Éxtasis en el rescate
Me solía preocupar el
hecho de que Estados Unidos hubiera caído en manos de extremistas
que creían seriamente que el Apocalipsis se acercaba, y que ellos y
sus amigos serían elevados a la seguridad celestial. Desde entonces,
es algo que he reconsiderado. En realidad el país se encuentra en
manos de extremistas que están determinados a llevar a cabo el
clímax bíblico –la salvación de los Elegidos y la quema de las
masas– pero sin ninguna intervención divina. El cielo puede esperar.
Gracias al boom del negocio de los servicios privatizados del
desastre, estamos alcanzando el cielo justo aquí en la Tierra.
Naomi
Klein
Sólo hay que ver lo que
está ocurriendo en California del Sur. Incluso cuando los fuegos
devoraban franjas enteras de la región, algunos hogares en el
corazón del infierno permanecieron intactos, como si los hubiera
salvado un poder superior. Pero no fue la mano de Dios; en varios
casos fue el trabajo de Firebreak Spray Systems. Firebreak es un
servicio especial ofrecido a los clientes del gigante asegurador
American International Group (AIG), pero que en la práctica sólo se
ofrece a los que viven en los códigos postales más ricos del país.
Miembros de la compañía Private Client Group pagan una media de
19.000 dólares para que sus casas sean rociadas con un spray
retardatorio del fuego. Durante los incendios, unas “unidades
móviles” –corriendo junto a los coches de bomberos– incluso
extinguían los fuegos de sus clientes.
Un cliente describió la
escena como una Epifanía moderna. “Imagínatelo. Estás aquí en ese
incendio salvaje. Humo por todos sitios. Llamas por todos sitios.
Columnas de humo alzándose sobre las colinas”, explicó a Los
Angeles Times, “y aparecen aquí un par de tíos en lo que parece
un camión de bomberos que son expertos en la lucha contra incendios
y están aquí específicamente para proteger tu casa.”
Y tu casa, abandonada.
“Hubo algunos casos”, explicaba uno de los bomberos privados a
Bloomberg News, “en los que estábamos rociando con spray una casa y
la del vecino se encendía como una tea.” Con los servicios de
bomberos profundamente recortados, se acabaron los días de
respuestas rápidas (Rapid Response), cuando todo el mundo
tenía el derecho a la misma protección. Ahora, con la intensidad
creciente de los desastres naturales, encontramos un nuevo modelo:
la Respuesta en Éxtasis (Rapture Response).
Durante el último
huracán del año pasado, se les ofreció a los propietarios de una
vivienda en Florida una salvación de pago similar. La compañía,
HelpJet, una agencia de viajes, se anunciaba con la promesa de
convertir “la evacuación de un huracán en unas vacaciones para la
jet-set.” Por una cuota anual, un empleado de la compañía se
encarga de todo: transporte a la terminal de aeropuerto, viaje de
lujo, reservas en resorts de cinco estrellas. Por encima de
todo, HelpJet es una vía de escape al tipo de fallo gubernamental
que tuvo lugar durante el Katrina. “Ni colas de espera, ni molestias
con las multitudes. Sólo una experiencia de primera clase.”
HelpJet está a punto de
enfrentarse a una seria competencia con contrincantes mucho mayores.
Al norte de Michigan, durante la misma semana en que empezaron los
fuegos en California, la comunidad rural de Pellston estaba metida
de lleno en un intenso debate público. El pueblo estaba a punto de
convertirse en la sede de la primera compañía nacional del desastre
completamente privatizada. El plan es creación de Sovereign Deed,
una nueva empresa poco conocida, con conexiones con la compañía de
mercenarios Triple Canopy. Como HelpJet, Sovereign Deed trabaja en
un “una cuota tipo club de campo”, de acuerdo con el vicepresidente
de la empresa, el Brigadier General retirado Richar Mills. A cambio de
una cuota de entrada de 50.000 dólares seguida de cuotas anuales de
15.000 dólares, sus miembros reciben un “servicio integral de
respuesta a catástrofes” si su ciudad es atacada por un desastre
producido por el hombre que pueda “causar graves amenazas al
bienestar y/o a la salud pública” (léase: un ataque terrorista), el
brote de una epidemia o un desastre natural. La membresía básica
incluye el acceso a las medicinas, el agua y la comida, mientras que
quienes pagan para unos “servicios de nivel premium” tienen
derecho a una misión de rescate VIP.
Como muchas otras
compañías privatizadas del desastre, Sovereign Deed está vendiendo
una escapatoria al cambio climático y a un estado fallido,
ofreciendo los conocimientos sobre seguridad y los contactos que sus
ejecutivos han amasado mientras trabajaban para ese mismo estado.
Así, Mills, hablando reciente en Pellston, explicó que “la realidad
es que FEMA [Federal Emergency Management Agency, Agencia Federal
para la Gestión de Emergencias, N del T] no tiene ninguna
infraestructura, y buena parte de nuestra Guardia Nacional está en
otro lugar.” Sovereign Deed, por otra parte, afirma que tiene
“acceso directo y acuerdos especiales con varios centros de
información nacionales e internacionales. Estos acuerdos sellados
permiten a nuestro Centro de Operaciones de Emergencia...
proporcionar a nuestros miembros esa respuesta inmediata, crucial en
tiempos de crisis.” En esta versión secular del Apocalipsis y la
Salvación, la mano de Dios no es necesaria. No cuando tienes a
agentes de la CIA y miembros de las Fuerzas Especiales retirados
llevando a los Elegidos a tierra segura. No hay necesidad de rezar,
sólo de pagar no need to pray, just pay. ¿Y quién necesita una
celestial Nueva Jerusalén cuando tienes a Pellston, con sus
flexibles políticos locales y su aeropuerto regional
sorprendentemente moderno?
Sovereign Deed podría
pronto encontrarse a sí misma compitiendo con Blackwater USA, cuyo
director ejecutivo, Erik Prince, ha publicado recientemente sus
planes de ofrecer “un abanico completo” de servicios, incluyendo
ayuda humanitaria en los desastres. Cuando se declararon los
incendios en el condado de San Diego, cerca del lugar propuesto para
la controvertida base Blackwater West, la compañía utilizó
inmediatamente la ocasión a su favor. Blackwater podría haber sido
“el centro de operaciones táctico para los incendios del este del
condado”, dijo el vicepresidente de la compañía Brian Bonfiglio.
“¿Puede imaginarse todo lo que se hubiera beneficiado el condado si
la base hubiera sido operativa?” Para mostrar su capacidad,
Blackwater ha estado distribuyendo comida y mantas -verdaderamente
necesitadas- a la gente de Potrero, California. “Esto es algo que
siempre hemos hecho”, dijo Bonfiglio, “esto es lo que hacemos.” Lo
que Blackwater realmente hace, como los iraquíes han aprendido
dolorosamente, no es proteger a comunidades o países enteros, sino
“proteger al jefe”, siendo el jefe quien haya pagado a Blackwater
por sus equipos y armas.
La misma lógica de
pagar-para-ser-salvado gobierna todo un nuevo sector de la gestión
del desastre tipo “club de campo”. Hay, por supuesto, otro principio
que podría guiar nuestras respuestas colectivas en un mundo puesto
cabeza abajo por los desastres: la sencilla convicción de que toda
vida tiene el mismo valor.
Para cualquiera ahí
fuera que aún crea en esta loca idea, ha llegado la hora de proteger
urgentemente este principio.
Naomi Klein es la autora de
No Logo: Taking Aim at the Brand Bullies (Picador) y, más recientemente,
Fences and Windows: Dispatches From the Front Lines of the Globalization Debate
(Picador). Su ultimo libro es La doctrina del shock.
Traducción para www.sinpermiso.info:
Àngel Ferrero
The Nation, 18 noviembre de 2007