Manuel Pérez García
Actualizado: 14 de Enero de 2001
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Francisco Umbral,
Premio Cervantes «por
enriquecer la literatura hispana» 

Sobre caníbales
y delitos comunes

escribe
Manuel Pérez García

 
Cuando llegué a España, a comienzos de los 80, tuve conocimiento por primera vez de Francisco Umbral. Por ese entonces la llamada «movida» madrileña estaba en su cenit. «Reinaba» Enrique Tierno Galván, un alcalde demasiado humano para ser alcalde y La Unión, Radio Futura, Alaska y Gabinete Caligari, entre muchos otros, prolongaban infatigables noches con la resaca de haberse bebido «el mar en una botella de ginebra» u olvidada quedarse «una jeringuilla en el lavabo»; por lo menos así lo cantaba Sabina.
Eran años de loco esplendor; de un PSOE con careta socialista y la esperanza que vivir aún podía ser de otra manera. De todas formas a esa época le sobraron «porros» y le faltó algún cronista más. De estos últimos el más relevante, fue sin duda Paco Umbral, galardonado el pasado martes con el Premio Cervantes. La versión número 25 del reconocimiento literario más importante de nuestra lengua resultó ser la más larga de la historia, debido a que el nombre del laureado se dio a conocer con más de dos horas de retraso, lo que a todas luces indicó una votación muy reñida. De hecho, la decisión se tomó por mayoría y no por unanimidad. 

Entre los finalistas, hasta último momento, estaban Arturo Uslar Pietri (Venezuela), Carlos Monsiváis (México), Alfredo Bryce Echenique (Perú) y Alvaro Mutis (Colombia) junto a los españoles Ana María Matute, Juan Goytisolo y Pedro Laín Entralgo. 

Una vez que la ministra de Cultura, Pilar del Castillo, hizo el anuncio oficial, el presidente del jurado, el académico Víctor Gracía de la Concha, explicó que la balanza se había inclinado en favor de Umbral porque su quehacer cumplía «con exactitud lo que dictan las bases del concurso», premiándose el «conjunto de una obra que haya contribuido a enriquecer el legado literario hispano». 

El galardón dotado con cerca de 80 mil dólares lo entrega cada año el rey Juan Carlos, en una ceremonia con la que se conmemora, el 23 de abril, la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). 

Nacido en Madrid el 11 de mayo de 1935, Francisco Umbral creció, según él mismo dice, descubriendo «esa cosa tan fascista de que el mundo está bien hecho». Ávido de lecturas, se abrió a una adolescencia apasionada por el idioma y así, algo carente de dinero, posición y estudios, (es autodidacta), cayó en el periodismo. Desde 1990 es columnista del diario El Mundo y está considerado (no sin discrepancias) como uno de los más ilustres personajes del panorama literario español.

Buscando datos bibliográficos, encuentro que, en la página Ciberayllu de internet, Víctor Hurtado Oviedo, en una nota escrita cuando Umbral recibió el Príncipe de Asturias de las letras, sintetiza el quehacer literario del autor de Madrid, tribu urbana de una forma más que interesante: ...fue reportero de libreta en mano. Desde entonces, lo suyo ha sido el ágora populosa y móvil de las calles, el teclear urgente de los diarios madrileños y el humo conversador de las tertulias del Café Gijón. Hace 35 años que escribe en periódicos... Tiene más libros que años, y hace un artículo por día, más ensayos, entrevistas y semblanzas. Sus novelas, memorias y estudios son paseos -a veces, carreteras de vértigo- donde una palabra llama a otra, y a otra, y todas forman así una lujosa cadena de imágenes que de pronto ciegan con el brillo de la inteligencia y la sorpresa.

Umbral ha cultivado todos los géneros literarios, desde la novela, pasando por ensayos, cuentos y memorias, hasta biografías, por lo que se lo ha calificado como un «escritor sin género». Su literatura él mismo la define como de un canibalismo estético: Sólo robando de otro se aprende a escribir, y, por eso, la literatura está entre los delitos comunes. El estilo es una cosa de juzgado de guardia. A la burguesía y a los críticos burgueses siempre los han ofendido los estilistas como cosa personal, y los denuncian en la comisaría. Críticos como Clarín necesitan novelistas como Galdós. Prefiero el robo a la influencia. El robo y el asesinato. La literatura se erige sobre un crimen o no es verdad. El robo o el asesinato de otro autor es lo que puede nutrir de sangre y adjetivos toda una obra. 

Controvertido, polémico, muchas veces despectivo y otras ególatra, Francisco Umbral tiene ante todo la capacidad de producir sensaciones en quienes lo leen. Con este Cervantes, estoy convencido, se premia más al periodista que al literato, al cronista de un tiempo y del tiempo de una ciudad, al que también, bien le cabría la parte final de la interpretación que él mismo hizo de Ruben Darío, ya que, pasada la «movida» y asumido su «martes de gloria» también Umbral puede tambalear bajo el peso del universo venidero que se le ha subido a hombros, y los madrileños y los críticos creen que se tambalea de whisky.

Dos o tres libros por año en géneros diferentes y una columna diaria en El Mundo es el aporte, en cantidad, de Umbral a la lengua de Cervantes. Después en cada uno de nosotros, los lectores, está la valoración que le quiéramos dar aunque el refrán indique que quien mucho abarca poco aprieta. Personalmente me quedo con sus apretones en las columnas diarias y la memoria del Madrid de los ochenta.

Entre sus numerosos premios están el Nadal (1975), por Las ninfas; el César González Ruano de Periodismo (1980), el Mariano Cavia de Periodismo (1990), el de la Crítica (1991), el Fernando Lara (1997), el Príncipe de Asturias de las Letras (1996) y el Nacional de las Letras (1998). 

Debemos recordar que tras su instauración, en 1975, 13 españoles y 12 latinoamericanos han sido distinguidos con el Premio Cervantes, entre ellos los mexicanos Octavio Paz y Carlos Fuentes, los argentinos Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Adolfo Bioy Casares; los cubanos Alejo Carpentier, Dulce María Loynaz y Guillermo Cabrera Infante, el peruano Mario Vargas Llosa y el uruguayo Juan Carlos Onetti. 

Además del presidente de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, el jurado del Premio Cervantes 2000 estuvo integrado, entre otros, por el Nobel Camilo José Cela y el ganador del año pasado, el chileno Jorge Edwards.

 
Manuel Pérez García
manpergar@hotmail.com
Este artículo fue publicado el 22 de Diciembre de 2000 en el semanario Liberación que se edita en Malmö
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El autor: Manuel Pérez García, nació en Montevideo en 1952, en la actualidad es integrante del consejo de redacción del semanario Liberación de Malmö. Artículos suyos, así como poemas y realtos han sido publicados en diferentes medios de prensa tanto en América Latina como en Europa. Ha editado dos libros "Por si acaso", Editorial Siesta, Estocolmo 1998 y "A un costado del viento", Aquelarre, Bolivia, 1999.
 
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