Mauricio Aira - rodelu.net |
11 de noviembre de 2006
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La segunda muerte de Osama
Mauricio Aira Ilustración de Alejandro Pencheff
La
primera ocurrió en algún momento de los infernales bombardeos en los inicios del asalto a Afganistán, la segunda el 7 de noviembre con la derrota estrepitosa de los republicanos y el final virtual del mandato de George W. Busch.
La humanidad contempla entre sosprendida e incrédula que esta vez, la CIA no pudo o no quizo utilizar el trillado argumento de asustar al mundo con la sombra de Osama Bin Laden, tal como lo vino haciendo desde el 11 de septiembre. ¡Cuidado, que viene el cuco! Atemorizando al mundo con el tremendista anuncio de peores calamidades que la del malhadado suceso de Manhattan hace ya cinco años. Puntuales observadores como Rodrigo Guevara y Manuel Freytas han señalado que el recurso de seguir utilizando a Al Qaeda, para lograr objetivos políticos como generar votos a favor de los republicanos en las elecciones del 2002, 2004, ya no produce efecto. Los electores estadounidenses le han perdido el miedo y la muletilla del todopoderoso extremista ya no cuaja. Nadie le cree. Así, más pudo el llamado “síndrome Vietnam” que hizo torcer el destino de las urnas dándole notoria victoria a los demócratas, especialmente en la Cámara de Representantes donde se hicieron con una victoria sin precedentes en la historia moderna.
Algunos analistas, especialmente de los grandes medios de Suecia insisten en interpretar la derrota de Bush, como resultado de los escándalos morales que han tenido lugar por la pedofilia, la homosexualidad y doble conducta de líderes del protestantismo religioso y hasta de miembros del Parlamento. La verdadera causa, la que más peso tuvo ha sido la conducta agresiva y pro guerrera del equipo de Bush, la prueba está en la separación de su cargo, casi simultaneamente al anuncio de los resultados electorales, del inamovible y bien atrincherado ministro de Defensa Rumsfeld, cuya cabeza había sido pedida varias veces por diversos actores de la política del Imperio, pero que siempre encontraba la misma respuesta “Rumsfeld no puede irse, es el mejor ministro que hemos tenido”. Los líderes que acceden al Congreso se han anticipado a los hechos remarcando “el tema del Irak, no se detiene en el cambio del Ministro de Defensa, tiene que ir más allá”. Al no darse por vencido y temeroso sin duda del nuevo cuadro del poder democrático, Bush ha cambiado de actitud y hoy en día se muestra amistoso y condescendiente con los demócratas a los que ignoró en los seis años precedentes. El miedo a los muertos, cuyos ataúdes llegan del Irak todos los días cubiertos por su bandera, no logra hacerle aceptar que “esta guerra (muchos prefieren llamarla, este asalto a Irak) ha sido un error, por tanto pongámosle un final”. Claro que esta declaración podría significar un anticipo de la muerte civil que más pronto que tarde afectará al Presidente, hasta tanto la fuerza de cambio se haga del poder total, en cuestión de semanas o meses.
No se puede ocultar el alivio que ha sentido la humanidad, al conocer que los votantes actuaron cautamente, desecharon el miedo al terrorismo que pretendió cambiar su forma de vida, su modo de pensar. La ausencia de videos, declaraciones e imágenes de Bin Laden mostró un cambio de táctica, sin duda ante el convencimiento de la incredulidad, el hartazgo, la sobresaturación del mismo recurso. Ya nadie se traga el cuento de Osama, y la verdad acerca del 11-S no tardará en afluír tarde o temprano, lo evidente es que Bin Ladin ya no le sirve al imperio ni a los halcones que provocaron los atentados de Nueva York, los círculos de poder han resuelto la muerte del saudí-árabe, en dos ocasiones, al bombardear las cuevas en las que presumiblemente se encontraba y ahora, al desaparecer los méritos para seguir asustando a los norteamericanos en favor de los actuales ocupantes de la Casa Blanca. La nueva amenaza de Al Qaeda lanzada hace pocas horas de provocar atentados en la India y que ha generado un estado de alerta en algunos aeropuertos, está muy lejos de ser tan efectiva y paralizante como lo fue el 11-S y las sucesivas apariciones de OBL, engendro de la CIA y personaje inflado por el aparato propagandístico, hasta antes del 7 de noviembre dia de su defunción mediática.
11 de noviembre de 2006
Mauricio
Aira
Periodista
boliviano
mauricio.aira@comhem.se
www.mauricioaira.com
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