Manuel Pérez García |
14 de Septiembre de
2002
|
|
|
Resaltar
el tango en Europa como uno de los elementos más representativos
de la identidad rioplatense y concretamente argentina, no es algo para
nada exagerado. Podríamos hoy decir que sus cultores en el viejo
continente han sido, a lo largo de décadas, una suerte de embajadores
capaces de no cejar en su difusión y asentar un sentimiento, una
devoción por esa expresión musical que nacida marginal fue
y es la voz de los más humildes.
El
tango tiene un lenguaje particular, usos, costumbres y hasta una filosofía
capaz de identificar a quienes le siguen. La temática, referida
siempre al hombre común y sus problemas, encierra ciudad y recuerdos,
por eso cada canción, cada intérprete, es un retrato vivo
de Buenos Aires, sus calles y el andar su gente.
Juanjo Passo es hijo de uno de esos vocacionales embajadores del tango: Juan José Passo. Más de dos décadas en Suecia no son obstáculo para exaltar su plena identificación tanguera y así al dialogar con él en una tranquila tarde de verano, los personajes de esa foto de familia cobran vida a cada vuelta de memoria. El lugar de encuentro no podría ser otro que la calle Corrientes, pero esta vez en el malmoense barrio de Augustenborg. De tal palo tal astilla dice el refrán. Sí.
Sin duda que el amor por el tango me lo transmitió mi padre. En
casa siempre se respiró música. Había guitarristas,
recitadores... y yo escondía todos esos sueños de canciones,
de notas, eran mi tesoro hasta que lo encontraba mi madre.
Al
final igual fue ella quien tomó la decisión y a los once
años asistí mis primeras lecciones de guitarra.
Todo
esto en la Argentina.
Si.
Allí yo cantaba en el coro de la escuela cuando un amigo, hijo del
arreglador y compositor Oscar Cardozo Ocampo, me invitó hacer
jingles publicitarios y luego junto a otros chicos, grabamos parte de la
música de la película La Nona.
O
sea que al llegar a Suecia ya traías un buen bagaje de experiencias.
Llegamos
a Ronneby en el 80. Al año siguiente mi padre me compró una
guitarra y desde allí ya no paré de tocar. Tiempo después
en Malmö, compré otra guitarra, esta vez eléctrica;
quería tocar rock y ragee, pero como es natural no podía
escaparme. Entre medio siempre estaba una milonga o un tango…
Me
imagino que era así por deseo de tu padre, Juan José.
En
realidad mi padre quería que lo acompañara a él. Por
esa época no había medios ni profesores que pudieran enseñarme
a tocar el tango. Fui totalmente autodidacta: recuerdo los comienzos con
dos cassettes y dos partituras. A los 16 años subí por primera
vez junto a Juan José Passo a un escenario y hoy, después
de tanto tiempo, debo reconocer que el rock no me traía recuerdos;
no me podía identificar con lo que había dejado atrás,
con mi país, con mi gente.
Aquí
en el sur de Suecia tu padre y tú fueron pioneros...
Bueno
en realidad lo fue mi padre que en el 81 hizo su primera presentación
Pese
a ser autodidacta eras consciente de la necesidad de estudiar para poder
profesionalizarte...
Sí,
primero hice cursos con profesores particulares y en 1996, en Argentina,
recibo mis auténticas lecciones de tango entre otros con el maestro
Rodolfo
Alchourrón que fue el último guitarrista de
Piazzola.
Él era profesor de la Escuela de Música Popular de Avellaneda
y allí tuve la suerte de conocer además a otros músicos
como Carlos Moscardini, Bartolomé Palermo o Lucio
Nuñez.
Pero
por lo que tengo entendido también has conocido o te has presentado
con otras figuras...
Si
como Juan Carlos Aragón Luna o estando en Festival de Guitarra
de Malmö conocer a Quique Sinesi. Pero debo admitir que el
gran sueño se cumplió en el 2000: participé en un
curso con Cacho Tirao. Conocer a este reconocido guitarrista como
persona y estudiar con él fue sin duda algo fantástico.
Has
nombrado al Festival de Guitarra de Malmö, pero tu también
has participado en muchos otros eventos…
Junto
a Carsten Gröndahl y Börje Sandqvist fui uno de
los fundadores del Festival y en él conocí a los guitarristas
que antes te nombre. También he participado en España del
Festival Internacional de Tango de Granada, en Argentina en la V Cumbre
Mundial de Tango de Rosario y a esto debería sumarle la infinidad
de locales, festivales y eventos en Malmö y el resto de Suecia como
así también Dinamarca…
¿La Casa del Tango? Fueron
tres años a todo tren. El primer día, en la inauguración,
toqué con Roberto Amerisse, Juan José Passo,
mi padre y Håkan Andersson. En la Casa del Tango acompañaba
como solista a mi padre o junto a otros músicos como Hernán
Lugano.
Fue
una actividad impresionante. Tocábamos viernes y sábados
y por allí pasaron Horacio Ferrer, los integrantes del el
grupo El Tanvía, Enrique Tellería, Pepe Alanís,
Omar
Fernández ”El Alemán”, el guitarrista Andrés
Spátola, el pianista Daniel Turano, el Quinteto San
Telmo y muchos más… Ah! no debo olvidar decir que durante el
Festival de Granada conocí a Carlos Buono quien actuó
aquí en Malmö y otras ciudades de Suecia con Tangarte
el pasado año.
Compartir con toda esta gente te habrá dejado momentos inolvidables. Mira,
por ejemplo una noche actué con los músicos de la orquesta
de Jorge Ardú y entre el público estaban Héctor
Stamponi, Angel ”Paya” Díaz y Carlos Acuña,
el cantante. ¿Casi nada? Eso para mí fue el no va más,
romper con todo: acompañar a mi padre y tener toda esa gente frente
a mi.
Me has contado que en Argentina participaste en la música de ”La Nona”, pero ahí no se termina tu relación con el cine. Por
supuesto. En Kiruna participé en la película ”Lappsjukan”.
En su primera parte dos suecos viajan a Argentina para aprender tango.
Luego dos argentinos vienen a Suecia y ahí aparezco yo como guitarrista
tocando en un café. Es el inicio de una amistad a la que no le han
de faltar viajes y aventuras.
Ahora tu trabajo se llama Tangarte. Sé que es para tí este es un proyecto importante pero antes cuéntame en que otras formaciones has participado. Pues
si, Tangarte hoy por hoy es lo más importante que he hecho,
aunque de ninguna manera puede desmerecer el haber estado en el Trío
del Plata junto a Roberto Amerisse y también la música
para niños hecha con el programa Canta Quetzal con Maciel
Numhauser y Kito Saavedra.
Hablemos de discos. Tengo
un cassette editado con mi padre, un CD con el Trío del Plata
y el primer disco del grupo actual como Artango, todas ellas fueron producciones
independientes. Ahora bajo el sello Skåneton de Trelleborg, con Tangarte
editamos
Danzarín.
Tangarte
comenzó en el año 99 y como tal debuta el 9 de junio del
mismo año. Ahí estábamos los de ahora; la diferencia
es que había flauta y bajo eléctrico, después introducimos
el contrabajo y con cierta participación de cello y de violines
hemos continuado la búsqueda hasta alcanzar nuestra forma musical
actual. Es de resaltar el aporte hecho por artistas invitados como el bandoneonista
Carlos
Buono.
Cómo defines su música La
idea es que el repertorio sea el tradicional, el típico de las orquestas
de Argentina, es decir abarcando los temas de la época del 40 y
del 50, la época de oro del tango, pero sin olvidar las grandes
composiciones tanto de los músicos de guardia vieja como de los
actuales. Incluimos a El Entrerriano, Unión Cívica, El Choclo
y El Aeroplano que es un vals, a la par de Danzarín que le da nombre
al disco, Retrtato de Naná de Carlos Buono, La Yumba o Libertango.
Creo que en el CD se incluyen los más representativos.
¿Qué expectativas tienes con Tangarte? Pretendemos
continuar este año con la participación de músicos
invitados y llevar nuestras actuaciones a otros países desde los
que se nos ha invitado como Finlandia, Alemania e Inglaterra. Por supuesto
que también es primordial seguir desarrollándonos como músicos,
tanto en lo que a repertorio se refiere como a nuestro estilo.
Es
importante que los arreglos y los temas que interpretamos tengan presentes
nuestro origen. La meta es evolucionar sin perder las raíces del
tango y de esa forma seguiremos incluyendo compositores antiguos y modernos
poco difundidos pero poseedores de un gran valor artístico.
Así
pues, pese a que nuestro estilo se adapta más a un público
bailarín, no dejamos de tocar a Piazzola y buscar toda la esencia.
De la misma forma que él hizo con el tango.
Y qué esperas de ti mismo… Te
daría por un lado la típica respuesta a esta pregunta: actuar
y dar clases de guitarra, tango, incluyendo conferencias para el público
sueco tratando su historia y la evolución de las orquestas típicas.
Y por supuesto continuar estudiando sobre los arreglos en el tango. Pero
por otro soy consciente de que uno siempre debe estar desarrollando cosas
y más acá, en Suecia. El hecho de tocar con músicos
de esta tierra, por más argentino que sea el tango, significa que
ellos le van a dar su ”toque”, la forma sueca de sentirlo. Es algo así
como una mezcla de Corrientes y Augustenborg. Y por supuesto que eso también
es un aporte. Queda claro, hay mucho para estudiar y aprender. Esto no
tiene fin…
La primera idea al hacer esta nota era centrarla sobre el nuevo CD de Tangarte, pero para hablar de ello están los entendidos. Considero pues que al transcribir el sentir y la experiencia de uno de sus creadores, la esencia del grupo surge más natural y plena. Juanjo Passo está aquí y Danzarín para acreditarlo. La conversación deriva sobre este inesperado verano nórdico al tiempo que Corrientes se difumina en Augustenborg. Seguro que la siguiente parada de Tangarte no es en una estación de la línea B del subte porteño. La continúa búsqueda del poder ser quizás tenga para Juanjo final en el Paseo Colón, pero siempre será con trasbordo en Malmö. Visite:
http://www.tangarte.com/
manpergar@hotmail.com |
| PORTADA | MANUEL PÉREZ GARCÍA |