La
pista de la mentira, atribuir de forma precipitada y arbitraria a ETA,
con el fin exclusivo de obtener rentabilidad electoral del salvaje atentado
del jueves, ocultando sistemáticamente todos los indicios que señalaban
a Al Qaeda como autora del mismo, ha sido la clave de un voto, evidentemente
emotivo y con rabia, que, en sólo tres días propició un vuelco
electoral capaz de castigar sin paliativos la soberbia de Aznar (de la
que no pudo sustraerse Rajoy) y su incondicional alineación al belicismo
de Bush. Al PP la guerra de Iraq le estalló en las urnas demostrando
el talante de un pueblo harto de violencia y con demasiados muertos inocentes
en los últimos tiempos.
"Me comprometo a gobernar para todos,
con humildad y les aseguro que el poder no me va a cambiar", una promesa
que dejó de ser electoral para pasar a ser un compromiso de gobierno
por parte de Rodríguez Zapatero a quien su llamamiento al voto útil,
le permitió aglutinar la inmensa mayoría de las papeletas
de la izquierda en un candidato que llegará a la Moncloa con la
misma edad que tenía su antecesor al asumir el cargo.
Una altísima participación
de electores (77%), hizo posible que un partido con mayoría absoluta
pasara directamente a la oposicón abriéndose asi una etapa
en la que el cambio de actores y de escena signará la nueva legislatura
evidentemente marcada por el tipo de alianzas que escoja el PSOE
para gobernar.
Alianzas complejas en las que no
podrá ignorar a quienes dentro de su partido son seguidores
de la llamada "españolidad" y se niegan a concesiones que cuestionen
al conjunto de España como nación, como tampoco dejar de
lado a sus socios de Cataluña y en particular el entronque radical
del tripartito o sea Esquerra Republicana.
La recomposición del mapa
autonómico ante el crecimiento del nacionalismo catalán y
el Plan Ibarretxe en el País Vasco, pondrán a prueba (y a
muy corto plazo) la capacidad de diálogo del nuevo ejecutivo y consecuentemente
sus posibilidades de gestión.
En definitiva, a pesar de que el
nuevo Gobierno nace con muchas hipotecas y diferentes apreciaciones sobre
temas puntuales (como el trasvase del Ebro) según sea la región,
el electorado le ha dado a Zapatero un cheque que no deberá malgastar
ya que, no sólo no está demasiado lejos en el tiempo el anterior
gobierno socialista, sino que los españoles han desmentido eso de
que los pueblos no tiene memoria y así se lo han hecho saber con
contundencia al PP.
El 30 de junio, fecha para la que
está prevista la transferencia de poderes en Iraq, será clave
para que los ciudadanos comiencen a discernir entre promesas electorales
y formas de gobierno.
Rodríguez Zapatero no lo va
tener fácil, pero se debe tener en cuenta que la fé en sí
mismo y su confianza en el triunfo final son bazas que hablan bien a las
claras de un talante positivo e innovador, muy necesario para que, en la
España de los próximos años, los vientos soplen a
favor de los intereses de quienes en él han depositado su confianza.