Manuel Pérez García Manuel Pérez García - rodelu.net
1 de marzo de 2007

Los mismos nuevos tiempos

Así como el quehacer político se presta habitualmente a todo tipo de escándalos, hay países que hacen de ellos el modo de gobierno. Se dice que un clavo saca otro clavo y también que siempre hay un escándalo que borre al anterior. Para transitar estos senderos no es necesario moverse de continente y dentro de los continentes de país. Todos tienen su dosis en mayor o menor medida y, si cualquier tema o hecho circunstancial es válido para ello, por lógica consecuencia cualquier individuo involucrado lo es.
Manuel Pérez García
Lo expresado al inicio esta nota no tiene autor, pero sí más de un cultor, por sí sola define la política pura y dura de la última década española en la que poner en entre dicho la moral de ciertos (demasiados) personajes lo suficiente mediáticos como para ostentar altos cargos o "destacar" en programas de “gran audiencia” que alimentan a diario y casi sin pausas los diferentes canales televisivos, puede ser motivo de un escándalo y así sucesivamente. El simple hecho es que genera dinero y no se va romper la cadena de las ganancias.

Esta farsa que tiene demasiados cultores, (vividores de todo tipo y una fauna de inútiles que responde genéricamente al nombre de "famosos"), por si sola define el día a día de esta sociedad española que oscila entre la búsqueda de una paz sin que haya habido guerra, un juicio del que se manipularon las pruebas y un desmembramiento territorial (léase concepto de nación) en una diversidad de nacionalismos, más histéricos que históricos y defendidos y difundidos por profesionales del oportunismo y su necesidad-conveniencia electoral.

Todo ello aderezado por el tráfico de esclavos, otro nombre no se le puede dar al flujo permanente de desplazados que llegan a diario a las costas o atraviesan los Pirineos; mercancía de un negocio del que tanto los traficantes como los gobiernos involucrados son cómplices y que además de engrosar las cuentas de estos “empresarios” y sus organizaciones humanitarias, también nutren el número de desheredados que deambulan entre condiciones de trabajo propias del siglo XIX (pero que sirven para engrosar las estadísticas de empleo) o la absoluta indigencia.

Para quienes fuimos testigos del siglo XX cambalache y nos adentramos en los estertores del primera década del no menos cambalache siglo XXI, pese a todos los alardes tecnológicos, comprobamos que nada cambia o que si todo cambia es para que permanezca todo igual.

Lo que antes aquí se definió como algo propio de la realidad española actual (y visto desde la costa del Mediterráneo) es válido, con sus diferentes problemáticas y peculiaridades a los diferentes carnavales del orbe.

El debate entre derecha e izquierda es reducido a una mera estrategia de alcanzar el gobierno. Alcanzado el mismo, modificar una sociedad, que más que enferma agoniza, pasa al cementerio de los discursos olvidados. Sólo prima controlar las llaves de las cajas fuertes donde se guarda el tan vilipendiado dinero.

Se dijo no hace mucho que la ideología no existe o que si existe es la de la corrupción, este tema para otra nota, pero lo que sí es cierto es que mientras en período electoral los devotos de Friedman enarbolan como propias las banderas que otrora utilizó la izquierda, esta se aferra a cada aparecido que se autoproclame antiimperialista, busca en el Corán lo que no quiso encontrar en Marx o eleva a los altares a cualquier demagogo populista.

La tan recurrida palabra democracia busca definirse desde hace demasiados siglos, los mismos que sufren aquellos que no fueron tocados por la varita mágica de ser hijos de la clase dominante de turno; y hoy más que nunca cuando, con absoluta impunidad, la mediocridad campea, mire para donde se mire y es el camino más directo elegido por quienes aspiran a alcanzar los "objetivos" que dicen plantear los "nuevos tiempos". Estos con los que se nos pretende re-adoctrinar y que podrán diferir en forma, pero nunca en contenido de aquellos otros en los que, no muchas décadas atrás, nos hicieron creer que al muro de la ignominia sólo bastaba darle un empujón para caer echando así a andar, desde sus escombros, el futuro de una nueva humanidad.

¿Lo seguiremos buscando por siglos de los siglos?

Si seguimos callando y aclamando a los mismos iluminados de turno, seguro que sí.


Manuel Pérez García
Escritor uruguayo radicado en España
manpergar@hotmail.com
 
 PORTADA MANUEL PÉREZ GARCÍA