Lo
que vi en España
Me dio su mano el soldado italiano
En la mesa de la habitación
de guardia
La mano fuerte y la mano delicada
Cuyas palmas sólo son capaces
De encontrar con el ruido de las
armas
Pero ¡oh qué paz conocí
entonces
Al contemplar su cara gastada
Más pura que la de una mujer!
Pues las palabras vacuas que me dan
náuseas
A sus oídos eran aún
sagradas
Y nació sabiendo lo que yo
aprendí
De libros solamente.
Las armas traicioneras han dicho
lo suyo
Y ambos lo creímos
Pero su barra era de oro
¡Quién lo hubiera pensado!
¡Buena suerte por tí,
soldado italiano!
Pero la suerte no es para los valientes;
Qué te devolvería
al mundo,
Menos de lo que diste.
Entre la sombra y el fantasma,
Entre el blanco y el rojo,
Entre la bala y la mentira,
¿Dónde esconderías
la cabeza?
¿Dónde está
Manuel González,
Y dónde está Pedro
Aguilar,
Y dónde está Ramón
Fenollosa?
Los gusanos saben dónde están.
Tu nombre y sus hechos se olvidaron
Antes de que emblaquecieran tus
huesos
Y la mentira que te mata está
enterrada
Bajo una mentira mejor;
Pero lo que vi en tu cara
Ningún poder podrá
borrar,
Ninguna explosión de bomba
Destruye el espíritu cristalino.
(George
Orwell, 1938)