Mauricio Aira - rodelu.net  

9 de abril de 2005
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El Papa
que cambió la historia

Mauricio Aira

A pocas horas de ser sepultado bajo tierra, Juan Pablo II, empieza a ser blanco de sus detractores, que son pocos, aunque entre ellos se cuenta un par de teólogos que terminan reconociendo la calidad de santo y de ser hombre consagrado a la oración. Otros hubieran deseado un Papa reformista, innovador y más amigo de los cambios sociales que parece estar reclamando este mundo postglobalizador y materialista. Sin embargo de las críticas de sus oponentes la figura del Obispo de Roma, apóstol de la paz 

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y amigo de los pobres, se inscribirá en la historia como del hombre que cambió el mundo.

Detengámonos a vuelo de pájaro en las observaciones. Que mostró afinidad con los conservadores Thatcher y Reagan, abierto respaldo al anticomunista Lech Walessa y preferencias por el Opus Dei. Su rechazo a la teología de la liberación, la reprimenda al monje Ernesto Cardenal y la condena al silencio temporal del teólogo Leonardo Boff, cuyas actuales críticas está utilizando toda la izquiera no cristiana para intentar quitarle luces al Pontífice desaparecido.

Dicen que no cedió un centímetro en cuestiones como el divorcio, el uso de preservativos, el feminismo y la homosexualidad. Bardini dice “El atleta de Dios fue un intolerante que hizo retroceder al catolicismo medio siglo”. Ramonet responde a la pregunta sobre la característica principal de este Papa. La restauración y el retorno a la gran disciplina, caracterizado por la contrarreforma, por detener la modernización que irrumpió en la Iglesia, por “el retraso en el ajuste de cuentas en la unidad de la Iglesia, por su monarquismo absolutista espiritual y que contradice la democracia y la vigencia de los derechos humanos(¿?)”

Según Boff gracias al Papa las otras iglesias crecieron y la sociedad moderna con sus libertades, ciencia y técnica se convirtió en el paradigma mientras la Iglesia Católica se transformó en un bastión de conservadurismo religioso y de autoritarismo político. Compara el buen sentido de Juan 23 de terminar con el anatema y dar paso a la comprensión, mayor diálogo y menor condena y la reconciliación por el diálogo ecuménico.

La iglesia latinoamericana recordó al Papa la existencia de los pobres que son la gran mayoría y que no puede haber justicia en un mundo miserable. Otro teólogo Rubén Dri afirmó que “nadie sabe si la historia clasificará a Juan Plablo II como conservador, por su obstinación en rehazar el acceso al sacerdocio femenino, la moral sexual, el aborto, la eutanasia. Ha sido un innovador en el diálogo interreligioso con los protestantes, los judíos, los musulmanes. Por su llamado a condonar la deuda con los países pobres y su invocación a construír un mundo más solidario. El Papa ha promovido manifestaciones multitudinarias en contra de la guerra de Irak y se ha esforzado para que no se vea como el enfrentamiento entre cristianos y musulmanes, según la intención de los halcones anglo-norteamericanos. Brasil, México y Filipinas son hoy las naciones católicas más grandes, aunque el trabajo del Papa logró reestructurar en estos una iglesia jerárquica, monárquica, infalible, recuperando el valor de la obediencia.

El mismo Dri, atribuye al Papa la remoción de obispos comprometidos con los derechos humanos, la defensa de la mujer, de los homosexuales y con los sectores populares del Tercer Mundo y haberle dado poder a organizaciones de derecha como el Opus Dei. Al mismo tiempo JPII es de fuerte signo populista con gran muñeca y carisma que supo llegar a los más pobres.

Lo cierto es que sus amigos, vale decir el mundo entero y sus detractores mayores están de acuerdo en que “Juan Pablo II, alcanzó la santidad personal en un grado eminente, con gran devoción a los santos y especialmente a la Virgen Maria, a las reliquias y los lugares sagrados, fué hombre de profunda oración. A veces al orar se transfiguraba y empalidecía, gemía y vertía lágrimas como en éxtasis” Corresponde a la historia y al Divino Creador decir la última palabra, mientras tanto Juan Pablo II, será conocido como el hombre que quizo y pudo cambiar el curso de la historia del Siglo XX. Su profunda fe, la convicción de sus acciones, ese dar de sí transparente y heroico, le ganaron el respeto de propios y extraños y con su palabra y la oración derrotó al comunismo, terminó con muchos mitos y prejuicios y lanzó al mundo en una cruzada humanista y solidaria.

7 de abril de 2005

Mauricio Aira
Periodista boliviano
mauricio.aira@comhem.se

 
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