Naomi Klein - rodelu.net |
26 de febrero de 2008
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SinPermiso
- 24 de febrero de 2008
Desposeídos por la sociedad de propietarios
¿Recuerdan
la “sociedad de propietarios”, motivo de los discursos de George W.
Bush padre durante los cuatro primeros años de su presidencia?
“Estamos creando una sociedad de propietarios en este país, en que
más americanos que nunca podrán abrir la puerta de allí donde vivan
y decir «Bienvenidos a mi casa, bienvenidos a mi trozo de
propiedad»”, dijo en octubre de 2004. El ideólogo de Washington
Grover Norquist predijo que la sociedad de propietarios sería el
mayor legado de Bush y que, en cambio, “en unos cuantos años, la
gente no podrá pronunciar o escribir Fallujah”. Ya en el
discurso sobre el Estado de la Unión la otrora ubicua frase brillaba
por su ausencia. Y, pequeño milagro: más que su orgulloso padre,
Bush se ha convertido en el enterrador de la sociedad de
propietarios.
Naomi
Klein
Mucho antes de que la sociedad de propietarios tuviera un label
claro, su creación fue esencial para el éxito de la revolución
de la derecha económica en todo el mundo. La idea era simple: si la
gente de clase obrera posee un pequeño trozo de mercado -una
hipoteca sobre su casa, una cartera de acciones o una pensión
privada- dejará de identificarse como trabajadora y comenzará a
verse a sí misma como propietaria, con los mismos intereses que sus
jefes. Eso significa que podría votar a políticos que prometan
mejorar la realización de los estocs por encima de las condiciones
de trabajo. La conciencia de clase se convertiría en una
reliquia.
Era siempre tentador rechazar la sociedad de propietarios como eslogan
vacío, una “chorrada”, como apuntó el ex secretario de Trabajo
Robert Reich. Pero la sociedad de propietarios era de todo punto
real. Era la respuesta a un obstáculo a que se enfrentaron durante
largo tiempo las políticas favorables a beneficiar a los ricos. El
problema se reducía a esto: la gente tiende a votar según sus
intereses económicos. Incluso en los ricos Estados Unidos, la
mayoría de gente gana menos que el ingreso medio. Ello significa que
está en el interés de la mayoría votar a políticos que prometan
redistribuir la riqueza desde arriba.
Así, ¿qué
hacer? Fue Margaret Thatcher la pionera en la solución. El esfuerzo
se centró en la vivienda pública o de protección oficial, apoyada
por el moribundo Partido Laborista. En un movimiento audaz, Thatcher
ofreció fuertes incentivos a los residentes que compraran sus pisos
de protección a tasas reducidas (lo mismo que hizo Bush décadas
después promoviendo las hipotecas subprime). Aquellos que se
esforzaran se convertirían en propietarios, mientras que los que no
pudieran hacer frente a unas rentas de casi el doble que antes se
quedarían sin hogar. Como estrategia política, funcionó: los
arrendatarios seguían oponiéndosele, pero las encuestas mostraban
que más de la mitad de los flamantes propietarios cambiaron
efectivamente su alineamiento político hacia los tories. La
clave fue un cambio psicológico: ahora pensaban como propietarios y
los propietarios tienden a votar conservador. Había nacido la
sociedad de propietarios como proyecto político.
Al
otro lado del Atlántico, Reagan coló una miríada de políticas que
convencieron semejantemente a la población de que las divisiones de
clase ya no existían. En 1988 sólo el 26% de los americanos
respondía a los encuestadores haber vivido en una sociedad dividida
entre los que “tienen” y los que “no tienen” y el 71% rechazaba de
plano el concepto de clase. El verdadero salto, con todo,
llegó en los noventa, con la “democratización” de los títulos de
propiedad, que dejaron a cerca de la mitad de americanos con títulos
de propiedad de vivienda. Observar las cotizaciones se convirtió en
pasatiempos nacional, cuya información en las pantallas televisivas
se convirtió en más común que la previsión del tiempo. Main Street
//1 fue asaltada por los
enclaves de las elites de Wall Street.
El cambio
fue, de nuevo, psicológico. La propiedad de títulos supuso una parte
relativamente pequeña del promedio de ganancias de los americanos,
pero en la era de la reducción y deslocalización frenéticas, esta
nueva clase de inversores amateurs tuvieron un marcado
cambio de conciencia. Siempre que se anunciaba una nueva serie de
despidos, alzando los precios de los títulos, muchos respondieron,
no identificándose con aquellos que iban a perder su empleo o
protestando contra las políticas que permitían esos despidos, sino
ordenando a sus agentes de Bolsa que compraran.
Bush llegó
al poder resuelto a llevar esas tendencias aún más lejos, a repartir
cuentas de la Seguridad Social a Wall Street y se marcó como
objetivo dar acceso fácil a la propiedad a las comunidades
minoritarias, tradicionalmente fuera de la órbita del Partido
Republicano. “Menos del 50% de los afroamericanos e
hispanoamericanos tiene casa de propiedad”, hizo notar en 2002. “Es
demasiado poco.” Instó a Fannie Mae y al sector privado a “abrir
millones de dólares para posibilitarles la compra de una casa”, en
un aviso importante de que los prestamistas subprime estaban llevando su
riesgo hasta el límite.
Hoy se han
roto las promesas básicas de la sociedad de propietarios. Primero,
el estallido de la burbuja del punto com; después, los empleados
vieron sus pensiones de valores pesados esfumarse con Enron y
WorldCom. Ahora tenemos la crisis de las hipotecas subprime, con más de dos
millones de propietarios enfrentándose a la ejecución hipotecaria de
sus casas. Muchos están echando mano de sus 401-k -su trozo de
mercado de valores- para pagar sus hipotecas. Wall Street,
significativamente, ha reñido con Main Street. Para evitar el examen
regulador, la nueva tendencia se aleja del intercambio público de
títulos y va hacia la participación privada. En noviembre Nasdaq se
unió con varios bancos, incluyendo a Goldman Sachs, para formar
Portal Alliance, un mercado de participaciones privadas abierto sólo
a inversores con activos que superen los 100 millones de dólares. A
corto plazo, la sociedad de propietarios de ayer se ha convertido en
una sociedad de sólo potentados.
El
desahucio masivo de la sociedad de propietarios tiene profundas
implicaciones políticas. Según una encuesta de septiembre de Pew
Research, el 48% de los americanos dice que su vida en la sociedad
se divide entre los que tienen y los que no tienen, cerca del doble
que en 1988. Sólo el 45% se ve a sí mismo como parte de los que
tienen. En otras palabras, estamos viendo el retorno de la
conciencia de clase que la sociedad de propietarios había
supuestamente extirpado. Los ideólogos del libre mercado han perdido
una herramienta psicológica extremadamente potente y los
progresistas la han ganado. Ahora que John Edwards está fuera de la
carrera presidencial la pregunta es si habrá alguien que se atreva a
usarla.
Nota del Traductor://1
“Main Street”, literalmente, “Calle Mayor”, es el nombre que suele darse
en EEUU a la calle céntrica de una ciudad en la que se agrupa el
pequeño comercio. Es frecuente oponer Wall Street (la calle en que
se ubica la Bolsa de Nueva York) a “Main Street”, como
contraposición figurada del mundo de la gran empresa y las grandes
finanzas al mundo de la pequeña empresa productiva.
Naomi Klein es la autora de
No Logo: Taking Aim at the Brand Bullies (Picador) y, más recientemente,
Fences and Windows: Dispatches From the Front Lines of the Globalization Debate
(Picador). Su ultimo libro es La doctrina del shock.
Traducción para www.sinpermiso.info:
Daniel Escribano
The Nation, 22 febrero 2008
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