Mauricio Aira - rodelu.net  

18 de Noviembre de 2003
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Nunca tan cerca del mar
Mauricio Aira
Fué el 14 de febrero de 1879, a las 6:15 de la madrugada que el coronel Sotomayor al mando de una tropa de soldados llegó hasta el edificio de la Prefectura de Antofagasta tomó la plaza sin disparar un sólo tiro e izó la bandera chilena. Se había iniciado la invasión al territorio boliviano con 400 kilómetros de costa hacia el Pacífico, algunas semanas más tarde llegó la declaración de guerra al Presidente Hilarión Daza. Cuando casi todo estuvo consumado!

Daza como Melgarejo era producto del cuartel, audaz y osado se lanzó a la toma del poder en manos de un civil el potosino Tomás Frías. Bolivia había sido castigada por el hambre y las enfermedades, porque después de la gran sequía de 1875 los indígenas impotentes habían invadido las ciudades en busca del alimento que no existía en sus parajes, en suma la nación no estaba ni remotamente preparada para una guerra. La ofensiva había sido lanzada contra Bolivia y Perú, habida cuenta del tratado de defensa común que 6 años atrás, en 1873 habían suscrito los gobierno de Sucre y de Lima.

Una guerra injusta determinada por la ambición de Chile de copar tierras quizá inhabitadas, pero ajenas. Más tarde su Canciller Portales y en tiempos modernos, su dictador  Pinochet trataron de justificar ante la historia que por razones geopolíticas había que ocupar los espacios vacíos. ¿Cuál la diferencia esencial entre ocupar por la fuerza la propiedad privada dentro del país, y ocuparla por una fuerza armada fuera de la frontera? En ambos casos se trata de un delito agravante.  La Guerra del Pacífico se extendió durante largos meses hasta arrinconar a las tropas boliviano-peruanas y determinar su derrota. Sin embargo nuestros países se resistieron por todos los medios incluída la diplomacia, hasta que en 1904, 25 años después de la invasión se obligó al Congreso a refrendar la derrota con un documento mal llamado Tratado de Paz y Amistad que le puso óleo y sacramentó la mutilación.

¡Cuántas veces a lo largo de la historia Bolivia ha pretendido recuperar así sea una parte de su costa en forma de una salida soberana al mar! Muy cerca del centenario del ominoso tratado cuya legitimidad se podría alegar, surge una real esperanza alentada por dos acontecimientos. La visita del Secretario General de la Organización de Naciones Unidas Kofi Annan y la celebración de la XIII Cumbre Iberoamericana en la ciudad de Santa Cruz, donde con toda la solemnidad pertinente se ha obtenido el compromiso del más alto representante del máximo organismo mundial, para intermediar, o si se quiere, después de la presurosa gestión diplomática de Chile, que se asustó del giro del asunto, para interponer  los “buenos oficios” del Alto Funcionario hasta obtener un acuerdo concreto.

La gestión no  será nada fácil porque una maniobra de Augusto Pichochet, puso un sello de fuego a cualquier posibilidad de acuerdo que pudiera existir, cuando pocos dias antes del malogrado “abrazo de Charana” (1978) hizo aprobar por el Congreso una resolución que “prohibe absolutamente, la posibilidad de ceder un metro de la heredad geográfica, bajo ninguna condición en favor de alguna potencia extranjera, so pena de considerarse traición a la patria”. Así mientras acudía a la cita del General Bánzer en un gesto de camaradería entre uniformados, tenía bajo la manga el decreto de marras. 

Felizmente existe una clara conciencia en el pueblo de Chile de la imprescindible necesidad histórica y de justicia reparatoria, de llegar a un acuerdo con Bolivia. En contraste círculos de poder y de sus ejércitos, taponan sus oídos al clamor universal que va subiendo de tono y se convierte en mensaje directo a su liderazgo, como el acontecimiento que nos ocupa y que nos hace pensar que nunca ha estado Bolivia tan cerca del mar.

Finalmente, es fuerza mencionar, que la existencia de ingentes riquezas en el  subsuelo boliviano en forma de gas y petróleo y la lógica consecuencia de su venta por el puerto más cercado posible hacia los mercados con real poder adquisitivo, actualizan la fuerza de la demanda boliviana de contar con una salida soberana que factibileze la concresión del proyecto.

Es llegada la hora de interpretar estas señales lanzadas desde Santa Cruz, en el inapreciable marco de la Cumbre que ha congregado a los más importantes actores de América Latina y de la Península Ibérica, como un mandato de la historia, de la justicia, del derecho de los pueblo a reparar el mal paso que se iniciara en Antofagasta hace 124 anos.

14 de Noviembre de 2003

Mauricio Aira
Periodista boliviano
mauricio.aira@comhem.se

 
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