![]() |
17 de mayo
de 2002
|
|
|
|
Escribe
Fue el 4 de agosto de 1976. En ese año triste, monseñor Enrique Angelelli, obispo de La Rioja, tuvo un "accidente". No fue el único. También Carlos Ponce de León, obispo de San Nicolás de los Arroyos, murió en un "accidente". La lista es larga: los padres palotinos de la parroquia de San Patricio, las dos monjas francesas y muchísimos otros religiosos opositores a la dictadura terminaron secuestrados y asesinados. La corriente religiosa de la que muchos formaban parte no era exclusivamente argentina ni había nacido tampoco en 1976. Venía de antes. El 1 de mayo de 1968 estos sacerdotes que optaban por "los pobres" habían fundado el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Carlos Mujica, uno de sus miembros más famosos, fue asesinado el 11 de mayo de 1974. La revista más célebre de ese espacio fue Cristianismo y revolución, dirigida por Juan García Elorrio. Su modelo siempre fue Camilo Torres, el cura colombiano que murió combatiendo en las filas del guevarista Ejército de Liberación Nacional. Ya en los 90, el sacerdote dominico fray Antonio Puigjané pasó largos años en prisión como preso político de La Tablada. ¿La Iglesia oficial los apoyó? ¿Tomó partido por ellos denunciando aquellos asesinatos durante la dictadura? La respuesta puede encontrarse en dos libros excelentes de autores cristianos: Iglesia y dictadura (1986), de Emilio Mignone y Teología y dominación (1987), de Rubén Dri. Ambos aportan abundantes documentos que demuestran la complicidad de la Iglesia oficial con los militares y su silencio frente a la represión de todos estos sacerdotes y militantes cristianos. Pero ¿quiénes eran en realidad estos últimos? ¿Cuáles eran las razones que los llevaron, siendo religiosos, a convertirse en opositores frente al poder, en la Argentina y en toda América latina? ¿No hay acaso contradicción entre la fe cristiana y la opción política por los cambios radicales de la sociedad? Este apasionante libro del investigador brasileño Michael Löwy pretende responder todos esos interrogantes. Actualmente Löwy es director de investigación del CNRS (Centro Nacional de la Investigación Científica) de París y de un seminario en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales. Su obra, que ya ha sido traducida a veintidós idiomas, incluye investigaciones sobre Lukács, Gramsci y muchos otros pensadores del siglo XX. Pero también ha investigado sobre el mesianismo judío revolucionario (Redención y utopía) y la teología de la liberación. El eje central de Guerra de dioses. Religión y política en América Latina (México, Siglo XXI, 2000) es, precisamente, esta última tradición. Desde el inicio, Löwy aclara que no es neutral. Mantiene una fuerte simpatía personal por esta corriente, de la que sin embargo lo distancian dos hechos: no es creyente y además es judío. El libro comienza, como todos los suyos, por el método. En ese rubro retoma de Max Weber la categoría de "afinidad electiva", igualmente presente en Redención y utopía. La "afinidad electiva" consiste en "una matriz común de creencias religiosas y políticas". Sobre la base de ciertas analogías, afinidades y correspondencias, dos estructuras culturales, en ciertas condiciones históricas, pueden iniciar una relación de atracción, elección y selección mutua. En este caso, el cristianismo y el marxismo. En cuanto a la categoría de "cristianismo liberacionista", Löwy señala que él la prefiere en lugar de "teología de la liberación" o de "Iglesia de los pobres", pues es más amplia e incluye tanto la cultura religiosa como la red social, la fe y la praxis. Entre sus principales componentes, el autor destaca: la lucha principal contra la idolatría (y no contra el ateísmo); la liberación humana histórica como anticipación de la salvación final en el Reino de Dios; la crítica a la teología dualista heredera de Platón (que separa la historia humana y la divina); una nueva lectura de La Biblia centrada en el Exodo, paradigma de la lucha por la liberación de un pueblo esclavizado; la denuncia del capitalismo dependiente como pecado estructural; el recurso al marxismo como instrumental analítico para entender la sociedad; la opción por los pobres y su liberación y, finalmente, el desarrollo de comunidades cristianas de base como alternativa al individualismo capitalista. Estas características comunes serían compartidas, según Löwy, por los principales exponentes de este pensamiento, donde él incluye a Gustavo Gutiérrez (Perú, el fundador); Hugo Assmann, Leonardo y Clodovis Boff, Frei Betto (Brasil); Jon Sobrino e Ignacio Ellacuría (El Salvador); Ronaldo Muñoz y Segundo Galilea (Chile); José Miguez Bonino, Juan Carlos Scannone, Rubén Dri y Enrique Dussel (Argentina) y Juan-Luis Segundo (Uruguay) entre muchísimos otros. A partir de allí, Löwy investiga cómo fue posible esta virtual fusión entre la teología cristiana y el marxismo en América latina. Para responder examina las cuatro tendencias ideológico-políticas en las Iglesias latinoamericanas: los más fundamentalistas y tradicionalistas; los conservadores (por ejemplo, el CELAM); los reformistas y moderados (por ejemplo, la Conferencia de Puebla en 1979 y Santo Domingo en 1992) y, por último, los miembros de la teología de la liberación, partidarios de Camilo Torres, el sandinismo, el "Movimiento de Cristianos por el Socialismo" de Chile y otros emprendimientos semejantes. La hipótesis principal de Löwy señala que este movimiento social surgió por los cambios internos y externos a la Iglesia a fines de los 50, coincidiendo con la Revolución Cubana, y además que "fue desde la periferia al centro de la institución". En el resto del libro, Löwy indaga el papel del cristianismo liberacionista en el surgimiento del PT y el MST (Brasil); en el FMLN (El Salvador), el sandinismo (Nicaragua) y el zapatismo (México). El libro concluye con el análisis de la influencia católica francesa en la formación del cristianismo liberacionista brasileño. En su conclusión, el autor señala que "el cristianismo liberacionista ha plantado una semilla que seguirá floreciendo en los decenios siguientes y que tiene muchas sorpresas preparadas". Quizá por ello el cardenal Ratzinger, prefecto del Santo Oficio para la Doctrina de la Fe del Vaticano, se ha dedicado sin desmayo a atacar a la teología de la liberación. En la misma tónica, los teóricos de la nueva derecha estadounidense señalaron a la teología de la liberación como uno de sus "enemigos" principales, tanto en los "Documentos de Santa fe I y II" (California, 1980 y 1989) como en la reunión de Ejércitos Americanos de Mar del Plata (1987). Mientras unos se preocupan entonces sólo por el divorcio, el aborto, la tradición (jerárquica), la familia (patriarcal) y la propiedad (privada); otros, en cambio, se entregan sin reservas a cambiar la sociedad. ¿Quién ganará la disputa? Sólo Dios tiene la respuesta. |
| PORTADA | LA HOJA | VOLVER |