Con Eduardo Bonomi, Ministro de Trabajo
y Seguridad Social de Uruguay que visitó Suecia
Hipotecar
soberanía o abrir la economía
Eduardo Bonomi
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Primeras escaramuzas
entre PIT-CNT y el gobierno del
Presidente Tabaré Vázquez
Albérico
Lecchini
"Hay un tema de oportunidades
políticas y hay un tema de contenidos que para nosotros hipotecan
la soberanía del país y fundamentalmente, creemos que es
poner un pie fuera del Mercosur”
Juan Castillo, srio.
general de PIT-CNT
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La estrategia
del nuevo gobierno uruguayo de centroizquierda no convence a la principal
organización sindical uruguaya, y existen ya varios puntos donde
el desencuentro comienza a ser más que una diferencia de matices.
Una movilización y un paro parcial podrían tener lugar en
los próximos días, lo cual todavía está por
decidirse ya que también hay diferencias en el seno de
PIT-CNT. En tanto Eduardo Bonomi, Ministro de Trabajo y Seguridad Social
de Uruguay que visitó Suecia recientemente, defiende la política
del gobierno, y piensa que la movilización no es contra la política
establecida.
Con el abundante pelo gris cayendo
rebelde sobre la frente, y recostado contra la pared del café Röda
Rummet, muy cerca del edificio de la LO, central obrera sueca de donde
acaba de salir, el ministro Bonomi conversa afablemente sobre los primeros
meses del gobierno de la amplia coalición política Frente
Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría. Él es un ejemplo
de la vuelta de tuerca de la actual historia de Uruguay, ya que pasó
trece años en la cárcel durante la dictadura, y con su organización
política, el MPP, lograron sumar la mayoría dentro del FA-EP-NM,
y finalmente ocupar algunos de los cargos ministeriales más importantes.
Lo que parecía podía
haber sido una larga tregua por parte de la organización sindical
más importante del país, y a pesar de las medidas anunciadas
y que ya comienzan a ponerse en práctica, como los Consejos de Salarios,
fijación del salario mínimo y una texto de ley que garantiza
las libertades sindicales; además de la regulación de un
convenio para los trabajadores rurales lograda por primera vez en la historia
del país, en la central obrera hay ruido de cacerolas ante el anuncio
de otro ministro, el de economía Danilo Astori, de que el tratado
de inversiones con EEUU sigue su marcha como estaba previsto. “Un país
como Uruguay no puede sobrevivir sino abre su economía” dijo el
ministro Astori, señalando que el presidente Tabaré Vázquez
estaba de acuerdo con esa estrategia. Sus palabras levantaron ampollas
no sólo en la organziación sindical, sino también
en otros grupos de la izquierda, que comienzan a ver que entre la retórica
y la realidad siempre hay más distancia que la deseada.
Pero hay otras cosas que le sacan
ronchas a la central obrera, por ejemplo la decisión de que el servicio
de agua potable, privatizado parcialmente por el anterior gobierno, y anulado
por una reforma constitucional, seguirá vigente hasta que se venzan
los contratos con las empresas privadas que los administran (menos el de
Urugua por incumplimiento); y por la reivindicación de que el salario
mínimo mensual sea de 3.000 pesos (unos 120 dólares
mensuales) en lugar de los 2.500 que propuso el gobierno.
El ministro Bonomi es de todas formas
optimista con respecto al proceso iniciado en el país, incluso piensa
que se superarán a mediano plazo. Además considera que es
lógico que haya diferencias, de lo contrario no se necesitaría
de ninguna negociación, que es la esencia misma de la pluralidad
y el camino para llegar a los acuerdos, donde cada parte obtiene y al mismo
tiempo renuncia, a alguna de sus exigencias.
Otro índice de que las cosas
están bien encaminadas es el nivel de apoyo actual al gobierno,
que llega a un 70 por ciento, según Bonomi, y los resultados de
las elecciones municipales, donde se ganaron en ocho de los diecinueve
departamentos, enfatiza el ministro de Trabajo y Seguridad Social. En ellas
se concentra el 75 por ciento de la población y alrededor del 80
por ciento del PBI del país, según sus cálculos.
El fantasma del desempleo
Según las últimas estadísticas
en el primer trimestre del año el índice de desempleo se
ubicaba alrededor del 12, 7 por ciento, y se mantiene al parecer estable,
aunque en las últimas semanas subió algunas décimas.
Cabe recordar que en 2002-2003 el desempleo estaba en casi el 20 por ciento,
obligando a muchos uruguayos a una nueva ola emigratoria hacia EEUU, Europa
y otros países.
La única forma de lograr revertir
la situación, dice Bonomi, es plantearse políticas que alienten
la inversión productiva con una redistribución del ingreso
que beneficie también a los sectores asalariados. En cuanto al sector
informal es el gran desafío para lograr su integración a
la economía formal, y no habrá políticas represivas
como lo plantearon en su momento algunos sectores empresariales deseosos
de eliminar lo que llaman una “competencia desleal”.
El ministro Bonomi opina que la existencia
de esos grupos son consecuencias de las graves crisis económicas
y las pésimas políticas del gobierno anterior, y ha sido
la única vía para que pudieran sobrevivir. Ahora en la nueva
coyuntura cree que es necesario integrar a ese grupo en la economía
formal para que puedan por un lado, aportar recursos a la sociedad; y por
otro, poder acceder a un sistema de seguridad social básico.
Además –agrega- el llamado Plan de Emergencia que se ha puesto en
marcha, dará alivio a las familias más necesitadas y marginadas,
con la meta de volver a reintegrarlos a una vida más decorosa, confía
el ministro Bonomi.
El peso de la deuda
En 1999 –durante la campaña
electoral de aquélla ocasión- el FA-EP consideraba
la posibilidad de acceder al gobierno, y la realidad económica del
momento era un producto bruto interno de 25 000 millones de dólares
y una deuda externa de 12 000 millones dólares, recuerda Eduardo
Bonomi. En 2005, al momento de asumir esta vez sí el gobierno, el
país tiene un PBI de 12 000 dólares y una deuda que supera
esa suma. Unos meses antes estaba en un 110 por ciento del PBI, reduciendose
a un 90 por ciento en este momento, constata el ministro Bonomi. La renegociación
con el FMI alivió marginalmente la carga que significa pagarla,
ya que del superávit primario había que pagar un 4 por ciento,
el que fue reducido a un 3,5 por ciento por el actual gobierno.
Esa carga que reduce la inversión
y el presupuesto para atender las necesidades de la sociedad ha despertado
por supuesto una larga polémica, y ahora más que nunca algunos
sectores de izquierda dentro y fuera del gobierno, exigen que se suspenda
el pago de la misma.
El ministro Bonomi reconoce que su
organziación también lo exigía cuando estaba en la
oposición, pero desde el gobierno la situación es diferente,
constata.
La certeza –dice el ministro-
de que existen documentos firmados por los anteriores gobiernos donde los
préstamos se otorgan con garantías que establecen que la
exportación nacional será embargada en caso de no abonarse
el monto de la deuda, deja al gobierno atado de manos. “ Si no pagamos,
nos embargan los que exportamos, y el gobierno tiene que asegurar que el
país funcione, y la única forma de salir de esa trampa, es
que el gasto público sea en el sector productivo que genera ingreso
y un PBI más alto”, afirma el ministro Bonomi.
La meta es que en cinco años
el monto de la deuda externa sea de un 60 por ciento del PBI, y en un plazo
más largo abandonar al FMI, y si hay deuda, que sea con otras instituciones
financieras.
Inversiones que dividen
Dentro de la estrategia producción
y redistribución, se enmarca el polémico proyecto de las
fábricas de celulosa que se instalarán en Río Negro,
de las que son responsables la finlandesa Botnia y la española Ence.
La inversión sería de 1.000 millones de dólares, la
más grande hecha hasta ahora en el país, aunque los críticos
ya han sentenciado que sólo llegará una tercera parte a Uruguay.
Algunos grupos ecologistas, de interés turístico, pescadores
y agricultores, se vienen oponiendo fervientemente al proyecto. Así
es como entre los habitantes de Fray Bentos, de poblaciones de la vecina
provincia argentina de Entre Ríos y grupos ecologistas, organizaron
una marcha en mayo pasado donde según los responsables de la misma,
reunieron 40 000 personas que manifestaron contra el proyecto marchando
sobre el puente Fray Bentos- Puerto Unzué.
“No eran más que 13 000, y
el 90 por ciento eran entrerrianos” nos dice con énfasis el ministro
Bonomi, al dar la versión sobre la marcha de protesta. Pero además
denuncia la hipocresía del gobernador Jorge Busti, de la vecina
provincia argentina, quien pidió al presidente Vazquez que considerara
relocalizar las plantas por los efectos de contaminación ambiental,
tema que también planteó el presidente Néstor Kirshner
al presidente uruguayo. Bonomi afirma que el presidente Vázquez
le recordó que en Entre Ríos existen ya cuatro plantas de
celulosa, y además que estaba enterado de las subvenciones del gobierno
argentino a ese tipo de inversiones.
Sin embargo este periodista ha constatado
posteriormente a la entrevista con el ministro Bonomi, que en Entre Ríos
no hay plantas de celulosa, la más cercana está ubicada en
Capitán Bermúdez, cerca de Rosario, provincia de Santa Fé,
a orillas del río Paraná. La razón de ese error no
pudo ser constatada, pero el gobernador Busti ha afirmado a la prensa de
su país “que estaba preocupado por el nivel de desinformación
que existía entre los funcionarios uruguayos sobre la realidad de
su provincia”[1]. Después de estas escaramuzas se ha formado una
comisión binacional de control medioambiental de la que forma parte
el gobernador Jorge Busti, lo que al parecer habría tranquilizado
los ánimos entrerrianos, por lo menos por el momento.
Por otro lado el ministro Eduardo
Bonomi destaca que en Uruguay existen fuentes de contaminación legendarias,
como la industria del cuero, las textiles, la pesquera, que han dejado
y todavía dejan serios problemas a zonas como El Pantanoso, Miguelete
o Carrasco, que se encuentran aún en condiciones deplorables. Bonomi
está seguro que el gobierno va a exigir a Botnia y a Ence que instalen
la mejor tecnología para evitar la contaminación ambiental,
sobre eso ya han habido repetidas conversaciones, y la vigilancia y controles
serán continuos, asegura. Además no duda que habrá
creación de empleo, tanto para la tala del eucaliptus como en la
misma planta, calcula que en total unos 4000 nuevos empleos, lo que exigirá
además capacitación de la mano de obra nacional.
Adelantó además Bonomi,
que el ministro de Medio Ambiente Mariano Arana viajaría a Finlandia
en un futuro cercano –viaje confirmado por radio El Espectador- para asegurarse
de que la técnica a emplearse será la que menos problemas
cause al sistema ecologico de la región. Uruguay estaría
en el tercer lugar en calidad de medio ambiente, después de Finlandia
y Noruega, según declaraciones del subsecretario de Medio Ambiente,Jaime
Igorria.
Con cierta resignación el
ministro Eduardo Bonomi reconoce de todas formas que toda actividad humana,
y sobre todo si es industrial, acarrea problemas al medio ambiente, pero
la cuestión es ser conciente del problema y evitar causar daños
que sean irreparables, subraya, recordando otra vez que en estos momentos
la prioridad del gobierno del presidente Tabaré Vázquez,
es producir y crear empleo para salir de la crisis.
Periodista
de Radio Suecia Internacional
y del semanario
uruguayo Brecha
Lecchini_alberico@hotmail.com
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