Mauricio Aira - rodelu.net  

18 de setiembre de 2005

- Triste final
de un golpe de Estado
Mauricio Aira
Tuvieron que pasar 32 años, para que el mundo descubriera en toda su cruda realidad el resultado final del golpe de Estado contra una democracia constituída. Un golpe que hizo estremecer por su marcada crueldad, por la violencia conque los militares chilenos arremetieron contra su propio pueblo. Hoy podemos comprobar que el protagonista del golpe Augusto Pinochet no es otra cosa que un vulgar delincuente. Un asesino. Un monstruo de la violencia y del fraude.
 
En efecto estamos viendo las pruebas cada día más contundentes que muestran las cuentas millonarias que por todas partes manejaba el usurpador, las operaciones dolosas de grandes sumas de dinero estimadas nada menos que en cien millones de dólares, van desde la percepción de comisiones por la compra de armas, por la venta ilegal de armas, por diversas transacciones ilícitas en las que comprometió a su esposa, a sus hijos, a sus nietos y a muchos militares, quisiéramos creer, que pretendieron ser leales con su patria, pero que en verdad guardaron mayor fidelidad al jefe, aún en la comisión de actos reñidos con la moral, con la ética militar, con los deberes ciudadanos.

El golpe de Estado causó en su momento más de tres mil víctimas, casi todos civiles, dirigentes políticos y sindicales, estudiantes, profesionales, mujeres entregadas a la causa del pueblo. Hoy en día, sabemos que también muchos militares de honor, que resistieron el golpe, sucumbieron a la furia de Pinochet. Otros más, fueron obligados a cometer crímenes para que, llegada la hora, no apareciera tan sólo el mandón como el culpable, sino también sus dóciles secuaces.

Las armas fueron compradas supuestamente para que Chile se defendiera de sus eventuales enemigos. ¿Quiénes son éstos? Argentina, Bolivia y Perú. Blandiendo como pretexto la permanente amenaza a la seguridad de Chile que agredió a lo largo de su historia republicana a sus tres vecinos, Pinochet lo utilizó como la espada de Damocles de dos filos, uno pendiente de los militares, el otro dirigido a sus vecinos. Este era el pretexto. La razón real, hacer dinero con el negocio de las armas.

Lo más risible en esto del negocio de armas, cuando los grandes diarios de Londres indagan una respuesta a los vendedores de armas a Pinochet, ellos responden “nosotros observamos reglas de absoluta ética con nuestros clientes”, y ya sabemos que la ética de Pinochet fué comprar a nombre de Chile, pero recibir las comisiones a su nombre personal y ponerlas en las cuentas secretas de los bancos, especialmente de los paraísos fiscales, donde gracias a las leyes de secreto bancario, tienen protección y amparo delincuentes mundiales que lucran con las drogas, las armas, la criminalidad.

Porque a esta altura de la vida republicana de Chile, ¿cuál ha sido el más funesto de todos sus gobernantes? Pinochet. ¿Cuál ha sido el más criminal y ladrón? Pinochet. ¿De qué gobernante sienten mayor vergüenza y maldicen el día que nació y el día que juró a su bandera y que tomó el poder? Pinochet. O sea este apellido que debía ser borrado de los libros de la historia, se convierte en sinónimo de oprobio, de deshonestidad, de latrocinio.

Estamos pués contemplando el tristísimo final de un golpe de Estado que derrocó a un presidente digno, honesto, capaz llamado Salvador Allende. Se nos aceleran los latidos del alma, al repasar la era de la dictadura, el advenimiento de la democracia, la investigación de las motivaciones de la insurrección contra las Leyes y la República. Examen que da por resultado la existencia de un macabro programa de crimen y extermino como telón de fondo, para permitir el enriquecimiento y el robo a manos llenas de la familia de Pinochet.

17 de Septiembre de 2005

Mauricio Aira
Periodista boliviano
mauricio.aira@comhem.se
www.mauricioaira.com

 
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