Manuel Pérez García Manuel Pérez García - rodelu.net
22 de julio de 2007

Murakami y las tormentas de arena

Haruki Murakami
Murakami es el mismo autor y sus personajes

El negocio editorial suele promover escritores y promocionar títulos que, más allá del beneficio económico buscado, nada dejan a los lectores. La lista en los últimos tiempos es lo suficientemente larga como para que los amantes de las letras se sientan muchas veces inhibidos de comparar algún autor desconocido o introducirse en una temática a la que no están acostumbrados. Eso se hace más evidente cuando ésta llega desde el oriente lejano.
Manuel Pérez García

El mío no es un caso diferente. Pero debo reconocer que teniendo en cuenta la sugerencia de un programa de radio, comencé desde hace ya bastante tiempo mi aventura con escritores como el chino Gao Singhian con su increíble Montaña del alma o la japonesa Yoshimoto, ésta toda una celebridad en su país, quienes para nada defraudaron mis expectativas, (en mayor medida el primero), es más, me estimularon para romper con situaciones y conceptos que, en mi caso se prolongaban muchas veces por simple inercia y en el de otros por el mezquino interés de mantener un cierto status, algo que no sólo aleja al individuo de sí mismo sino que irreversiblemente le conduce a bucear sin remedio en la mediocridad como forma de mantenerse en el candelero. Varios pretenden disimularla. Dicen eso de: "yo soy fiel a los conceptos que siempre defendí" y así confesos no sólo hacen lo contrario, sino que tildan de "decadentes" a quines no comulgan con el corro que acompaña su pobreza intelectual y humana.

En 1968 se produce en occidente el primer contacto firme con la literatura japonesa: es cuando con sus ecos de escritores budistas y poetas medievales, Yasunari Kawabata recibe el Premio Nobel. Desde allí hasta hoy no es posible dar con un escritor japonés que acapare tantos titulares en las revistas literarias y sea referencia casi permanente en sus listas de venta como Haruki Murakami, algo, por cierto que, pese a recibir el mayor galardón literario, le fue vedado a Kawabata en occidente.

Mas lo positivo y que sin duda alegraría a Yasunari Kawabata es que hoy todo lo que proviene de oriente está en boga y, pese a la disparidad de calidad, permite acercarse a la milenaria cultura de los países de Este asiático, algo que para los occidentales puede ser una tarea más que difícil salvo si se atraviesan en su camino determinados escritores que desde sus páginas dejan una propuesta tanto diferente como interesante. En ella, sin renunciar a sus orígenes y principios, se proyectan hacia una sociedad diametralmente opuesta. Para eso no dudan en ahondar en "lo más suyo", en todo aquello con lo que cotidianamente han sido enriquecidos y vitalizados para dar el gran salto al occidente nuestro, sin temor a tomar del mismo lo que entienden pueda valorizarlos o darles un leguaje más variopinto. Se pone en práctica así un concepto básico: afirmar lo propio pasa por asimilar y enriquecerse de otras culturas sin perder identidad.

No es de extrañar pues, y teniendo en cuenta el precedente Kawabata, que por una relación comercial mayor, los autores más asequibles nos lleguen desde Japón y que ese destino, semejante a una tormenta de arena, persiga a en este caso a Haruki Murakami sin cesar. Pero en definitiva, no es una tormenta llegada desde otro mundo o carente de relación con nosotros: la tormenta Murakami es el mismo autor y sus personajes.

Vamos a centrarnos ahora en Kafka en la orilla su última edición en España. Catalogado por The New York Times como el número uno de los libros editados en 2005, hizo posible que la fiebre Murakami se asiente también a España, donde ya se engulle al escritor, se lo ubica al frente de anodinos best selles y quizás se olvide que el autor de Tokio Blues (Norwegiam Wood) es una de esas voces prácticamente imposibles de olvidar.

Editado por Tusquets nos ofrece en dos historias paralelas, con un entramado de personajes que, además de comer udomu otros platos típicos japonesas, usar relojes Rolex y Casio, coches Toyota o BMW y buscar insistentemente todo lo procedente de la imaginaria sociedad de bienestar. Siempre están inmersos un una vida marcada por la inestabilidad psicológica, a veces proveniente del estado emocional propio de sus conflictos individuales y otras de circunstancias paranormales emergentes de un entorno sembrado de extrañas circunstancias.

Personajes que también cotidianamente occidentalizados aman la música de Duke Ellington, Beatles, Ledd Zeppelin o John Coltrane, son eruditos en Beethoven o Haydn o simplemente se identifican con las películas de Troufeau.

Las historias, nada creíbles, la de Kafka Tamura y la de Nakata, caminan juntas y aunque nunca han de saber el uno del otro, el final guarda un nexo entre ambos. Lo será un personaje, la madura señora Saeki, que consciente o no, les permitirá saldar su deuda con la vida o las de la vida con ellos al igual que en la tragedia griega en que el hombre no tiene su destino, sino más bien es el destino quien se apodera del hombre.

El fenómeno Murakami, si bien lo es de los últimos tiempos en el mundo de habla hispana, tiene sus inicios en 1985 con el libro Norwegiam Wood (título robado a los Beatles) e incomprensiblemente titulado en español Tokio Blues. Desde allí este escritor que tras desempeñar diferentes oficios, entre otros el regentar un bar de jazz, llegó a las letras con un concepto lúcido y una misión clara: llevar todos los mitos de oriente a occidente integrándolos en base a su concepto real, mostrando así que lo multicultural no pasa por la imposición o la integración por la renuncia. Cada cual con su tormenta de arena debe emprender, vivir y culminar la travesía del desierto que le corresponde.

Alicante, 22 de julio de 2007


Manuel Pérez García
Escritor uruguayo radicado en España
manpergar@hotmail.com
 
 PORTADA MANUEL PÉREZ GARCÍA