Manuel Pérez García |
1 de agosto de 2002
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Una
Separata con tres dibujos de un ilusitre gallego, Alfonso Castelao,
junto a varios poemas de Héctor Rosales pertenecientes
a su último libro Mientras la lluvia no borre las huellas
(Editorial Ronsel, Barcelona, 2002) es lo que tengo entre manos
y motivo más que suficiente para intentar expresar, (o dejar volar),
sin otra pretendida finalidad, esta remembranza trazada en un tiempo con
eco de voces familiares. Tiempo de añoranzas (tal vez suene mejor
morriña), que también es una forma de no morir.
Estoy convencido de que fue una noche de meigas cuando Rosales vio los dibujos de Castelao y decidió que se podía descifrar en letras cada una de sus líneas. Seguro pues que el poeta tiene algún ascendiente gallego para sentir esas imágenes, esos gestos, la crudeza de una marcha más allá del horizonte, más allá de la guerra civil. Estas son tan solo suposiciones, mas estoy convencido de que es lo primero capaz de transmitir alguien que, como yo, cada día de su infancia pudo ver (muchas veces sin comprender) en su propia casa, el fin del trayecto de ese largo camino de ausencia. Ausencia con huellas. Profundas huellas en quienes, obligados a andarlo, se obligaron a transmitirlas con lluvia y nostalgia. Porque en Galicia llueve mucho y esa forma de llover es la que echaron de menos mis padres (y muchos más) al otro lado del Atlántico. Tal vez gentes distintas que, igual a los distintos de hoy, compartieron las mismas frustraciones e idénticas ilusiones. Pues sí, al final de cuentas, aunque los sueños se roboticen y las necesidades se tecnifiquen, el hombre y solo el hombre es capaz de encontrarse con el destino en sus manos e intentar cambiarlo con ellas. ... Acabamos de llegar a la sustancia/ vivificadora del invierno, al reducto de arroz/ que impulsa nuestro vuelo alimentándolo. No cabe duda, cada dibujo de Alfonso Castelao es un retazo de la Galicia emigrante. La que lleva su mar y sus montes. La de la niebla, la piedra y los cruceiros. La que siembra vida y trabajo en cada lugar al que llega. La que sigue la estela de un barco buscando pájaros nuevos. La que ya anhela llevárselos pronto para desandar las olas. La que comunica, la que comparte. La que llora, la que baila. La que se puede acariciar con cada palabra. (Él no quería morir allá.) No quería/ un barco decrépito, ni un interminable océano que tragara/ su ría: solamente agua en perspectiva/ para el país alabado en la taberna… Como tampoco hay duda de que en cada poema de Héctor Rosales se respira agua de lluvia y lluvia con sudor. Se beben jornadas eternas de hosco gobierno de los almanaques (cuán hosco es el tiempo cuando hay distancia). Se graban huellas que, pese a afirmar lo contrario en el título, la lluvia no puede borrar. Él lo sabe pues cuando se escribe sobre la vida con parte de la vida, cuando se desafía al olvido con toda la memoria, persisten las ideas, los sentimientos, la sal y siempre habrá un regreso. Detrás la casa, la vacía/ cama en la que aún se mueve el océano… Castelao y Rosales pueden, además de exilios, compartir páginas y tener vida propia. De hecho la tienen y me dejan creer que el Río de la Plata desemboca en la Ría de Arosa, y que más allá de Finisterre señorea el Cerro de Montevideo. Al final (y es mérito del poeta), Rosales funde en una sóla línea las dos partes de un mundo que por extenso, se me antoja demasiado pequeño. Y a mi qué otra me queda por decir, si también Mi padre tiene mil años que reverdecidos se posan/ en mi hombro. Yo soy mi hijo y he nacido un poco/ más tarde… Gracias Héctor y si me permites me gustaría finalizar con una frase de nuestro amigo Castelao: A loita nobre e leal das ideias é o que asegura o progreso.
Alfonso Daniel Rodríguez Castelao nació en Rianxo (La Coruña) en 1886 en el seno de una familia de marineros. Con 9 años viaja con su madre a la Argentina, país al que emigrara su padre unos años antes. En 1900 regresan a Galicia y en Rianxo comienza su labor literaria en los periódicos locales. A partir de 1916 se instala en Pontevedra e ingresa en las Irmandades da Fala. Es a partir de ese momento que su compromiso nacinalista se hace permanente. Finalizada la dictadura de Primo de Rivera (1929) y proclamada la República (1931) es elgido diputado por el Partido Galegista de Pontevedra y su lucha se encaminará a la consecución de un Estatuo de Autonomía para Galicia el cual finalmente se aprobará mediante un plebiscito en 1936. Estando Castelao en Madrid para entregar el estatuto al gobierno comienza la guerra civil y ya no regresará más a su tierra. En su exilio de Buenos Aires continuó la actividad lietraria junto a su labor de defensa de Galicia y la denuncia de la dictadura franquista. Murió en la capital argentina en 1950. Entre sus obras
cabe destacar Cousas da vida, Sempre en Galiza, Un ollo de vidro, As
cruces de pedra en Galiza y Nos.
El poeta Héctor Rosales nació en Montevideo 1958 y reside desde 1978 en Barcelona; ciudad en la que, un año después, edita su primer poemario Visiones y agonías. Cofundador en la década de los ochenta del Grupo Ahora, Rosales compagina la crítica literaria con una intensa actividad creativa, tanto en el seno del grupo al que pertenece (publicación de una colección de plaquetas titulada Poesía para el viento, otra de libros en ediciones artesanales, y una tercera inscrita en la corriente Mail Art), como a nivel individual mediante la colaboración en revistas literarias y otras diferentes actividades siempre vinculadas al quehacer cultural. En este período publica diversos libros de poesía; entre ellos Espectros (Gijón, 1983), Desvuelo (Montevideo-Barcelona, 1984) y Alrededor el asedio (Montevideo, 1989), obra reeditada en varias ocasiones y por la que en 1992 le fue concedido el Premio de Poesía del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay. Es de destacar también su esfuerzo para la difusión de la poesía uruguaya e hispanoamericana contemporánea a través de la colección Las hojas del diluvio. Entre sus publicaciones más recientes podemos citar, además de varias reediciones de su trabajo anterior, El manantial invertido (Barcelona, 1994) y el recientemente publicado Mientras la lluvia no borre las huellas. Héctor Rosales ocupa hoy por mérito propio un lugar de priveligo dentro de la poesía latinoamericana contemporánea. Páginas relacionadas:
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