Intervención
en la Cátedra
de Formación Política Ernesto Che Guevara
El Che
en la Revolución Cubana
y la
lucha actual por la hegemonía socialista
Abel
Prieto
Ministro de
Cultura de Cuba
Claudia
Korol: -Bienvenidas
y bienvenidos. Como ustedes saben, esta actividad con Abel Prieto está
convocada, principalmente, por la Cátedra de Formación Política
Ernesto Che Guevara. Pero también la convocan la Carrera de Educación
Popular y el Seminario de lectura metodológica de El Capital.
Esta convocatoria múltiple se produce porque estamos muy contentos
de que podamos compartir este momento junto con Abel y por eso nos pareció
interesante cruzar varios grupos de diversas carreras y seminarios para
aprovechar mejor la ocasión. Le damos la palabra a Néstor
para que lo presente.
Néstor Kohan: -Buenas
noches a todos y todas. Claudia tiene razón. Estamos realmente muy
contentos de compartir este momento con Abel. Antes de presentarlo, hacemos
una breve aclaración que consideramos necesaria. El amigo y compañero
Abel Prieto es ministro de cultura de la Revolución Cubana. Pero
nosotros no lo invitamos esta noche porque Abel sea ministro. No nos seducen
los cargos ni las jerarquías. Tampoco priorizamos la función
institucional. Invitamos a Abel a la Cátedra Che Guevara porque
compartimos, sinceramente, aquello que Abel representa: la política
cultural de la Revolución Cubana. De la misma manera que en otras
oportunidades hemos invitado al compañero y amigo Armando Hart Dávalos.
Porque compartimos esa política cultural, abierta, antidogmática,
que se asienta en una concepción de la revolución y el socialismo
entendidos como proyectos esencialmente humanistas. Así lo entendía
el Che. Y así también lo entendemos nosotros. Por eso compartimos
lo que Abel y otros compañeros representan.
Bueno, entonces
hay que presentarlo. ¿Quién es Abel Prieto? Abel es un intelectual
y un cuadro joven de la revolución, de una generación distinta
a la de Fidel. Además ha escrito varios libros.
Ha publicado,
por ejemplo, El humor de Misha. La crisis del "socialismo real" en el
chiste político (Buenos Aires, Colihue, 1997). En este ensayo,
que realmente vale la pena leer (no es muy caro) y por eso se lo recomendamos,
Abel Prieto se apoya en las categorías de Antonio Gramsci y en su
teoría de la hegemonía para indagar críticamente en
la cultura de las sociedades burocráticas del llamado "socialismo
real" a través del chiste y el humor político. Los chistes
que analiza, dicho sea de paso, son muy buenos. En esas páginas
se comparan las pomposas formulaciones ideológicas oficiales de
aquellos países del Este europeo con el chiste que circulaba por
la calle. Allí se adopta como modelo de la ideología oficial
al tristemente célebre Diccionario filosófico de M.Rosental-P.Iudin.
[Se trata del diccionario emblemático de la cultura filosófica
de la URSS, escrito por Mark Moisevich Rosental (1906-1975) y Pavel Fedorovich
Iudin (1899-1968). Su primera edición es de 1939. Tuvo muchísimas
reediciones que iban cambiando las definiciones de los conceptos y autores
para así acompañar y celebrar los vaivenes políticos
de la URSS. Abel también hace referencia en su libro a otros manuales
y documentos similares de la propaganda estatal].
En ese ensayo
se intenta reflexionar sobre la profunda crisis de hegemonía socialista
en la subjetividad popular y la completa falta de conciencia anticapitalista
en aquellos que denomina "simuladores, oportunistas y traidores". Los mismos
que monopolizaban la voz cantante del marxismo oficial soviético.
Abel también
ha publicado la novela El vuelo del gato (La Habana, Letras Cubanas,
1999) que obtuvo el Premio de la Crítica del Instituto del Libro.
En esta novela, que se mueve permanentemente entre la ficción y
el ensayo, reconstruye el mestizaje cubano, la combinación recurrente
de atrasos y adelantos, sus sincretismos e hibridaciones culturales.
Además
ha publicado los libros de cuentos Los bitongos y los guapos (1980);
No
me falles, Gallego (1983) y Noche de sábado ([1989).
Por este último obtuvo el Premio de la Crítica.
La idea de este
encuentro es que podamos escucharlo y luego intercambiar opiniones, preguntas
e intervenciones.
Abel Prieto:
-Muchas gracias a Claudia, a Néstor, por invitarme, y a todos por
haber acudido a este encuentro. Estos dos queridos amigos me han invitado
para que hable del Che en la cultura de la Revolución Cubana y también
de la lucha por la hegemonía socialista.
Empiezo diciendo
que es muy importante leer al Che, desde el punto de vista de la cultura.
De hecho ustedes lo han estado haciendo. Yo presenté en febrero,
en la Feria del Libro de La Habana, un interesantísimo aporte de
Néstor, publicado por la editorial argentina Nuestra América
(Ernesto Che Guevara: Otro mundo es posible. Bs.As., Nuestra América-La
Rosa Blindada, 2003) que es una lectura del Che como teórico del
socialismo. Por supuesto, es una lectura cultural del Che.
Hay un texto, que
seguramente ustedes conocen, que se llama “El socialismo y el hombre en
Cuba”, que se publicó en la revista Marcha de Montevideo,
en el año 1965, en forma de carta del Che a Carlos Quijano. Ese
trabajo del Che es un texto que en Cuba ha sido leído fervorosamente
por varias generaciones de intelectuales cubanos, porque es uno de los
textos fundadores de la política cultural a la que se refería
Néstor en su presentación. Es un texto que, desde la posición
de uno de los principales dirigentes de la Revolución Cubana, rechaza
definitivamente aquel engendro que se llamó realismo socialista,
que es el estilo oficial que se impuso en la Unión Soviética,
y se impuso también en otros países del llamado “socialismo
real”. Una imposición que le hizo un daño tremendo a los
creadores, pero sobre todo a la cultura y a esa hegemonía que hay
que construir sobre bases culturales muy bien asentadas. Al propio tiempo,
el Che habla de lo que hay que hacer con las nuevas generaciones de intelectuales,
y expone alguna duda sobre si las generaciones de intelectuales que provienen
de la época previa a la revolución, son genuinamente revolucionarias.
Es una discusión que introduce el Che en ese texto. Sin dudas es
un texto fundador de nuestra política cultural.
No obstante, cabe
aclarar que el Che se acercó a la cultura cubana por cuenta propia.
Entre las tareas que tuvo el Che en Cuba, no estuvo la cultura como campo
específico. El Che tuvo tareas vinculadas al desarrollo económico
y social de Cuba, el Banco Nacional y el Ministerio de Industrias, pero
la revolución no le dio esa tarea específica en el área
cultural. Realmente el Che vivió muy poco tiempo en la Cuba del
triunfo posterior a 1959, y estuvo siempre lleno de trabajo. No sé
hasta que punto pudo actualizarse respecto de la producción cultural
en Cuba de aquellos años. Sin embargo, nos dejó un texto
formidable como “El socialismo y el hombre en Cuba” que aborda muchos de
esos problemas con gran rigurosidad.
Por supuesto que
el Che también funda, como escritor, el género testimonio,
que recién se empezó a llamar así años después.
Pero ¿qué cosa es Pasajes de la Guerra Revolucionaria
si no un ejemplo extraordinario de la gran literatura testimonial? El género
testimonio, como género literario, se configura, se nombra, a través
del premio Casa de las Américas. Pero eso llega a finales de la
década del 60, años después de que apareciera Pasajes
de la Guerra Revolucionaria (1963). Roberto Fernández Retamar,
por ejemplo, siempre ha dicho que es ese escrito del Che constituye un
antecedente excepcional de ese género. Literatura de una belleza
en términos expresivos muy grande y, al mismo tiempo, literatura
para expresar la verdad del proceso desgarrador de nuestra América
y del mundo.
Después
vendrían libros como el de Víctor Casaus, Girón
en la Memoria. Aquel libro Me llamo Rigoberta Menchú,
y otros libros fundamentales del género testimonio.
En el año
2005 se cumplen 40 años de “El socialismo y el hombre en Cuba”.
El Centro de Estudios Che Guevara, que dirige la compañera Aleida
March, está organizando un evento internacional. Yo creo que sería
un momento importante para que reflexionemos sobre la significación
de ese texto y sobre la relación del Che con la cultura cubana,
que ha sido vivísima, esencial.
La crisis
de hegemonía en el “socialismo real”
Néstor y
Claudia me pedían que abordara el problema de la hegemonía
socialista. Y entonces les contaban a ustedes de este librito que se publicó
en Argentina en el año 1997 que tiene que ver con una lectura, desde
la óptica y los aportes de Antonio Gramsci, de lo que ocurrió
en aquel llamado “socialismo real”. Yo planteaba allí el problema
de la desinstitucionalización, a partir de un concepto utilizado
por Peter Berger, un sociólogo austríaco. [Se trata del autor
del ensayo —escrito en colaboración con Thomas Luckmann— La construcción
social de la realidad (1968). Buenos Aires, Amorrortu 2001. En su libro
Abel Prieto utiliza los análisis de Berger que aparecen en un volumen
colectivo titulado Análisis cultural. Buenos Aires, Paidos,
1988].
Pero eso visto
desde los chistes que me hacían a mí los traductores de los
países del Este. Porque yo fui muchas veces a la Unión Soviética.
También a Polonia. Los chistes polacos eran particularmente duros,
agresivos. Además fui a Checoslovaquia. Cuando visitamos aquellos
países, había un momento en que los traductores sacaban una
botella de vodka, un papel de strasa con un arenque, y se ponían
a hacer chistes que no tenían que ver con lo que había sucedido
en el día. De repente yo veía una especie de ruptura muy
rara. Todo el discurso oficial diurno había sido extremadamente
triunfalista, y de pronto, venía el momento de los chistes, y nos
asomábamos a otra realidad.
A mí que
se me olvida casi todo, sin embargo los chistes no se me olvidan. Es una
cosa peculiar. Esos chistes yo no los tenía ni siquiera anotados.
Entonces en el libro El humor de Misha intento realizar un análisis
de ese tipo de chistes. Los comparo con los chistes que en Cuba llamamos
"gusanos". Es muy interesante la comparación. Porque el chiste gusano
cubano, no tiene que ver con el chiste gusano soviético o con el
chiste gusano polaco. El chiste gusano de aquel “socialismo real” era esencialmente
anticomunista. Era orgánicamente anticomunista, estaba estructurado
sobre un pensamiento anticomunista. Sin embargo, el chiste gusano cubano
es otra cosa. El socialismo en Cuba, y la revolución en Cuba, y
el liderazgo de la Revolución Cubana, no ha permitido que surja
realmente un chiste anticomunista.
Les aclaro que
yo no vine a la Cátedra Che Guevara a hacer propaganda del libro
(risas), porque realmente no quedan ni diez ejemplares. Lo que voy a hacer
es donar cinco libros a la Biblioteca, ya que estamos acá, reunidos
en esta biblioteca (aplausos, principalmente de los bibliotecarios). Por
lo menos cinco ejemplares voy a dar aquí de los que me dieron.
Pienso que esa
manera de comenzar a pensar en los problemas de la hegemonía constituye
un acercamiento posible, a mi juicio, bastante divertido. Los chistes son
muy buenos. ¡Son mejores los chistes que el análisis mío,
mucho mejores!. (risas) La verdad, existe gente que lee el libro saltándose
el análisis teórico. Vale la pena leerlo así también,
porque los chistes son realmente buenísimos, y revelan cosas muy
profundas que estaban ocurriendo en la subjetividad, como dijo recién
Néstor, en la conciencia de la gente.
La educación
y las vanguardias: Cuba y el “socialismo real”
Resulta
muy interesante comparar la educación en Cuba y en aquellos países
del este europeo. Sinceramente, yo no podría considerarme un conocedor
sistemático de la educación o de los programas educativos
de aquellos países, que hicieron, sí, un énfasis en
lo educativo. Yo creo que en términos de educación, en cuanto
a información, en cuanto a dar o transmitir conocimientos, allí
se hizo un esfuerzo. Creo que los principales errores fueron de otro carácter.
Tuvieron que ver más con la problemática de lo cultural.
Aunque en esos países se hizo un esfuerzo en lo educativo, creo
que había allí un sello dogmático, una impronta que
la educación cubana no creo que haya tenido nunca. Sin duda, un
sello que tenía que ver con el dogma. Creo que había un drama,
sí, mucho tiene que ver con el drama, del realismo socialista. ¿Por
qué fue un drama? ¿Por qué yo llamo “engendro” al
realismo socialista?
Pienso
que en esas sociedades del “socialismo real” existía un drama que
tenía que ver con las vanguardias intelectuales y las vanguardias
artísticas. Hay que recordar que la Revolución de Octubre
de 1917 significó también una explosión en términos
de talento creativo. No podemos olvidar el cine soviético de aquellos
primeros años revolucionarios. Hay que recordar el cartel... la
gráfica... Sinceramente pienso que el papel que esas vanguardias
tienen en los procesos educativos revolucionarios son fundamentales. Esas
vanguardias fueron mutiladas por la tendencia a imponer un estilo oficial
que, dicho sea de paso, el Che rechazó en forma terminante, sobre
todo, porque es un estilo que viene del realismo decimonónico, propio
del siglo XIX.
Este
librito donde se analiza el problema de la hegemonía que mencionó
Néstor, hace referencia en su título a Misha porque allí
analizo la mascota oficial de las olimpíadas de Moscú. Misha
es un osito. ¿Ustedes vieron alguna vez a aquel osito? ¿Tuvieron
noticias de Misha? Quizás fue difícil aquí, en Argentina,
conocer aquello porque eran los tiempos de la dictadura militar.
Pues
bien, a ese osito los soviéticos lo reprodujeron en llaveros, en
globos, en afiches. Estaba en las cubiertas de los cuadernos escolares.
Era un osito con una pancita con los anillos olímpicos y una expresión
tierna. ¡Ese osito, realmente, los soviéticos lo sacaron de
Walt Disney! Es decir, en vez de acudir a las expresiones de la gráfica
de vanguardia, que nacieron con aquella revolución bolchevique en
su fase naciente, recurrieron a Walt Disney...
Ahí
hay un problema cultural muy profundo, que tiene que haberse reflejado
en la educación. ¿Lo moderno?..., ¡había que
buscarlo en Occidente!... en el capitalismo. La idea central que sobrevolaba,
que estaba moldeando la cultura y la ideología de aquellas sociedades,
era que la modernidad había que buscarla en los modelos que ofrecía
Occidente. Y uno de los problemas que ocurrieron ahí, relacionados
con la educación, y que tienen que ver con la cultura, fue que se
creó una especie de tabú, y de culto a lo prohibido con respecto
a algunos fetiches de Occidente y del capitalismo. ¡Por eso, en esos
países, la llegada de Mc Donald fue recibida como un gran acontecimiento!...
¡Llegaba la modernidad!... ¿Cómo? A través de
esa comida horrenda, que daña la salud, y todo eso que ya sabemos.
Y la llegada de las grandes películas occidentales..., las películas
de la gran industria cultural...
Yo
creo que una de las dimensiones que está en la base de nuestra educación
y nuestra política cultural, desde el principio de la Revolución
Cubana, fue aquella tesis sintetizada de la siguiente manera: “No le decimos
al pueblo: ¡cree!; le decimos: ¡lee!”. La idea central es que
no nos interesa formar fanáticos. Nos interesa formar gente culta,
preparada. Para que les vengan mensajes de donde vengan, y sin embargo
esa persona no sea manipulada. Es la tesis de Martí, que está
en la base de todo nuestro programa educativo. “Ser cultos como el único
modo de ser libres”. Ser cultos, como el único modo de no ser manipulados,
de que no te hipnoticen, de que tu opinión no sea absolutamente
moldeada por esquemas que te vienen desde el exterior, al servicio de intereses
hegemónicos.
Yo
me acuerdo de una traductora que me atendió a mí en la Unión
Soviética. Yo dirigía la editorial Arte y Literatura, una
editorial que publicaba literatura extranjera, y también literatura
socialista —si es que se puede hablar de una “literatura socialista”—.
Digamos, la literatura que provenía de esos países. Me acuerdo
de una traductora que en una oportunidad me dijo que su cineasta preferido
era Luis Buñuel (1900-1983). Yo le contesté: “También
es uno de mis preferidos”. Y entonces ella me preguntó: “¿Y
usted ha visto alguna película de Buñuel?”. Yo me había
visto todas las películas de Buñuel. Mi generación
vio todas las películas de Buñuel, y las generaciones posteriores
también. Aquella muchacha casi lloraba escuchando eso, porque ella
¡no había visto ninguna película de Buñuel!.
Era su cineasta preferido..., porque en los libros de cine, había
visto y había leído la ficha. Y ella estaba esperando...
¡hacía diez años!... un carnet de la cinemateca, que
le llegara el aviso, para poder ser miembro del club de los que podían
ver a Buñuel, que era sin dudas un intelectual de izquierda, cuyas
producciones no eran exhibidas en esos países argumentando que sus
películas expresaban "la decadencia occidental".
Había un
cine soviético... de exportación. El cine de Andréi
Tarkovsky (1932-1986), de Nikita Mijalkov (1945-), el gran cine soviético,
no lo podían ver en la Unión Soviética. Era un cine
para exportar... ¡Era una locura! Tú no puedes prohibirle
a la gente que vea las cosas.
Lo dice uno de
los chistes que se analizan en el libro. Resulta que una viejita está
pasando a máquina la novela Anna Karenina de Tolstoi. “¿Para
qué haces eso?”, le pregunta su esposo, también bastante
viejo. “Quiero dárselo a nuestra nieta”, explica la vieja, “así
piensa que es un SAMISDAT y se lo lee”.
Ustedes saben que
había en aquella época, en la antigua Unión Soviética,
lo que llamaban SAMISDAT. ¿Qué eran? Eran libros prohibidos,
que estaban mecanografiados, y que la gente los pasaba con mucho misterio
de una mano a la otra. Así circulaban. La viejita aquella estaba
mecanografiando nada menos que Anna Karenina... si ustedes se acuerdan
del cuerpo y el extenso volumen de ese libro, es una tarea verdaderamente
insólita para un mecanógrafo. Es decir, le quería
dar la obra clásica como si fuera un libro prohibido, para que la
nieta, atendiendo a que amaban lo prohibido, se leyera la novela. Es un
ejemplo de lo que pasa cuando tú prohibes las cosas...
Por
un lado, todo aquello de la Unión Soviética fue un proceso
trágico que uno no puede simplificar. Porque además el pueblo
soviético es un pueblo hermosísimo, un pueblo heroico, un
pueblo que hizo uno de los grandes regalos a la humanidad: un pueblo que
detuvo con su sangre al fascismo, a los nazis. ¡Nada menos que a
Hitler! Eso no puede caricaturizarse. Sin embargo, hubo errores en términos
de política cultural y educativa, muy graves, gravísimos.
Y también en otros campos que bien conocemos...
Yo
creo que en el caso de la Revolución Cubana, en nuestra educación,
nosotros tuvimos una presencia muy importante, que fue la obra de José
Martí (1853-1895). Para nosotros, Martí fue como dijo Fidel:
el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada [Asalto de Fidel Castro
y sus compañeros y compañeras al principal cuartel militar
de Santiago de Cuba, ocurrido el 26 de julio de 1953, bajo la dictadura
militar de Fulgencio Batista. Ese asalto da inicio a una nueva ofensiva
continental de la revolución latinoamericana. Cuando cae apresado
y es juzgado, Fidel Castro declara ante sus acusadores que el autor intelectual
de ese asalto militar era José Martí].
Nuestros
marxistas, nuestros leninistas, nuestros revolucionarios, tuvieron en Martí
una referencia esencial, que nos ayudó muchísimo para no
dogmatizarnos. Nos ayudó muchísimo para darle un componente
humanista, esa palabra que, como aquí se dijo y yo estoy de plenamente
acuerdo, es clave en la Revolución Cubana.
Martí
es una fuente realmente imprescindible, en términos pedagógicos,
en términos educativos, en términos culturales. Martí
ha nutrido las ideas de Fidel y de todo el pensamiento revolucionario en
el campo de la cultura. Martí ha sido siempre un componente imprescindible
para las ideas marxistas, revolucionarias.
Yo
creo que la idea de imponer un estilo “oficial”, como fue el realismo socialista,
es una idea verdaderamente muy grave en términos de política
cultural. A mi modo de entender, una política cultural no puede
meterse o inmiscuirse en los estilos. Al diseñar una política
cultural tú tienes que abrirle paso al talento. Apoyar el talento.
Incluso puedes llegar a utilizar el mercado del arte, pero como un instrumento...,
¡no dejando nunca que el mercado sea el que imponga la política!.
Una de las cosas
más perversas de los norteamericanos, es cómo utilizan el
mercado para liquidar todo lo auténtico, todo lo crítico,
de las manifestaciones artísticas. Veamos lo que ha pasado con el
rap,
por ejemplo. El rap, que nació en los barrios pobres, en
los barrios negros de Nueva York, y que es un gran canto de protesta, una
expresión crítica tremenda, ahora... ¿qué está
pasando con él? Se inició esa basura del rap light.
El mercado ha cogido (tomado) el rap, lo ha limpiado bien de todo
su sentido crítico y ha promovido un rap absolutamente inofensivo.
Por
eso yo pienso que el peor censor de Stalin es un niño de teta —como
decimos nosotros en Cuba— al lado del mercado... ¡Ése sí
es un censor implacable!. El mercado liquidó la canción de
protesta de los años 60, la mutiló, y ha tenido siempre ese
papel triturador.
Ahora
bien, no es que hacer realismo en la literatura o en el cine sea un engendro.
Lo que sí es un engendro es convertir eso en un estilo “oficial”,
y aniquilar otras expresiones importantísimas. Yo recuerdo el impacto
de los amigos soviéticos, cuando iban a las escuelas de pintura
en Cuba, al Instituto Superior de Arte. Me acuerdo incluso de un alto funcionario,
que fue al Instituto Superior de Arte, vio lo que hacían los artistas
plásticos, y dijo: “son como una especie de Chagall” [referencia
al pintor Marc Chagall (1887-1985)]. Pero lo dijo en el sentido peyorativo,
como si aludir a Chagall fuera aludir a Satanás. Porque ellos querían
que pintáramos... a obreros y campesinos avanzando hacia el porvenir.
Ese sentido didáctico que tenía el realismo socialista, también
dañaba mucho la creatividad de la gente. ¡El arte no puede
dar respuesta!. ¡El arte no puede tener moralejas!. ¡El arte
no puede sacar conclusiones!. Como si ahora, en este encuentro, dijéramos:
“bueno, al final, el compañero Néstor va a sacar las conclusiones”,
y entonces él dice lo que quedó bien en la reunión,
porque todas las preguntas tuvieron sus respuestas en las conclusiones.
No, el arte no es así. El arte es incertidumbre, es búsqueda,
es preguntas sin respuestas también.
Nosotros, en Cuba,
defendemos la idea de que un arte crítico ayuda a la revolución.
La idea de que un arte que nos inquiete, a veces nos angustie, nos coloque
frente a problemas sin solución, ayuda a la revolución. Nosotros
estamos convencidos de esto. Vamos a recordar el cine cubano. Se habla
mucho de Fresa y Chocolate (1993), que es una gran película,
que cumplió una función muy importante en Cuba. Nos ayudó
a reflexionar mucho, sobre el tema de la homosexualidad, y sobre otros
temas también... Nos ayudó a reflexionar sobre cómo
había personas, que podían estar “fuera de la norma”, y sin
embargo eran personas que enriquecían la revolución, la nutrían.
Ese mismo director de Fresa y Chocolate, Titón, Tomás
Gutiérrez Alea (1920-1996), en sus primeras obras fílmicas
sugería actitudes similares. Por ejemplo, no podemos olvidarnos
de Memorias del subdesarrollo [film de 1968, basado en la novela
homónima, de 1965, de Edmundo Desnoes, recientemente reeditada en
Cuba: La Habana, Letras cubanas, 2003]. Memorias del subdesarrollo
es una película llena de preguntas sin respuesta. Y La muerte
de un burócrata (1966) también es una película
repleta de preguntas. Tiene, por eso mismo, un profundo sentido crítico.
Habla de lo que decíamos hace un rato con Claudia, de cómo
la revolución ha sabido defenderse de su propia burocratización.
Cómo la revolución ha encontrado reservas antiburocráticas
para defenderse de procesos que pudieran congelarla, que pudieran estancarla.
Los desafíos
actuales de la juventud
Uno
de los retos que tenemos hoy, los que tenemos que ver con ofrecerle a nuestra
juventud espacios y participación, tiene que ver con la llamada
globalización cultural. Toda esta maquinaria de la llamada globalización,
que como sabemos está al servicio de los intereses de los poderosos,
implica un gran intento de desmontar los mecanismos intelectuales entre
los jóvenes. Convertir a la juventud en sinónimo de frivolidad.
Para ellos, para los poderosos, es muy importante la frivolidad, la tontería.
Por ejemplo, hay
una película famosa que se llamó Forrest Gump [1994,
dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por Tom Hanks], que se ganó
todos los Oscares... Miren, si pueden, ese film con un poquito de atención.
¿Cuál es la tesis de esa película? ¡El idiota
feliz e integrado! (risas). La idea de que es el imbécil quien puede
lograr realmente la felicidad, es decir, que es el tonto el que alcanza
la felicidad. Y el que es integrado sin discutir, se integra... ¡hasta
llega a ser veterano en Vietnam!... ese idiota. No tiene conflicto.
Yo creo que la
tesis de que la inteligencia estorba para la felicidad y para la integración
es muy interesada. Está dicha y reiterada en toda la industria cultural
yanqui. Es el mensaje de los reality shows. Yo no había visto
“el show de Cristina”. Lo vi en Caracas hace muy poco tiempo, adonde fuimos
a un encuentro de escritores cubanos y venezolanos. Se trata de una emisora
de esas que llaman escuálida, que le hacen la guerra a Chávez,
a la democracia y al pueblo venezolano, sin ningún pudor ni vergüenza.
¿Y qué me encuentro allí, en esa emisora? Una de sus
grandes ofertas culturales... es “el show de Cristina” (risas). Si la palabra
decadencia tuvo alguna vez algún sentido, creo que es para describir
“el show de Cristina”... (risas). A mí me deprimió ver eso.
Tamaña estupidez.
Yo
entiendo que Cristina... que es una cubana..., lo hace por dinero. Lo entiendo.
Entiendo además que la gente que va ahí a llevar sus falsos
problemas..., también lo hace por dinero. Entiendo, incluso, que
la gente que va al programa, e insultan a los tipos que allí se
muestran, lo hacen porque aunque sea de esta forma aparecen por televisión....
¡Es una cosa tremenda en el mundo de hoy salir por televisión!.
Todo eso puedo llegar a entenderlo.
Pero lo que realmente
me espantó, lo que de verdad te estremece, es que eso tenga millones
de televidentes en el mundo hispano... ¡Que haya millones de gentes,
millones de personas, que sintonicen eso es lo que te da pavor!. Es algo
insólito. Me cuesta comprenderlo, aunque tiene que ver con eso que
llamamos hegemonía, ¿no? Y en Cuba, incluso hay gente que
lo alquila por video. Esto nos llega, y esta tremenda frivolidad se nos
mete en el país, y hay sectores de la juventud nuestra que han caído
también en ese tipo de juego frívolo. Ese culto a la tontería,
ese culto a la frivolidad, ese acercarse a la realidad a través
de reality shows... Y el “experimento” de Cristina no es el único.
Cosas como la famosa “Operación Triunfo”, donde te fabrican unos
artistas..., es una fabricación de Frankestein light de altísima
productividad, para convertir en fetiches a nuestros jóvenes. Después
te venden una camiseta con la cara, con el fetiche. Es una gran industria,
donde la tontería se convierte en algo cotidiano. Y realmente, eres
como el idiota feliz integrado, sino te mueres de hambre.
El placer,
la lectura y la lucha por la hegemonía
Ahora
bien. ¿qué podemos hacer nosotros frente a esto? ¿Cómo
podemos enfrentar, por ejemplo, en la televisión estos problemas?
¿Podemos
decirle a la gente, a nuestra juventud?: “¡No veas el show de Cristina!”.
(Risas). “¡No veas el show de Cristina!... Esta noche va a estar
Néstor Kohan hablando de Gramsci...”. Yo estoy seguro que mucha
gente va a preferir el canal donde esté Néstor hablando de
Gramsci. El problema, y también el desafío que tenemos por
delante, es que nosotros tenemos que lograr que la idea del placer no esté
asociada a la idea de la idiotez.
Porque
una de las cosas más siniestras de esta historia, es que te asocien
la idea del placer, de la diversión, con la tontería, con
la frivolidad, con la superficialidad, con lo vacío. ¿Lo
otro? ¡Ah, no!, lo otro ya es trabajo... Creo que nosotros tenemos
que lograr que haya gente joven, cada vez más joven, que se acerque
a leer libros complejos. Porque leer a Martí requiere de una actitud
intelectual activa. Si tú eres lector de Corín Tellado, el
primer párrafo de Martí te va a costar mucho trabajo. Es
difícil que pases del primer párrafo. Y leer a Marx es una
lectura ardua. Y leer a Antonio Gramsci, y a todo el pensamiento revolucionario,
también.
Creo que tenemos
que lograr ofrecer opciones donde placer e inteligencia vayan juntas, y
eso lo lograba la vanguardia. Sí, la vanguardia. Eso lo logró
Chagall. La vanguardia logra efectivamente eso. Y nosotros tenemos que
lograr una juventud que se acerque a las expresiones del arte de vanguardia,
a las expresiones culturales y al pensamiento de vanguardia, y rechace
por decisión propia la frivolidad y la superficialidad. Pero eso
jamás lo vamos a poder lograr prohibiendo la frivolidad. Yo le decía
a los compañeros que valdría la pena poner algunos de esos
shows de Cristina en la televisión nuestra, cubana. Porque hay alguna
gente nuestra en Cuba, que alquila videos con el engendro ése, para
verlos. Y me imagino que eso tenga que ver también con la historia
de la viejita mecanografiando a Anna Karénina... De pronto
es lo prohibido. Y realmente valdría la pena que la gente conociera
qué es lo que se le está prohibiendo, para que por sí
mismo, después de ver “El show de Cristina” lo rechacen o se lo
prohíban.
La
juventud cubana es una juventud que, muchos de ellos, sólo saben
del Muro de Berlín y de todo eso por referencias. Yo diría
que la inmensa mayoría de ellos. Ya van quince años de la
caída del Muro y de aquel “socialismo real”. Quiere decir que se
han formado dentro de lo que nosotros hemos llamado “período especial
en condiciones de crisis”. Nosotros tuvimos que crear una doble moneda,
y admitir tiendas en dólares. Lamentablemente, nosotros tuvimos
que renunciar a una parte de nuestras utopías, para salvar al país.
Porque nuestro socialismo era un socialismo donde realmente no había
las desigualdades que hoy tenemos en Cuba. Nosotros habíamos erradicado
la prostitución, y renació la prostitución en los
años 90. Nos renacieron formas de corrupción, que realmente
nosotros pensábamos que estaban absolutamente erradicadas. Estamos
en una lucha no sólo en el campo de las ideas, sino de los valores.
Es una gran batalla ética. Eso es la lucha por la hegemonía.
Y
hoy entre nuestros jóvenes..., por ejemplo con el tema de la droga,
aunque asomó y ha tenido una determinada presencia, nosotros no
dejamos avanzar el fenómeno de la droga. Hemos discutido muy abiertamente
el tema. Los peligros de que en Cuba se instaure ese cáncer verdaderamente
terrible. Yo pienso que hoy lo que se está haciendo en Cuba con
los jóvenes, tiene que ver con el gran combate a la marginalidad.
Hoy todos estos nuevos planes que está ensayando Fidel, tienen que
ver con hacer retroceder la marginalidad. Por ejemplo, la escuela de trabajadores
sociales. Hemos eliminado el desempleo. Lo hemos reducido prácticamente
a cero. Hemos creado, como ha dicho Fidel, el empleo de estudiar. Hay decenas
de miles de jóvenes que no estaban haciendo prácticamente
nada, y están hoy estudiando y se les paga un salario para estudiar.
Preparándose para reinsertarse en la sociedad, para ser más
útiles estudiando.
Es
decir que nuestro socialismo en estos últimos años se ha
ido perfeccionando, y la marginalidad ha estado en el centro de nuestra
preocupación. Porque estaba creciendo la población penal.
Había muchos jóvenes presos por distintos delitos. Algunos
jóvenes habían llegado a delinquir. Hoy se está haciendo
un trabajo de re-educación en las mismas prisiones para eliminar
y combatir la marginalidad.
Cultura
y consumo en tiempos globalizados
Yo
creo que en Cuba hay una gran influencia de la globalización cultural.
Y una de las ideas absolutamente básicas de nuestro programa revolucionario,
es que no se puede formar a ese hombre y mujer nuevos que soñaba
el Che, en una urna de cristal. ¡Eso es impensable! Además
no es posible, es inimaginable en este mundo de hoy. Nosotros recibimos
dos millones de turistas al año. Recibimos cientos de miles de cubanos
que viven en Miami que van a visitar a sus familias. Está internet.
Están los videos que entran continuamente. Yo creo que sería
una locura que nosotros pensáramos en formar un ciudadano en una
probeta. Nosotros tenemos que preparar al cubano del futuro desde ya, para
que viva en un mundo absolutamente contaminado. Tenemos que vacunarlo contra
las enfermedades. No podemos pretender que viva en un estado ambiental
“puro”, porque ese estado ya no existe en ninguna parte.
Ahora
bien, ¿cómo des-idiotizarnos? ¿Vale la pregunta? En
primer lugar, yo creo que nadie de los que hoy está aquí,
vinculado a esta cátedra, a esta Universidad, está manipulado.
Y cada vez hay menos gente manipulada. Cada vez tiene menos fuerza esa
perversa maquinaria manipuladora.
¿Qué
estamos haciendo en Cuba frente a ese proyecto de idiotización global?
La respuesta es: ¡cultura y educación!. Hábitos culturales
tempranos. Ahora por ejemplo, estamos formando masivamente instructores
de artes. En septiembre se gradúan 3500 jóvenes como instructores
de música, de teatro, de artes plásticas, de danza. ¿A
dónde van esos instructores? A las escuelas. A formar con los niños
grupos de teatro, coros. Es muy importante que el niño adquiera
hábitos culturales tempranos, que adquiera hábitos de lectura
tempranos. Es muy difícil a una persona de cuarenta años
convertirlo en un lector adicto. Pero si eso empieza tempranamente, para
esa persona la lectura va a ser una compañía que lo acompañará
siempre. Va a ser un ejercicio de libertad, de crecimiento espiritual.
Para nosotros, uno de los mejores antídotos frente a la cultura
de la frivolidad y del consumismo, es la otra cultura. El arte, la literatura.
Hay
una idea que se repite constantemente dentro de toda esta maquinaria manipuladora:
tú eres feliz, mientras puedas comprar cosas. Puedes ser feliz,
en la medida en que puedas comprar objetos, mercancías, cosas. Tu
felicidad depende de tu capacidad adquisitiva. ¡Tienes que comprar!.
Y te creamos a veces necesidades artificiales, porque la idea es crear
un mundo consumidor, y los que no pueden consumir sencillamente son inviables
y tienen que morir tempranamente, masivamente..., no hay solución
para ellos.
¿Cómo
combatir la idea de que la felicidad se asocia al consumo? Nosotros estamos
trabajando durísimo para darle a nuestro pueblo niveles dignos de
consumo. Porque seamos sinceros: tampoco se trata de escuchar la Orquesta
Sinfónica pasando hambre... Tú sencillamente viendo fantasmas
del hambre que tienes, y escuchando una gran sinfonía... Ésa
no es la solución. Tenemos que alimentar a la gente, y hemos avanzado
en eso. Tenemos que lograr condiciones dignas de vida, para todos y todas.
El problema de la vivienda es uno de los problemas más graves que
tenemos en Cuba. ¡Muy graves!. Tenemos que encontrar soluciones para
los problemas de vivienda. Que se puedan reparar viviendas, hacer un plan
de construcción de viviendas. Nosotros tenemos que lograr que la
gente tenga condiciones de vida dignas. No de lujo. Pero condiciones de
vida dignas. Al mismo tiempo, hay que insistir una y otra vez con la idea
de que la calidad de vida tiene relación con hábitos culturales.
De que se enriquece tu vida con la cultura. Nosotros estamos convencidos
que un antídoto contra el consumismo, es la cultura. La idea de
una vida concebida con una dimensión espiritual particular, con
una particular riqueza espiritual.
Un
ejemplo es lo que estamos haciendo en el canal educativo. En Cuba se creó
un nuevo canal educativo. Va a haber dos canales educativos. Tenemos cuatro
canales de televisión en Cuba, cuatro canales estatales. Nosotros
no privatizamos la educación ni la cultura. No hay ninguna posibilidad
legal de privatizar la promoción de la cultura. Es algo demasiado
trascendente para jugar con eso. Tenemos cuatro canales estatales que no
hacen propaganda comercial de ninguna índole. Se creó el
canal educativo, ahora se está por inaugurar el segundo canal educativo.
Es
un ejemplo que yo quería poner. Hay una tradición en Cuba
de poner dos películas pésimas los sábados. Un espacio
que le llamamos “La película del sábado”, aunque son dos.
Son películas norteamericanas de carros, carreras, violencia. Ya
hay un acondicionamiento mental de la gente, para ver esa basura los sábados.
Si tú los sábados pones otra cosa, sea de Gramsci o de otra
cosa, fracasan. La gente tira los televisores por los balcones (risas).
Tienes que poner dos películas norteamericanas y malas los sábados.
No pueden ser norteamericanas y buenas. No. Tienen que ser norteamericanas
y malas. Eso ya está absolutamente comprobado. (risas).
¿Qué
se empezó a hacer? Cada vez que aparece una “gran película”,
como Titanic, nosotros la ponemos en TV, sin pagar un peso en derechos.
Le ponemos a la gente eso, para que la gente vea esa película que
está de moda, y la vea en nuestra televisión. Nosotros entendemos
que es una política correcta.
Ahora
bien, ¿qué empezamos a hacer en el canal educativo? Empezamos
a poner a las ocho y media una especie de debate. Empieza justo a las ocho
y media. Y alrededor de las nueve de la noche se pone una película
seria, de más calidad. Pero ¿qué pasa? Si tú
quieres ver la película seria, te pierdes más o menos la
mitad de la primera de las malas. Y de pronto..., ¡es interesantísimo!.
El programa se llama “El espectador crítico”. El título habla
por sí solo. Hay gente que escribe al ICRT, el Instituto de Televisión,
pidiendo que la película seria empiece más temprano, o la
mala más tarde, porque quieren ver la buena y las dos malas. Ya
ésa es una actitud interesante. Es un drogadicto, que ya empieza
a pedir una porción de antídoto. (risas). Sin embargo es
interesantísimo cómo ha ido subiendo el rating de la película
más seria. Ahí se invitan a críticos de cine, psicólogos,
escritores, tiene una parte de discusión previa a la película.
Y la gente de pronto está prefiriendo a la basura de la llamada
película del sábado —que parece que por el momento no hay
manera de transformar eso— está prefiriendo la otra película.
En
ese ejercicio, yo creo que hay algo bastante sutil en términos de
política cultural. ¡Es poner a la gente a escoger!. Y con
el otro canal, la gente va a tener más opciones para escoger. Yo
creo que la cantidad de gente joven que siguen las series del canal educativo,
los programas del canal educativo —que son de mucha calidad—, es creciente.
Y seguimos dando alguna basura “globalizada” por los otros dos canales.
Porque, insisto, nosotros pensamos que este proceso no se puede hacer prohibiendo.
Claro, hay películas que por el tipo de mensaje reaccionario, fascista,
racista, nosotros no podemos dar. Que la busquen en el video. Al “Show
de Cristina” tampoco pretendería darle una hora por semana, sino
que haría como un laboratorio. Hay cosas que no se pueden poner.
Que la gente las podrá ver por otra vía. Pero la mayoría
de las cosas, que tienen un gran impacto en el mundo de los grandes medios,
nosotros las ponemos en el cine y en la televisión. Entonces con
estos dos canales educativos cada vez van a ser mayores las opciones de
un crecimiento de la calidad de vida a través de una cultura auténtica.
Entonces:
¿cómo combatir la frivolización “globalizada”, la
despolitización, la idiotización inducida y el aplastamiento
cultural? Con más cultura y más educación.
Una
cosa muy importante: en nuestros planes de masividad cultural, la calidad
tiene un papel decisivo. ¿Quiénes son los profesores de un
programa que se llama “Universidad para todos”? Un programa que ha dado
por la televisión Historia y Apreciación del Ballet, Historia
y Apreciación de la danza, Historia del Cine, Apreciación
Cinematográfica. Son los mejores artistas. Alicia Alonso ha sido
profesora del programa del Ballet. Ramiro Guerra, que es el fundador de
la danza contemporánea en Cuba, es profesor de la serie de danza.
Los mejores talentos han estado presentes en este esfuerzo de masividad.
Porque nosotros no podemos hacer masividad en cultura, dando a la gente
un subproducto, una basura degradada. No puede ser promoviendo una cultura
mediocre. El viejo dilema entre masividad y calidad, nosotros lo tenemos
que resolver. Tiene que haber masividad, pero tiene que ser con calidad
y profundidad. Esos instructores, cuando vayan a las escuelas con los niños,
en los repertorios que lleven como instructores de música, tiene
que estar la música popular, pero de calidad. De todos los países.
A
nosotros nos interesa mucho también, no crear un receptor chauvinista
o localista de la cultura. Nosotros defendemos las tradiciones cubanas,
defendemos el folklore cubano. El folklore está protegido, está
investigado, está estudiado, está difundido. Nuestros artistas
y creadores tienen prioridad en la promoción. Pero a nosotros nos
interesa mucho que la gente conozca la literatura nicaragüense, que
conozca a Ernesto Cardenal (1925-), que conozca a José Coronel Urtecho,
que conozca a la poesía nicaragüense de Rubén Darío
(1867-1916) para acá, que es de las más grandes de Hispanoamérica,
que el pueblo cubano lea esa poesía, que le sea familiar. Pero que
lea también a Walt Whitman (1819-1892), a los grandes poetas y escritores
norteamericanos. En la última Feria del Libro salió una nueva
novela de la gran escritora norteamericana Alice Walker (1944-). A nosotros
nos interesa que nuestro pueblo conozca a la gran cultura argentina. Es
un país de una extraordinaria cultura también. El pueblo
cubano tiene realmente un conocimiento impresionante del cine argentino.
Pero queremos que conozca la plástica, la literatura. Se ha publicado
mucha literatura argentina. A nosotros nos interesa enormemente que la
referencia cultural del pueblo cubano, sea universal. Auténticamente
universal.
Uno
de los problemas que tiene la globalización, es que empobrece la
visión del mundo, y a veces lo más terrible es que consumimos
caricaturas de nosotros mismos que nos vienen de Hollywood. De pronto los
mexicanos tienen que acostumbrarse a pensar, que ellos son como los mexicanos
que aparecen en las películas de Hollywood... ¡Es una cosa
terrible!
Además,
cuando Hollywood se mete con alguno de los grandes mitos... ¿ustedes
vieron la película sobre Federico García Lorca?. Fue el actor
Andy García quien la protagonizó. Es una película
insólita. Es increíble. Lorca termina siendo una especie
de torero... Están todos los estereotipos, andalucismos, todo eso
mezclado con una trama semi policíaca. Y de pronto, con una víctima
del fascismo, y con un gran poeta como Lorca, terminan devolviéndote
una historia increíble. ¿Ustedes saben que pasó el
otro día? En uno de los libros más serios sobre Lorca, de
un investigador irlandés muy erudito en Lorca, de pronto en la tapa
de ese libro aparece un anuncio de la película. Para que se venda,
le ponen en la tapa que el autor tuvo que ver..., que asesoró de
alguna manera esa película horrenda, que traiciona toda la investigación
que él realizó. La industria cultural funciona de tal modo
que se termina legitimando el estereotipo, frente a lo verdadero, frente
a lo auténtico.
Por
eso pienso y vuelvo a repetir que cuanto más cultura y más
educación, mejor. Y cuanto más temprano mejor todavía.
Mientras más temprano lleguen al niño los libros y los productos
culturales, mejor. Mientras más le permitamos al niño y al
joven abrir el horizonte espiritual, mejor.
Nosotros tenemos
una ventaja. Uno de los problemas que ha habido en los últimos años
es la decadencia de la lectura. La gente cada día lee menos. El
precio de los libros es insólito. El libro está a punto de
convertirse en un artículo de lujo. Y el mundo digital, que nosotros
estamos utilizando con propósitos educativos, tiende mucho a la
síntesis. A tomar la mayor cantidad de conocimientos en el menor
tiempo posible. Todo extractado. ¿De qué se trata el Quijote?
Me imagino que un día te pondrán al Quijote cada vez más
chiquito. Nos van a decir que “Era un loco que luchaba contra los molinos,
con un gordito llamado Sancho Panza...”. Tú ya aprendiste de este
modo lo que tenías que saber de esa historia. Es muy peligroso.
Se pierde una dimensión muy profunda del patrimonio de esta humanidad.
Algo demasiado excepcional es lo que estamos perdiendo: ¡un tesoro!.
Hay gente que entonces nace y crece mutilada: Forrest Gump. Idiota
e integrado.
Toda manipulación
tiene un límite
A
mí me impresionó mucho cuando Fidel fue a Bolivia. A mí
me dijeron que en los textos escolares en Bolivia, la derrota de la guerrilla
del Che se estudiaba como “el triunfo sobre la invasión extranjera”.
De pronto se pretendía hablar allí de “la invasión
castro-comunista-guevarista”. Los niños bolivianos la estudiaban
como una invasión extranjera que había sido derrotada por
“el heroico ejército boliviano”. Es tremendo cuando Fidel viaja
allá, lo que el Che es hoy en Bolivia. Es una figura casi de veneración.
¿Qué
pretendo decir con esto? Que a los pueblos se les puede manipular, pero
no tanto. Pasan años y años, y se estudia esto de este modo,
y que el pueblo boliviano haya mantenido una relación profundamente
solidaria con el pueblo de Cuba, y con una figura como la del Che, significa
que sin dudas la manipulación es poderosa, pero no es todopoderosa.
Existe una intuición en la gente. Fijémonos en los resultados
de algunas de las votaciones de nuestras elecciones.
Una
de las preguntas que me hacen siempre, y a mí me asombra, es ¿cuándo
van a hacer elecciones ustedes, los cubanos? Nosotros hacemos elecciones
cada dos años y medio para delegados a las asambleas municipales,
y cada cinco años, para diputados a la asamblea nacional. Cada vez
que hay elección, nuestros enemigos lanzan por la radio —nosotros
tenemos 24 horas de radio contrarrevolucionaria, tenemos una TV contrarrevolucionaria,
que la interceptamos, pero la radio no se intercepta, entra— se lanza desde
el enemigo, la idea que la gente se abstenga, o vote en blanco, o anule
la boleta. Ésas son las propuestas. Así que nuestras modestas
elecciones para delegado municipal, se convierten en un referéndum.
En un sí o un no a la revolución. Por la coyuntura particular
que vivimos nosotros. Y yo les digo a ustedes: tenemos muchos municipios
donde hay más del 90% de votos a favor de la Revolución.
De los delegados propuestos en las mismas calles, en las mismas cuadras.
Porque nuestro partido no es electoral. Nuestro partido no se mete en funciones
electorales. Es la gente elegida en la propia cuadra. En muchos municipios
tienen más del 90% del voto a favor. Y hay más del 90% de
asistencia. Y donde peor está la cosa, está por encima del
80%... En municipios donde hay gente que puede tener otras ideas, gente
que puede estar confundida.
Las formas
de representación política en Cuba y el desafío de
Venezuela
¿Qué
capacidad de expresión tienen en Cuba aquellos sectores de la juventud
que hoy no se sienten totalmente representados por la revolución?
Teóricamente,
esos sectores podrían tener diputados en la Asamblea Nacional. ¿Por
qué? Porque si surgen candidatos en las cuadras, que ganan la elección
para integrar la asamblea municipal, podría haber un municipio del
país que tuviera en su composición una mayoría de
gente opuesta a la revolución. Y es esa asamblea municipal la que
aprueba a los candidatos a diputados. Podría haber municipios copados
por la contrarrevolución. Es perfectamente posible según
nuestra Constitución. La gente se expresa en las asambleas. Un joven
contrarrevolucionario puede decir cual es su programa para Cuba. Por ejemplo,
decir: “Yo pienso que tenemos que privatizar la escuela o el hospital,
o hacer tal otra cosa”.
Pongo
otro ejemplo para explicar el tipo de democracia que nosotros tenemos.
Yo, como ministro, estoy sometido permanentemente a un proceso de discusión
de mi gestión, no sólo con los artistas y escritores, con
la UNEAC [Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba], con
el sindicato de trabajadores de la cultura. Cada vez que hay un congreso
de pioneros, cada vez que hay un congreso de la Federación de Estudiantes
de la Enseñanza Media, o de la FEU [Federación de Estudiantes
Universitarios], todos los ministros son sometidos a discusión por
los delegados a esos congresos. Las políticas están sometidas
a debate. Ésas son formas peculiares de la democracia que nosotros
tenemos. Son diferentes.
Atendamos,
por ejemplo, a la idea de la revocación de los mandatos. Nosotros
tenemos establecido la revocación de los diputados, de los delegados.
Y eso es una práctica. Y tenemos la línea de rendir cuentas
a tus electores. Porque en algunos de estos esquemas “democráticos”
de los países capitalistas, tú votas por alguien, y después
ya no sabes cómo pedirle cuentas a esas personas... Ya ese tipo
hace y deshace, tiene una especie de cheque en blanco por el tiempo que
dure su período. ¡No!. En Cuba está establecido con
gran rigor, la rendición de cuentas a los electores. En ese sentido
pienso que hoy hay mucho espacio para que un joven con ideas políticas
diferentes al socialismo, se exprese. En la federación estudiantil,
en estas asambleas, por ejemplo.
Pienso
que cada pueblo de América Latina va a encontrar su camino. Una
de las cosas que en Cuba estamos convencidos, que lo que se nombre como
“la sociedad futura”, llámese “socialismo” o de otro modo como se
prefiera —nosotros le llamamos socialismo, directamente— la gente va a
llegar por muy distintos caminos. No va a haber un solo modelo para eso,
ni un solo camino para lograr esos objetivos.
Nosotros
tenemos la suerte de haber hecho una revolución muy radical. Por
ejemplo, lo que está haciendo Chávez, en Venezuela, es otra
cosa. Lo acusan de “estar construyendo otra Cuba”. Pero es otra cosa lo
que Chávez está haciendo. Chávez tiene a Miami metido
ahí adentro, en su propio país...
A
mí, Armando Hart me decía, para ilustrarme los problemas
del proceso bolivariano: “es como si nosotros, los cubanos, tuviéramos
a Miami, con todo su poder, metido en Quinta Avenida, en medio de La Habana.
Miami, con sus grandes cadenas de televisión, con su enorme poder
económico, con su poder mediático...”. Uno se pone a pensar
sobre esa metáfora, y te estremeces. Ahora bien, yo pienso que la
Venezuela bolivariana —estamos seguros de que va a triunfar— no va a tener
el mismo esquema de funcionamiento, el mismo esquema institucional que
el cubano. Pero va sin duda a ser una Venezuela mucho más justa.
Ya lo está siendo. Ya está siendo mucho más justa,
a pesar de que han tratado de desgastar el proceso, intentando que no avance
en su programa de transformación. Creo que cada pueblo latinoamericano
va a encontrar su alternativa, su camino. Y ojalá algún día
esos múltiples caminos confluyan en ese gran sueño de Bolívar,
de Martí, del Che Guevara.
El cine
de hoy y el proyecto latinoamericanista
Acabo de ver una
película que dirigió Walter Sales, el cineasta brasileño,
producida por Robert Redford. Se llama El diario en motocicleta.
Es el recorrido del Che y su amigo de juventud, Alberto Granados, por América
Latina. Es el Che pre-político, que va ganando una conciencia latinoamericanista.
Es una bellísima película, un extraordinario film. Robert
Redford la llevó a La Habana. La pusimos ahí. La discutimos
con él. La vieron Aleida, su viuda, y también los hijos del
Che. La vimos juntos. Creo que va a tener un impacto aquí en Argentina
extraordinario. Y fundamentalmente va a tener un impacto en la gente joven.
Porque es una película que retrata la aventura de dos muchachos.
Está llena de travesuras, de alegría, de risas, de juventud.
Y a medida que va integrándose el recorrido en la trama de América
Latina, de nuestra América, la película va adquiriendo una
densidad... Es una hermosísima película. Es un ejemplo de
gran cine político, sin ningún tipo de retórica. Creo
que está hecha desde un punto de vista muy latinoamericanista. La
hizo un norteamericano honesto.
¿Qué
sucede entonces con el cine actual? ¿Y las coproducciones entre
cubanos y otros países? Lo que tenemos es la crisis. El cine cubano
es la rama de la cultura más golpeada por la crisis. Es una industria
costosísima. Ese cine ha encontrado cierta fórmula de continuidad
en coproducciones, sobre todo con españoles. De ahí han salido
algunas buenas películas, y también algunas películas
peores, cultivando algunos estereotipos, que quizás puedan gustar
al público europeo. Nosotros tenemos grandes limitaciones para llevar
adelante la producción de cine. Sin embargo acabamos de hacer un
festival de cine pobre, de bajísimo costo, con cámaras digitales,
con muy poco equipamiento. Creo que en el tema de las coproducciones, lo
que jamás debemos hacer es concesiones de principios. No podemos
permitirnos hacer un subproducto, una basura. Pero esto lleva una negociación.
Es el guionista, el director cubano, el que lleva la voz cantante en ese
tema.
En
cuanto al cartel de cine, que fue una de las grandes muestras de la gráfica
cubana, hoy yo diría, lamentablemente, que no está en un
buen momento. El cartel cubano no está en buen momento. Nosotros
tuvimos una gráfica en los 60 de primerísima calidad. Algo
pasó... Los procesos culturales son complejos. Hay zigzagueos, hay
retrocesos. Algunas manifestaciones de pronto adquieren una fuerza tremenda.
Hay que ver hasta que punto hay errores institucionales de política.
Estados
Unidos y la emigración cubana
Un
tema que siempre aparece en las conversaciones y los debates con los amigos
de otros países es el tema de las visas para la emigración
de Cuba. ¿Es cierto que nadie se puede ir de Cuba? En primer lugar,
hay que recordar que nosotros firmamos un acuerdo migratorio con Estados
Unidos. Sí, nosotros lo firmamos. Toda nuestra batalla con los Estados
Unidos fue para buscar que la emigración fuera segura para la gente.
La cifra de no menos de 20.000 visas al año, la exigió Cuba,
no Estados Unidos. Nosotros la exigimos. Y durante el período en
que se creó la provocación, ellos, los norteamericanos, han
retenido las visas. Además, el “sorteo” que hacen con las visas
es un falso sorteo. Ningún marginal gana jamás el sorteo.
Hay gente de los que se va en balsa, arriesgándose, que lleva 20
años ahí esperando una visa para emigrar en forma segura
y legal..., porque nunca les toca el sorteo... ¡Es un extraordinario
sentido del azar!. (Risas). Siempre le toca a médicos, profesionales.
Cuando
ocurrieron los secuestros del avión y de la lancha, en seis meses
la Oficina de Intereses de Estados Unidos había dado 700 visas,
y tenía que haber dado no menos de 10.000. Son formas indirectas
pero muy concretas de promover la migración ilegal, de crear una
situación muy compleja. El enemigo no tiene el menor escrúpulo.
Es un enemigo de un enorme poder, sin ninguna moral.
¿Qué
es ser revolucionario hoy?
¿Qué
es ser revolucionario hoy? Hace poco me preguntaron ¿qué
es ser de izquierda?. Se parece. No es exactamente lo mismo, pero podríamos
conjugar las dos cuestiones ensayando una respuesta parecida. A mi modo
de entender, ser revolucionario hoy es oponerse, por todas las vías
que cada uno tenga a su alcance, a este orden de cosas. Un revolucionario,
una persona de izquierda, no puede convivir con este orden de cosas, sin
luchar por todos los métodos a su alcance, contra ese orden de cosas.
Y no estoy hablando de lucha armada. Estoy hablando de mover opinión,
estoy hablando de sembrar ideas, lo que Fidel tantas veces ha repetido.
¡Sembrar ideas, sembrar conciencias!. ¡Sembrar cultura!. Creo
que lo que ustedes hacen aquí, cotidianamente, en esta Cátedra
Che Guevara, es una forma de lucha revolucionaria ejemplar.
Ser
revolucionario hoy en día implica estar contra la manipulación
de la verdad, contra toda esa enorme maquinaria de manipulación.
No puedo creer que haya alguien de izquierda, alguien con sentido de transformación
de las cosas, que conviva con esa burda, grosera, manipulación de
la verdad. Yo creo que no es posible aceptar la democracia formal. Creo
que hay que aprender qué cosa es exactamente la democracia. Un revolucionario
tiene que abogar por formas de democracia en las que la participación
del ciudadano vaya más allá de la boleta en el agujero de
la urna, una vez cada tantos años... Eso no es democracia.
Creo
también que no es posible aceptar el genocidio en Palestina ni otros
genocidios del mundo de hoy. Están ocurriendo demasiadas cosas.
Hay que sentir en el propio rostro la bofetada injusta dada sobre otra
gente, sobre la gente humilde, sobre los pobres de la tierra. A mí
me parece que esa idea que dijo el Che, que cuando uno la recuerda se estremece,
que “el revolucionario debe estar guiado por sentimientos de amor muy profundos”,
es algo tremendo. Creo que el amor, en un mundo donde hay tanta crueldad,
donde la vida humana no vale nada, en este mundo terrible, amar a los pobres,
amar al prójimo, no en un sentido teórico, sino con solidaridad
profunda, activa, sistemática, sería una característica
de ser revolucionario.
Al
mismo tiempo, pienso y creo que el revolucionario no puede ser dogmático,
no puede ser fundamentalista. Tiene que escuchar. No podemos esquematizarnos,
acostumbrarnos a actuar bajos slogans o lemas. Los slogans o lemas pueden
servir para movilizar coyunturalmente, pero el revolucionario tiene que
estar siempre argumentando. Por ejemplo, a un joven que hoy no se siente
completamente representado por la Revolución Cubana, jamás
puedo ni debo llegar a tratar de aplastarlo, de imponerle una ideología,
un criterio. Hay que razonar. Hay que darle argumentos. Creo que hay que
creer en el ser humano. Tener fe que en el ser humano hay reservas morales
y reservas espirituales que valen la pena. Aquella idea de Martí:
“tengo fe en el mejoramiento humano”. Tenemos que pensar eso, a pesar de
que el ser humano, verdaderamente, está dando muestra día
a día de cosas monstruosas, como todos estos genocidios que se cometen
en nombre de “la libertad”. A pesar de eso, hay que tener fe en el ser
humano.
Un abrazo, y gracias
por estar hoy acá.
Buenos Aires,
20 de abril de 2004
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