El
ilusorio poder ilimitado de EE UU
Entrevista con Emmanuel
Todd
Si
a algo está acostumbrado Emmanuel Todd es a nadar contra la corriente.
Este prestigioso demógrafo y analista político francés,
nacido en 1951, predijo en 1976, en su libro La chute finale, la
desintegración de la Unión Soviética y de su esfera
de influencia, en momentos en que resultaba inadmisible plantear siquiera
esa posibilidad. Ahora ha desatado un vasto debate con su libro Después
del imperio. Ensayo sobre la descomposición del sistema norteamericano,
que acaba de publicar en español Ediciones Foca, en el que sostiene,
en contra de la percepción generalizada, que Estados Unidos, lejos
de estar en un nivel jamás conocido de hiperpotencia imperial, ofrece
señales evidentes de un inminente declive.
Todd
presta especial atención a la grave crisis de la economía
real norteamericana y a su creciente desindustrialización, enmascaradas
por la gran afluencia de capitales externos. Señala que entre 1990
y 2000 el déficit comercial estadunidense pasó de cien mil
millones a 450 mil millones de dólares, por lo que el país
requiere un flujo permanente de capitales provenientes del exterior para
equilibrar sus cuentas. Así, afirma, Estados Unidos está
viviendo muy por encima de sus posibilidades y la brecha entre lo que consume
y lo que produce se ensancha cada vez más. "Si bien su potencial
económico relativo ha retrocedido mucho –escribe–, Estados Unidos
ha conseguido aumentar masivamente su capacidad de exacción sobre
la economía mundial, hasta el punto de que es posible afirmar objetivamente
que se han convertido en una nación depredadora. ¿Esta situación
debe interpretarse como un signo de poder o de debilidad? Lo seguro es
que Estados Unidos tendrá que luchar política y militarmente
para mantener una hegemonía en adelante indispensable si quiere
mantener su nivel de vida".
Pero
la demostración del poderío norteamericano, según
Todd, se lleva a cabo mediante lo que denomina un micromilitarismo teatral,
que opera contra enemigos ridículamente débiles a los que
se les ha asignado un papel desmesurado como integrantes del eje del mal:
"La exageración de la amenaza iraquí –¡el cuarto ejército
del mundo, decían!– no fue más que el comienzo de la puesta
en escena de inexistentes amenazas para el mundo", asevera.
El análisis
que despliega Todd en Después del imperio articula coherentemente
factores económicos, políticos, históricos, militares
y demográficos, con un poder de penetración tal que hace
que hasta sus críticos más enconados le reconozcan seriedad,
originalidad y voluntad de independencia al pensamiento que lo sustenta
(Carlos Alfieri).
–Casi
todo el mundo sitúa a Estados Unidos en el punto más alto
de su poderío, pero usted, paradójicamente, habla en Después
del imperio de su descomposición. ¿Cuáles son
sus razones?
–La percepción,
ciertamente mayoritaria, de la potencia ilimitada de Estados Unidos es
una completa ilusión que nace, en principio, del derrumbe de la
Unión Soviética, y aun de Rusia, como potencia, con la consiguiente
desaparición de contrapesos internacionales. En segundo lugar, de
la llegada a la madurez de la globalización, que permite afluir
a Estados Unidos enormes recursos financieros, lo que le otorga medios
que no corresponden a la realidad de su economía. Debido a esta
circunstancia, debe tenerse en cuenta que su potencia económica
es relativa. Está su potencia militar, que parece aplastante si
se la confronta con la de Irak, para tomar un ejemplo reciente, pero la
realidad militar es que la Rusia actual, la de Putin, conserva la capacidad
nuclear estratégica para suprimir a Estados Unidos.
–¿Actualmente?
–Sí,
por supuesto. Es algo que se olvida con frecuencia: el equilibrio del terror
existe todavía. Estados Unidos es hoy la única nación
capaz de atacar a un país como Irak, pero eso no requiere un tremendo
poder militar. El corazón de una potencia, en mi opinión,
es la supremacía económica, y está claro que Estados
Unidos está en vías de perderla o ya la ha perdido. Hay que
olvidarse un poco de la economía virtual, de todo ese discurso un
tanto fetichista de las nuevas tecnologías, del dinamismo insuperable
de la economía norteamericana, que no es más que un efecto
de los flujos financieros. La gente también creía en el siglo
XVII que España era una potencia invencible, con todo el oro que
extraía del Nuevo Mundo y que le permitía mantener una armada
muy poderosa, pero su economía real, productiva, estaba quebrada.
–¿La
nueva economía es entonces una pura fantasía?
–Tengamos
en cuenta que al cabo de diez años de nueva economía el Airbus
europeo compite de igual a igual y está superando al Boeing norteamericano;
que la mayoría de los satélites que surcan el espacio son
los Ariane europeos; que en telefonía móvil y sus derivados
informáticos y electrónicos Estados Unidos está muy
retrasado con respecto a Europa y Japón; que también lo está
en robótica: Japón posee 300 mil robots industriales y Estados
Unidos 97 mil; que la industria automovilística marcha mucho mejor
en Europa y Japón; que el equipamiento para el hogar norteamericano
es muy inferior al francés o al alemán. Estados Unidos dispone
de muchísimo dinero, gracias al cual puede consumir muy por encima
de lo que produce, lo que implica el monumental déficit comercial
que padece. Tiene, eso sí, un indiscutible adelanto en el dominio
de las nuevas tecnologías y de internet; sin embargo, pienso que
han perdido diez años que debían haber empleado en reconstruir
su industria. Mi análisis puede parecer verdaderamente original
hoy, pero recuerdo que también hace veintisiete años, cuando
pronostiqué el derrumbe de la Unión Soviética, me
tildaban poco menos que de extravagante. Entonces estaba solo y mis teorías
parecían muy originales, pero en la actualidad mi análisis
acerca de Estados Unidos es falsamente original: mi trabajo se inscribe
en la tradición de los clanes económicos e industriales norteamericanos
de finales de los años ochenta, que estaban inquietos frente a la
competencia japonesa y europea y elaboraban estrategias para contenerla.
Pero todos esos planteamientos fueron borrados por el derrumbe de la Unión
Soviética y la globalización financiera.
Hoy
en día Japón inspira menos miedo a Estados Unidos que Europa,
que es sobre la que centra sus principales planes estratégicos.
No sólo porque la masa industrial europea es más importante
que la norteamericana. Yo diría que Estados Unidos ha hecho el papel
de cornudo en el desplome de la URSS. Porque, en efecto, la caída
del comunismo fue interpretada en un primer momento como un éxito
incontestable del capitalismo norteamericano en los planos estratégico
y militar, pero el hecho económico real fue la definición
de un espacio de expansión gigantesco al este de Europa para Europa,por
su obvia continuidad geográfica. El derrumbe de la Unión
Soviética va a beneficiar mucho más a Europa que a Estados
Unidos.
Es
preciso tomar en consideración todos estos factores reales cuando
se habla de la supremacía total de Estados Unidos que, sé
muy bien, es la idea dominante en el mundo de hoy.
–Más
aún tras la guerra de Irak.
–Sí,
pero ocurre que la guerra de Irak, en mi opinión, fue defensiva
para Estados Unidos, que ve en Europa su verdadero problema. Una Europa
dividida, diversa, pero es precisamente esa diversidad lo que hace, en
parte, su fuerza. Como modelo social e incluso desde el punto de vista
del dinamismo económico, me parece más interesante Europa
que Estados Unidos, porque está ensayando un modelo político-social
muy novedoso. Y la introducción del euro constituye un arma que
concreta en el plano financiero su potencia.
Por
otra parte, creo que geopolíticamente está mucho mejor ubicada
que Estados Unidos, en un continente, Eurasia, que aglutina la mayor población,
recursos naturales y potencia industrial del planeta. Está a las
puertas de Rusia y de África, a las puertas del mundo árabe
y próxima a su inmensa riqueza petrolera. La verdadera cuestión
de la guerra de Irak no fue Saddam Hussein, más allá de que
haya sido un dictador sangriento –los imperios coloniales estuvieron sembrados
de tiranos sangrientos. La auténtica cuestión estratégica
que se ha planteado es: ¿Cercano Oriente pertenece a la esfera de
influencia comercial y financiera de Europa? ¿Y militarmente a la
de Estados Unidos? La invasión de Irak fue un intento norteamericano
de frenar la penetración europea, y su estrategia fue defensiva.
Pero pienso que no llegará a controlar efectivamente a Irak y en
cambio está a punto de perder a Turquía, tradicionalmente
en su dominio militar, por la inminente integración de este país
en el ámbito de interacción financiera y comercial europeo.
–¿Se
puede hablar de un eje Estados Unidos-Israel como apuesta perdurable para
el control de Cercano Oriente?
–No lo sé.
Diría que hay paralelismos sorprendentes entre la situación
de Israel y la de Estados Unidos, una suerte de caída mimética,
porque ambas sociedades van muy mal. En la sociedad norteamericana crecen
las desigualdades, la ineficacia económica, hay una renuncia a lo
universal.
En la israelí se dan algunos rasgos similares. Creo percibir un
declive paralelo de ambos países, que pueden identificarse uno en
el otro. Ninguno de los dos piensa en términos de categorías
universales, como la igualdad de todos los hombres y la legalidad internacional:
ambos comulgan con la desigualdad. Luego hay algunos factores históricos
comunes, como el papel que cumple la Biblia. Obviamente, existen
intereses estratégicos compartidos. Por ejemplo, el ataque norteamericano
a Irak fue facilitado por Israel, que funciona como un portaaviones fijo
de Estados Unidos y neutralizó militarmente a Siria, Jordania, Egipto
y Arabia Saudita. Aunque no intervino directamente en la guerra, el ejército
israelí fue un factor de contención en este conflicto.
En
cambio, no estoy del todo de acuerdo con la teoría del papel esencial
que juega en esta alianza el lobby judío norteamericano, porque
lo sorprendente es que el aliado más firme de Israel es la derecha
estadunidense, que tradicionalmente contó con componentes antisemitas.
Pero
más allá de todo esto, no pienso que ambos aliados sean fiables
entre sí. Diría que son dos países que tienen, cada
uno, intereses absolutamente específicos. Washington procura, por
medio de lo que yo llamo su micromilitarismo teatral, asegurarse el control
político de las fuentes de recursos mundiales, porque tiene un grave
déficit de producción; además, mantiene así
la ilusión de que es una potencia necesaria para el orden mundial.
La lógica israelí es totalmente regional y contiene algunos
elementos como la implantación del "Gran Israel". Estoy convencido
de que en cuanto sus objetivos nacionales entren en conflicto, se traicionarán
uno a otro.
–Blair
y Aznar, a quienes en principio se había unido Berlusconi, aunque
luego fue desapareciendo poco a poco de la escena a medida que la invasión
a Irak se hacía realidad...
–Bueno,
Berlusconi tenía sus razones para desaparecer. Italia es miembro
fundador de la Comunidad Económica Europea, y en el fondo tiene
una conciencia más próxima a Francia y Alemania que a España
e Inglaterra, que son socios de la segunda oleada de la ue. Tampoco hay
que desechar la influencia tan próxima del Papa, que se opuso firmemente
a la guerra. Por último, existe una excelente relación entre
Berlusconi y Putin: Italia contribuye, a su manera, al acercamiento entre
Europa y Rusia.
–Volviendo
a lo que iba a ser mi pregunta: ¿La total subordinación de
Blair y Aznar a la política de Bush constituye un éxito rotundo
del gobierno de Washington en su intento de dividir a Europa?
–Eso
es lo que piensa todo el mundo, pero creo que se equivocan, porque para
analizar este hecho es preciso adoptar una perspectiva histórica
más amplia y mirar un poco al pasado.
–¿Cuál
era en el pasado la situación de Europa?
–Que se encontraba
en la imposibilidad de estructurar una verdadera unidad y una política
independiente, a causa de que Alemania obedecía ciegamente a Estados
Unidos. Esa era la desesperación de De Gaulle y de Francia, el sometimiento
total de Bonn a Washington, lo que impedía el diseño de políticas
comunes. El elemento fundamental de la actual situación, para mí,
es que Alemania ha roto su dependencia de Estados Unidos y éste
ha perdido su principal pilar estratégico en Europa. Una vez producido
este acontecimiento, la pareja franco-alemana se consolidó y Rusia
encontró su nuevo lugar. Esta es en verdad la Nueva Europa, y no
la Vieja Europa, como la calificó Donald Rumsfeld. De hecho, lo
que ha pasado con la guerra de Irak, creo, es que Inglaterra, España,
Italia en cierto modo, Polonia y algunos países del Este fueron
quienes encarnaron la Vieja Europa, en el sentido de su sumisión
total a Estados Unidos. Esta no es la otra Europa, sino una Europa que
comprende la nueva situación mucho más lentamente, para la
cual los acontecimientos se suceden demasiado rápido y no puede
leerlos correctamente.
No
digo que sea la situación perfecta. Evidentemente, Europa está
dividida. Pero las consecuencias prácticas de la división
que se produjo por la crisis de Irak son nulas. España e Italia,
por ejemplo, pertenecen a la zona euro, y en los hechos esto contribuye
a la seguridad económica de Francia y Alemania, al margen de su
alineamiento ocasional junto a Estados Unidos. Los ingleses, en cambio,
han intervenido militarmente en Irak en función de su alianza tradicional
con los norteamericanos, pero los españoles y los italianos nada
han hecho y siguen siendo socios positivos de Francia y Alemania. Pienso
que tanto España como Italia, y en cierta medida Polonia, están
retrasadas en su toma de conciencia del sentido profundo de estos últimos
acontecimientos.
Francia
y Alemania ya no son grandes potencias sino potencias medianas que juntas
son, diría, casi una gran potencia, y con el conjunto de la Unión
Europea lo son sin el casi. Pero ambos países, a diferencia de España
o Italia, conservan ciertos reflejos estratégicos propios de las
grandes potencias. Por eso creo que Berlín y París han comprendido
mucho más rápidamente que otros países europeos que
en Cercano Oriente Estados Unidos actuó directa y muy agresivamente
contra Europa.
España
fue sin duda una gran potencia, pero hace demasiado tiempo, nada menos
que cuatro o cinco siglos, e Italia nunca lo fue realmente. El caso de
Inglaterra es muy diferente: tampoco es hoy una gran potencia, pero también
conserva tales reflejos. Hay que distinguir la realidad de la pequeña
historia. Inglaterra sigue desplegando una estrategia, pero aquí
está el problema, tanto para los ingleses como para el resto de
los europeos. Porque su situación es verdaderamente muy difícil.
Yo sé que muchos dicen que Blair ha jugado bien su carta en el conflicto
de Irak, pero a mí me parece que su situación es espantosa.
Si revisamos la trayectoria diplomática reciente del Foreign Office
veremos que su inquietud fundamental ha sido, en primer lugar, que Estados
Unidos no se ha interesado jamás por las opiniones de los ingleses,
nunca se ha tomado en serio ninguna de sus propuestas.
–¿Cuál
es el proyecto de Blair para Europa?
–Blair quiere una
Europa fuerte, pero absolutamente fiel a Estados Unidos. Se trata de una
proposición asombrosa, que los norteamericanos no aceptan, porque
son realistas, al revés del primer ministro inglés. Ellos
saben muy bien que dos entidades comparables –y según el proyecto
de Blair Europa debe llegar a serlo con respecto a Estados Unidos– no pueden
estar unidas eternamente. El simple hecho del surgimiento de una potencia
europea constituye para los norteamericanos una amenaza.
La
posición de Londres ante Washington es de subordinación.
El desequilibrio entre ambos es enorme. En cambio, Inglaterra tiene un
lugar importante en Europa, porque aunque no pertenece a la zona euro es
indiscutiblemente europea. Pero también es anglosajona y se siente
muy cerca de los norteamericanos. En fin, es una situación muy complicada
que hay que observar con mucha comprensión y tolerancia. Yo la entiendo
porque soy un francés anglófilo, mi familia es de origen
inglés y estudié en Inglaterra.
Lo
curioso es que si el Foreign Office analiza la situación en que
está Inglaterra por su política de fidelidad absoluta a Estados
Unidos, puede comprobar que hoy el continente europeo es la realización
de su pesadilla histórica: todas las potencias están aliadas
en dirección contraria. En verdad, no hay mayor pesadilla para los
ingleses que la configuración de un eje París-Berlín-Moscú:
es como si se retrotrajeran a los tiempos de Napoleón. En cambio,
para los alemanes o los franceses las posiciones actuales no entrañan
ningún riesgo, porque los norteamericanos no los pueden penalizar
económicamente. Si se perturbasen los circuitos financieros y comerciales
transatlánticos, sería Estados Unidos el más perjudicado,
porque Europa es económicamente más potente y tiene medios
para acceder a otros mercados.
–Los
países del Este europeo parecen ser hoy los aliados más fieles
de Estados Unidos. ¿Cuál es su opinión al respecto?
–En
principio, habría que diversificar el concepto "países del
Este", porque no son un bloque uniforme. Se tiende a pensar que todos ellos
son ahora pronorteamericanos, y no es así. No es el caso, por ejemplo,
de los húngaros o los checos, pero sí de los polacos. Pienso
que esta última postura es absurda, porque tras la desintegración
del Pacto de Varsovia se adhieren a la otan, que es una organización
en vías de desaparición, en momentos en que Alemania y Francia
se aproximan a Rusia. Hay algo de loco en la actitud de ciertos países
del Este, porque parecen no haber comprendido que están hoy en una
situación de seguridad absoluta, ya que no se encuentran más
en una zona de conflicto. La "falla geopolítica", la zona de enfrentamiento
pasa hoy por el Atlántico. Europa central se ha convertido en una
región de paz debido a que los intereses de Europa occidental y
los de Rusia son convergentes.
Analizada
con detenimiento, la desunión de Europa es aparente. Es cierto que
los polacos han comprado algunos aviones a Estados Unidos, pero la realidad
económica es que todos sus intercambios comerciales los efectúan
con Europa y Rusia. Parecen no haber advertido todavía que Norteamérica
no puede ser un socio comercial efectivo y mucho menos derramar capitales
sobre su territorio. También con el ritmo de evolución política
de Polonia hay que ser muy pacientes y comprensivos. No es grave que surjan
ciertas diferencias entre los países europeos: todos están
imbricados en la construcción de la Unión Europea y es un
proceso que no se ha detenido. Creo que todo lo que resta de Estados Unidos
como gran potencia militar y diplomática se asienta fundamentalmente
en la desunión de los otros, en la existencia de conflictos residuales
entre otros países, y en este sentido todo proceso de pacificación
es un fracaso para su estrategia.
La
paz es un concepto moral; ciertamente toda guerra es horrible y es preciso
evitarla a toda costa, pero para los europeos la idea de paz, de resolución
de los conflictos por medio de la negociación ,es un arma formidable.
–Según
Robert Kagan, uno de los ideólogos de la política exterior
de Bush, esa posición pacifista y negociadora de Europa no es más
que la expresión de su debilidad...
–Siempre
he pensado que cuando uno es verdaderamente fuerte no lo proclama. Tras
la segunda guerra mundial, Estados Unidos era una potencia incomparable
por su supremacía en todos los órdenes, aun respecto de la
Unión Soviética. Sin embargo, en esa época no gritaba
que era superpotente: se mostraba amable y simpático. Yo llamo a
estos ideólogos del estilo de Kagan "militaristas de cátedra".
Son gente que confunde la potencia real con el poderío meramente
militar. Y en cuanto a éste, el de Estados Unidos es incontestable
en el plano aeronaval, pero deja mucho que desear en el combate terrestre.
Los
norteamericanos no tienen la menor idea de los enormes sufrimientos que
conlleva una verdadera guerra, de la inmensa capacidad de sacrificio que
requiere, mientras que rusos, alemanes o franceses lo han vivido en carne
propia. Estos ideólogos a lo Kagan tienen una visión de cómic
de la guerra, una visión de videojuego acerca de la potencia de
un país. En definitiva, la verdadera potencia es la industria. Los
europeos no son ingenuos, no han renunciado a la potencia; simplemente,
han aprendido la lección de los últimos dos siglos y no están
dispuestos a derrochar su poderío económico en guerras inútiles
y conflictos secundarios. Estados Unidos está en camino de repetir,
en pequeña escala y de una manera un tanto paródica, los
antiguos errores de los europeos. Esta situación neocolonial que
ha creado en Irak entraña riesgos enormes, con el consiguiente derroche
de vidas humanas, de dinero, de tiempo. Los mercados saben que Washington
no dispone de los medios financieros para mantener allí una ocupación
prolongada. Es muy posible que al final su política lo autodebilite
y termine favoreciendo a Europa.
–¿Se
puede hablar de una involución democrática en Estados Unidos
y del triunfo de su extrema derecha?
–Hay
que diferenciar, en primer lugar, el concepto europeo de extrema derecha,
asociado al fascismo, de lo que puede denominarse extrema derecha en Estados
Unidos. Diría que la norteamericana es una nueva forma de extrema
derecha de matriz neoliberal. En efecto, creo que se registra una regresión
en la sociedad estadunidense –al fin y al cabo, Bush no fue elegido democráticamente–,
con un alarmante crecimiento de las desigualdades. No podemos definir a
Estados Unidos simplemente como una democracia si tenemos en cuenta su
jerarquización oligárquica, su fervor militarista, su apología
de la violencia, en definitiva, que reenvía a una problemática
de tipo fascista. La invasión de Irak es reveladora de su situación
interna. El desorden interior de Estados Unidos se proyecta sobre el mundo.
Mucha
gente no quiere reflexionar sobre la posible descomposición del
sistema norteamericano, incluidos por supuesto los antinorteamericanos
tradicionales, porque resulta tremendamente angustiante imaginar a la primera
potencia mundial en un proceso de descomposición democrática.
Y paradójicamente, pienso que el antinorteamericanismo tradicional
es mucho más tranquilizante que mi manera de pensar, porque no hace
más que confirmar, de algún modo, la índole casi ontológica
del poderío de Estados Unidos. En cambio, yo no soy antinorteamericano
pero imagino lo peor.