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27 de Noviembrede 2002
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El
resurgimiento del anarquismo
en Italia y en el mundo
Hoy,
la reestructuración de la organización del trabajo, la pérdida
de papel de la clase obrera y la desintegración del movimiento obrero
tal como lo habíamos conocido históricamente, así
como la hipótesis de la conquista del Estado como distribuidor de
la riqueza -una vieja utopía del movimiento socialista- relanzan
la temática de la autogestión de base y hacen que esta lógica
estatista entre en crisis. Ese era el discurso desde la Comuna de París,
aunque hoy en el área marxista hay un replanteo de este debate entre
el ala estatista que sigue creyendo que el Estado tiene el papel de distribuir
la riqueza social y otra que comienza a pensar que es necesario volver
a discutir todo el paradigma, porque lo que se observa es el resurgimiento
del movimiento de abajo, tendiente a recubrir los espacios que se han cercenado
a lo social con la reducción del espacio estatal.
El
desarrollo histórico del anarquismo italiano, que fue una fuerza
importante hasta la llegada del fascismo y resultó luego casi totalmente
destruido, sufrió mucho la presión del estalinismo. Después
de la guerra, la reconstrucción tuvo un momento alto pero la política
de bloques de Italia comprimió al máximo la posibilidad de
una tercera vía entre capitalismo y comunismo, tal como la planteaba
el anarquismo. Esto trajo aparejada una implosión del anarquismo
y una pérdida progresiva de gran parte de su influencia hasta 1967
o 1968, los años de la contestación.
tonces retomó impulso como entidad organizada porque entró en la dialéctica de los movimientos que se estaban organizando por vía propia, con militantes de izquierda de distinto tipo, marxistas, conciliares, situacionistas, libertarios. Estos movimientos tenían una práctica libertaria, de autogestión de la lucha, de autoorganización, de asamblea permanente, de rechazo de los profesionales de la política y de la delegación, todos principios básicos de la organización anarquista. Cuando se diluyeron, sus militantes se remitieron al movimiento anarquista como referencia. En estos últimos años en que la política en los sindicatos, por ejemplo, registra una continua búsqueda de compatibilidad con la economía capitalista, se liberan sectores de trabajadores desconformes que buscan una vía de expresión autónoma. También ellos han buscado como salida la autoorganización, el rechazo de la delegación, etcétera. Y hay que considerar la existencia de una política de recorte a los gastos sociales que golpeó duramente a los servicios públicos, la escuela, el transporte, la salud, y que produjo una respuesta social, no ya pidiéndole al Estado (entonces era posible) que cumpliera estas funciones, sino retomando la temática de la cooperación social, del apoyo mutuo, de la autogestión en varias formas. Todo esto dio fuerza al anarquismo, porque de sus raíces sale el tronco antiestatista del movimiento de los trabajadores. El anarquismo clásico hundía sus raíces en un movimiento obrero específico, con su profesionalidad, con una comunidad artesana y popular definida, con sus valores. Es claro que las modificaciones estructurales han desintegrado este mundo al punto que hoy casi no existe. Pero hay en cambio nuevos elementos: el dinamismo de las mujeres, por ejemplo, aporta al movimiento elementos que son del todo originales, el problema ambiental, ecologista, emerge con fuerza también y todo obliga al movimiento anarquista a confrontar sus ideas. El problema es lograr, como movimiento político, ideológico y cultural, estar en sintonía con el proceso de transformación, reunir la potencialidad libertaria para avanzar sobre ese plano, pero sin un prejuicio totalizante o dogmático que impida comprender las modificaciones que se están dando. Nunca hemos pensado que la conquista del poder fuera el momento más alto en el proceso revolucionario. Sostuvimos y sostenemos que un proceso revolucionario se da cuando se desarrolla una capacidad popular de autogestión social y de destrucción del poder político. Esta es la posición anarquista clásica. En las vertientes insurreccionales se pensaba que una insurrección podría, destruyendo el poder, darle vida a estructuras territoriales o de producción alternativas y, en la concepción anarcosindicalista, se consideraba que una huelga general podría ser un elemento significativo de destrucción del poder del Estado y de asunción de la capacidad de gestión de los trabajadores. Hoy pensamos que hay un primer problema de construcción de fuerzas, de capacidad de autogestión social que sólo puede pasar por una coordinación, tipo archipiélago, entre las comunidades, entre grupos que trabajan en la autogestión, entre grupos sindicales de base, en fin, entre todas estas formas que se están desarrollando territorialmente. Pensamos que ésta es la dirección correcta. No se puede hablar de transformación social sin tener en cuenta la relación de fuerzas que existe, sin tener en cuenta que estamos viviendo un período de grandes transformaciones sociales y de destrucción de las fuerzas acumuladas precedentemente. Pero creemos que es éste el terreno donde nuestras fuerzas deben concentrarse porque es allí donde se podrá reconstruir la potencialidad y la capacidad de gestión social. La izquierda europea en el poder hoy, la italiana, la francesa, la inglesa y la alemana, están demostrando que sólo son capaces de conducir políticas dentro de la compatibilidad definida por el Banco Central Europeo. No tienen otro espacio de acción porque no alcanzan a imaginar soluciones que vayan más allá del mecanismo estatal. Nuestra atención se ha volcado principalmente a los agentes sociales, a los jóvenes, al sindicalismo de base, a las formas de organización autónoma que se dan los trabajadores, a las formas territoriales, a la producción autogestionada, al voluntariado, al sector non profite (sin fines de lucro). Finalmente, el dogma del Estado se ha roto y se están liberando energías; yo soy absolutamente optimista en que de esas energías nacerán los nuevos teóricos, los nuevos militantes que resolverán en forma libertaria los grandes problemas de la sociedad. Nosotros partimos del conocimiento de la crisis: somos conscientes de que están cambiando los sujetos sociales, que está en curso una transformación mayor que cualquiera que hayamos visto antes. El tiempo de las barricadas se terminó, pero no se terminó el tiempo del enfrentamiento social. Sin embargo, la forma en que éste y la transformación revolucionaria habrán de darse será un problema de crecimiento comprensivo y de pensamiento crítico. Se cree que sólo el Estado puede compensar la destrucción que produce el neoliberalismo. Hoy, en realidad, la política de derecha la hace la izquierda. En Italia hemos tenido una demostración evidente con las reformas de las pensiones. Avanzadas por un gobierno de derecha como el de Berlusconi, cuando éste cae son proseguidas por la izquierda. Sólo que cuando estaba Berlusconi, las plazas estaban llenas de gente que protestaba, ahora, con un gobierno de izquierda nadie protesta, porque la izquierda tiene consenso social. Es el mejor modo de conducir la política de reformas, hacer que las haga la izquierda. La demostración de que en Italia ha crecido este sector cooperativo o autogestionario es que han hecho una ley. Cuando se habla de leyes es que existe el fenómeno. La ley ha sido hecha para buscar disminuir la influencia del componente más autogestionario, auténtico, que comenzaba a crear problemas con su rechazo a relacionarse con las instituciones. Y para favorecer en cambio a la parte que está más ligada a las instituciones. Este es un sector muy grande que incluye a cientos de miles de personas y ocupa los espacios abandonados por el Estado. Por ejemplo, en el plano de la asistencia existe mucho voluntariado, también en el sector cooperativo, vinculado a la producción agrícola, o servicios o actividades editoriales, o de sostén a la ayuda al Tercer Mundo o a poblaciones rurales. Hay también experiencias de producción, no tanto de tipo industrial sino artesanal o agrícola. Un sector en expansión es el de la producción biológica, sobre el que converge la atención de los sectores más avanzados, de los jóvenes que dan vida a situaciones de trabajo agrícola de distinto tipo, ocupaciones de tierras, ocupaciones de casas... El sector autogestionario se ha tornado significativo. Ya reflexiona sobre él incluso parte de la izquierda tradicional. Es un debate en curso. Los anarquistas italianos tenemos ya por quinto año una Feria de la Autogestión, que dura una semana. Allí tratamos de dar el debate sobre estos temas y de aportar organización a esta red para la autogestión, porque pensamos que sólo la construcción de una organización real sobre el terreno autogestionario hará posible dar cuerpo al cambio social. Los terrenos son muchos. En el plano económico, por ejemplo, existe una especie de bancos que tienden al ahorro y constituyen un elemento de fuerza para este tipo de iniciativas. No somos electoralistas, creemos que el municipalismo libertario se constituye a nivel de base con organizaciones territoriales que se confrontan continuamente con las instituciones y buscan obtener resultados. Lo entendemos como movimiento de resistencia para comenzar a practicar un conflicto con las autoridades municipales, también como prefiguración de un movimiento de gestión del territorio: sólo enfrentando los problemas territoriales -la basura, el agua, la salud, la escuela- será posible crecer con sabiduría y retomar control sobre el gobierno del territorio. Es una formulación que se llama autogobierno de los ciudadanos. |
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