Manuel Pérez García Manuel Pérez García - rodelu.net
20 de mayo de 2007

Aníbal Sampayo

A Don Aníbal

Conocí a Aníbal Sampayo muy lejos de su Paysandú y su río. Fue a comienzos de la década de los noventa y en uno de esos raros días de mucha luz en Suecia. En Växjö se desarrollaba una feria de libros y artesanía organizada por ya no sé qué organización y Don Aníbal con su canto era el encargado de cerrar el evento. Precisamente esa música en la megafonía era la que animaba el recinto cuando su humanidad se asomó a la mesa de libros en que yo estaba.
Manuel Pérez García
Se presentó diciendo que no iba a comprar nada y se quedó, supongo muy risueño, esperando a que saliera con algo de eso que se suele decir por compromiso ante un factible cliente. Pero qué podía decir si frente a mi estaba el autor de la primera canción que recuerdo de la escuela. El hombre que con su canto dio alas y voz al andar de todo un pueblo en busca de una vida nueva y supo hacerla estandarte en los oscuros años de la dictadura. Un Aníbal Sampayo que firmó sus verdades en la cárcel sin dejar de seguir su viaje a los molinos de viento nunca tan loco ni tan confiado, /nunca tan cuerdo/ de adarga al brazo, en él / el quijote del hombre nuevo.

Don Aníbal fue con sencillez, la sencillez propia de los de abajo, quien mejor supo interpretar el quehacer, el sentir y el decir de las dos orillas del río de los pájaros pintados. Como él decía le fue dado el privilegio de mirar el alma del río, su gente y clamar Señor del viento dame justicia, dame tu voz / dame paciencia para sembrar por donde / voy…

Después de esa tarde en Växjö no fueron pocas las veces que nos hemos encontrado, inclusive en lugares inverosímiles, como una tarde en Malmö donde, para mi sorpresa, lo veo muy entretenido recogiendo ciruelas de un árbol que asomaba sus ramas a un camino de bicicletas. Pero las más de las veces el encuentro lo fue en casa de su hija Selva y Raúl, su yerno. Allí compartimos algún vino y me hizo partícipe de la fuente de sinceridad que siempre ha sido su forma de ser y entender la sociedad y los tiempos.

En realidad escribir sobre la vida de Aníbal Sampayo no es difícil. Él se mostró y definió con sus letras. Asumió su compromiso con la vida y con los suyos y esa fue la bandera que paseó por todos los rincones a los que llevó su canto. Yo vengo del cobre, del mismo epicentro, / donde quema el sol y el volcán. / Donde el hombre crece viril, y el futuro, / se nutre al conjuro del clima frutal.

Aníbal Sampayo, tras ochenta años de batallar por el mundo, al igual que Dalmasio Lemos, un día de mayo eligió donde acostar su silencio... y el alba encendió la mecha / de su cirio en el lucero…

Desde allí, con su guitarra, andará el Paraguay, Entre Ríos o algún camino de bicicletas de Malmö y pedirá que no olvidemos que: Uruguay, para existir no basta/ una bandera en alto / batiendo el alba / un aletear de sueños, / una esperanza / si no hay niños alegres, / nutriendo el aula...Uruguay, para existir / no basta / de que seas tú, tan dueño, de lo que falta.

Don Aníbal, seguro que por otros caminos nos volveremos a encontrar. Eso es lo más cierto que a todos nos reserva la vida pero mientras tanto que, el río con su azul pentagrama, no deje de pintar nubes. Así sea.

Alicante,mayo de 2007


Manuel Pérez García
Escritor uruguayo radicado en España
manpergar@hotmail.com
 
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