Manuel Pérez García - rodelu.net
14 de Marzo de 2004
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11 M (Con M de marzo y de Madrid)
Manuel Pérez García
El 11 de marzo el camino del sur de Madrid se sembró de cadáveres. Cadáveres de obreros, de estudiantes, de españoles e inmigrantes. Fuera de las crónicas de la prensa, lejos de los oportunistas que ya empiezan a rentabilizar la tragedia, el sentimiento que esto deja no es posible describirlo con palabras. Sólo, sería importante no olvidar, que el dolor llega, como es habitual, a barrios de trabajadores y, como el caso de El Pozo, más conocido por los consabidos problemas sociales que lastran su cotidiano vivir.

Sé que quienes son responsables de este triste mundo en que vivimos (y aquí no distingo color, religión  o signo) en poco tiempo pasarán página, recordarán con forvorosas palabras, según su interpretación, cada 11M, pero siempre sin dejar de mirar de reojo las alforjas donde esconden las pobres monedas de su indignidad. Por supuesto que actos como el de ayer, forman parte de la cadena de despropósitos y miserias humanas, fundamentalmente instrumentadas desde el poder económico, que hoy más que nunca (y con total desparpajo), son enarboladas por privilegiados o aprovechados como emblemas de progreso o lo que se ha dado en llamar ”nuevas relaciones sociales”.
Pero, por encima de todo, de los consabidos discursos y sus más que instrumentadas palabras, lo que debe permanecer y prevalecer es el cuestinamiento a la barbarie y a quienes con ella pretenden reivindicar derechos o imponer ideas. Los que así actúan ni son idealistas, no son revolucionarios, ni tan siquiera se pueden definir como parte de un pueblo y menos vanguardia del mismo, simplemente son el abono de una lacra social que se instrumenta en despachos, unos más lujosos que otros y que encuentra eco en algunos ”denunciantes” muy capaces de utilizar el dolor y la miseria para con ellos hacer su negocio. Por supuesto que estos últimos son tan deleznables como los otros.

Lo que se puede rescatar al final es otra vez la gente simple y llana, los anónimos que quieren ser y seguiran siendo anónimos; los que volvieron a desprenderse de lo mejor de sí para entregarlo con amor a los demás.  Ellos son, no sólo los que a la misma hora en Atocha, el Pozo del Tío Raimundo o Santa Eugenia, cargando sus ilusiones iban al trabajo o al aula, sino también quienes manifestaron sus sentimintos abriéndose de par en par sin necesidad de ninguna ”convocatoria”.

Esta pequeña nota no es, ni pretende ser, más que una reacción visceral ante algo que me es imposible entender y menos justificar. Como tal debe ser interpretada.

Lo que sigue es sin título y, por supuesto, es para todos

Un viaje sin retorno     Decretado por
alguien o alguienes (no pueden tener nombre) indignos
de vender billetes de tren    Ante ellos en 
el apeadero un revisor permanece     Permanece pese 
a saber que no han de llegar pasajeros a los que 
pedir billete     Y eso porque la realidad 
dice que     Nunca han de abandonar el trozo de carril 
que les pertenece     Que ellos siempre 
estan ahí     Vivos en cada tren    Vivos en
cada vagón y  en cada estación     Con cada una 
de sus horas fundidas en cada día nuestro y 
en nuestras gracias    (sin fechar 
el sentir sólo recibe señales de 
su amor y su trabajo)
los otros (ellos saben 
quienes son)
simplemente no mercen 
-ni tienen- nombre
13 de Marzo de 2004
 
Manuel Pérez García
manpergar@hotmail.com
 
 PORTADA MANUEL PÉREZ GARCÍA