protección. Ahora, con la intensidad creciente de los desastres naturales, encontramos un nuevo modelo: la Respuesta en Éxtasis (Rapture Response).

Durante el último huracán del año pasado, se les ofreció a los propietarios de una vivienda en Florida una salvación de pago similar. La compañía, HelpJet, una agencia de viajes, se anunciaba con la promesa de convertir “la evacuación de un huracán en unas vacaciones para la jet-set.” Por una cuota anual, un empleado de la compañía se encarga de todo: transporte a la terminal de aeropuerto, viaje de lujo, reservas en resorts de cinco estrellas. Por encima de todo, HelpJet es una vía de escape al tipo de fallo gubernamental que tuvo lugar durante el Katrina. “Ni colas de espera, ni molestias con las multitudes. Sólo una experiencia de primera clase.”

HelpJet está a punto de enfrentarse a una seria competencia con contrincantes mucho mayores. Al norte de Michigan, durante la misma semana en que empezaron los fuegos en California, la comunidad rural de Pellston estaba metida de lleno en un intenso debate público. El pueblo estaba a punto de convertirse en la sede de la primera compañía nacional del desastre completamente privatizada. El plan es creación de Sovereign Deed, una nueva empresa poco conocida, con conexiones con la compañía de mercenarios Triple Canopy. Como HelpJet, Sovereign Deed trabaja en un “una cuota tipo club de campo”, de acuerdo con el vicepresidente de la empresa, el Brigadier General retirado Richar Mills. A cambio de una cuota de entrada de 50.000 dólares seguida de cuotas anuales de 15.000 dólares, sus miembros reciben un “servicio integral de respuesta a catástrofes” si su ciudad es atacada por un desastre producido por el hombre que pueda “causar graves amenazas al bienestar y/o a la salud pública” (léase: un ataque terrorista), el brote de una epidemia o un desastre natural. La membresía básica incluye el acceso a las medicinas, el agua y la comida, mientras que quienes pagan para unos “servicios de nivel premium” tienen derecho a una misión de rescate VIP.

Como muchas otras compañías privatizadas del desastre, Sovereign Deed está vendiendo una escapatoria al cambio climático y a un estado fallido, ofreciendo los conocimientos sobre seguridad y los contactos que sus ejecutivos han amasado mientras trabajaban para ese mismo estado. Así, Mills, hablando reciente en Pellston, explicó que “la realidad es que FEMA [Federal Emergency Management Agency, Agencia Federal para la Gestión de Emergencias, N del T] no tiene ninguna infraestructura, y buena parte de nuestra Guardia Nacional está en otro lugar.” Sovereign Deed, por otra parte, afirma que tiene “acceso directo y acuerdos especiales con varios centros de información nacionales e internacionales. Estos acuerdos sellados permiten a nuestro Centro de Operaciones de Emergencia... proporcionar a nuestros miembros esa respuesta inmediata, crucial en tiempos de crisis.” En esta versión secular del Apocalipsis y la Salvación, la mano de Dios no es necesaria. No cuando tienes a agentes de la CIA y miembros de las Fuerzas Especiales retirados llevando a los Elegidos a tierra segura. No hay necesidad de rezar, sólo de pagar no need to pray, just pay. ¿Y quién necesita una celestial Nueva Jerusalén cuando tienes a Pellston, con sus flexibles políticos locales y su aeropuerto regional sorprendentemente moderno?

Sovereign Deed podría pronto encontrarse a sí misma compitiendo con Blackwater USA, cuyo director ejecutivo, Erik Prince, ha publicado recientemente sus planes de ofrecer “un abanico completo” de servicios, incluyendo ayuda humanitaria en los desastres. Cuando se declararon los incendios en el condado de San Diego, cerca del lugar propuesto para la controvertida base Blackwater West, la compañía utilizó inmediatamente la ocasión a su favor. Blackwater podría haber sido “el centro de operaciones táctico para los incendios del este del condado”, dijo el vicepresidente de la compañía Brian Bonfiglio. “¿Puede imaginarse todo lo que se hubiera beneficiado el condado si la base hubiera sido operativa?” Para mostrar su capacidad, Blackwater ha estado distribuyendo comida y mantas -verdaderamente necesitadas- a la gente de Potrero, California. “Esto es algo que siempre hemos hecho”, dijo Bonfiglio, “esto es lo que hacemos.” Lo que Blackwater realmente hace, como los iraquíes han aprendido dolorosamente, no es proteger a comunidades o países enteros, sino “proteger al jefe”, siendo el jefe quien haya pagado a Blackwater por sus equipos y armas.

La misma lógica de pagar-para-ser-salvado gobierna todo un nuevo sector de la gestión del desastre tipo “club de campo”. Hay, por supuesto, otro principio que podría guiar nuestras respuestas colectivas en un mundo puesto cabeza abajo por los desastres: la sencilla convicción de que toda vida tiene el mismo valor.

Para cualquiera ahí fuera que aún crea en esta loca idea, ha llegado la hora de proteger urgentemente este principio.


Naomi Klein es la autora de No Logo: Taking Aim at the Brand Bullies (Picador) y, más recientemente, Fences and Windows: Dispatches From the Front Lines of the Globalization Debate (Picador). Su ultimo libro es La doctrina del shock.

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero

The Nation, 18 noviembre de 2007

 
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