La experiencia
de los
cuadernos de “Marcha”
Paula
G. Bruno
En
el libro “Marcha” de Montevideo y la formación de la conciencia
latinoamericana a través de sus cuadernos (Buenos Aires , Javier
Vergara Editor, 2001, 414 páginas), de Luisa Peirano Basso, convergen
rasgos de dos tendencias que se consolidaron en las últimas décadas
en el campo ampliado de las Humanidades del contexto latinoamericano. Por
un lado, el trabajo puede inscribirse en una corriente de estudios que
apunta a analizar la prensa periódica y las revistas de diversos
formatos, géneros y épocas (1). En un número significativo
de análisis vinculados con estos intereses se propone un abordaje
de los medios de difusión de ideas no sólo como fuentes de
información, sino también como objetos de estudio en sí
mismos, en tanto empresas culturales. El segundo movimiento en el que puede
enmarcarse el libro está conformado por estudios que apuntan a pensar
las relaciones entre los intelectuales, la cultura y la política
en los años sesenta y setenta (2).
En la intersección
de estas dos áreas de estudio, entonces, puede situarse esta obra,
que es una versión reelaborada de la tesis doctoral de la autora.
El libro se estructura en una introducción, doce capítulos
y un epílogo; a su vez, cuenta con un prólogo del académico
argentino Pedro Luis Barcia, un anexo conformado por la transcripción
de entrevistas realizadas a protagonistas de la época bajo análisis
y un apéndice documental.
El semanario Marcha
se publicó en Montevideo entre 1939 y 1974. Durante estos años
estuvo dirigido, casi ininterrumpidamente, por Carlos Quijano. Por las
páginas del semanario, que rezaba en su portada "Marcha. Toda la
semana en un día", desfilaron destacados intelectuales, entre ellos:
Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Juan Carlos Onetti, Emir Rodríguez
Monegal, Ángel Rama y Carlos Real de Azúa.
Desde 1967 hasta
1974, además del semanario, se publicaron los Cuadernos de Marcha.
Las temáticas allí tratadas estaban en estrecha relación
con las expuestas en la publicación de frecuencia semanal; sin embargo,
la extensión y el estilo de los escritos reunidos en los cuadernos
los convertía en aportes de cierto vuelo teórico y analítico
que el formato mismo del semanario excluía de sus páginas.
Un tercer elemento completa el proyecto de los mentores de Marcha,
se trata de la edición de numerosos libros en la Biblioteca de Marcha
(1969 y 1974), allí se publicaron obras de autores de diversas disciplinas
y nacionalidades agrupadas en varias colecciones: "Los nuestros", "Puño
y Letra" y "Testimonio", entre otras.
Debe aclarase que
si bien el título del libro presenta en primer lugar el nombre del
semanario y posteriormente el de la revista, la mayor parte del análisis
de basa en el segundo objeto de estudio; mientras que el primero sólo
opera como marco de referencia general sin ser sometido a un análisis
tan cuidadoso como los Cuadernos de Marcha. La autora analiza la
primera época de esta publicación que fue posteriormente
continuada en dos épocas más: en México, lugar de
exilio de Carlos Quijano entre 1977 y 1984, y luego en Montevideo desde
1985.
Los Cuadernos
de Marcha eran entregas de carácter monográfico destinadas
a aparecer con frecuencia mensual. Los intereses presentes en estas ediciones
son múltiples y los temas tratados van desde la filosofía,
la historia y la literatura hasta los problemas coyunturales de la política
y las relaciones internacionales. La galería de personalidades que
toma forma en los cuadernos está conformada por los ya mencionados
personajes y otros tantos como Carlos Fuentes, Julio Cortázar y
Héctor Borrat. Por otra parte, en un número significativo
de estos cuadernos se publicaron traducciones o transcripciones de referentes
intelectuales de matrices teóricas muy variadas. Así, por
ejemplo, el Cuaderno Nº 7, aparecido bajo el título "Che Guevara.
El teórico y el combatiente", presenta una selección de textos
del mismo Guevara y el Nº 13, "Marx y la evolución del marxismo",
está compuesto por traducciones de escritos de Marx, de Lenin y
de Marcuse.
Pese a la subdivisión
de la obra aquí comentada en doce capítulos, son principalmente
dos bloques temáticos los que conforman su trama. El primero de
estos bloques aborda las vinculaciones entre los avatares políticos
nacionales e internacionales del período bajo análisis y
las posturas asumidas en los Cuadernos a la hora de brindar un tratamiento
analítico a los sucesos coyunturales. En este punto, desde la perspectiva
de la autora, la clave para comprender los contenidos de los Cuadernos
se encuentra en la postura de su director, Carlos Quijano, que bregaba
por "la formación de la conciencia latinoamericana" asumiendo como
eje rector de su pensamiento el par de opuestos "anti-imperialismo-latinoamericanismo".
Así, el posicionamiento de Quijano condujo a la empresa editorial
a considerar como una necesidad el hecho de mantener una actitud antiimperialista
frente a los Estados Unidos, que permitiese posicionarse con cierta autonomía
de opinión en un escenario internacional signado por la tensión
reinante, aunque con distintas intensidades, durante los años de
guerra fría y de irreverencia estadounidense frente a las naciones
de Latinoamérica. Esto significó un quiebre importante en
la forma de imaginar la inserción uruguaya en el mundo por parte
de la intelectualidad, mientras que anteriormente los ojos a la hora de
buscar referencias estaban ubicados en Europa, ahora se pensaba en Latinoamérica
como una unidad de pertenencia.
Refiriéndose
a este punto, Peirano Basso destaca que en un escenario internacional regido
por tensiones e inestables equilibrios, un intelectual uruguayo, Quijano,
propuso un cúmulo de ideas y concretó varios proyectos culturales
intentando delinear un espacio de difusión de pensamientos independientes
de las influencias foráneas.
Peirano Basso interpreta
y asevera, sobre todo en el epílogo del libro, que todas las experiencias
montadas en torno al semanario Marcha fueron partes constituyentes
y coherentes de un proyecto cultural montado por Quijano (3). Esta apreciación
se desprende de una operación que se mantiene a lo largo del libro
que tiende a encapsular el objeto de estudio; esta elección metodológica
le impide a la autora insertar la empresa editorial bajo estudio en un
contexto más amplio que enriquecería y complejizaría
la lectura de los Cuadernos.
En este sentido,
y sin intenciones de quitar trascendencia a la especificidad del Uruguay,
consideramos que es menester incluir al grupo de redactores de Marcha
y sus desprendimientos editoriales en un movimiento intelectual que no
se limitaba al ámbito rioplatense. Este grupo de intelectuales,
surgido en el contexto de la segunda guerra mundial, propuso pensar Latinoamérica
con un arsenal teórico-conceptual que se ajustase a las realidades
de la región. La peculiaridad de este abordaje radicaba en emprender
una búsqueda que, sin renunciar al diálogo con referentes
teóricos europeos, se centrase en la interpretación de las
particularidades de los rasgos culturales de Hispanoamérica (4).
De este modo, algunos tópicos de reflexión acerca del rol
de las naciones latinoamericanas funcionaron como preocupaciones comunes
en las obras de destacadas personalidades de la intelectualidad latinoamericana
del período, como Leopoldo Zea, Arturo Ardao, Ángel y Carlos
Rama y José Luis Romero, entre otros. Distintas actividades emprendidas
por este grupo (como ediciones de revistas, convocatorias a encuentros
de debate y difusión de escritos de distintos géneros) apuntaba
a analizar en forma sistemática los problemáticas a las que
se enfrentaban las sociedades latinoamericanas y a generar espacios de
discusión y análisis para el tratamiento de las mismas.
Así, puede
sostenerse que los pensamientos y proyectos expuestos por Quijano en el
semanario y en los Cuadernos combinaban elementos que formaban parte de
un clima de ideas crítico de amplia difusión en el que un
marcado latinoamericanisno acompañado por posturas de carácter
antiimperialista y anticapitalista se convertían en puntos partida
para articular reflexiones de carácter político, social y
cultural. En el contexto de este clima, durante los sesentas y los setentas,
diversas matrices teóricas como el marxismo en sus múltiples
vertientes, las ideas de carácter nacionalista y la Teología
de la Liberación asumían rasgos particulares que cristalizaban
en proyectos políticos e intelectuales que excedían ampliamente
los límites del ámbito rioplatense.
En las páginas
de la obra de Peirano Basso aparece frecuentemente la intención
de deslindar los aspectos de carácter político del semanario
y sus cuadernos temáticos y pensar estas empresas editoriales sólo
como expresiones de corte cultural. Esta elección es evidente sobre
todo en el capítulo 2 -El caldo de cultivo: los años sesenta-;
en él la autora propone un recorrido por diversas manifestaciones
culturales como el cine, la literatura y el teatro en el Uruguay de aquellos
tiempos trazando lineamientos generales acerca del ambiente cultural en
que deben ubicarse las ideas reflejadas en los Cuadernos de Marcha,
desde la óptica de la autora. De este modo, las relaciones entre
los intelectuales que condujeron el proyecto y el poder político
en sus múltiples instancias y manifestaciones no actúan como
ejes temáticos que articulan las hipótesis centrales del
trabajo.
La autora alerta
en la introducción acerca de su elección de inscribir su
análisis en el campo de la comunicación y de evitar basar
su estudio en la reflexión de carácter sociológico
o político. Sin embargo, es posible preguntar si un objeto de estudio
como el elegido permite ser recortado de los marcos de referencia en los
que está inscrito. Esta intención de la autora provoca un
inestable equilibrio argumentativo que se manifiesta claramente en el capítulo
5: La política en Marcha. Allí aparece una descripción
de los cuadernos que trataron problemas de envergadura internacional (la
Revolución Cubana, la Guerra de Vietnam, el Mayo francés,
la Primavera de Praga, por mencionar los hitos más relevantes del
período) y no avanza sobre la interpretación de los aportes
reunidos en esas entregas monográficas (5).
El segundo bloque
temático al que aquí nos referiremos se vincula con la construcción,
por parte del grupo que pensaba y redactaba los Cuadernos, de un relato
histórico de carácter moralizante y pedagógico que
desde la revista intentaba difundirse, según afirma la autora, para
ser recepcionado por un público ampliado; estas ideas son expuestas
en el capítulo 6 del libro, El Uruguay y la región del Plata.
Este relato histórico
apuntaba a generar conciencia acerca de las particularidades de la historia
de los países latinoamericanos y, más específicamente,
de la región rioplatense. La autora remarca el eclecticismo reinante
en esta búsqueda de referentes para conformar el mito de origen
de la nacionalidad uruguaya. Quizás, esta tendencia se vincule con
un movimiento historiográfico renovador que postulaba una revisión
de los cánones gestados por la historiografía tradicional
uruguaya. Hasta la década de los cincuenta se mantuvo allí
en pie un modelo que a la hora de escribir relatos históricos se
refería casi exclusivamente a los sucesos y los personajes políticos
y a las características y avatares de los sucesivos órdenes
institucionales (6).
En las últimas
décadas las relaciones entre la construcción de las naciones
modernas y la escritura de historias nacionales que apuntalaron esas construcciones
asumieron peso propio como parte de una problemática tratada por
las historiografías europeas y las historiografías de América
Latina. Vincular el análisis de Peirano Basso con estas interpretaciones
proporcionaría un registro interpretativo fructífero acerca
de las intenciones de los redactores de los Cuadernos de Marcha
a la hora de elegir huellas para trazar un relato sobre los orígenes
de la nacionalidad uruguaya. Una vez más aflora en este eje la necesidad
de ligar un proyecto cultural con su contexto ampliado de producción
y difusión.
Por último,
cabe señalar que las comparaciones o confrontaciones con otras empresas
editoriales contemporáneas a los Cuadernos de Marcha podrían
haber proyectado cierta luz acerca de varios de los temas esbozados en
el libro. En el capítulo 12 -Montevideo, capital de revistas culturales-,
la autora realiza un análisis de carácter genealógico
que, partiendo desde fines del siglo XIX, pretende mostrar cierta propensión
existente en Montevideo a gestar empresas editoriales de carácter
cultural. Así, el rastreo de otras revistas funciona como una ojeada
retrospectiva que busca antecedentes en lugar de sincronías.
A la hora de cotejar
revistas contemporáneas a los Cuadernos la autora apuesta a relacionarlos
con la revista Crisis, publicada en la Argentina entre 1973 y 1976.
En esta publicación participaron destacados hombres de cultura,
como Ernesto Sabato, Jorge Romero Brest y Eduardo Galeano. Llama poderosamente
la atención que no se haya concretado una comparación con
una revista cuya trayectoria y características presenta puntos de
contacto con las de los Cuadernos; nos referimos a Pasado y Presente,
fundada en 1963 y dirigida por José Aricó en Córdoba,
Argentina. Los puntos de convergencia de ambas empresas son claros. También
Pasado y Presente contó con una colección de cuadernos,
los Cuadernos de Pasado y Presente, en los que se difundían,
principalmente, escritos y controversias surgidas en el seno del socialismo;
y, posteriormente, Aricó propulsó la creación de la
Biblioteca del Pensamiento Socialista (7).
El mérito
principal del libro es que aporta, basándose en un amplio caudal
de fuentes escritas, orales y gráficas, un panorama de tipo prosopográfico
sobre un grupo de intelectuales uruguayos y sus pretensiones. En el capítulo
9 -Inventario de colaboradores y redactores de Marcha- se encuentran
descritas las trayectorias intelectuales del grupo que llevó adelante
el proyecto de Marcha, grupo que en distintas ocasiones ha sido
denominado como "la generación de
Marcha". Uno de los protagonistas
de esta historia, Ángel Rama, propone caracterizar a este conjunto
de intelectuales uruguayos, cuyo objetivo fue configurar una conciencia
crítica ante las circunstancias nacionales e internacionales, como
los portavoces de una "conciencia crítica" sin precedentes en el
Uruguay (8).
Por otra parte,
a lo largo del trabajo se traza una cartografía amplia y minuciosa
de personajes, sucesos y ámbitos de sociabilidad intelectual del
período bajo análisis. Así, el libro puede ser considerado
como una obra de referencia para quienes realicen investigaciones acerca
del rol de la prensa y de las publicaciones periódicas y sus influencias
en el ámbito público, o bien asuman estas empresas como un
ámbito de construcción de identidades en el contexto latinoamericano.
Notas
(1) Un estudio
precursor en este sentido es Carter, Boyd: Historia de la literatura
hispanoamericana a través de sus revistas, México, Ediciones
de Andrea, 1988. Como muestras recientes de esta tendencia pueden consultarse
los aportes reunidos en Sosnowski, Saúl (editor): La cultura
de un siglo. América latina en sus revistas, Buenos Aires-Madrid,
Alianza, 1999 y en Girbal-Blacha, Noemí y Quattrochi-Woisson, Diana
(directoras): Cuando opinar es actuar. Revistas argentinas del siglo
XX, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1999.
(2) Este tendencia
está claramente delineada en el contexto de producción argentino.
Estudios pioneros en este sentido son Sigal, Silvia: Intelectuales y
poder en la década del sesenta, Buenos Aires, Puntosur, 1991
y Terán, Oscar: Nuestros años sesentas la formación
de la nueva izquierda intelectual argentina, 1956-1966, Buenos Aires,
Puntosur, 1991. Un análisis más reciente se encuentra en
Giunta, Andrea: Vanguardia, internacionalismo y política. Arte
argentino en los años sesenta, Buenos Aires, Paidós,
2001.
(3) Un interesante
estudio acerca de las relaciones establecidas entre un grupo de intelectuales
y una publicación contrario a la postura asumida por la autora,
aunque para otro contexto temporal y espacial, es Boschetti, Anna: Sartre
y 'Les temps modernes', Buenos Aires, Nueva Visión, 1990.
(4) Entre tantas
otras, dos obras que se consideran clásicas en la cristalización
de estas pretensiones son Romero, José Luis: Latinoamérica:
las ciudades y las ideas, Buenos Aires, Siglo XXI, 1976 y Zea, Leopoldo:
El positivismo y la circunstancia mexicana, México, Fondo
de Cultura Económica,1997.
(5) Un escrito
de uno de los integrantes más destacados del proyecto impulsado
por Marcha, Carlos Real de Azúa, presenta un análisis
clave para comprender la postura de los redactores del semanario ante los
avatares de las relaciones internacionales. Cfr. Real de Azúa, Carlos:
"Política internacional e ideologías en el Uruguay", en Id:
Escritos (Selección y prólogo a cargo de Tulio Halperin
Donghi), Montevideo, Arca, s/f.
(6) Consideraciones
en este sentido se encuentran en Zubillaga, Carlos: "Entre controversias
y consensos. la historiografía uruguaya durante la segunda posguerra:
1945-1956", en Pagano, Nora y Rodríguez, Martha (compiladoras):
La historiografía rioplatense en la posguerra, Buenos Aires,
La Colmena, 2001.
[7] Crespo, Horacio:
"Córdoba, Pasado y Presente y la obra de José Aricó",
en: Prismas. Anuario de historia intelectual, Nº 1, Universidad
Nacional de Quilmes, 2000. Portantiero, Juan Carlos: "José Aricó
:las desventuras el marxismo latinoamericano", Estudio preliminar de Aricó,
José: La hipótesis de Justo. Escritos sobre el socialismo
en América Latina, Buenos Aires, Sudamericana, 1999.
[8] Véase
Rama, Ángel: "La conciencia crítica", en AA.VV.: Enciclopedia
uruguaya, Nº 56, Montevideo, Editores Unidos y Editorial Arca,
1969.
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