Ningún
respeto
por
Pinochet
Mauricio
Aira
Nadie en
el mundo puede arrogarse el derecho de privar de la vida a otro semejante.
El derecho para matar, queda bien como una caricatura en los films infantiles
del James Bond, o agente secreto 007, pero no en la vida real. Los que
pasaron por la historia y se consideraron superhombres, con potestad de
dioses, de poner fin a la vida humana, han sido aplastados por una condena
general y su imagen aborrecida y despreciada. |
- |
|
De los dictadores más sanguinarios
no queda sino un horrendo recuerdo, Napoleón, Hitler, Mussolini,
Stalin, Franco, Stroessner, Pinochet. Para decirlo gráficamente,
las generaciones actuales han escupido en el rostro a los criminales, que
a título de salvadores de sus “patrias” cortaron las cabezas de
ciudadanos de su propia bandera.
A la mínima conmiseración
que guardaba un pequeno sector del colectivo sudamericano, en atención
a su vejez y condición senil, Pinochet ha perdido esa sombra de
estima, merced a las recientes revelaciones de un banco norteamericano,
que por encargo del Senado, especialmente de los representantes del Partido
Demócrata de los Estados Unidos, ha mostrado el manejo secreto de
cuentas millonarias por el mismo sanguinario dictador.
Lo que todavía resulta extraño
ante la conciencia democrática y humanista del Continente Sur, es
la desvergüenza de los tribunales de justicia de Chile, que no terminan
de despojar de su inmunidad a Pinochet. Cómo puede ser posible que
mientras Argentina y Bolivia han seguido el proceso judicial a los dictadores
Jorge Videla y otros cinco más y Luis García Meza, y los
han puesto entre rejas con una condena de por vida (30 años sin
derecho a indulto en el caso del boliviano) el aparato judicial de Chile,
que se jacta de ser una República ejemplar en muchos sentidos no
hubiera podido encarcelar hasta el dia de hoy al carnicero de la historia
mapochina. Salvo el grupo de patriotas chilenos, profundamente demócratas
y de conciencia revolucionaria que nos han demostrado su empeño
en castigar al culpable, éste continúa paseándose
por doquier, viajando de un extremo a otro de Chile, gozando “de buena
salud” y burlándose de la Justicia.
No bastó que los jueces de
Estados Unidos que castigaron la afrenta del asesinato de Orlando Letelier
en pleno centro de Wáshington, hubiesen perseguido y descubierto
toda la marana del crimen por el que se condenó a los principales
autores del estallido del coche bomba, que mató al ex-canciller
y ex-embajador chileno ante la Casa Blanca. Millones de dólares
y varios largos años costó la investigación, que merced
a un fiscal tenaz y justiciero logró rasgar el secreto que los incondicionales
de Pinochet trataron de enterrar bajo tierra. Felizmente para nosotros
los mortales, no hay mal que dure cien años, y no hay secreto que
no se acabe, ni crimen que no se castigue. El informe de la CIA, y del
poder judicial de los Estados Unidos, proporcionó al mundo entero
los cien detalles del crimen contra Letelier (1975) y la esposa de su asistente
y llevaron tras las rejas a Manuel Contreras el segundo de a bordo, fiel
ejecutor de las órdenes de Pinochet como declaró el autor
material del asesinato Michael Townley, que cambió sus revelaciones
por la protección judicial y vive con otra identidad en algún
lugar del mundo.
Por razones obvias, la Justicia de
USA detuvo su mano justiciera en Contreras y su primer subordinado Pedro
Espinoza, para no tocar al jefe del sindicato del crimen, puesto que en
aquel momento pudo haber provocado una hecatombe y un terremoto político
en todo el continente, sin embargo, ninguno que haya leído alguno
de los diez libros que se han escrito sobre este episodio negro de la vida
de Chile, empezando por los testimonios apasionantes de Carlos Fuentes
y de las ediciones extras, perfectamente documentadas de La Nación
de Buenos Aires y del diario El País de Madrid, podrá
poner en duda, que todo apunta a Pinochet como el máximo autor de
éste y otros tenebrosos crímenes. “Contreras y la DINA (hoy
desaparecido organismo represor pinochetista) no mueven un pelo, sin que
el Comandante en Jefe esté informado”, para explicar que por lo
menos tres veces al día, Contreras daba el parte a su mandamás.
Por la dignidad de la justicia chilena,
por la dignidad de la democracia de nuestra América, se impone el
castigo ejemplar a Pinochet, por sus crímenes, por la destrucción
de la Institucionalidad, por apropiación indebida de los recursos
del Estado, por haber engañado y burládose de la humanidad
entera.
La sangre de sus víctimas
y el honor de la Justicia reclaman el castigo.
21 de Julio de 2004
Mauricio
Aira
Periodista
boliviano
mauricio.aira@comhem.se
|