Manuel Pérez García - rodelu.net
21 de Marzo de 2004
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A una semana del 14M

Temperamento, vuelcos y los idus de marzo

Manuel Pérez García
En una España que a todas luces marcha hacia el bipartidismo, el acuñar términos definitorios del carácter de los votos como forma rudimentaria de interpretar los llamados ”vuelcos” electorales, ha sido una constante. Así hoy, a una semana de las elecciones del 14M, el más utilizado por los analistas para justificar los inesperados resultados del PSOE es el de que, la izquierda en sus más amplios espectros, identificó en Rodríguez Zapatero al candidato ideal para desplazar a Aznar de la Moncloa o, dicho de otra manera,  que los socialistas se beneficiaron del ” voto util”.

Por otro lado, la conmoción por el brutal atentado de Madrid,  algo que se quiere minimizar en caudal de votos desde las huestes de Zapatero, unido a la más que evidente oposicón de la inmensa mayoría de la población a la participación directa en la guerra de Iraq, da argumentos a quienes enarbolan el concepto del ”voto de castigo” para el PP.

Pero si damos una mirada a la historia más reciente de España, podemos comprobar que esto de los ”vuelcos” no es un fenómeno nuevo y aun aceptando como válidas las dos definiciones del voto anteriormente expuestos para las elecciones del pasado día 14, ambas ya se utilizaron en pasados comicios.

La primera victoria del PSOE coincide con la más espectacular caída de un gobierno. La  UCD (Unión de Centro Democrático), bajo cuya legislatura se aprobó la actual Constitución, pasó de 168 a 11 escaños, algo que podría también avalar eso de que tamañas alteraciones son, en primer lugar, consecuencia directa del peculiar carácter español.

Como ejemplo de lo anterior tampoco puede obviarse la derrota de Felipe González después de trece años de gobierno. Despedido entre escándalos de corrupción y condenas contra miembros de su gobierno por su implicancia directa en los GAL (guerra sucia contra ETA), dejó de manifiesto bien a las claras que ”la furia” pude cebarse con el más pintado, no en vano el felipismo tuvo el crédito mayor y fue el más mimado por los electores del post franquismo.

Aznar por su parte, que llegó tras el castigo a Felipe, se benefició del ”vuelco” que, en la última (y su última) legislatura le dio la mayoría absoluta. Algo que evidentemente lo llevó a encumbrarse en su autoestima y planificar una salida a la altura de las circunstancias (no olvidemos que en las dos semanas previas al 14 M fue portada, entre otros, del New York Time  y de Le Monde), algo que, a la vista está, no le fue posible y pasó a engrosar, junto a su antecesor, Calvo Sotelo y Adolfo Suárez, la lista de los presidentes de la democracia que abandonan el gobierno por la puerta falsa.
Rodríguez Zapatero tiene ahora la ocasión de cambiar ese signo trágico de sus colegas.

No ha comenzado mal. Su decisión de hacer un gobierno monocolor y la firme determinación de que las tropas españolas en Iraq, salvo mandato directo de la ONU, regresen el 30 de junio, avalan su intención de cumplir al pie de la letra lo prometido; algo que sin duda se vería resalzado por medidas en el ámbito local (léase promesas) como la drástica reducción del precio de la vienda o el nuevo concepto sobre la ensañanza; sin dejar de dar un carácter prioritario al fenómeno del terrorismo (externo e interno), una reafirmación de la unidad territorial, la reforma del Estatuto de Autonomía, una reforma constitucional para decuar la anterior, (esto último exigido en especial por los gobiernos autonómicos vasco y catalán)   y todo sin olvidar el  replanteamiento de la política formulada por el PP de cara a la Unión Europea.

Para mitad de año Europa está de elcciones. Para esa fecha no es factible otro ”vuelco” (si lo hubiera tampoco llamaría a sorpresa), pero para ello es necesario que el Gobierno preste más atención a los idus de los cambios del ”estado anímico” de los electores.  
El nuevo presidente no debe basar su mandato en la reafirmación de frases preconcebidas y, sobre todo, guardar bajo bajo llave el número de votos obtenidos; tener en cuenta que ellos no sólo son un cheque para gobernar, sino que también pueden transformarse en un boomerang que, llámese ”voto útil” y/o de ”castigo”, dentro de cuatro años altere el temperamento de los españoles.

Los idus de marzo estuvieron al acecho de Aznar y cuando éste ya casi cantaba victoria lo dejaron descompuesto y sin continuidad; ahora, miran de reojo a Zapatero. Esperemos por el bien de todos algo que se me antoja muy difícil: que en la nueva legislatura el camino le sea de rosas (en este caso nunca tan bien dicho y, por supuesto, encabezado por la rosa del PSOE ).
 

20 de Marzo de 2004
 
Manuel Pérez García
Escritor uruguayo radicado en España
manpergar@hotmail.com
 
 PORTADA MANUEL PÉREZ GARCÍA