Habla Francisco Porrúa
"Una obra excepcional"
Max Seitz
Hace
40 años se publicaba en Buenos Aires "Cien años de soledad", la
novela cumbre de Gabriel García Márquez que con el tiempo se
consagraría como una obra maestra de la literatura hispanoamericana
y universal.
La edición original, realizada por Sudamericana en 1967, constaba
de 8.000 ejemplares que se agotaron rápidamente. Desde entonces el
libro se ha traducido a 39 idiomas y ha vendido 40 millones de
ejemplares.
El primer editor de "Cien años de soledad", el argentino
Francisco "Paco" Porrúa, amigo de García Márquez, recuerda
que la publicación ya estaba decidida con la lectura de la primera
línea.
En diálogo con BBC Mundo, Porrúa reconstruye ese momento "mágico"
que puso a los lectores en contacto con la novela del escritor
colombiano y con la familia Buendía en el pueblo ficticio de
Macondo.
El editor, que tiene 84 años y desde hace tres décadas vive en
Barcelona, afirma que en aquel entonces no previó que el libro,
estandarte del boom latinoamericano, se convertiría en el
fenómeno que es hoy.
"Simplemente comprendí que se trataba de una obra excepcional".
¿Cómo es que llegó "Cien años de soledad" a la editorial
Sudamericana y a sus manos?
La obra llegó por azar en parte, pero también porque las obras de
García Márquez me las pasó un amigo de entonces, Luis Hars, un
nicaragüense-chileno que estaba escribiendo un libro sobre el
llamado "boom" latinoamericano.
Él tenía las obras de García Márquez, yo no las conocía. Leí
los tres libros, "La hojarasca", "Los funerales de la mamá grande" y
"El coronel no tiene quien le escriba", y me pareció un escritor
extraordinario. Descubrí ahí que realmente valía la pena editarlo en
Argentina, donde era un desconocido.
Y le escribí una carta proponiéndole la reedición de esas obras
en Buenos Aires. Él me contestó que las había publicado Ediciones
Era y que él no podía cedérmelos en ese momento pero que, en cambio,
estaba terminando una novela que podía interesarme.
Por supuesto yo le contesté enseguida que sí me interesaba que me
mandara el libro. Me lo envió y leí las primeras páginas de "Cien
años de soledad" comprobando que todo lo que yo había pensado sobre
García Márquez era cierto.
Concretamente, ¿qué le llamó la atención de la obra?
Parte del clima de "Cien años de soledad" está en "El coronel..."
y en "La hojarasca". Entonces el ambiente del libro era para mí de
algún modo ya conocido.
Mi idea en ese
momento fue que se trataba de un maravilloso ejemplo de lo que antes
se llamaba la crónica. No pensé en lo mágico. El término "realismo
mágico" me sigue pareciendo un poco contradictorio.
Pensé que era más bien lo que en la literatura se llama metáfora;
no simplemente una metáfora de una línea, sino que hay escenas
enteras en el libro que son metafóricas. Es una prosa poética muy
viva y fuerte.
Imaginé que "Cien años de soledad" iba a atraer inmediatamente a
todos los lectores como me habían atraído a mí las obras anteriores
de García Márquez.
¿Cuánto tardó en leer los originales?
Un día, aproximadamente. De todos modos, no se trataba de llegar
al final para saber si la novela se podía publicar. La publicación
ya estaba decidida con la primera línea, con el primer párrafo.
Simplemente comprendí lo que cualquier editor sensato hubiera
comprendido en mi lugar: que se trataba de una obra excepcional.
¿Realmente pensó que "Cien años de soledad" se iba a convertir
en el fenómeno que es hoy, con traducciones a tantos idiomas y con
tantas reediciones?
No, no pensé en eso. Como editor no es necesario pensar en el
largo futuro. Pero el interés que iba a despertar el libro en Buenos
Aires, eso sí lo vi y lo sentí, porque Buenos Aires estaba en ese
momento en un período curioso, raro.
Había un
gobierno autoritario y al mismo tiempo gente que vivía por su
cuenta; por ejemplo, había una gran pintura en ese momento, se
hacían debates sobre la nueva poesía...
Es decir, había muchos elementos en Buenos Aires que la hacían
una de las verdaderas metrópolis del mundo, junto a Río, Nueva York.
Me pareció que era el ambiente más adecuado, como luego lo
confirmé. En 1967 Buenos Aires era la única ciudad en la que podía
haberse producido ese fenómeno.
¿Cómo llegó a considerar con tanta estima "Cien años de
soledad" en un momento en el que había tanta buena literatura
latinoamericana alrededor?
La literatura latinoamericana que estaba emergiendo estaba
ganando lectores. El público estaba leyendo no a los autores del
boom, sino a escritores anteriores como Onetti, Rulfo y
Marechal. Él sobreviene el boom con los autores más jóvenes.
Lo que se produjo entonces fue una especie de toma de conciencia
de una identidad literaria. En Latinoamérica se consideraba que
éramos una especie de dependencia de Europa y que los modelos
literarios estimables provenían de allí.
Eso cambió de pronto, junto con el premio Formentor que se dio a
Beckett y a Borges y otros fenómenos parecidos. La gente empezó a
considerar que teníamos una literatura acá, una literatura
propiamente latinoamericana.
¿Le hizo a García Márquez sugerencias o correcciones para
mejorar "Cien años de soledad"?
No, ninguna. Generalmente, yo como editor trataba de evitar las
sugerencias, salvo en una charla informal en la que podía decir algo
de la obra. Pero no. Sentí que ese libro tal como estaba escrito era
la obra literaria que mucha gente estimaría durante muchos años.
Se
trata, ante todo, de ser sensible a la lectura. Aunque uno tenga
gustos literarios diferentes, si uno siente amor por la literatura
reconoce inmediatamente el valor de un libro. Un solo párrafo a
veces ilumina toda la obra y basta para comprender que se trata de
algo diferente.
Tampoco le hice ninguna corrección. No era mi estilo ni me
parecía que tuviera yo que hacerlas. Por otra parte, en mi primera
lectura nunca vi la necesidad de cambiar algo, como tampoco me había
ocurrido con los libros anteriores de García Márquez.
¿Cómo vivió la transformación de "Cien años de soledad" en una
obra maestra de la literatura latinoamericana? ¿Se siente partícipe
de ese éxito?
Partícipe, por supuesto, por ser quien editó el libro. Pero para
mí la figura del editor siempre ha sido bastante secundaria. Está
cerca de ser un "Don Nadie" que simplemente conecta al autor con el
público.
En esos días yo simplemente estaba feliz de ver que García
Márquez se daba cuenta de que se convertía en lo que había sido
siempre: un gran escritor.
Repito: el editor hizo poco. Lo que transformó en ese momento el
panorama de lo que era la novela latinoamericana fue el libro mismo,
"Cien años de soledad". Todo está alrededor de eso, del objeto, de
la obra.
¿Y qué sintió cuando García Márquez obtuvo el premio Nobel en
1982?
Sentí simplemente lo que siento cada vez que un escritor amigo
recibe un premio importante. Sentí alegría por él, personal; después
una confirmación europea, digamos, de lo que todos sabíamos en
América Latina.
¿Cómo ha sido su relación personal con él?
Al
respecto yo diría dos cosas, que parecen no conformarse una con
otra. Siento que somos muy amigos, pero nos vemos poco. Yo no tengo
interés en molestarlo, así que nos vemos un poco por azar. De pronto
nos encontramos en algún sitio. Lo vi hace más de un año aquí en
Barcelona.
Siento que es un amigo muy auténtico. Tenemos una comunidad de
intereses, porque nos gustan los mismo libros, la misma música, y yo
admiro mucho su energía verbal.
Este hombre crea continuamente palabras y pensamientos, no sólo
mientras escribe sino también en su vida cotidiana.
¿Él se muestra agradecido con usted?
Sí, mucho, pero yo no veo por qué. La gratitud la tiene el lector
hacia el autor de "Cien años de soledad", no hacia el editor.
(Entrevista publicada en BBC Mundo, 12 de marzo de 2007)