Manuel Pérez García Manuel Pérez García - rodelu.net
3 de junio de 2007

España

Volver a empezar

El pasado domingo 27 de mayo, día de la elecciones a concejales y a los gobiernos regionales de casi toda España, no hizo buen tiempo en más de la mitad del territorio, pero en el sur de la costa levantina sí, el sol brilló para unos comicios que además de la elección de candidatos mostraban una puja entre vecinos, (salvo en la grandes ciudades, por supuesto), la mayoría de los cuales (electores y elegibles) se conocían más allá de la copa diaria en el bar.
Manuel Pérez García
Pero en ese trasfondo bucólico de los pueblos costeros del Mediterráneo, donde salvo la geografía, nada cambia, ya que todo indica que sólo a pocos puede interesarle un cambio, quedaba a nivel de los político-seguidores-interesados-candidatos, el cansancio de una campaña poco pastoral, en la que, a falta de tratar de convencer a los electores con un programa político, los dos partidos mayoritarios se dedicaron a escarbar el ya clásico insulto y así, mientras el PSOE se regocijaba exhibiendo el Pacto de las Azores con la trágica consecuencia de la guerra de Irak, el PP esgrimía las que consideraba claudicaciones frente a ETA o la todavía nebulosa que esconde las investigaciones del atentado del 11 de marzo en Madrid.

Pero lo concreto es que a la luz de estos hechos y tras el júbilo de los partidos, (como siempre todos se declararon, por una razón u otra, ganadores), quedó en los que fueron a votar la sensación de que todo en este país está partido por la mitad. y eso también es válido para el casi 40% que se abstuvo de ir a los colegios electorales o los votos nulos y los votos en blanco.

Por supuesto que aquí no vamos a hablar de cifras, sino intentar sacar algunas conclusiones que vayan más allá de ganadores o perdedores, de lo que ya desde hace tiempo es la actitud de la clase política española, carente de principios pero sobrada de sucias artimañas para conservar los privilegios de sus cargos.

Considero que dividir la sociedad en buenos y malos, no es algo sensato y hoy en política todo parece sintetizarse en ello. La idea de hacer algo más, quedó en el olvido y prima la ambición y como lógica consecuencia la perversión. Todas las baterías de los partidos políticos apuntaron únicamente al descrédito de su rival y ese fue el solitario argumento. Un vale todo que permitió conservar u acrecentar cuotas de poder para buenos o malos y viceversa según el toque de clarín.

Para muestra de lo dicho basta con recordar, por ejemplo, que un par de semanas atrás, también tuvieron lugar las elecciones del Sindicato de la policía y en ellas una de las fracciones en pugna obsequiaba con televisores a sus votantes (sic).

Las características que marcaron las pautas de la reciente campaña electoral han sido catalogadas por muchos sectores como un preámbulo de lo que serán las generales que esperan a la vuelta de la esquina, como máximo en marzo del próximo año, aunque todo indica que se adelantarán.

Un trabajo sistemático de dos partidos que se mueven lejos de lo que es el interés inmediato de la sociedad española en general y a la que conducen a los infiernos de la parsimonia siempre y cuando tenga para “una cerveza más”.

La corrupción inmobiliaria no es fruto exclusivo de la jet marbellí sino el objetivo a seguir por todos quienes aspiran a ocupar u ocupan cargos de gobierno en los pueblos de la franja mediterránea.

Todo está corrupto, desde el vértice de la pirámide en la Moncloa en Madrid hasta el grupúsculo que informa de cómo trabajar con el dinero negro. Y en medio de este apuntalamiento del poder, la presencia masiva de inmigrantes y su legalización puede perseguir como objetivo único, una bolsa más de votos.

Lo hasta aquí dicho forma parte de un modelo conocido y ya puesto en práctica por llamados populismos de diferentes partes del mundo, se cementa con la entrega a la población de una información muy selectiva y parcializada.

La gente se encuentra desprotegida y, mientras la batalla política no se plantee otra vez dentro de los términos de un accionar en el que primen los intereses básicos de la población y a ésta no se le imponga sutilmente como objetivo único el ser recepcionista de la agresiva oferta de artículos de consumo que se brinda a diario, nos veremos abocados al enfrentamiento de unos pocos por acceder o conservar un poder más merecedor de portadas en la prensa rosa que de alimentar una crónica política.

Tras esto nos queda presenciar la nueva campaña que ya está en marcha. Nos espera un año de insultos y despropósitos con las mismas desigualdades como telón de fondo. ¿Y después? Tas la lectura de los votos, probablemente todos vuelvan a ganar y de vuelta a empezar con éste artículo y también Porter con Begin the beguine.

Alicante, 2 de junio de 2007


Manuel Pérez García
Escritor uruguayo radicado en España
manpergar@hotmail.com
 
 PORTADA MANUEL PÉREZ GARCÍA