silueta de sangre y excrementos como momificada, pues el cuerpo se fué
reduciendo de tamaño con el paso de los días.
Cuando el olor putrefacto se expandió por el edifico los vecinos dieron la alarma y se encontró el cadáver en la misma posisión en que murió tres o quizá seis semanas antes. Harry había muerto en la soledad más completa.
Existe en alguna parte una historia detrás de Harry. Una vida entera de trabajo, de amistades, tal vez de familiares, pero el hecho es que nadie ha reclamado por él, ningún pariente ni amigo se ha interesado por sus restos, la policía a poco de identificar el cuerpo se hizo cargo de dos gatos que convivían con él abandonado y que sobrevivieron de alguna manera a la muerte del amo.
50 casos similares por año, son denunciados a una oficina especial creada para ocuparse de la situación, cuyas funcionarias Ingvor Kamperin y Elisabeth Lerström se han convertido en expertas y se mueven de un lado para otro, todas las semanas en la misma macabra tarea de identificar, incinerar, borrar del libro de la ciudad a quienes han vivido y han muerto en esta soledad que hace estremecer el cuerpo de sólo pensarlo. Ambas mujeres se ocupan de los aspectos prácticos; inventariar muebles y objetos y disponer de las cuentas que todos los fallecidos tienen consigo si se considera, que cada estante del Reino de Suecia recibe una suma determinada mes tras mes para su subsistencia. En el caso de Harry, las empleadas municipales encontraron 1.700 coronas (Doscientos dólares americanos) en efectivo y 10.000. (Mas de un mil doscientos dólares) en una cuenta bancaria que se emplearían en los gastos mortuorios.
La denominada Unidad de Muertos en Soledad es conectada a casos como el que hemos referido por la policía que se encarga de la situación, de un médico forense, y eventualmente del contacto con parientes próximos al fallecido. Establecida la causa del deceso Ingvor y Elisabeth se encargan del resto de la dramática faena vez por vez, una por semana en la Municipalidad de Gotemburgo, cuántas más unidades semejantes existirán en Suecia, nadie sabe. En el caso de Harry la Unidad terminó su tarea semanas más tarde cuando pudieron establecer contacto con tres de los cuatro hermanos vivientes, uno había ya fallecido y pusieron en orden los papeles y las cuentas y cerraron el informe, para avanzar luego con la rutina del siguiente caso.
Hasta aquí el relato resumido del que presenta Thomas Kristiansson en el Correo de Gotemburgo, en forma de un reportaje ilustrado “Imágenes de Soledad” y que describe el espantoso drama de esta sociedad de bienestar donde tantos mueren como han vivido en el mayor abandono y la soledad más espantosa en contraste con el derroche de recursos para fines muchas veces insípedos (sin olor ni sabor, es decir sin justificativo) cuando bien podían estar enfocados en el seguimiento de personas de edad avanzada y que viven solas, indagando por ellas en vida, en forma rutinaria y asegurándose que no se coloquen en situación de riesgo de morir en total abandono.
¿Porqué no crear una Unidad para los Vivos en vez de la unidad para los muertos? Se debe ir más allá, inculcar en los ninos el amor filial, de padres a hijos y de hijos a padres, puesto que, tal vez como un resultado de la repartición de subsidios y beneficios a cada individuo, se considera que “nadie necesita de nadie” y se crea una corriente de independencia y no me importismo rayana en el egoísmo extremo. Es más, los hijos parecen avergonzarse de los padres, más si éstos han envejecido y poco pueden ofrecer, materialmente hablando a su prole. Una abuela de orígen árabe contó en el grupo que su nieto de nueve anos le había dicho “te prohibo que me dirijas la palabra cuando estoy con mis amigos” .
En todos mis ya largos anos de vivir en Suecia, no recuerdo que los maestros de escuela, ni siquiera los religiosos hubieran hablado del amor filial, de la lealtad y consecuencia en el seno de las familias, más al contrario se siente aversión y menosprecio por la forma en que los extranjeros llevan sus relaciones familiares y las asocian estúpidamente a casos aislados de “muertes por el honor familiar” cuando ciertos grupos se oponen por ejemplo a la unión matrimonial entre palestinos y suecos, o estimulan a sus hijos a casarse con familiares o paisanos para conservar las tradiciones y cuidar de las familias. Los mayores reaccionan a veces con ira cuando comprueban la permisividad y la liberalidad con que se manejan los jóvenes en materia de relación sexual o llevan sus amoríos.
Cuando el cronista preguntó a Ingvor sobre casos especiales que le hubieran impactado, ésta refiere lo siguiente: “Recuerdo uno de hace algunos anos, luego de la muerte en soledad de un anciano. Algún tiempo después descubrí que el fallecido tenía una hija con la que no había mantenido contacto por varios anos. Pero, cuando ví la dirección de la casa en que había muerto en soledad, me di cuenta, que la hija había estado viviendo en la misma calle y ni siquiera se enteró ni se interesó por la suerte de su progenitor”.