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4 de noviembre de 2006

Idiomas y cultura en internet

Organismos dedicados a estudios de mercado como Global Reach y Funredes e instituciones no gubernamentales como Unión Latina, han tratado de depreciar en los últimos tiempos el peso del idioma inglés en la cultura y entre los idiomas que circulan en internet y acreditar que otros lenguajes como el chino y el español, así como ciertas lenguas orientales, le discuten espacio al idioma anglosajón.
Enrique González-Manet

Para los que no entienden lo que pasa, se trata de una campaña “desideologizante”, diversionista y desinformante, cuyos mecanismos deben ser desmontados en beneficio de las culturas de los países del Tercer Mundo y en contra de las estrategias de dominación política de Estados Unidos y las corporaciones transnacionales. Los centros de poder y los organismos privados de investigación tratan de minimizar al máximo la ascendencia exhorbitante del inglés y manipular las cifras elaboradas por instituciones internacionales como la ONU, UNESCO, Unión Internacional de Telecomunicaciones, el SELA y la CEPAL, entre otras.

Por qué ocurre esto, es algo que debe ser aclarado. Comencemos por decir que los organismos menos confiables son los dedicados a los estudios de mercado, por sus obvios intereses y afán de lucro, y porque siguen patrones políticos de derecha. Además, tratan de utilizar a organismos internacionales para acreditar y reforzar sus propias posiciones, como en el caso de Global Reach, la que afirma que el total del uso del inglés es de 280 millones de usuarios, cuando en realidad es de más de 800 millones, utilizándose en la mayor parte del mundo como lengua paralela o segundo lenguaje.

De entrada, con esta acción se borra la historia del colonialismo y la dominación extranjera en el mundo contemporáneo. El inglés, junto con el francés y el zwahili, sirven para atravesar toda el Africa, donde unos 18 países hablan el primer idioma. Otras zonas de influencia son el Oriente Medio y Asia, gracias a la invasión británica de territorios en Jordania, Palestina, Irán, Iraq, Afganistán, India, Sri Lanka, Hong Kong y Canadá. Sólo en India hablan inglés unos 300 millones de habitantes, forzados históricamente por las leyes de la conquista.

Interés por extender el uso del inglés

El interés por elevar el rango de importancia del inglés y de ampliar su alcance se debe, especialmente, a la necesidad de controlar los mercados con objetivos de lucro comercial. Internet habla inglés para los negocios, la publicidad y la ciencia; estas tres vertientes abonan el poder político de Estados Unidos y los países europeos, en particular, de Inglaterra.

Los organismos que realizan estudios de mercado expresan que el chino es el idioma que más se ha expandido en el mundo, porque en el 2004 eran ya 170 millones en internet. En realidad, el dato es inconsistente, porque entidades oficiales de ese país aseguran que 335 millones hablaban por internet en 2005, aunque la mayor parte eran chinos que hablaban inglés. El chino original se habla por teléfono móvil a escala local.

Mientras el japonés y el alemán aumentan algo en el uso digital no es suficiente, pues apenas cuentan con un cinco por ciento y menos para otros idiomas como el portugués y el rumano, cuando el inglés pasa del 80 por ciento. Es bueno recordar que hace más de veinte años los especialistas europeos en ciencias técnicas y sociales no escribían sus artículos en lenguajes propios, sino en inglés, pues de otro modo no aparecerían en la bibliografía científica norteamericana ni serían publicados en revistas como Science o Nature. Otro aspecto es que muchos de los contenidos de los materiales en otros idiomas proceden de temas originados en inglés.

A los analistas que tratan de confundir manipulando las cifras, podemos recomendarles el informe titulado “Midiendo la diversidad lingüística en internet”, elaborado por el Instituto de Estadísticas de la UNESCO en 2005, en el que se afirma que el 30 por ciento del total de los usuarios de internet son angloparlantes, con independencia de su lugar de origen.

El informe también habla que las tecnologías digitales acompañantes fueron diseñadas desde una óptica anglosajona y su software “habla” inglés, por lo que es fatal para el uso del hardware y los conocimientos aplicados no manejar el idioma. El mismo informe afirma que cientos de lenguajes locales serán marginados del contexto cultural en el esfuerzo de reducir la brecha tecnológica.

Problemas ocultos de la cultura

El impacto digital sobre la cultura es múltiple, pero muy poco conocido. No se trata sólo de la marginación de millones de personas a las nuevas técnicas y modelos de conocimiento por falta de acceso a medios sofisticados. Se trata del saber instantáneo y masivo a gran distancia, de la formación de alto nivel para el manejo de sistemas complejos, y de la circulación o no de información pertinente, no sólo de datos, sino también de literatura, historia, música, cantos, danza o acontecimientos sociales y humanos. La falta de cualquiera de estos elementos o componentes produce un vacío irreparable en el conjunto de la sociedad.

Las tecnologías no determinan ni hacen la historia, pero contribuyen a sus cambios y a una mayor evolución del hombre; también, afectan o mejoran la infraestructura de la globalización y hacen posible la comunicación entre muchos, desde cualquier parte, a bajo costo. También la telefonía móvil permite la comunicación instantánea y permanente. Esto podría acelerar la educación y el desarrollo si se combinara con la formación docente.

La información y la comunicación como fuente de conocimiento han sido a lo largo de la historia base del poder. Lo que esto tiene de nuevo es que este poder se organiza en redes y los que no participen en ellas quedan marginados para actuar y saber. La brecha, ciertamente, puede reducirse mediante la educación, la tecnología y la investigación, pero todos los países no tienen estas ventajas, las cuales requieren de la dirección estratégica del Estado y la colaboración activa de las empresas nacionales. China es hoy un ejemplo de esta política, en la que el reforzamiento de la cultura y la identidad juegan un importante papel.

Una prueba de la utilidad y eficacia de los medios es el fomento y conservación de la memoria cultural de los pueblos indígenas en muchos de los países de América Latina, en particular Brasil y la región andina, donde los quechuas, aymaras y otras etnias utilizan cámaras digitales para registrar y conservar su propia historia y tradiciones. Esta forma de rescate de la identidad es loable, pero no suficiente debido a su corto alcance y escasa repercusión sobre otras culturas y sociedades, mientras Walt Disney y Cinemax alcanzan 2 mil millones de televidentes en una noche, ejerciendo una influencia directa en término de valores y de circulación de las ideas.

Los que tienen y los que no tienen

Las consideraciones sobre el tema parecen tener sólo en cuenta las modernas tecnologías de comunicación e información y no sus problemas asociados en los países subdesarrollados. Si estos medios son cada vez más instrumentos de cultura y conocimiento sin los cuales ya no es posible el desarrollo, ¿qué va a pasar con los desheredados de la tierra, con los países con crisis políticas, sociales y económicas? ¿Cómo enfrentar las enormes inversiones que reclama la Sociedad de Información del mañana inmediato? ¿Cómo insertar la cultura de estos países en la del mundo? ¿Cómo ser escuchados y tomados en cuenta? Y, sobre todo, ¿cómo participar?

Cada día más, a corto plazo, desaparecen decenas de idiomas y dialectos en todas partes del mundo, algunos de ellos hablados por menos de diez personas. Con ello se pierde no sólo algo más que un sistema de comunicación elaborado durante siglos, sino también modos de producción, formas de vida, conocimientos prácticos y testimonios espirituales de antiguos grupos humanos dotados de gran experiencia y sabiduría.

Pareciera que estamos ante una pérdida irreparable por la falta de programas internacionales para contrarrestar esta decadencia en la era del DVD y el CD, de los servidores y las bases de datos, de la super integración y la convergencia tecnológica. Complica más las cosas el hecho de que los problemas no se resuelven con importación de tecnologías o con donativos de equipamiento de segunda mano. El fenómeno es una compleja forma de cultura asociada a la educación, la economía y los procesos de cambio histórico.

Esta situación representa un drama universal más difícil que el hambre o la sequía, porque implica la desaparición eventual de numerosas culturas en numerosas regiones, de las cuales quedarán “hoyos negros” en la historia de las civilizaciones, como en el caso de los mayas, incas y quechuas. Es hora de hacer análisis críticos sobre estos fenómenos y de organizarnos para poner en práctica acciones que devuelvan la esperanza y la protección del habla a los países pobres.


Fuente: Cubarte.
Publicado en Aldea Global

 
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