En una reciente entrevista en vivo por CNN (7 de noviembre), Kyra Phillips y
Don Lemon cuestionaron a nuestro vecino de College Park de Georgia, el
multimillonario reverendo Creflo Dollar, por poseer dos Rolls-Royces, jets
privados, casas y apartamentos de varios millones de dólares cada uno además
de una iglesia multimillonaria enriquecida por las donaciones de ricos y
pobres, muchos de ellos con serias dificultades económicas.
Estos ministerios califican como iglesias y no están obligados a llenar
declaraciones de impuestos como sí deben hacerlo otras "non-profit
organizations" (organizaciones sin fines de lucro). La tradición de
justificar las riquezas materiales mientras se predica el desprendimiento de
lo mundano para la salvación del alma es muy antigua. La Iglesia católica
—con excepciones, como los teólogos de la liberación y otros "curas de
barrio"— ha sido, desde hace mucho tiempo, especialista en la materia. En el
caso de las megaiglesias protestantes, además de una práctica empresarial,
la tradición está apoyada por la ética calvinista: la riqueza no es un
obstáculo para entrar al Paraíso sino una prueba de las preferencias de Dios
que ha resuelto castigar a los pobres por su pobreza. Este aspecto teológico
es muy semejante al karma hindú y sus resultados sociales también: la moral
de la casta alta es consumida, principalmente, por las castas más bajas. En
todo caso, los pobres sirven para que los ricos ejerzan su compasión.
Uno de los periodistas de Atlanta le recordó al reverendo Dólar la
recomendación que hiciera Jesús al joven rico que fue a pedirle consejo, de
desprenderse de sus bienes materiales para entrar al Reino de los cielos.
Recomendación que terminó con la tristeza del hombre rico y la observación
del Maestro sobre la dificultad que podía tener para entrar al Cielo, como
la de un camello que quisiera pasar por el ojo de una aguja. No obstante, el
reverendo Dólar razonó que si eso fuese exactamente así, ningún rico
podría entrar al Paraíso. De este razonamiento se deduce que el Mesías debía
estar bromeando o tal vez exageraba un poco. Está bien que el Hijo de Dios
haya bajado a la tierra con un montón de utopías subversivas, pero tampoco
era para tanto. Con la realidad no se puede.
Citando artículo y versículo correspondiente, el reverendo recordó que, en
realidad, Jesús había dicho que por cada cosa que uno se desprenda iba a
recibir un premio multiplicado varias veces. Algunos pensamos que Jesús se
refería aun premio moral o al Reino de los Cielos; no al Reino del Dinero.
Pero siempre es tiempo de aprender. Por esta nueva razón teológica, la
riqueza de un hombre con fe significa que ha sido premiado por el Cielo por
su hábito de desprenderse generosamente de una parte de sus posesiones. No
otra es la lógica de la Bolsa de valores: quien invierte, se desprende de
algo para multiplicarlo. Ningún empresario razonable espera invertir un
dólar en Wall Street, en Amsterdam o en Shanghai y recibir un beso o el
ascenso espiritual del que hablaba el Buda. Se espera recibir más de lo
mismo.
En el siglo XVI invertir en indulgencias significaba que por unos cuantos
florines de oro un violador podía obtener el perdón del Vaticano y,
consecuentemente, el perdón de Dios. Más antiguo, y todavía en curso, es el
lavado de la conciencia con el buen uso de la limosna. La institución de la
limosna es fundamental, porque el desprendimiento debe ser voluntario y sin
comprometer las ganancias. Como dicen muchos conservadores religiosos por
televisión, con su eterna ansiedad proselitista, sólo así, por un acto de
voluntad, se prueba la bondad del donante. Si la bondad pasa por el Estado,
mediante el compulsivo cobro de impuestos a los ricos, Dios no puede
distinguir los buenos de los malos. Tampoco puede Dios recibir en el Paraíso
a toda la Humanidad. El Paraíso es un resort VIP con acceso limitado, no un
derecho democrático. Algunas iglesias, incluso, han definido el número
exacto de miembros posibles. Como si en el día de la creación de la
Humanidad, Dios se hubiese divertido imaginando un Infierno eterno donde
arderían sus pequeñas creaciones, para regocijo de sus pocos preferidos que
contemplarían desde las alturas semejante espectáculo de tortura colectiva
o, peor, dando vuelta la cara al horrible destino de sus hermanos. No vamos
a decir que necesitamos un Dios más humanista, porque no vamos a decirle a
Dios lo que tiene que hacer. Pero no haría mal una lectura más humanista de
las Sagradas Escrituras para dejar de atribuirle a Dios conductas tan
sectarias, elitistas y materialistas.
El mexicano José Vasconcelos, fervoroso opositor de la hegemonía
norteamericana, recordó en La raza cósmica (1925) una fiesta diplomática
en Brasil: "Contrastó visiblemente la pobreza de la recepción americana con
el lujo de otras recepciones; pero en honor a la verdad, a mí me parece
admirable y digno de imitación el proceder yanqui, pues no tienen los
Gobiernos el derecho de hacer derroches con el dinero del pueblo". Sin
embargo, así como Estados Unidos había sido fundado por revolucionarios que
se oponían a la tradición monárquica y religiosa de Europa y ahora se
identifica con los valores opuestos del conservadurismo ortodoxo, así
también el original espíritu "republicano" que fue sinónimo de austeridad y
democracia hoy representa la ostentación y el elitismo. Así también el
cristianismo primitivo fue todo lo contrario al hoy triunfante cristianismo
del emperador (San) Constantino.
Casi al final de la entrevista, el periodista le preguntó si pensaba que
Jesús hubiese andado en un Rolls Royce, a lo que el reverendo Dólar
contestó, con calma, algo así como: "Pienso que sí. ¿Por qué no? El Señor
anduvo en un burro en el que ningún otro hombre antes había andado".
Dejo al lector que descubra la lógica de este reverendo razonamiento
teológico.
The University of Georgia, 15 de noviembre de 2007