con Aníbal
Sampayo
el poeta y cantor
del Río Uruguay
Los pájaros
y mis canciones
no tienen fronteras
escribe
Manuel Pérez
García
El
tiempo hizo un alto en el camino y nos
regaló
un río con pájaros. El río, que es más
que
un río, andando los siglos se adornó
con
hierbas que dan semillas y árboles
que
dan frutos, se vistió de vida y esa vida
nos
la narró un cantor. El cantor a golpe de
guitarra
y poesía, coloreó el paisaje y fue
eco
de sus moradores, su universo de
alegrías
y sinsabores, de realidad siempre
alerta,
proyectada en un cielo azul que viaja
hacia
otros cauces semejantes. El río
siempre
está y su canto lo lleva y
lo
trae Aníbal Sampayo
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Con él conversamos,
junto a Gloria Leyland y Rodolfo Omar Rodríguez, en el estudio de
la När Radio de Malmö, mientras se grababa el programa de la
Asociación Camarín. Presentar su último trabajo, De
antiguo vuelo, editado en Paraná, Argentina, por el sello Shagrada
Medra, y en el que también participan entre otros, Miguel Martínez
y Carlos Aguirre, era el motivo del encuentro, pero al hablar con Aníbal
Sampayo es imposible poder sustraer al cantor del hombre ya que, a lo largo
de su transitar por el mundo, siempre el artista y el ser humano, su música
y su compromiso, han sido simplemente uno.
Un don Aníbal a quien,
según dice, el ”don” no le sienta bien pues aisla a la gente de
la amistad, aunque se piense que es una condición de respeto, comienza
a desgranar anécdotas y con ellas llegan retazos de su música,
de su vida: la música ha sido mi exitencia. Comencé a
los 12 años en una radio, la ”35”, allí acompañaba
a cantores, había buenas voces y también mucho tango que
por ese tiempo estaba en auge.
Yo vengo de aquel tiempo
de los antiguos pájaros...
de los que abrieron surcos
en el cielo del canto...
Tras lo dicho a forma de
presentación, el río de los pájaros pintados no deja
de estar en todo presente:
me gusta el contacto
con la naturaleza y sus personajes, esos que forman mis canciones: los
pescadores, los hacheros, gente realmente olvidada. Gente que no sólo
es corrida del río por las grandes crecientes sino que también
ahora sus aguas están envenenadas.
Nos explica que en otras
épocas los pobres, cuando llegaban del campo, podían optar
por ir a la ciudad. Allí por lo general terminaban como peones de
albañil. La otra alternativa era ir al río, en donde por
estos tiempos a la ya de por sí muy dura vida se le debe sumar la
contaminación, especialmente del lado uruguayo.
El Uruguay no es un río
es un cielo azul que
viaja
pintor de nubes, camino
con sabor a mieles ruanas.
Aníbal describe esta
existencia en El río no es sólo eso, una de las chamarritas
que integran su disco.
Un turista, al que le
gusta la pesca, llega de Montevideo y conversa con un pescador lugareño,
don Argueyo. Este le explica como vive y yo, que he visto todo eso, que
mi crié junto al río, puedo contarlo. El paisaje que se puede
ver muy lindo: ranchitos blancos entre flores allá en las islas,
pero muchos, incluídos los gobiernos, no lo van a ver, no se molestan
en saber cuál es la realidad de esa gente. Allí hay vinchucas;
uno si visita alguna casa lo ve. Bajo las ropas o lo muebles está
ese insecto trasmisor del mal de Chagas. Y don Argueyo, le cuenta al turista
que cuando se quedaron con sus tierras tuvo que ponerse a pescar.
Comentan: ”lindo ranchito,
usté debe ser
feliz...”
una cosa es ver de lejos
y la otra es vivir allí.
Aníbal recuerda y
comenta que de la chamarrita, ese ritmo que como los juncos crece junto
al Uruguay, se siente en cierta medida responsable. Las grabaciones de
chamarritas datan del año 53 y las primeras conocidas fueron las
que me grabaron los hermanos Abrodo. Después al tiempo salió
don Linares Cardoso, que tiene muchas cosas interesantes.
Define al cantor como ese
ser humano capaz de nutrirse de las verdades y asegura que éste,
ante todo, tiene un compromiso muy grande con su pueblo: el de acercarse
a él por medio de la canción con ese mensaje que le permita
”despertar” de muchas cosas, perder ese fanatismo ideológico que
le han metido durante años, muchos años.
En el Uruguay concretamente
fueron más de cien años manejados por el caudillismo blanco
y colorado. Yo hoy digo que soy frentista, porque estoy convencido de que
ahí, en el Frente Amplio, está el verdadero pueblo. Y repito:
es necesario sacarse el fanatismo ideológico, poder ver a los demás
como cristianos, como gente, verlos iguales, sin colores que los diferencien.
Para ello hay que construir un cambio político que sea para todos:
eso no es ni más ni menos que seguir los principios artiguistas
de justicia, igualdad y fraternidad entre los pueblos.
El suelo germinador
cambia el filo de su
lanza,
la reja de la esperanza
le toma el brazo arador...
Al comentario sobre la existencia
de una identificación entre el hombre del campo argentino y uruguayo,
Sampayo explica:
nosotros somos casi hermanos,
esa historia ha existido desde siempre: cada vez que había problemas
en Argentina, ellos cruzaban al Uruguay y nosotros lo mismo. Puedo afirmar
que el Río Uruguay es un tiento de plata cosiendo dos lonjas de
un mismo cuero, Uruguay y Argentina. Ando mucho por Corrientes, por Entre
Ríos... así aparecen muchas anécdotas, reconozco ser
hombre de conversar mucho sobre estas cosas a las que quiero y llevo dentro.
Por debajo del agua corre la tierra y esa es de todos, de los entrerrianos,
los sanduceros, los correntinos…de toda esa gente que habita a orillas
del Uruguay. El río y la historia nos han unido y no nos separa
el chauvinismo que en mi concepto no
es más que un
nacionalismo de derecha y de ahí al fascismo no hay más que
un paso. La patria que querían Artigas, Bolivar o San Martín
era la patria grande. Esta no estaba dividida ni por fronteras ni por aduanas.
Los pájaros cruzan
de un lado al otro, muchos comen en Uruguay y por la noche las bandadas
van al otro lado del río y allí duermen. Esas aves no tienen
cédula de identidad, no las detienen las aduanas, ni las banderas...
ni a mis canciones, que tampoco tienen fronteras.
Fueron heridos
con grillos maltratados,
mordazas de silencio
quisieron acallarlos,
no hay flecha que detenga
el vuelo de esos pájaros
A la pregunta de si existe
un folclore uruguayo Aníbal Sampayo responde:
Nuestro folclore se nutre
de las raíces existentes a ambas márgenes del Plata ya que
los ritmos tampoco tienen fronteras. Antiguamente el canto se transmitía
oralmente, así que no puede tener padre. Es vital conocer hasta
dónde llega la cordillera, hasta dónde llega la selva y en
la toponimia está la clave con los nombres de arroyos, ríos
y cerros. Los nombres van definiendo cada paraje y éste conforma
al hombre con su modo de vida, su vestimenta, su comida y su forma
de entender la música: por ejemplo la galopa se identifica con Paraguay.
Tampoco debemos olvidar
lo que nos han legado los extranjeros que llegaron a esas tierras. La polca,
la mazurca, luego la ranchera, el chotis, todas ellas son danzas que llegaron
de Europa y se acriollaron. De las ciudades pasaron al campo y se hicieron
nuestras. El hombre anda caminos con su cultura a cuestas o como decía
Atahualpa Yupanqui, el hombre es tierra que anda.
De selva en selva,
de la montaña
al llano,
es hoy el canto libre,
Lainoamericano...
Confiesa que lo que más
le gusta es aprender:
Las cosas que digo y
canto es porque las conozco y me han dolido. Es cierto que mis letras tienen
un contenido social pues es el propio pueblo quien me las dicta. Yo las
hago poesía y música, las transmito y de esa forma se las
devuelvo.
Así, entre anécdotas
y apreciaciones, se detiene en una galopa interpretada en arpa y dedicada
a Federico Martí. Fue amante de la música, un gran amigo
que murió muy joven y el entrañable afecto que nos unía
me guió el corazón para rendirle homenaje en esa melodía.
Es hora de madrugar
para encarnar el misterio.
que nadie pesque a la
muerte
robándole su secreto...
ni ese porfiado destino
de su remar sin regreso
Aníbal nos habló
poco del disco, pero no importa, ante todo quedó la esencia humana
del artista, sus razones y su compromiso. Qué más pedir,
si por todos es sabido que su música no necesita presentación.
Desde hace décadas va desde el río Uruguay andando y desandando
los caminos de la América auténtica, sembrando y cosechando
el corazón de esas gentes sencillas que la pueblan. Su vuelo continúa,
porque es del pueblo.
No hay quien pueda sujetar
las cuerdas de su instrumento...
ni el acorde redoblante
de su galopar sin freno.
Manuel Pérez
García
manpergar@hotmail.com
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