3 de Noviembre de 2003
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Lo que vi en España

Me dio su mano el soldado italiano
En la mesa de la habitación de guardia
La mano fuerte y la mano delicada
Cuyas palmas sólo son capaces

De encontrar con el ruido de las armas
Pero ¡oh qué paz conocí entonces
Al contemplar su cara gastada
Más pura que la de una mujer!

Pues las palabras vacuas que me dan náuseas
A sus oídos eran aún sagradas
Y nació sabiendo lo que yo aprendí
De libros solamente.

Las armas traicioneras han dicho lo suyo
Y ambos lo creímos
Pero su barra era de oro
¡Quién lo hubiera pensado!

¡Buena suerte por tí, soldado italiano!
Pero la suerte no es para los valientes;
Qué te devolvería al mundo,
Menos de lo que diste.

Entre la sombra y el fantasma,
Entre el blanco y el rojo,
Entre la bala y la mentira,
¿Dónde esconderías la cabeza?

¿Dónde está Manuel González,
Y dónde está Pedro Aguilar,
Y dónde está Ramón Fenollosa?
Los gusanos saben dónde están.

Tu nombre y sus hechos se olvidaron
Antes de que emblaquecieran tus huesos
Y la mentira que te mata está enterrada
Bajo una mentira mejor;

Pero lo que vi en tu cara
Ningún poder podrá borrar,
Ninguna explosión de bomba
Destruye el espíritu cristalino.

(George Orwell, 1938)

 
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