Manuel Pérez García Manuel Pérez García - rodelu.net
6 de mayo de 2007

Inmigrante del buque Marine I

Travesía de la nada

Dos meses atrás fue centro de atención en la opinión pública española la llamada crisis del barco Marine I. La misma se inició cuando Mauritania se negó a recibir a los casi 400 inmigrantes que se encontraban hacinados dentro del buque averiado. El Ministerio de Exteriores español se puso en marcha para forzar la acogida de los damnificados pero lo único que consiguió fue dejar una vez más en evidencia la falta de peso de su diplomacia.
Manuel Pérez García
Fueron días de acuerdos anunciados y luego desmentidos y de negativas constantes de países como Cabo Verde, Guinea Conakry o Senegal para atender las peticiones españolas. Al final, Mauritania, el país más cercano a la posición del Marine 1, accedió al desembarco, pero no de forma gratuita. España se comprometió a aportar más de medio millón euros, asumir los gastos de identificación y repatriación y todo ello en un tiempo récord. Resultado: descoordinación y errores continuos.

De forma improvisada el Ejecutivo español envía al país africano decenas de policías para cumplir con los compromisos adquiridos y los agentes acaban durmiendo sobre cartones, casi sin comida, sometidos condiciones casi infrahumanas y a trato vejatorio tal cual lo denunciaron a su regreso a España. Ante todo ello la vicepresidenta de gobierno respondió con un "simplemente el gobierno desea que todos trabajen en la mejores condiciones" pero que "a veces esas condiciones son difíciles".

La realidad no sólo había sido un catálogo de despropósitos sino un monumental ejemplo de incompetencia por parte del gobierno de Rodríguez Zapatero. A él le han tomado el pelo Mauritania, Senegal, Guinea, Cabo Verde y finalmente la India, lugar de procedencia de la mayoría de las víctimas del Marine I. En estos días de crisis algo más había quedado a la deriva: la diplomacia española.

Este ejemplo sirve para ilustrar lo que comienza nuevamente a ser algo cotidiano. La llegada de centenares de inmigrantes africanos consecuencia de un moderno tráfico de esclavos y del que no son ajenos los gobiernos, es un hecho habitual en el sur del Mediterráneo y en las costas canarias desde fines del invierno. Ahora se presentan por delante meses de cayucos a la deriva, de individuos agonizantes en las playas y de otros que, con menos suerte aún, dejaron sus vidas en una travesía a la nada. Después el hacinamiento en albergues y finalmente la fuga a más explotación y miseria A integrase a los otros muchos parias que deambulan por ya todos los rincones de la península y Europa a la espera de que el cuento de hadas publicitado se convierta en su realidad.

La conjunción de los gobiernos corruptos africanos y su lógica consecuencia de miseria junto a la mafia de traficantes con sus ramificaciones en los departamentos de Estado expulsan a miles de desesperados a la mar y frente a sus costas se encuentran con un gobierno del PSOE sin rumbo en materia de inmigración, (que además dio la espalda al pueblo saharaui haciendo suya la postura de Marruecos) y empeñado en una cruzada, de la que también se benefician muchas ONGs, para aceptar e intentar formar a quienes hacen una corta escala en su viaje desde y hacia la miseria.

Todo esto que hace algún tiempo atrás horrorizaría y avergonzaría por lo menos a determinados políticos (al conjunto de la sociedad española estoy convencido que no deja de hacerlo), hoy es parte normal del folclore capta votos y la hipocresía de la clase política que, tras su afiebrado discurso electoral plagado de buenas intenciones y/o proposiciones se dedica sólo y exclusivamente a mentir, privilegiar el dinero (si es dentro de sus bolsillos mejor) y eso sí perseverar en el carnaval necesario para intentar que miremos hacia otro lado y aceptemos eso de que todo va mejor, que la "nuestra" es una sociedad de progreso o simplemente que no sucede nada que pueda perjudicar, al final de cuenta estos infelices a los que les puede algún día alcanzar el reflejo de la "opulencia" occidental, para nuestra tranquilidad hoy pueden considerarse como daños colaterales del desarrollo.

La noche del 30 de abril al 1 de mayo fueron encendidas en las playas de las Islas Canarias 6.000 velas, una por cada muerto en el sinsentido de esa travesía a la indigencia. (Esa misma noche se sumó otro cadáver). ¿Cuántos serán cuándo finalice el verano que se avecina?


Manuel Pérez García
Escritor uruguayo radicado en España
manpergar@hotmail.com
 
 PORTADA MANUEL PÉREZ GARCÍA