Manuel Pérez García
Actualizado: 5 de enero de 2002
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Recetas de cocina
con arrobas y plurales

Manuel Pérez García

Según parece -personalmente estoy convencido de que siempre fue así- los aires bélicos suelen desplazarse por diferentes áreas del quehacer humano. Estos días, como si de una cuestión de plurales alfombra se tratara, el no menos inhóspito suelo de los filólogos, traductores y algún que otro osad@ (permítaseme usar esta especie de «touché de glamour» progresista) aspirante a sesudo animal de letras, se espeja en los nuevos cráteres del suelo afgano y es testigo de como, entre efectos colaterales, se afianza el debate sobre un tema con visos ya cruciales para el desarrollo del intelecto humano: si se debe decir y/o escribir talibán o talibanes, a lo que, si es de nuestro gusto, podemos aderezarle un poco de ben (no bin) y lograr, dicho sea de paso, una más que sabrosa forma de darle a la intrascendencia, una culta sensibilidad gustativo-pensante.

Ilustración de A. Pencheff

Desde bastante tiempo atrás, las novelas con recetas de cocina, donde el autor (la arroba ya es cosa del lector), buscando alguna delicia en el transfondo de las amas de casa (marujas) y en el de prósperos hosteleros (cocineros), dieron por válido un original aporte: que la expresión «cultura» se asomara, con reparos por supuesto, a la manifestación de un 
fragemto social formado por individuos siempre observados desde la altura de una inmisericorde superioridad. A todo esto, llego a un punto en el que no me es fácil discernir entre si el público compra algunas novelas por el placer de leer, o lo hace por el de cocinar (dicho sea de paso el intento de preparar unas almejas tal cual lo sugirió Carvalho me resultó un fracaso).

No es de extrañar pues que, tras tanto derroche de originalidad gastronómico-literaria, lleguemos a otro tipo de intoxicación: una alta dosis de artículos defendiendo para solaz recreo del ego de sus autores, cual es el correcto plural de la palabra hoy más en moda. Una especie de prêt a porter talibán con diseño de civilizadores de occidente.

Así Alfonso Usía llamó «cursis» a quienes escriben los talibán y Jaime Campmany dice atribuirle toda la razón si no fuera porque «talibán ya es plural árabe de talib (estudiante), de modo que escribir los talibanes valdría a ser algo así como escribir los italianis».

Otros apelando al mundo globalizado se aferran a que en inglés talibán funciona como singular y plural sin cambiar de forma aunque los franceses sigan dudando entre les talibans de «Le Monde» y les taliban de «Le Figaro» y el también miembro de la Real Academia Española, Fernando Lázaro Carreter, en «El País», hace apenas unos días, se nos despacha con un « ...Parece que, en la cancha del idioma, los talibanes están venciendo a los talibán; en cambio, ben apenas levanta más cabezas que hace un mes, y pierde incluso en casa. Hojeo ahora un viejo Webster en su edición colegial de 1957 y, buscando por los alrededores de ese vocablo, me topo con ben (no bin); lo define como "hijo de", y pone como ejemplo el nombre del famoso tudelano Rabbi Ben Ezra, biblista, poeta y gramático. Era judío, pero su lengua está semíticamente emparentada con el árabe; recuérdense los aún próximos Ben Bella, argelino, y su rival Ben Jedda, o el marroquí Ben Barka, partidarios de Alá, junto a Ben Gurión, devoto de Jehová».

¿Le sumaremos ahora el ben (no bin) al bán? O cantaremos el alabin, alabán... Por favor, dejad a un aspirante a escribidor, que también fue ayudante de cocina,  no terciar en una polémica, ya que argumentos le pueden faltar, sino reafirmar algo que por ahí se dijo: «la españolización de una palabra extranjera implica su acomodación a las normas gramaticales de la lengua y el plural árabe taliban se españoliza desde el momento en que se le pone ese tílde que lo marca como voz aguda» (Valentín García Yebra (ABC,13-10-2001))... y dado que en nuestra lengua no hay sustantivos cuyo plural termine en an, como capitán, gabán, gavilán, guardián..., la lógica y el uso también son aquí también árbitros, jueces y normalizadores del habla.

Pero al final de cuentas qué tienen que ver los bombardeos a Kabul con las recetas de cocinas en la literatura y éstas, con los bin o los bán. En realidad, muy poco. Casi nada podríamos afirmar, salvo que lleguemos a preguntarnos: ¿de qué sirve proponer exquisiteces gastronómico-idiomáticas con o sin arroba, si la civilización humana se refleja en destrucción y muerte? (no distingo bandos).

Tal vez estos señores desde la comodidad de sus sillones académicos apuesten (y tampoco van a ser innovadores en la historia) por el refinamiento de los pensadores ante el polvo de los trabajadores y por supuesto estén convencidos de que en el siglo próximo (y ya será el XXII) sean considerados (como a otros que los hay, los hay) ilustres prohombres, (no sé dónde poner la @), de un comienzo de milenio en el que, aunque «las ciencias sigan avanzando una barbaridad», muchos hombres de la política y las letras siguirÁN convencidos de que una torre de marfil es la única morada que les es posible. Y así en ella se continuarán dando cita presuntuosos sin de qué, vagos con proyectos, presidentes alcohólicos, copiadores de textos y otras recetas con cara de piedra. Alá bin... allá bán y qué Mahoma y Jehová nos pillen confesados.

Cito a Juan de Dios Peza, poeta mexicano del siglo anterior al pasado, cuando afirmó que ser escritor es sentir, pensar alto y hablar claro, y cuán pocos de los que el vulgo llama poetas (intelectuales por autoconvicción), han cumplido con estas raras condiciones...  No hace falta añadido ni aliño y ha pasado bastante más de un siglo.
 


Manuel Pérez García
manpergar@hotmail.com

 
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