Nunca
tan cerca del mar
Mauricio
Aira
Fué
el 14 de febrero de 1879, a las 6:15 de la madrugada que el coronel Sotomayor
al mando de una tropa de soldados llegó hasta el edificio de la
Prefectura de Antofagasta tomó la plaza sin disparar un sólo
tiro e izó la bandera chilena. Se había iniciado la invasión
al territorio boliviano con 400 kilómetros de costa hacia el Pacífico,
algunas semanas más tarde llegó la declaración de
guerra al Presidente Hilarión Daza. Cuando casi todo estuvo consumado!
Daza como Melgarejo era producto
del cuartel, audaz y osado se lanzó a la toma del poder en manos
de un civil el potosino Tomás Frías. Bolivia había
sido castigada por el hambre y las enfermedades, porque después
de la gran sequía de 1875 los indígenas impotentes habían
invadido las ciudades en busca del alimento que no existía en sus
parajes, en suma la nación no estaba ni remotamente preparada para
una guerra. La ofensiva había sido lanzada contra Bolivia y Perú,
habida cuenta del tratado de defensa común que 6 años atrás,
en 1873 habían suscrito los gobierno de Sucre y de Lima.
Una guerra injusta determinada por
la ambición de Chile de copar tierras quizá inhabitadas,
pero ajenas. Más tarde su Canciller Portales y en tiempos modernos,
su dictador Pinochet trataron de justificar ante la historia que
por razones geopolíticas había que ocupar los espacios vacíos.
¿Cuál la diferencia esencial entre ocupar por la fuerza la
propiedad privada dentro del país, y ocuparla por una fuerza armada
fuera de la frontera? En ambos casos se trata de un delito agravante.
La Guerra del Pacífico se extendió durante largos meses hasta
arrinconar a las tropas boliviano-peruanas y determinar su derrota. Sin
embargo nuestros países se resistieron por todos los medios incluída
la diplomacia, hasta que en 1904, 25 años después de la invasión
se obligó al Congreso a refrendar la derrota con un documento mal
llamado Tratado de Paz y Amistad que le puso óleo y sacramentó
la mutilación.
¡Cuántas veces a lo
largo de la historia Bolivia ha pretendido recuperar así sea una
parte de su costa en forma de una salida soberana al mar! Muy cerca del
centenario del ominoso tratado cuya legitimidad se podría alegar,
surge una real esperanza alentada por dos acontecimientos. La visita del
Secretario General de la Organización de Naciones Unidas Kofi Annan
y la celebración de la XIII Cumbre Iberoamericana en la ciudad de
Santa Cruz, donde con toda la solemnidad pertinente se ha obtenido el compromiso
del más alto representante del máximo organismo mundial,
para intermediar, o si se quiere, después de la presurosa gestión
diplomática de Chile, que se asustó del giro del asunto,
para interponer los “buenos oficios” del Alto Funcionario hasta obtener
un acuerdo concreto.
La gestión no será
nada fácil porque una maniobra de Augusto Pichochet, puso un sello
de fuego a cualquier posibilidad de acuerdo que pudiera existir, cuando
pocos dias antes del malogrado “abrazo de Charana” (1978) hizo aprobar
por el Congreso una resolución que “prohibe absolutamente, la posibilidad
de ceder un metro de la heredad geográfica, bajo ninguna condición
en favor de alguna potencia extranjera, so pena de considerarse traición
a la patria”. Así mientras acudía a la cita del General Bánzer
en un gesto de camaradería entre uniformados, tenía bajo
la manga el decreto de marras.
Felizmente existe una clara conciencia
en el pueblo de Chile de la imprescindible necesidad histórica y
de justicia reparatoria, de llegar a un acuerdo con Bolivia. En contraste
círculos de poder y de sus ejércitos, taponan sus oídos
al clamor universal que va subiendo de tono y se convierte en mensaje directo
a su liderazgo, como el acontecimiento que nos ocupa y que nos hace pensar
que nunca ha estado Bolivia tan cerca del mar.
Finalmente, es fuerza mencionar,
que la existencia de ingentes riquezas en el subsuelo boliviano en
forma de gas y petróleo y la lógica consecuencia de su venta
por el puerto más cercado posible hacia los mercados con real poder
adquisitivo, actualizan la fuerza de la demanda boliviana de contar con
una salida soberana que factibileze la concresión del proyecto.
Es llegada la hora de interpretar
estas señales lanzadas desde Santa Cruz, en el inapreciable marco
de la Cumbre que ha congregado a los más importantes actores de
América Latina y de la Península Ibérica, como un
mandato de la historia, de la justicia, del derecho de los pueblo a reparar
el mal paso que se iniciara en Antofagasta hace 124 anos.
14 de Noviembre de 2003
Mauricio
Aira
Periodista
boliviano
mauricio.aira@comhem.se
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