Ecología y socialismo
Cuando el tema es ecología y socialismo, lo primero a
considerar es hasta qué punto la razón capitalista está llevando a nuestro
pequeño planeta -y los seres vivos que lo habitan- a una situación catastrófica
desde el punto de vista del medio ambiente, de las condiciones de supervivencia
de la vida humana y de la vida en general.
Michael Löwy
Se aproxima un desastre de
proporciones todavía incalculables y las señales de eso son ya visibles.
Hoy se están produciendo tempestades tropicales que ya asolaron regiones
de los Estados Unidos. Especialistas en el tema plantean la posibilidad de que
esos desastres llamados naturales tengan relación con el recalentamiento del
planeta y de las aguas oceánicas.
Los dramáticos resultados del
desequilibrio ecológico provocado por la lógica destructiva de la acumulación
capitalista son evidentes ahora, y los sufriremos todavía más dentro de dos,
diez, cincuenta años. No es una cuestión para dentro de un siglo, ni siquiera a
treinta años, es para ahora; por lo tanto requiere una urgente respuesta
política, ética y humana.
¿Cómo está enfrentando esos problemas la
oligarquía dominante?
Su respuesta es lamentable. Los sectores
ecológicamente más avanzados del capital internacional –la burguesía europea y
otros, como los japoneses– llegaron a un acuerdo para encarar el problema que
consideraban de mayor urgencia, que es el del efecto invernadero: el llamado
Protocolo de Kyoto.
De aquí a unos años, ese efecto invernadero va a
provocar el derretimiento de las zonas glaciales, con lo que se va a elevar el
nivel del mar, llevando a hundirse bajo el mar a varias ciudades costeras.
Este es un escenario bastante probable, y puede estar comenzando ahora
mismo, con el ejemplo más conocido de la tragedia de Nueva Orleáns.
La
respuesta de los capitalistas más conscientes, más abiertos a la cuestión
ecológica, se resume en el Protocolo de Kyoto, que es absolutamente
insuficiente. El Protocolo de Kyoto busca, eventualmente, estabilizar el efecto
invernadero para dentro de 10 ó 15 años, con base en un mecanismo absurdo
llamado “mercado de los derechos de contaminar”. Los países más ricos siguen
contaminando el mundo, pero basados en la posibilidad de comprar de los países
más pobres el derecho de contaminar lo que ellos no utilizan. Transforman el
derecho de polución en mercadería. De este modo, las naciones continúan
contaminando: tanto cuanto puedan o estén dispuestos a pagar. Eso es lo más
avanzado que la elite dominante consiguió producir. Ese acuerdo mínimo, vacío,
fallido, es perfectamente incapaz de responder al problema: los Estados Unidos,
que son el país más contaminador del mundo, se niegan a firmarlo y, mientras
tanto, siguen desarrollando su economía con la lógica de la destrucción y de la
contaminación.
El Ecosocialismo
Necesitamos pensar en
soluciones radicales para ese problema. La solución de Kyoto es absolutamente
insuficiente y rechazada por los Estados Unidos. Si vamos a pensar en términos
de soluciones radicales, necesitamos pensar en la cuestión del socialismo. Por
eso existe un movimiento, una idea, un programa, que es el ecosocialismo.
El ecosocialismo parte de algunas ideas fundamentales de Marx sobre la
lógica del capital y de algunos de los descubrimientos, avances y conquistas
científicas del movimiento ecológico y de la ciencia ecológica. Marx no había
planteado todavía la cuestión de la ecología en su análisis porque, en su época,
la cuestión era muy poco evidente. Pero él afirma, en El Capital, que el sistema
capitalista agota las fuerzas del trabajador y las fuerzas de la Tierra. Traza
un paralelo entre el agotamiento del trabajador y el agotamiento del planeta.
Por lo tanto, el desarrollo del capitalismo acaba con la naturaleza.
Las
actuales fuentes de energía del capitalismo son nocivas y peligrosas; lo que es
peligroso para el medio ambiente, también lo es para la humanidad: ya sean las
energías fósiles, en particular el petróleo que se va a acabar dentro de a
algunas décadas -y se sabe matemáticamente que se va a acabar-, ya sea la
energía atómica, que es una falsa alternativa, pues la basura nuclear es un
problema gigantesco, muy peligroso, y que nadie consigue resolver. Entonces, la
transformación revolucionaria de las fuerzas productivas pasa por la cuestión de
las nuevas fuentes de energía, por las llamadas fuentes de energía renovables.
En lugar del petróleo contaminador y de la energía nuclear devastadora, se
necesita buscar energías renovables, como la energía solar. Pero ella no les
interesa a los capitalistas.
Porque es gratuita, es difícil de vender,
no es mercancía.
El capitalismo no se interesa por la energía solar, no
invierte en su desarrollo.
Obviamente, desde el punto de vista
socialista, es absolutamente prioritaria la investigación científica y el
desarrollo tecnológico de la energía solar. No es la única pero, con seguridad,
tendrá un papel central en el proceso de transformación radical del proyecto
ecosocialista.
Por eso, algunos viejos socialistas relacionan
directamente nuestra utopía revolucionaria, el socialismo, el comunismo, con el
Sol, con la energía solar. Esa expresión de “comunismo solar” ya aparece en
algunos trabajos de ecosocialistas. Habría una especie de profunda afinidad
entre la energía solar y el proyecto comunista.
Los balances negativos
Otro tema que debe ser examinado es el balance negativo de lo que fue, a
partir de la visión ecológica, la experiencia del llamado “socialismo real” de
la Unión Soviética y otros estados burocráticos. Desde el punto de vista de
transformación del aparato productivo, que avanzó muy poco, los resultados
fueron enormes catástrofes ecológicas. Esa experiencia es un camino que nosotros
no debemos seguir.
Otro balance negativo es el del reformismo verde. Los
partidos verdes que se formaron en los años sesenta y setenta, al principio con
cierta perspectiva radical, terminaron casi todos, entrando en gobiernos de
centroizquierda y convirtiéndose al social-liberalismo.
Las soluciones
que se requieren no pasan por una reforma ecológica aquí o allá; eso no resuelve
ninguno de los problemas. El balance de ese ecoreformismo verde es, por tanto,
bastante decepcionante.
Necesitamos enarbolar esa utopía revolucionaria,
esa posibilidad que es el ecosocialismo, que es el comunismo solar. La
probabilidad de una transformación radical de la sociedad implica la
expropiación del Capital. Pero quedarse sólo en la expropiación de los
capitalistas no enfrentará la cuestión del medio ambiente.
La
perspectiva ecológica comprendida, en su radicalidad, como la propia perspectiva
socialista, implica la superación del capitalismo, la posibilidad de una
sociedad más humana, justa, igualitaria, democrática y capaz de establecer una
relación armoniosa de los seres humanos entre sí y con el medio ambiente, con la
naturaleza.
No basta con plantear ese objetivo, esa utopía revolucionaria.
Hay que comenzar a construir ese futuro desde ahora. Es necesario participar en
todas las luchas, inclusive de las más modestas; como, por ejemplo, la de una
comunidad que se defiende contra una empresa contaminadora; o la defensa de una
parte de la naturaleza que esté amenazada por un proyecto comercial destructivo.
Es importante ir construyendo la relación entre las luchas sociales y
las ambientales, pues ellas tienden a concordar, unidas alrededor de objetivos
comunes. Por ejemplo, las comunidades indígenas o campesinas que enfrentan a las
multinacionales libran un combate antiimperialista, pero también social y
ecológico. La lucha por los transportes colectivos modernos y gratuitos es un
combate para avanzar en la solución del problema de la contaminación del aire.
Conquistar una red de transportes públicos gratuitos significa que la
circulación de automóviles va a disminuir, que la polución será menor, que el
aire se tornará más respirable.
Necesitamos percibir cómo, en la
práctica, con esa perspectiva radical, las batallas diarias se van combinando,
convergiendo, articulando.
Hoy el ecosocialismo es no sólo el trabajo de
pensadores o revistas especializadas, está presente en los movimientos sociales;
aunque algunos de ellos no se llamen ecologistas o socialistas, está presente en
el espíritu, en la radicalidad, en la dinámica de los movimientos sociales, en
particular en naciones del Tercer Mundo como la India, los países africanos y
los latinoamericanos.
Pero algunos ideólogos de la ecología plantean
falsos problemas. Por ejemplo, que la degradación del medio ambiente es culpa de
nuestro consumismo, que cada uno de nosotros consume demasiado, que es necesario
reducir el consumo para proteger al medio ambiente. Eso responsabiliza a los
individuos y redime al sistema. Es verdad que el consumo de los individuos es un
problema, pero el consumo del sistema capitalista, del militarismo capitalista,
de la lógica de acumulación del capital es mucho mayor. Entonces, en lugar de
pregonar la auto-limitación individual, es necesario llamar a la organización
para luchar contra el sistema capitalista; esa debe ser nuestra respuesta.
Otra visión equivocada es aquella que declara que la culpa es del ser
humano, que mediante el antropocentrismo y el humanismo, se puso en el centro y
despreció a los otros seres vivos. Creo que esta concepción causa falsos
problemas. Porque es de interés de la humanidad, de la supervivencia de los
seres humanos, de los hombres y de las mujeres, preservar el medio del cual
dependen inevitablemente. No se trata de contraponer la supervivencia humana a
las de las otras especies, se trata de entender que ellas son inseparables y que
nuestra supervivencia como seres humanos, depende de que se salvaguarde el
equilibrio ecológico y la diversidad de las especies; por tanto, desde el
ecosocialismo estaríamos hablando de un humanismo biocentrista.
*Traducción: Andrés Lund Medina. Fundación Andréu Nin, Edición digital, enero 2007.