Manuel Pérez García |
Actualizado:
5 de enero de 2002
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Desde bastante tiempo atrás,
las novelas con recetas de cocina, donde el autor (la arroba ya es cosa
del lector), buscando alguna delicia en el transfondo de las amas de casa
(marujas) y en el de prósperos hosteleros (cocineros), dieron por
válido un original aporte: que la expresión «cultura»
se asomara, con reparos por supuesto, a la manifestación de un
No es de extrañar pues que, tras tanto derroche de originalidad gastronómico-literaria, lleguemos a otro tipo de intoxicación: una alta dosis de artículos defendiendo para solaz recreo del ego de sus autores, cual es el correcto plural de la palabra hoy más en moda. Una especie de prêt a porter talibán con diseño de civilizadores de occidente. Así Alfonso Usía llamó «cursis» a quienes escriben los talibán y Jaime Campmany dice atribuirle toda la razón si no fuera porque «talibán ya es plural árabe de talib (estudiante), de modo que escribir los talibanes valdría a ser algo así como escribir los italianis». Otros apelando al mundo globalizado se aferran a que en inglés talibán funciona como singular y plural sin cambiar de forma aunque los franceses sigan dudando entre les talibans de «Le Monde» y les taliban de «Le Figaro» y el también miembro de la Real Academia Española, Fernando Lázaro Carreter, en «El País», hace apenas unos días, se nos despacha con un « ...Parece que, en la cancha del idioma, los talibanes están venciendo a los talibán; en cambio, ben apenas levanta más cabezas que hace un mes, y pierde incluso en casa. Hojeo ahora un viejo Webster en su edición colegial de 1957 y, buscando por los alrededores de ese vocablo, me topo con ben (no bin); lo define como "hijo de", y pone como ejemplo el nombre del famoso tudelano Rabbi Ben Ezra, biblista, poeta y gramático. Era judío, pero su lengua está semíticamente emparentada con el árabe; recuérdense los aún próximos Ben Bella, argelino, y su rival Ben Jedda, o el marroquí Ben Barka, partidarios de Alá, junto a Ben Gurión, devoto de Jehová». ¿Le sumaremos ahora el ben (no bin) al bán? O cantaremos el alabin, alabán... Por favor, dejad a un aspirante a escribidor, que también fue ayudante de cocina, no terciar en una polémica, ya que argumentos le pueden faltar, sino reafirmar algo que por ahí se dijo: «la españolización de una palabra extranjera implica su acomodación a las normas gramaticales de la lengua y el plural árabe taliban se españoliza desde el momento en que se le pone ese tílde que lo marca como voz aguda» (Valentín García Yebra (ABC,13-10-2001))... y dado que en nuestra lengua no hay sustantivos cuyo plural termine en an, como capitán, gabán, gavilán, guardián..., la lógica y el uso también son aquí también árbitros, jueces y normalizadores del habla. Pero al final de cuentas qué tienen que ver los bombardeos a Kabul con las recetas de cocinas en la literatura y éstas, con los bin o los bán. En realidad, muy poco. Casi nada podríamos afirmar, salvo que lleguemos a preguntarnos: ¿de qué sirve proponer exquisiteces gastronómico-idiomáticas con o sin arroba, si la civilización humana se refleja en destrucción y muerte? (no distingo bandos). Tal vez estos señores desde la comodidad de sus sillones académicos apuesten (y tampoco van a ser innovadores en la historia) por el refinamiento de los pensadores ante el polvo de los trabajadores y por supuesto estén convencidos de que en el siglo próximo (y ya será el XXII) sean considerados (como a otros que los hay, los hay) ilustres prohombres, (no sé dónde poner la @), de un comienzo de milenio en el que, aunque «las ciencias sigan avanzando una barbaridad», muchos hombres de la política y las letras siguirÁN convencidos de que una torre de marfil es la única morada que les es posible. Y así en ella se continuarán dando cita presuntuosos sin de qué, vagos con proyectos, presidentes alcohólicos, copiadores de textos y otras recetas con cara de piedra. Alá bin... allá bán y qué Mahoma y Jehová nos pillen confesados. Cito a Juan de Dios Peza, poeta mexicano
del siglo anterior al pasado, cuando afirmó que ser escritor es
sentir, pensar alto y hablar claro, y cuán pocos de los que el
vulgo llama poetas (intelectuales por autoconvicción), han cumplido
con estas raras condiciones... No hace falta añadido ni
aliño y ha pasado bastante más de un siglo.
Manuel
Pérez García
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